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Polonia católica, Polonia no laica
Petición filial de los católicos polacos al Papa Francisco
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Santo Padre: ¡Ucrania martirizada tiene derecho a defenderse de la injusta agresión de Putin!

 

Santo Padre,

Como fieles católicos, agradecemos a Va. Santidad con gozo filial que haya cumplido el pedido de Nuestra Señora de Fátima al consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María, en comunión con los obispos de todo el mundo.

Sin embargo, Santidad, debemos confesar que estamos dolorosamente preocupados por la actitud que ha tomado la Santa Sede ante la invasión de Ucrania por parte de Rusia, que ha vuelto a usar ostentosamente las banderas soviéticas con la hoz y el martillo, como si se tratara de un símbolo de gloria.

Santidad: desde el fatídico 24 de febrero, constatamos con tristeza que en sus discursos y entrevistas condena la guerra de manera absoluta como si ambos bandos fueran responsables del terrible derramamiento de sangre de civiles y niños, así como de la destrucción masiva de pueblos y ciudades enteras.

Sin hacer distinción entre agresor y víctima, y afirmando que ninguna guerra es justa hoy en día, Vuestra Santidad condena indirectamente el heroísmo de los defensores de Ucrania y sugiere que, para mantener la paz, deberían haberse dejado oprimir practicando una engañosa “resistencia pasiva”. “

Esto significaría tomar al Mahatma Gandhi como ejemplo para los católicos, y no a Judas Macabeo, que convocó a sus soldados al grito de: “más nos vale morir en el combate, que ver el exterminio de  nuestra nación y del Santuario” (1 Mac 3, 59).

Nuestro dolor y vergüenza aumentaron cuando nos enteramos de las declaraciones, en una entrevista reciente a un periódico italiano, en la que Va. Santidad afirmó que no era el momento adecuado para ir a Kiev, pero que estaba listo para ir a Moscú. Y también que Va. Santidad se preguntó si era correcto entregarle armas a Ucrania.

Va. Santidad también agregó que “los ladridos de la OTAN a las puertas de Rusia” podrían haber llevado al dictador del Kremlin a desencadenar un conflicto, aparentemente dando crédito a sus falsificaciones y pretextos para violar todos los principios morales, el derecho internacional y los tratados firmados por Rusia.

No es de extrañar entonces que los principales medios conectados con el régimen de Putin rápidamente hicieran de la entrevista de Va. Santidad el tema principal de sus portadas”.

Algunos analistas incluso plantearon la hipótesis de que estas palabras fueron dictadas por el deseo de no dañar las relaciones ecuménicas con el Patriarcado de Moscú. Es doloroso preguntarse: ¿sería prudente permitir que sus propios hijos, en este caso los católicos de rito bizantino y latino en Ucrania, sean puestos de lado, ​​para tratar de acercarse a una iglesia tan asociada con el régimen neosoviético al punto de que Va. Santidad  haya declarado que el patriarca Cirilo no puede transformarse en monaguillo de Putin?

De rodillas y con filial devoción, pedimos a Vuestra Santidad que reconsidere su posición, recordando las sabias palabras de la venerable memoria de su predecesor, Pío XII:

“Una nación amenazada por una agresión injusta o ya víctima de ella, si quiere pensar y actuar cristianamente, no puede permanecer pasivamente indiferente; tanto más la solidaridad de la familia de las naciones impide que los demás se comporten como simples espectadores en una actitud de impasible neutralidad. ¿Quién podría estimar el daño que esta indiferencia, tan ajena al sentimiento cristiano, ha provocado en el pasado frente a la guerra de agresión? ¡Cómo ha puesto a prueba la seguridad entre los “grandes” y, especialmente, entre los “pequeños”! ¿Esta indiferencia ha traído algún otro beneficio a cambio? Por el contrario, sólo fortaleció y animó a los perpetradores de la agresión, dejando  sola a cada nación, bajo la presión de un aumento indefinido de armamentos” (Mensaje de Navidad, 1948).

Santidad: Nuestra Señora prometió en Fátima la conversión de Rusia. Va. Santidad dio el primer gran paso al consagrarla a su Inmaculado Corazón. Sin embargo, para completar esta obra providencial, sería necesario que Va. Santidad abandonara su enigmática neutralidad frente al conflicto, y fuera a Kiev a consolar a sus hijos ucranianos.

No sólo los católicos se beneficiarían con tal visita, sino también aquellos que todavía están atrapados en la oscuridad del cisma ortodoxo. Tal gesto paternal, con la ayuda de la gracia de Dios, podría contribuir a la conversión de estos últimos, y de paso acelerar el momento de la conversión del pueblo ruso, predicha por Nuestra Señora en Fátima, abriéndole los ojos a la maldad del dictador que lo oprime.

Postrados sobre nuestros rostros, dirigimos nuestras fervientes oraciones a Nuestra Señora de Fátima para que se haga realidad. ¡Que Va. Santidad acepte esta petición de sus hijos polacos!

 

 

 

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La Sagrada Imagen Peregrina Internacional de Ntra. Sra. de Fátima* en su 2da. visita a Sañogasta (* una de las dos imágenes talladas bajo la dirección de la Hna. Lucía, Vidente de Fátima, cuyos trazos fisonómicos corresponden tanto cuanto es posible a aquellos con que apareció la SSma. Virgen a los 3 pastorcitos)

13 DE MAYO: CARAVANA Y ROSARIO EN HONOR DE NTRA. SRA. DE FATIMA

A las 15 hs.:

Concentración y salida: Plaza 26 de Agosto

Recorrido en vehículo por los siguientes barrios: Chucuma – El Alto – El Pozo – La Puntilla – La Quinta – La Calle

+ Llegada: Ermita de la Imagen Peregrina Internacional de Ntra. Sra. de Fátima

16 hs.: breve relato del llanto milagroso de la Imagen (14 veces) en Nva. Orleans (EE.UU.) y de la gracia que significa esta devoción para Sañogasta –

Rezo del Santo Rosario – Cantos marianos tradicionales

17 hs. : Brindis – Sorteo de fotos de la Sda. Imagen

Vea fotos de la inauguración de la Ermita a cargo de Mons. Sigampa, Obispo de La Rioja https:

//nobleza.org/en-la-vispera-evocamos-el-13-de-mayo-en-la-ermita-de-la-milagrosa-sda-imagen-peregrina-de-nuestra-senora-de-fatima-en-sanogasta-la-rioja/

 

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He aquí una síntesis de la hermosa historia de la devoción a Nuestra Señora de Genazzano

Plinio Corrêa de Oliveira

En una pequeña localidad italiana, la gracia sustituye un antiguo culto pagano y da lugar a una tierna devoción a la Santísima Virgen bajo la advocación del Buen Consejo.

Siglos más tarde, un reino benemérito se encuentra en triste decadencia. Decadencia política y militar, sin duda, pero también y principalmente decadencia religiosa. Los católicos albaneses ofrecen al islam la resistencia ineficaz de un pueblo que se ha entibiado en la fe. Con ello, la victoria de las huestes de Mahoma se hace inevitable. Dos hombres fieles a la Virgen se sienten perplejos y acuden al santuario nacional de Albania, en Escútari, para implorar a la imagen de María allí venerada un buen consejo: ¿Qué hacer, permanecer en la nación dominada por los turcos, para servir allí a la Virgen, o abandonar la patria rumbo a playas donde puedan vivir sin grave peligro para la fe?

El buen consejo implorado les fue concedido de la forma más estupenda e inesperada. La imagen dejó Escútari, y en pos de ella partieron nuestros dos albaneses.

Confirmando la autenticidad y el acierto de este consejo, la sagrada efigie desciende maravillosamente en el pueblo de Genazzano donde se rendía culto a la Madre del Buen Consejo.

Expansión universal de la devoción a Nuestra Señora del Buen Consejo

Dos fieles devotos de la Santísima Virgen acompañan su imagen en el momento de abandonar Albania

A partir de entonces, la historia de la Madonna trasladada de Escútari no fue sino una sucesión de triunfos. Tanto en Genazzano como en otras ciudades en las que se han expuesto reproducciones del cuadro albanés para la veneración de los fieles, se han multiplicado innumerables gracias de todo tipo. Y entre ellas es frecuente la atención de personas que, deseosas de un buen consejo, acuden a la Virgen, implorando la gracia de una luz para su perplejidad.

Antes de continuar, conviene señalar una peculiaridad de la devoción a Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano.

En efecto, no es posible hablar de esta advocación mariana sin destacar una de sus peculiaridades más importantes. Muchos de los que recurren a la Virgen ante la imagen de Genazzano o sus réplicas, han afirmado que el semblante de la Señora les “responde” a sus oraciones. No es que lo haga hablando o moviéndose, lo que constituiría un milagro manifiesto. Pero, sin ninguna alteración propiamente milagrosa, algo de la mirada y de la expresión de la Divina Madre adquiere un carácter particularmente vivo e impregnado de alegría maternal cuando el fiel es atendido.

La difusión universal de la devoción a Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano se debe en gran medida a la multiplicación de este favor.

La humanidad necesita más que nunca de un buen consejo

¿Cuál es la actualidad de esta devoción? Sin duda alguna, en esta época de tanta aflicción y tan conturbada, son incontables las almas que necesitan, a este o a aquel título, de un buen consejo. Nada mejor entonces pueden hacer que implorar el auxilio de aquella que la Santa Iglesia invoca, en las Letanías Lauretanas, como Madre del Buen Consejo.

Ahora bien, es necesario señalar que un consejo es de tanto mayor valor cuanto más importante fuera el asunto sobre el cual versa.

De ahí que sean supremamente importantes para cada uno los consejos necesarios para conocer con respecto a sí mismos —dentro de la tempestad de tinieblas del siglo XX— los designios de María Santísima y los medios aptos para realizarlos.

Es este un primer título para destacar la particular actualidad de la devoción a Nuestra Señora de Genazzano en este siglo que podrá pasar a la historia como el siglo de la confusión.

Pero si ampliamos nuestros horizontes más allá de la esfera individual y consideramos en una perspectiva histórica la crisis por la cual pasa la Iglesia de Dios, no podremos dejar de considerar que también hoy la humanidad necesita como nunca de un buen consejo de la Virgen de las Vírgenes.

En el techo de la iglesia de Nuestra Señora del Buen Consejo en Bockstein (Austria), representación de la traslación de la sagrada imagen

No sucumbir ante los errores esparcidos por el comunismo

Nos encontramos en el ápice de un proceso histórico que se originó en la Edad Media de una explosión de orgullo y sensualidad. De esta explosión nacieron en los siglos XV y XVI el Humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante.

Las convulsiones producidas por esos movimientos se proyectaron de la esfera filosófica, cultural y religiosa a la esfera política y social, ocasionando, en el siglo XVIII, la Revolución Francesa impía e igualitaria. Esta, a su turno, dio origen a lo largo del siglo XIX a movimientos de índole atea, laicista y revolucionaria, que culminaron en el estallido del comunismo, una revolución social y económica que, a su vez, amenaza deglutir al mundo entero.

En el vértice de este proceso, una alternativa se impone: o sucumbimos como otrora Albania al islamismo, o renunciamos totalmente al orgullo y a la sensualidad, extirpando todos sus efectos, tanto de la vida religiosa, como de la vida temporal, entre los cuales el comunismo no es sino la consecuencia supremamente lógica y supremamente maligna. Pero el rechazo efectivo y completo de un inmenso pecado supone una inmensa contrición. Y una inmensa contrición supone un inmenso deseo de perfección en la virtud contra la cual se ha pecado.

Así, la alternativa para el mundo moderno está entre un porvenir tenebroso, compuesto de las últimas capitulaciones ante los extremos del error y del mal, y el abrazo entusiasmado a la plenitud de la verdad y del bien.

¿Cómo mover a la humanidad —tan inmersa en el proceso histórico que la está hundiendo hace tantos siglos— a emprender la trayectoria del hijo pródigo rumbo a la casa paterna?

Sin un poderoso auxilio de la gracia, que hable en el interior de incontables almas, esto no se puede conseguir. ¿Qué mejor modo de obtener ese buen consejo a ser proferido en lo más íntimo de cada corazón para salvación de la humanidad, sino implorándolo a la Madre del Buen Consejo para que, por medio de una gracia nueva, convierta al bárbaro sobrecivilizado del siglo XX? Sólo así éste podrá, como el bárbaro subcivilizado del siglo V, “quemar lo que adoró y adorar lo que quemó”. Y solo así podrá iniciarse una nueva y aún más esplendorosa era de fe.

Este es el buen consejo por excelencia que los devotos de María Santísima deben pedir para sí y para todos los hombres  en los días de hoy.

Errores evidentes y rotundos encuentran libre tránsito en ambientes católicos

Imagen original de Nuestra Señora del Buen Consejo que desde el año 1467 se venera en Genazzano, Italia

Tal vez parezca excesivo a algunos lectores que afirmemos que este es el siglo más confuso de la historia. Sin embargo, entre las múltiples pruebas que tal aseveración comporta, es necesario destacar una que por sí sola justifica nuestra afirmación.

En efecto, sería difícil negar que en alguna otra época la confusión haya sido mayor en los medios católicos que en los nuestros.

Ciertamente hubo épocas en que la Iglesia pareció ser afectada por una confusión más grave. Como las crisis a lo largo de las cuales los antipapas dilaceraban el Cuerpo Místico de Cristo o la lucha de las Investiduras que dividió durante mucho tiempo al Occidente cristiano, lanzando al Sacro Imperio contra el Papado. Pero estas crisis eran más provocadas por rivalidades personales que por principios, o ponían tan sólo en juego algunos de ellos, aunque básicos, de la doctrina católica.

En el momento actual, por el contrario, no existe error, por más evidente y rotundo que sea, que no intente revestirse de un ropaje de prestigiada novedad para obtener libre tránsito en los ambientes católicos. Se puede afirmar que asistimos en nuestro propio medio al desfile de todos los errores, insolentemente disfrazados con piel de oveja, solicitando la adhesión de católicos incautos, superficiales o poco amorosos de nuestra fe.

Cuando la confusión sopla en los ambientes católicos…

Ante esta maniobra, ¡cuántas concesiones, cuánta falsa prudencia, cuánto criminal coqueteo con la heterodoxia! En esta atmósfera, que ya ha sugerido a Paulo VI algunas graves advertencias, la confusión es tan grande que, en no pocos círculos los católicos con celo por la ortodoxia son mal vistos y puestos bajo sospecha, ¡mientras que el tropel de víctimas de los errores disfrazados se comporta con la desenvoltura de quien fuera dueño de casa! Esbozado este panorama, pensamos con afecto y aprehensión en tantas almas modestas a quienes las circunstancias de la vida no permiten mayores estudios religiosos. ¡Cuán necesaria les es el buen consejo de María Santísima  para vencer la confusión! La Iglesia puede decir de sí misma, análogamente, las palabras de Nuestro Señor: “Yo soy el camino y la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Si en los ambientes católicos sopla la confusión, es inevitable que ella se extienda a todos los demás ámbitos de la existencia. Y en la Iglesia no puede haber peor confusión que la de los principios.

Es natural, pues, que afirmemos que nuestro siglo es el siglo de la confusión y que de nuestros labios se desprenda una súplica a la Madre de Dios: Nuestra Señora del Buen Consejo, ruega por nosotros y ayúdanos a permanecer fieles al Camino, a la Verdad y a la Vida, en medio de tanto extravío, de tanto embuste y de tanta muerte. 

 

* Este artículo fue publicado originalmente en la revista “Catolicismo”, nº 208, abril de 1968. Para saber más sobre esta extraordinaria devoción mariana, recomendamos leer Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano“Tesoros de la Fe”, nº 76, abril de 2008 in https://www.fatima.pe/articulo-405-nuestra-senora-del-buen-consejo-de-genazzano.

Agradecemos a “Tesoros de la Fe” www.fatima.pe la publicación del presente artículo

 

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El rostro de N.S.J.C. en el Santo Sudario de Turín, de Aquel que invocamos en las Letanías como “Corazón de Jesús, de Majestad infinita”

La Sábana Santa: un evangelio del siglo XXI

Un lector amigo de esta página, al tomar conocimiento de un video sobre la Sábana Santa en que el “cientificismo” pretende poner en duda las pruebas irrefutables de su carácter milagroso, recomendó la publicación del recientemente aparecido estudio de D. Julio Loredo de Izcue, intelectual y hombre de acción de la “familia de almas TFP”, ya conocido por nuestros lectores. Con gusto accedemos al pedido de nuestro amigo.

Agradecemos esta publicación al site 

https://www.tfp.org/

14 de abril de 2022 | Julio Loredo

La Sábana Santa de Turín confirma los terribles castigos infligidos a Nuestro Señor Jesucristo durante la Pasión con una precisión tan extraordinaria que incluso se le ha llamado el “Quinto Evangelio”.

La meditación de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, especialmente durante la Cuaresma, ha sido siempre una ocasión de gran consuelo espiritual y de progreso en la vida interior. Viviendo en el siglo XXI, nos vemos desgraciadamente obligados a vivir en el ajetreo de una sociedad tecnológica. Cada vez nos resulta más difícil “desconectar”, meditar tranquilamente y elevar nuestra mente para considerar las cosas divinas.

Por otra parte, nuestra educación nos enseña a minimizar el papel del razonamiento. Estamos cada vez más inmersos en lo que el Papa Pablo VI llamó la “civilización de la imagen”. Así, debemos ver las cosas con los ojos para creerlas.

Un mensaje para nuestro tiempo

Tal vez la Divina Providencia pensó en nosotros cuando decidió esperar al siglo XX para comenzar a revelar los misterios de la reliquia más preciada del cristianismo: el Sábana Santa de Turín.1

Esta sábana de lino envolvió el cuerpo sin vida de Jesús en el sepulcro. Los cuatro evangelistas narran la colocación de Jesús en la “tumba nueva y cercana que José de Arimatea había excavado en la roca”. Los tres primeros dicen que “después de haberlo bajado [de la Cruz], lo envolvieron en una sábana”.

Tras varias vicisitudes, esta sábana acabó en el tesoro de la Casa de Saboya a mediados del siglo XV, donde se conservó primero en Chambéry (Francia) y luego en Turín (Italia). El Vaticano no lo adquirió hasta 1983, y ahora se encuentra en la Catedral de Turín.

La sábana mide 14 pies de largo por 3,5 pies de ancho. Está tejida en espiga e hilada a mano según las técnicas utilizadas en Palestina en el siglo I. En la parte longitudinal media, se aprecia la doble huella evanescente (anverso y reverso) del cadáver de tamaño natural. El cuerpo representado es un varón de unos treinta años con barba, pelo largo y constitución robusta. Medía 1,75 mt, con rasgos típicamente semíticos. Por la huella, podemos deducir que el Hombre de la Sábana Santa fue torturado, azotado, crucificado y atravesado en el costado por una lanza.

Todo esto es visible a simple vista y se conoce desde la Antigüedad. La tradición cristiana siempre ha considerado esta sábana como una auténtica reliquia y ha sostenido que la imagen del Hombre de la Sábana Santa es un retrato de Nuestro Señor Jesucristo. Prueba de esta tradición, por ejemplo, son varios íconos bizantinos que representan a Cristo como el Hombre de la Sábana Santa. Numerosos documentos que se remontan a tiempos muy remotos hablan de la veneración de la reliquia.

Sin embargo, la reliquia tuvo que esperar hasta 1898 para un extraordinario descubrimiento que marcaría para siempre su destino.

Comienza la saga científica

El 25 de mayo de ese año, el abogado turinés Secondo Pia fotografió por primera vez la Sábana Santa. Quedó asombrado cuando reveló las dos primeras placas: las fotografías revelaron que la imagen de la Sábana Santa funciona naturalmente como un negativo. ¿Por qué? Sin duda, era un misterio.

Así comenzó la “aventura” científica de la Sábana Santa. Pronto fue sometida a un estudio sistemático con tecnologías de vanguardia. Cuanto más la estudiaban los científicos, más se desconcertaban. Cuanto más descubrían sus misterios, más se daban cuenta de que sólo estaban arañando la superficie. En 1959 se fundó en Turín el Centro Internacional de Sindonología. Más tarde, en 1977, se creó el Proyecto de Investigación de la Sábana Santa (STURP), que reunía principalmente a estudiosos estadounidenses.

Este no es el lugar para informar sobre sus investigaciones. Nuestra atención se concentra en un solo aspecto: la sorprendente confirmación de la Sábana Santa de la narración evangélica de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

El “quinto evangelio”

Tras décadas de investigación, los científicos pueden afirmar que la Sábana Santa es aún más meticulosa a la hora de relatar, aunque en silencio, los detalles de la Pasión que los Evangelios. El profesor de la STURP John Heller comenta: “Las investigaciones de las últimas décadas no contienen la más mínima información que difiera de la narración de los Evangelios”.2

En consecuencia, algunos comenzaron a llamar a la Sábana Santa el “Quinto Evangelio” o “el Evangelio del siglo XX”.

Este “Evangelio” es tan rico en detalles que el cirujano francés Pierre Barbet, famoso pionero de los estudios médicos sobre la Sábana Santa, llegó a afirmar “Un cirujano que estudia la Sábana Santa para meditar sobre la Pasión recorriendo las diferentes etapas del martirio de Jesús puede seguir sus sufrimientos mejor que si se apoya en un gran predicador o en un santo asceta”.3

La agonía en el huerto

“En su angustia, oraba más tiempo. Y su sudor se convirtió en gotas de sangre que caían al suelo” (Lc 22,44).

San Lucas, médico, es el único evangelista que describe este episodio, lo que hace con precisión clínica. La sudoración de sangre, llamada clínicamente hematohidrosis, se produce raramente. Se observa en condiciones de gran debilidad física acompañada de una fuerte conmoción moral, emoción y miedo, que San Lucas llama “angustia”. Hay una repentina vasodilatación de los capilares subcutáneos, que se rompen bajo las glándulas sudoríparas. La sangre se mezcla con el sudor y se filtra por los poros.

El análisis informático de las imágenes tridimensionales del rostro del Hombre de la Sábana Santa, en particular las realizadas por el profesor Giovanni Tamburelli en 1978, muestra cómo, además de innumerables abrasiones y pequeños coágulos, toda la superficie de su piel parece empapada de sangre. Tal estado sería el resultado de una hematohidrosis.

La bofetada en casa de Anás

“Cuando hubo dicho estas cosas, uno de los criados que estaban allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?” (Jn 18,22).

El rostro del Hombre de la Sábana Santa revela un gran hematoma o masa de sangre coagulada en la mejilla derecha. Su nariz está hinchada, girada hacia la derecha y visiblemente rota.

La sindonóloga de Turín, la profesora Judica Cordiglia, cree que esta herida fue infligida por un palo corto de madera de unos cinco centímetros de diámetro. El golpe provocó una profusa hemorragia nasal. De hecho, el bigote del Hombre de la Sábana Santa está empapado de sangre en el lado derecho, al igual que su barba.

Impresiones de la Sábana Santa

Los lingüistas modernos creen que el término utilizado por San Juan, y normalmente traducido como “bofetada”, puede interpretarse como “paliza”, lo que reflejaría los datos encontrados en la Sábana Santa.

Lesiones y heridas

“Y empezaron a saludarle: ‘¡Salve, rey de los judíos! Le golpearon la cabeza con una caña y le escupieron; y se arrodillaron para rendirle homenaje” (Mc 15,18-19).

El Hombre de la Sábana Santa presenta múltiples signos de traumatismo: hinchazón en la frente, las cejas, los pómulos, las mejillas, los labios y la nariz. Esta última está deformada debido a la rotura del cartílago dorsal cerca de la inserción en el hueso nasal, que, sin embargo, está intacto. De su nariz salen dos chorros de sangre. Tiene moretones en la cara por casi todas partes, especialmente en el lado derecho, que está visiblemente hinchado. Sus cejas están desgarradas, con huesos que han herido la piel desde el interior. El pómulo izquierdo tiene varias incisiones.

Se trata, pues, de un hombre brutalmente golpeado con palos, puñetazos y bofetadas.

La flagelación

“Pilatos hizo entonces que llevaran a Jesús y lo azotaran” (Jn 19,1 )

La Sábana Santa nos ofrece una imagen muy completa, precisa y horrenda de la flagelación. Podemos contar más de 120 golpes en el Hombre de la Sábana Santa. Fueron infligidos por dos hombres fuertes, uno más grande que el otro, a ambos lados de la víctima. Fueron expertos, siendo su pecho la única parte del cuerpo que no muestra signos de flagelación. De hecho, los golpes de un flagelo en la región pericárdica podrían causar la muerte temprana del convicto. No faltan las lesiones en las nalgas, lo que significa que el Hombre de la Sábana Santa fue flagelado desnudo.

Abrazando a Cristo y a la Cruz

Fue una flagelación romana, ya que los judíos no podían superar los 39 golpes por ley. La Sábana Santa también nos permite identificar dos instrumentos diferentes utilizados para esta tortura. Uno, el flagrum taxillatum, consistía en tres tiras, cada una con dos pequeñas bolas de plomo, lo que significaba que cada golpe causaba seis magulladuras. El otro tenía ganchos de metal en los extremos. Uno golpeaba, el otro desgarraba.

Al estudiar las huellas, podemos incluso establecer la posición de Jesús durante la flagelación: Estaba inclinado sobre una columna muy corta.

La coronación con espinas

“Después de esto, los soldados torcieron algunas espinas para hacer una corona y se la pusieron en la cabeza, y lo vistieron con un manto de púrpura” (Jn 19,2).

La cabeza del Hombre de la Sábana Santa muestra al menos cincuenta heridas punzantes, pequeñas pero profundas, consistentes con la aplicación de un “casco” de ramas espinosas en lugar de una “corona”, propiamente dicha. Las manchas de sangre más llamativas corresponden a las venas y arterias de la cabeza.

Dos riachuelos de sangre pueden verse a la derecha de los que miran la imagen. Uno cae por el cabello hacia el hombro; el otro cae casi perpendicularmente en la frente hacia la ceja. Estas sobresalen de una herida punzante que lesionó la rama frontal de la arteria temporal superficial. De hecho, esta sangre tiene un carácter claramente arterial. Hacia la mitad de la frente, vemos un breve flujo de sangre venosa en forma de 3 invertido, resultante de una lesión en la vena frontal.

Las heridas producidas por la corona, o mejor dicho, el casco de espinas, descienden desde la espalda hasta la nuca, donde vemos apariciones hemorrágicas que repiten el mismo patrón que las frontales. Las espinas, profundamente incrustadas, lesionaron algunas ramas de la arteria occipital y venas más profundas del plexo vertebral posterior.

La pasión de Cristo en nuestros días

La cabeza está llena de vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas. El dolor causado por la corona de espinas, especialmente durante el traslado de la Cruz, fue sin duda horrible.

El camino del Calvario

“Y cargando su propia cruz, salió hacia el Lugar de la Calavera o, como se llama en hebreo, el Gólgota” (Jn 19,17).

Los hombros del Hombre de la Sábana Santa presentan un gran hematoma a la altura del omóplato izquierdo y una herida en el hombro derecho que puede atribuirse a que llevaba el patibulum, es decir, el travesaño horizontal de la Cruz. Sus hombros aparecen levantados, una posición correlativa al transporte de la viga.

Las impresiones también muestran que la viga se deslizó sobre sus hombros, produciendo graves abrasiones.

Las imágenes revelan una cantidad significativa de material terroso en las plantas del Hombre de la Sábana Santa, lo que revela que caminó descalzo.

Las tres caídas

“Jesús cae por primera vez… Jesús cae por segunda vez… Jesús cae por tercera vez” (Vía Crucis, Estaciones III, VII y IX)

Aunque no lo recoge ningún Evangelio, la piedad católica siempre ha venerado las tres caídas de Nuestro Señor en el camino del Calvario.

Las caídas son muy evidentes en la Sábana Santa. Sus rodillas, especialmente la izquierda, están desolladas. Hay rastros de sangre y material terroso en la rodilla izquierda. La nariz también aparece desollada y con restos de material terroso, lo que demuestra que Nuestro Señor cayó con la cara en el suelo. Esto se explica porque no pudo protegerse con las manos atadas a la horca.

La Crucifixión

“Cuando llegaron al lugar llamado La Calavera, allí lo crucificaron a él y a los dos delincuentes, uno a su derecha y el otro a su izquierda” (Lc 23,33)

Primero, Jesús fue despojado. Todo su cuerpo estaba desgarrado y cubierto de una mezcla de sangre, sudor y polvo, que se había secado, haciendo que sus ropas se pegaran a la piel. Podemos imaginar el dolor insoportable que causó esa acción. En los hospitales modernos, una operación de este tipo se realiza a veces con anestesia general para evitar el riesgo de síncope del paciente. Muchas heridas comenzaron a sangrar de nuevo.

Nuestro Señor fue puesto en la Cruz y clavado en ella. Sus torturadores confundieron la distancia de los agujeros laterales y así tiraron fuertemente de su brazo derecho para encajarlo hasta que sus articulaciones se dislocaron. Esto también es visible en la Sábana Santa.

¿Dónde se clavaron los clavos?

La huella anterior del Hombre de la Sábana Santa muestra una herida punzante, no en la palma de Su mano, como dice la tradición iconográfica, sino en Su muñeca, correspondiente al llamado espacio Destot. Se trata de un pasaje anatómico que permite fácilmente la inserción de un clavo sin romper ningún hueso.

La visión clásica de los clavos en la palma de la mano queda, por tanto, excluida. En primer lugar, la palma no habría soportado el peso del cuerpo. En segundo lugar, porque probablemente se habrían roto algunos huesos metacarpianos, desmintiendo la profecía: “todos sus huesos se conservarán, ninguno se romperá” (Sal 33:21).

Los clavos lesionaron el nervio mediano de las manos, provocando la flexión de los pulgares bajo las palmas, lo que explica su ausencia en la impresión de la Sábana Santa.

En cuanto a los pies, el pie derecho dejó una huella completa en la Sábana Santa, mientras que se puede ver el talón y la cavidad plantar del pie izquierdo. Por lo tanto, los dos pies fueron cruzados; el izquierdo se colocó delante, y su planta se apoyó en el dorso del pie derecho, que se apoyó directamente en el poste de la Cruz. Estaban clavados juntos.

Las manchas de sangre encontradas en la Sábana Santa corresponden perfectamente a los pies atravesados que descansaban sobre la Cruz de la manera descripta anteriormente.

Nótese también que las heridas de las manos y los pies del Hombre de la Sábana Santa se ajustan a la forma cuadrada de los clavos utilizados en las crucifixiones romanas.

La muerte

“Jesús gritó en voz alta diciendo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’. Con estas palabras, expiró” (Lc. 23:46).

Colgaba de la Cruz por los brazos, sin apoyo que lo mantuviera erguido. Contrariamente a la iconografía tradicional, la Sábana Santa no muestra ninguna evidencia que indique el uso de un reposapiés en la Cruz. De hecho, el reposapiés sólo se introdujo en las crucifixiones romanas en la segunda mitad del siglo I. Por lo tanto, Nuestro Señor ya no podía respirar normalmente debido a que colgaba sólo de sus brazos.

En tales circunstancias, comienzan los espasmos, calambres y asfixias, que se agravan hasta que se bloquean los músculos de la ingesta. La muerte se produce por una mezcla de asfixia y shock generalizado, en este caso también provocado por un infarto y un hemopericardio, como explicaremos a continuación.

La imagen de la Sábana Santa muestra los músculos del pecho contraídos de forma espasmódica. El diafragma está elevado y el abdomen se ha colapsado. Estos son signos típicos de la muerte por ansiedad respiratoria, asfixia y shock.

El color rojo brillante de las manchas de sangre se debe a una elevada cantidad de bilirrubina, típica de las personas que han sufrido graves traumas justo antes de derramar la sangre. La pulcritud de las heridas del Hombre de la Sábana Santa, causada por el rápido secado de la sangre, también indica que estaba gravemente deshidratado.

La lanza de Longinos

“Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, e inmediatamente salió sangre y agua” (Jn 19,34).

En la impresión anterior de la Sábana Santa, vemos un gran flujo de sangre a la izquierda, que corresponde a una brecha en la piel con las características de una herida punzante y cortante. Los márgenes de la herida se mantuvieron amplios y están bien delineados, como los infligidos a un cadáver. Esta herida sería atribuible al empuje de la lanza por parte del soldado romano. Es una herida profunda que perforó la pared torácica, lo que explica la abundancia de sangre. Fue infligida a un cadáver porque la sangre seca mostraba que su parte celular se había separado del componente seroso.

Estas pruebas apoyan una hipótesis muy fiable sobre la causa mortis de Nuestro Señor Jesucristo: un infarto seguido de hemopericardio.

Esta causa de la muerte puede deducirse del estudio de la sangre seca. Es muy densa y muestra grumos separados por un halo de suero. Esta condición es típica de un hombre que muere debido a una gran acumulación de sangre en la zona del pecho, el llamado hemotórax. La acumulación de sangre se explica por la rotura del corazón y el consiguiente derrame de sangre entre éste y la capa exterior del pericardio. Este flujo de sangre provoca un dolor insoportable, que siempre se corresponde con un grito, tras el cual el individuo expira inmediatamente.

Por lo tanto, la herida de la lanza en el crucificado, por entonces un cadáver, habría permitido el derramamiento de la sangre ya separada del suero. Un examen hematológico revela que esta sangre del lado derecho es sangre “muerta”, es decir, vertida post mortem, mientras que la sangre de la frente, de la muñeca, de la nuca y de la planta de los pies es “viva”, es decir, que se derramó cuando el Hombre de la Sábana Santa aún estaba vivo.

Por otra parte, penetrando desde el lado derecho hasta la altura del quinto espacio intercostal, la lanza nunca habría podido alcanzar el corazón, ya que el pillum romano no tenía una hoja suficientemente larga.

La muerte por hemopericardio provoca una rigidez cadavérica inmediata, encontrada precisamente en el Hombre de la Sábana Santa.

La colocación en el sepulcro

“Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en telas de lino con las especias, siguiendo la costumbre judía de enterrarlo. … Nicodemo trajo una mezcla de mirra y áloe” (Jn. 39:40)

Todo lo anterior demuestra que la Sábana Santa de Turín envolvió el cuerpo sin vida de un crucificado. Se ha identificado en la tela la presencia de áloe y mirra, sustancias utilizadas en Palestina para enterrar los cadáveres en la época de Cristo.

Según los estudios médicos, para obtener las marcas de sangre que se ven en la Sábana Santa, el crucificado debió ser envuelto en la tela en las dos horas y media siguientes a la muerte y no permaneció más de 40 horas, ya que no hay rastros de putrefacción.

La resurrección

“El primer día de la semana, al amanecer, fueron al sepulcro con las especias que habían preparado. Comprobaron que la piedra había sido removida del sepulcro, pero al entrar no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas, aparecieron de repente a su lado dos hombres con ropas brillantes. Aterradas, las mujeres inclinaron la cabeza hacia el suelo. Pero los dos les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado” (Lc 24,1-6).

En la impresión dorsal de la Sábana Santa, los músculos dorsales y deltoides aparecen naturalmente arqueados y no aplanados, como debería haber sucedido con un cuerpo tendido de espaldas sobre una losa de piedra. Por otra parte, los diferentes puntos de la espalda que naturalmente tocarían la superficie no están aplastados. No hay ningún efecto de peso corporal, lo que significa que, al realizar la impresión en la tela, el Hombre de la Sábana Santa flotaba en el aire en estado de levitación sin tocar la piedra.

¿Cómo se hizo la huella de la Sábana Santa? Los científicos responden que “el cadáver se vaporizó por así decirlo, emitiendo una radiación que habría causado la huella. … es muy probable que el cuerpo estuviera en levitación cuando produjo esta radiación”.4 En términos científicos, eso significa que el cadáver se volvió “mecánicamente transparente” para la Sábana Santa.

Escuchemos al profesor de la STURP Aaron Upinsky: “Uno de los mayores misterios de la Sábana Santa es cómo el cadáver nunca tocó la tela mientras se desprendía de ella. Salió volando sin alterar las fibras en lo más mínimo, sin rasgarlas y sin modificar las manchas de sangre ya existentes. Eso es imposible para un cuerpo normal, sujeto a las leyes de la naturaleza. Un cadáver cubierto de llagas nunca podría ser desprendido de una sábana sin alterarla y sin dejar rastros. Ninguna ciencia niega este hecho decisivo. Se explica únicamente por la “desmaterialización” del cuerpo, que sale volando de la sábana sin estar ya sujeto a las leyes de la naturaleza. Eso es precisamente lo que los cristianos llaman la ‘Resurrección'”5.

Conclusión

Para concluir, citemos algunas palabras del célebre pensador católico Prof. Plinio Corrêa de Oliveira:

“La Sábana Santa es un milagro permanente. Al permitir que la fotografía muestre su Rostro Divino, Nuestro Señor hizo un gesto de misericordia, especialmente para nuestros tiempos. La Sábana Santa es una maravilla tan grande, una prueba tan grande de la existencia de Nuestro Señor, de su Resurrección y de todo lo que creemos, que los fieles de todos los ambientes católicos deben hablar continuamente de ella”.6

Notas

  1. Giulio Fanti y Emanuela Marinelli escribieron un excelente libro sobre el tema, Cento prove sulla Sindone [Cien pruebas sobre la Sábana Santa], Padua, Edizioni Messaggero, 2000. Este libro contiene también una completa bibliografía sobre el tema.

  2. John H. Heller, Report on the Shroud of Turin [Informe sobre la Sábana Santa], Boston, Houghton Mifflin, 1983.

  3. Pierre Barbet, La Passione di N. S. Gesù Cristo secondo il chirurgo, LICE, Turín, 1951.

  4. Julio M. Preney, O Sábana Santa de Turim – O Evangelho para o Século XX, Ediçoes Loyola, Sao Paulo, 1992, p. 90-92.

  5. Arnaud-Aaron Upinsky, entrevista para Catolicismo, junio de 1998.

  6. Plinio Corrêa de Oliveria, conferencia a miembros y cooperadores de la TFP brasileña, Sao Paulo, 28 de abril de 1984.

Título original: 

The Holy Shroud: a Twenty-First Century Gospel, publicado en el site de la American Society for the Defense of TRADITION, FAMILY AND PROPERTY   

https://www.tfp.org/

    Traducido del inglés con el traductor DeepL

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Llanto milagroso de la Sgda. Imagen Peregrina Internacional de Ntra. Sra. de Fátima – Nva. Orleans, EE.UU. (1972)

VIA CRUCIS CON ANTORCHAS

JUEVES SANTO – 20 hs. – Sañogasta – (Prov. de La Rioja – Argentina)

Salida: 1ra estación del via crucis del B°. Chucuma – (ex “Pimiento Grande”) – Plaza 26 de agosto

Recorrido: por plaza 26 de agosto – pasamos a calle Imagen Peregrina de Ntra. Sra. de Fátima – hasta la Ermita de la Sda. Imagen Peregrina Internacional de Ntra. Sra. de Fátima

+ llevar antorchas +

Intenciones principales:

+Los pedidos de la Virgen en Fátima: la conversión del mundo contra las costumbres y modas inmorales, el crimen del aborto y el comunismo “intrínsecamente perverso” -como enseñan los Papas  

+Por el triunfo del Inmaculado Corazón de María prometido en Fátima   

+Por la Santa Iglesia e Intenciones del Santo Padre

+Por la educación de los niños y jóvenes conforme a la moral cristiana y la Ley de Dios     

+Para que nuestra patria sea un exponente fiel de la civilización cristiana y la Virgen la libre de “los errores de Rusia” contra los cuales alertó en Fátima

+Por las intenciones de cada familia y peregrino

Invitan: Ermita de la Sgda. Imagen Peregrina Internacional de N.S. de Fátima – Revista El Alférez – Barrios Chucuma, El Alto, La Carrera- El Pozo – La Calle – Bastión del Norte 

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DIRECTO DE UCRANIA: 50.000 MEDALLAS MILAGROSAS EN EL FRENTE DE BATALLA – INSTITUTO PLINIO CORREA de OLIVEIRA

https://www.youtube.com/watch?v=RvIAxJBuQlc

 

 LAS MONJAS DE LA SOCIEDAD DEL SAGRADO CORAZON, EJEMPLO DE AUTODEMOLICION PROGRESISTA

https://us02web.zoom.us/j/3958660101

https://mail.google.com/mail/u/0?ui=2&ik=c78325586c&attid=0.1&permmsgid=msg-f:1728942298693482419&th=17fe6fdc3ec5b7b3&view=att&disp=safe&realattid=f_l1gxfho80

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Cinco millones de Avemarías

En 1990, el profesor y líder católico Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, a través de la TFP brasileña y entidades afines en todo el mundo, promovió una petición de más de 5.000.000 de firmas pidiendo la liberación de Lituania del yugo comunista. Fue la petición más grande de la historia, que contribuyó a la conquista, no sólo de la libertad de ese país, sino también del fin de la URSS.

Lituania fue liberada del yugo comunista y también Ucrania.

Oren por Ucrania
El IPCO, junto con entidades afines y cohermanas de todo el mundo, promueve una campaña de oración por nuestros hermanos católicos y por todos los ucranianos que están siendo amenazados nuevamente por las ambiciones de Putin de rehacer la URSS y muchos sacrificando sus propias vidas. .

Vaya a https://www.rezepelaucrania.org.br/es

para marcar los números de Avemarías que ya ha rezado.

Nuestro objetivo es llegar a 5.000.000 de Avemarías rezadas en todo el mundo, pidiendo a Nuestra Señora que libere a Ucrania de la guerra y del yugo de un comunismo metamorfoseado.

***

Es la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo la que sufre en los católicos ucranianos atacados sin piedad por Putin.

https://www.rezepelaucrania.org.br/es

 


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Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana – Documentos VI

 

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Editorial Femando III, el Santo

Lagasca, 127 – 1º dcha.

28006 — Madrid

Tel. y Fax: 562 67 45

Primera edición, julio de 1993.

Segunda edición, octubre de 1993

© Todos los derechos reservados.

NOTAS

● Algunas partes de los documentos citados han sido destacadas en negrita por el autor.

● La abreviatura PNR seguida del número de año y página corresponde a la edición de las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana publicadas por la Tipografía Políglota Vaticana en Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pió XII cuyo texto íntegro se transcribe en Documentos I.

● El presente trabajo ha sido obtenido por scanner a partir de la segunda edición, de octubre de 1993. Se agradece la indicación de errores de revisión.

DOCUMENTOS VI
La necesaria armonía entre tradición y progreso auténticos

1. Los verdaderos amigos del pueblo son tradicionalistas
De la carta apostólica de San Pío X Notre charge apostolique, del 25 de agosto de 1910:

“Que estos sacerdotes [que están al frente de las obras de acción católica] no se dejen extraviar, en el dédalo de las opiniones contemporáneas, por el espejismo de una democracia falsa; que no tomen de la retórica de los peores enemigos de la Iglesia y del pueblo un lenguaje enfático lleno de promesas tan sonoras como irrealizables. Que estén convencidos de que la cuestión social y la ciencia social no nacieron ayer; que en todos los tiempos la Iglesia y el Estado, felizmente concertados, han suscitado con este fin organizaciones fecundas; que la Iglesia, que nunca ha traicionado la felicidad del pueblo con alianzas comprometedoras, no tiene que separarse del pasado, y que le basta reanudar, con la colaboración de los verdaderos obreros de la restauración social, los organismos rotos por la Revolución y adaptarlos, con el mismo espíritu cristiano que los ha inspirado, al nuevo medio creado por la evolución material de la sociedad contemporánea, porque los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas.” [1]

2. El respeto a la tradición no obstaculiza en lo más mínimo el verdadero progreso
Del discurso pronunciado por Pío XII el 28 de febrero de 1957 para los profesores y alumnos del liceo Ennio Quirino Visconti, de Roma:

“Se ha hecho notar con justicia que una de las características de los romanos, casi un secreto de la perenne grandeza de la Ciudad Eterna, es el respeto a las tradiciones. No quiere decir que tal respeto signifique fosilizarse en formas sobrepasadas por el tiempo, sino mantener vivo lo que los siglos han demostrado que es bueno y fecundo. De este modo, la tradición no obstaculiza en lo más mínimo el sano y feliz progreso, sino que es al mismo tiempo un poderoso estímulo para perseverar en el camino seguro; un freno para el espíritu aventurero, propenso a abrazar sin discernimiento cualquier novedad; es también, como suele decirse, la señal de alarma contra las decadencias.” [2]

3. Uno de los defectos más frecuentes y graves de la sociología moderna es subestimar la tradición
Alocución de Pablo VI a los peregrinos eslovacos provenientes de varias naciones, sobre todo de Estados Unidos y Canadá, pronunciada el 14 de septiembre de 1963, undécimo centenario de la llegada de San Cirilo y San Metodio a la Gran Moravia:

“Es característico de la educación católica extraer de la Historia no sólo materia cultural y recuerdos de acontecimientos pasados, sino también una tradición viva, un coeficiente espiritual de formación moral, una constante orientación para un progreso recto y coherente a lo largo del tiempo, una garantía de estabilidad y resistencia que comunica al pueblo su dignidad, su derecho a la vida, su obligación de actuar en armonía con otros pueblos. Uno de los defectos más frecuentes y graves de la sociología moderna es subestimar la tradición, esto es, presumir que una sociedad firme y sólida puede ser establecida sin tomar en consideración los fundamentos históricos sobre los cuales reposa naturalmente, y que la ruptura con la cultura heredada de las generaciones precedentes puede ser más benéfica para la vida de un pueblo que el desarrollo progresivo, fiel y sabio, de su patrimonio de pensamiento y costumbres. Es más, si este patrimonio rebosa de en aquellos valores universales e inmortales que la Fe católica infunde en la conciencia de un pueblo, entonces respetar la tradición significa garantizar su vida moral; significa darle la conciencia de su existencia, y merecerle aquellos auxilios divinos que confieren a la ciudad terrena algo del esplendor y perpetuidad de la ciudad celestial.” [3]

4. Desvincularse del pasado es causa de inquietud, agitación e inestabilidad
Homilía de Pablo VI durante la Misa que celebró en la Basílica Patriarcal de San Lorenzo, el día 2 de noviembre de 1963:

“Estamos acostumbrados a mirar hacia adelante, descuidando con frecuencia los méritos del ayer; no somos dados a la gratitud, al recuerdo, a la coherencia con nuestro pasado, al respeto, a la fidelidad debida a la Historia, a las actividades que se suceden de una a otra generación de hombres. Se advierte con frecuencia un difuso sentimiento de desvinculación del pasado, y esto es causa de inquietud, agitación e inestabilidad.

“Un pueblo sano, un pueblo cristiano está mucho más adherido a quienes le han precedido; y contempla la lógica de las vicisitudes en que ha de formarse la propia experiencia, mientras no duda ante el necesario tributo de agradecimiento y justa valoración.” [4]

5. La tradición es un patrimonio fecundo, es una herencia a ser conservada
Alocución de Pablo VI a sus coterráneos de Brescia, a 26 de septiembre de 1970:

“Permitid que un conciudadano vuestro de ayer rinda homenaje a uno de los valores más preciosos de la vida humana y más descuidados en nuestro tiempo: la tradición. Es un patrimonio fecundo, es una herencia a ser conservada. Hoy las nuevas generaciones tienden completamente hacia el presente, o más bien hacia el futuro. Y está bien, siempre que esta tendencia no obscurezca la visión real y global de la vida; porque, para gozar del presente y preparar el futuro, el pasado nos puede ser útil y, en cierto sentido, indispensable .El alejamiento revolucionario del pasado no siempre es una liberación, sino que con frecuencia significa cortarse sus propias raíces. Para progresar realmente y no decaer, es necesario que tengamos el sentido histórico de nuestra propia experiencia. Esto es verdad hasta en el campo de las cosas exteriores, técnico-científicas y políticas, donde el curso de las transformaciones es más rápido e impetuoso; y lo es más aún en el campo de las realidades humanas, y especialmente en el campo de la cultura; lo es en el de nuestra Religión, que es toda ella una tradición proveniente de Cristo.” [5]

NOTAS

[1] AAS II [1910] 631.

[2] Discorsi e Radiomessaggi, vol. XVIII, p. 803.

[3] Discorsi e Radiomessaggi, vol. I, p. 131.

[4] Ídem, pp. 276-277.

[5] lnsegnamenti, vol. VIII, pp. 943-944.

 

Agradecemos al site http://pliniocorreadeoliveira.info la gentileza de autorizar la presente publicación

 

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Plinio Corrêa de Oliveira

“Catolicismo” Nº 340 – Abril de 1979 [1]

El beso de Judas, Giotto di Bondone, 1304-1306 – Capilla de Scrovegni, Padua

La Sagrada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es ocasión oportuna para tejer algunas consideraciones sobre la prisión del Divino Maestro en el Huerto de los Olivos. Narran los Evangelios que estando Jesús hablando con los Apóstoles en el huerto, se aproximó Judas para entregarlo, acompañado de una multitud del pueblo, esbirros armados, escribas y ancianos. Después del beso de la traición de Judas, Jesús preguntó a los que lo acompañaban: «¿A quién buscáis?» — «A Jesús Nazareno», contestaron ellos. Jesús les respondió: «Yo soy». Entonces San Pedro, sacando su espada de la vaina, cortó la oreja de un servidor del Sumo Pontífice llamado Malco.

Cuando fue apresado, Nuestro Señor practicó dos acciones aparentemente contradictorias, y sobre ellas queremos meditar. Por un lado, habló tan alto, aturdió tanto a los oídos, que los esbirros cayeron por tierra. Por otro lado, se inclinó Él mismo hasta el suelo, para recoger una oreja y reponerla nuevamente en su lugar. El mismo que aterroriza, consuela. El mismo que habla con voz insoportable para los tímpanos, reintegra una oreja cortada. ¿No hay en esto alguna enseñanza para nosotros?

Nuestro Señor es siempre infinitamente bueno, y fue bueno cuando dijo a los que lo buscaban que Él era Jesús de Nazaret, a quien querían, como fue bueno cuando restituyó la oreja de Malco. Si queremos ser buenos, debemos imitar su bondad, y aprender de Él que hay momentos en que es necesario saber postrar por tierra con santa energía a los enemigos de la fe, como hay ocasiones en que es necesario saber curar los propios males de aquellos que nos hacen mal.
¿Por qué habló Nuestro Señor tan alto, cuando respondió “Yo soy”? ¿Sólo para aturdir físicamente a los que lo apresaban? ¿Pero para qué hacer eso, si Él se entregaba voluntariamente a la prisión?

Es que Él habló aún más alto a sus corazones que a sus oídos; y si les habló alto a los oídos, no fue sino para hablarles aún más alto a los corazones. No sabemos cuál fue el provecho que aquellos hombres sacaron de la gracia que recibieron. Pero ciertamente el temor que sintieron, cuando cayeron a la voz del Maestro, les fue saludable como le fue saludable a Saulo, cuando la misma voz le gritó: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”
Nuestro Señor les habló alto a los oídos. Los postró por tierra. Pero su voz, que abatía cuerpos y ensordecía oídos, erguía almas que estaban postradas y les abría los oídos del espíritu que estaban sordos.

A veces, pues, para curar hace falta gritar.

Con Malco, el Divino Redentor procedió de otra manera. Cuando le restituyó la oreja cortada por la fogosidad de San Pedro, Nuestro Señor ciertamente quería hacerle un bien temporal. Pero, al curarle el oído, Él quiso sobre todo abrirle el oído del alma. Y Él mismo, que a unos había curado de la sordera espiritual con el estruendo divino de su voz…; Él mismo curó de similar sordera espiritual a Malco, diciéndole palabras de bondad y restituyéndole la oreja que perdiera.
Vivimos en una época afectada, por cierto, por la más terrible sordera espiritual. Si hay una época en que los hombres oyen la voz de Dios, es la nuestra. Si hay una época en que contra ella endurecen los corazones, es ciertamente la nuestra.

El Divino Maestro nos muestra que si queremos extinguir en nosotros y en nuestro prójimo esa terrible sordera, sólo Él es quien lo puede hacer, pues los medios humanos en sí mismos de nada valen.
En esta ocasión, hagamos nuestro un pedido que se encuentra en los Santos Evangelios. Cuando un ciego se acercó cierta vez a Nuestro Señor, le gritó: Domine, ut videam — “¡Señor, que yo vea!” (Lc. 18, 35-43).

Aprovechemos las conmemoraciones de la Semana Santa para pedirle a Él que oigamos: Domine, ut audiam. No sabemos, en la sabiduría de su misericordia, de qué manera Nuestro Señor curará nuestra sordera espiritual. Sangramos como Malco y estamos sordos como los esbirros. Poco nos importe que Él quiera curarnos por este o aquel medio: que se cumpla su divina voluntad. Ya nos hable Él por la voz terrible de las reprobaciones y de los castigos, o nos hable por la voz blanda de las consolaciones, una cosa ante todo le pedimos: “¡Señor, que oigamos!”
Que al menos nosotros, los católicos, oigamos plenamente la voz de Nuestro Señor, y que, correspondiendo, en nuestra santificación interior, de modo completo e irrestricto, a las gracias que Él nos da, realicemos dentro de nosotros aquel reinado pleno de Jesucristo, del que los enemigos de la Iglesia parecen esperanzados en arrancar los últimos vestigios sobre la faz de la tierra.

Nuestro Señor prometió la indestructibilidad de su Iglesia, y prometió que toda alma verdaderamente fiel se salvaría.
Confortados con tal esperanza, meditemos con serenidad, tanto las tristezas de estos días de conturbación universal, como las agonías de esta Semana de Pasión. Nuestro Señor Jesucristo es el gran vencedor. Él vencerá, y con Él triunfará la Iglesia.

NOTAS:

[1] Publicado originalmente en “O Legionário”, nº 659, 25 de marzo de 1945. “Catolicismo” lo republicó en 1979 con algunas adaptaciones. Es el texto utilizado aqui. Traducción y adaptación por “El Perú necesita de Fátima – Tesoros de la Fe”.

Agradecemos a http:/pliniocorreadeoliveira.info la gentileza de enviarnos este texto de “El Perú necesita de Fátima – Tesoros de la Fe”  (con destaques en bastardilla y negrita, y ligeras adaptaciones de Nobleza.org)

 

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Plinio Corrêa de Oliveira

Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana – Documentos V

 

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Editorial Femando III, el Santo

Lagasca, 127 – 1º dcha.

28006 — Madrid

Tel. y Fax: 562 67 45

Primera edición, julio de 1993.

Segunda edición, octubre de 1993

© Todos los derechos reservados.

NOTAS

● Algunas partes de los documentos citados han sido destacadas en negrita por el autor.

● La abreviatura PNR seguida del número de año y página corresponde a la edición de las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana publicadas por la Tipografía Políglota Vaticana en Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pió XII cuyo texto íntegro se transcribe en Documentos I.

● El presente trabajo ha sido obtenido por escanner a partir de la segunda edición, de octubre de 1993. Se agradece la indicación de errores de revisión.

DOCUMENTOS V

Cortejo Papal en la Basílica de San Pedro

La doctrina de la Iglesia sobre las desigualdades sociales

Los textos pontificios aquí citados ponen en evidencia que, conforme enseña la Iglesia, la sociedad cristiana ha de estar constituida por clases proporcionadamente desiguales, que encuentran su propio bien, y el bien común, en una mutua y armoniosa colaboración. Sin embargo, dichas desigualdades no pueden de ningún modo vulnerar los derechos que corresponden al hombre en cuanto tal, pues la naturaleza humana, que es en todos la misma según el sapientísimo designio del Creador, ipso facto a todos hace iguales con respecto a ellas.

1. La desigualdad de derechos y de poder procede del propio Autor de la Naturaleza
León XIII, en la encíclica Quod apostolici muneris, del 28 de diciembre de 1878, enseña:

“Por más que los socialistas, abusando del propio Evangelio para inducir más fácilmente al mal a los incautos, se hayan habituado a desvirtuarlo según su parecer, existe, sin embargo, una divergencia tan grande entre su perversa teoría y la purísima doctrina de Jesucristo, que no la hay ni puede haberla mayor. Porque ¿qué consorcio hay entre la justicia y la iniquidad? o ¿qué sociedad hay entre la luz y las tinieblas? (II Cor. VI, 14). Realmente, como hemos dicho ya, no cesan ellos de repetir que todos los hombres son iguales entre sí por naturaleza, y por eso pretenden que no se debe honra ni veneración a la autoridad, ni obediencia a las leyes, a no ser a las que ellos mismos sancionan a su gusto.

“Por el contrario, según las enseñanzas de los Evangelios, la igualdad entre los hombres está en que, al tener todos la misma naturaleza, están todos llamados a la misma dignidad excelsísima de hijos de Dios; bien como en que, por haber sido todos designados para el mismo y único fin, cada uno será juzgado según la misma ley, recibiendo según sus méritos el castigo o la recompensa. Esto no obstante, la desigualdad de derechos y de poder procede del propio Autor de la Naturaleza, de quien toda paternidad, en el Cielo y en la Tierra, toma su nombre (Ef. III, 15).” [1]

2. El Universo, la Iglesia y la sociedad civil reflejan el amor de Dios en una orgánica desigualdad
En la misma encíclica el Pontífice afirma:

“Quien creó y gobierna todas las cosas las ha dispuesto con su providente Sabiduría de tal forma que las más pequeñas por medio de las medianas y las medianas por medio de las mayores lleguen todas a su fin. Por consiguiente, así como quiso que en el propio Reino celestial los coros de los Ángeles fueran distintos y estuvieran sometidos los unos a los otros; así como en la Iglesia instituyó varios grados de órdenes y diversidad de ministerios, para que no todos fueran Apóstoles, ni todos Doctores, ni todos Pastores (I Cor. XII); así también constituyó en la sociedad civil muchas categorías diferentes en dignidad, derechos y poder, sin duda para que la sociedad civil, al igual que la Iglesia, fuese un solo cuerpo compuesto de muchos miembros, unos más nobles que otros pero todos recíprocamente necesarios y preocupados por el bien común”. [2]

3. Los socialistas presentan el derecho de propiedad como una pura invención humana que repugna a la igualdad natural entre los hombres
Un poco más adelante declara:

“La sabiduría católica, apoyada en los preceptos de la ley divina y de la ley natural, vela también con singular prudencia por la tranquilidad pública y doméstica mediante los principios que mantiene y enseña respecto al derecho de propiedad y a la distribución de los bienes adquiridos para las necesidades y utilidad de la vida. Los socialistas, en realidad, al presentar el derecho de propiedad como una pura invención humana que repugna a la igualdad natural entre los hombres, aspiran a la comunidad de bienes, y opinan que no puede soportarse con paciencia la pobreza, y que se puede violar impunemente las posesiones y los derechos de los ricos.

“La Iglesia, mucho más acertada y provechosamente, reconoce la desigualdad entre los hombres, naturalmente diferentes por las fuerzas del cuerpo y del espíritu, y también por sus posesiones, y ordena que el derecho de propiedad y de dominio, que proviene de la propio naturaleza, permanezca intacto e inviolable en manos de quien lo posee.” [3]

4. Nada repugna tanto a la razón como una igualdad absoluta entre los hombres
En la encíclica Humanum genus, del 20 de abril de 1884, afirma también León XIII:

“Que todos los hombres, sin excepción, son iguales entre sí, es cosa que nadie duda, si se considera que el origen y la naturaleza son comunes, que cada uno debe alcanzar el mismo fin último, y que de aquí emanan naturalmente los mismos derechos y obligaciones; pero, una vez que no pueden ser iguales las cualidades naturales de todos, y cada uno es diferente del otro —sea por las facultades espirituales, sea por la fuerza física—; y que son muchísimas las diferencias de costumbres, gustos, y maneras de ser; nada repugna, pues, tanto a la razón como pretender reducir todas estas cosas a una misma medida y trasponer esta igualdad tan absoluta a las instituciones de la vida civil.” [4]

5. La existencia de desigualdades es condición necesaria para que sea orgánica una sociedad
Prosigue León XIII:

“Del mismo modo que la perfecta constitución de un cuerpo resulta de la unión y adecuación entre sus diversos miembros —los cuales difieren en forma y funciones, pero vinculados y situados en su propio lugar constituyen un organismo bello, vigoroso y apto para cumplir su función—, así también se encuentran en la sociedad humana diferencias de proporciones casi infinitas. Si todos fueran iguales y cada uno hiciera su voluntad, no podría el Estado tener un aspecto más deforme; por el contrario, si a través de distintos grados de dignidad, dedicación y talento, todos contribuyen convenientemente al bien común, reflejarán la imagen de una sociedad bien constituida y de acuerdo con la naturaleza.” [5]

6. La desigualdad social redunda en provecho de todos
En la encíclica Rerum novarum, del 15 de mayo de 1891, León XIII vuelve al tema de las desigualdades sociales:

“Así pues, ha de quedar establecido en primer lugar que se debe respetar la condición humana, que en la sociedad civil no se puede igualar lo alto con lo bajo. Los socialistas desean, sin duda, lo contrario; pero todo esfuerzo contra la Naturaleza es vano. Es ella, en efecto, la que ha establecido entre los hombres tantas y tan grandes diferencias: no todos tienen igual inteligencia, ni habilidad, ni salud, ni fuerza; diferencias necesarias, de las que nace espontáneamente su situación desigual. Esto es claramente conveniente, no sólo en beneficio de los individuos, sino también y especialmente en beneficio de la sociedad, porque la vida social tiene necesidad de un organismo variado con facultades y funciones diversas, y los hombres son llevados a desempeñar estas funciones principalmente por las diferencias de condición.” [6]

7. Así como en el cuerpo se unen conveniente ente entre si los diversos miembros, así también deben integrarse las clases en la sociedad
Un poco más adelante el Pontífice declara:

“Lo que está en causa, de lo que hablamos, es del error capital de suponer que cada clase es enemiga natural de la otra, como si la naturaleza hubiese enfrentado a ricos y a pobres para que combatan entre sí en un pertinaz duelo. Esto es a tal punto incompatible con la razón y con la verdad, que, por el contrario, es necesario sentar como cierto el siguiente principio: así como en el cuerpo se unen convenientemente entre sí los diferentes miembros, de donde nace un todo de aspecto armonioso que podrá llamarse justamente proporción, del mismo modo dispone la naturaleza que ambas clases se unan armoniosamente entre sí en la sociedad, y que mantengan de perfecto acuerdo ele equilibrio. Cada una necesita absolutamente a la otra: no puede existir capital sin trabajo ni trabajo sin capital. La concordia engendra la belleza y el orden de las cosas; de la rivalidad perpetua es, en cambio, inevitable que nazca una salvaje ferocidad y confusión.” [7]

8. La Iglesia ama a todas las clases, y la armoniosa desigualdad entre ellas
En su alocución del 24 de enero de 1903 al Patriciado y a la Nobleza romana, afirma también León XIII:

“Los Romanos Pontífices siempre fueron solícitos, a la vez, tanto en tutelar y mejorar la suerte de los humildes, como en sostener y aumentar el decoro de las clases elevadas. Puesto que ellos son los continuadores de la misión de Jesucristo, no sólo en el orden religioso, sino también en el social. (…) Por eso la Iglesia, al predicar a los hombres la filiación universal del mismo Padre celestial, reconoce asimismo como providencial para la sociedad humana la distinción de las clases. Por esa razón inculca que sólo en el respeto recíproco de los derechos y deberes y en la caridad mutua está escondido el secreto del justo equilibrio, del bienestar honesto, de la verdadera paz y del florecimiento de los pueblos.

“Así pues, Nos, deplorando las actuales agitaciones que perturban la convivencia social, hemos vuelto también muchas veces Nuestra mirada hacia las clases más humildes, más pérfidamente asediadas por las sectas inicuas, y les hemos ofrecido los maternales cuidados de la Iglesia; y hemos declarado muchas veces que nunca será remedio para esos males la igualdad que subvierte el orden social, sino aquella fraternidad que, sin menoscabar en nada la dignidad propia de cada categoría, une los corazones de todos con un mismo vínculo de amor cristiano.” [8]

9. Debe haber en la sociedad reyes y súbditos, patronos y obreros, ricos y pobres, sabios e ignorantes, nobles y plebeyos
En el motu propio Fin dalla prima, del 18 de diciembre de 1903, San Pío X resume la doctrina de León XIII sobre las desigualdades sociales:

“I. La sociedad humana, tal como Dios la ha establecido, está compuesta por elementos desiguales, como desiguales son los miembros del cuerpo humano; hacerlos todos iguales es imposible, pues supondría destruir la propia sociedad (Enc. Quod Apostolici muneris).

“II. La igualdad entre los diversos miembros de la sociedad consiste únicamente en que todos los hombres tienen su origen en Dios Creador, han sido redimidos por Jesucristo y deben ser juzgados y premiados o castigados por Dios según la medida exacta de sus méritos o deméritos (Enc. Quod Apostolici muneris).

“III. De aquí viene que esté de acuerdo con el orden establecido por Dios que haya en la sociedad humana reyes y súbditos, patronos y obreros, ricos y pobres, sabios e ignorantes, nobles y plebeyos, los cuales, unidos todos por un vínculo de amor, se ayuden mutuamente a conseguir su último fin en el Cielo y, sobre la tierra, su bienestar material y moral (Enc. Quod Apostolici muneris).” [9]

10. Cierta democracia llega al grado de perversidad de atribuir al pueblo la soberanía de la sociedad y perseguir la supresión y la nivelación de las clases
De la carta apostólica Notre chargue apostolique, de San Pío X, del 25 de agosto de 1910:

“Le Sillon, llevado por un mal entendido amor a los débiles, ha incurrido en el error.

“En efecto, le Sillón se propone el restablecimiento y regeneración de las clases obreras. Ahora bien, los principios de doctrina católica sobre esta materia ya han sido fijados, y ahí está la historia de la civilización cristiana para atestiguar su bienhechora fecundidad. Nuestro Predecesor de feliz memoria, los recordó en magistrales páginas que los católicos ocupados en las cuestiones sociales deben estudiar y tener siempre ante sus ojos. Enseñó especialmente que la democracia cristiana debe ‘mantener la diversidad de clases propia, ciertamente, de la ciudad bien constituida, y querer para la sociedad humana la forma y carácter que Dios, su autor, ha impreso en ella’. Condenó ‘una democracia que llega al grado de perversidad de atribuir al pueblo la soberanía de la sociedad y perseguir la supresión y nivelación de las clases’.” [10]

11. Jesucristo no enseñó una igualdad quimérica ni la rebeldía contra la autoridad
Aún en la misma carta apostólica afirma San Pío X:

“Aunque Jesús fue bueno para con los extraviados y pecadores, no respetó sus convicciones erróneas, por muy sinceras que pareciesen; los amó a todos para instruirlos, convertirlos y salvarlos. Si llamó junto a sí, para consolarlos, a quienes padecen y sufren, no fue para predicarles la envidia de una igualdad quimérica; si enalteció a los humildes no fue para inspirarles el sentimiento de una dignidad independiente y rebelde a la obediencia.” [11]

12. No por ser iguales en naturaleza han de ocupar los hombres igual situación en la sociedad
En la encíclica Ad beatissimi, del 1 de noviembre de 1914, Benedicto XV afirma:

‘‘Contra aquellos que han sido favorecidos por la fortuna o han alcanzado alguna abundancia de bienes con su trabajo, se levantan encendidos en malevolencia los proletarios y obreros, porque, aun cuando participan de la misma naturaleza, no se encuentran, sin embargo, en la misma condición. Evidentemente, una vez infatuados como están por las jaladas de los agitadores a cuya influencia suelen someterse totalmente, ¿quién los convencerá de que del hecho de que todos los hombres son iguales por naturaleza no se sigue que todos deban ocupar igual situación en la sociedad, sino que, a no ser que algo lo impida, cada uno tendrá la situación que haya alcanzado para sí mediante su comportamiento? Así, los pobres que luchan contra los ricos como si éstos se hubieran apoderado de bienes ajenos, no solo actúan contra la justicia y la caridad, sino también contra la razón, sobre todo considerando que, si quieren, pueden alcanzar para KÍ una fortuna mejor mediante su honesta competencia en el trabajo. No es necesario declarar cuáles y cuántas calamidades engendra esta odiosa rivalidad entre clases, no sólo para los individuos sino también para el conjunto de la sociedad.” [12]

13. El trato fraternal entre superiores e inferiores no debe hacer desaparecer la variedad de condiciones y la diversidad de las clases sociales
Continúa Benedicto XV:

“Ciertamente no tendrá fuerza ese amor para hacer desaparecer las diferencias de condición entre las diversas clases sociales, así como no es posible hacer que todos los miembros de un cuerpo viviente tengan la misma función y dignidad; sin embargo, conseguirá que quienes están en situación superior desciendan, en cierto modo, hasta los inferiores, y que se comporten con ellos no sólo con justicia, como conviene, sino también benigna, amable, pacientemente. Alégrense por su parte los inferiores de la prosperidad de aquellos y tengan confianza en su auxilio, así como el menor de los hijos de una familia descansa en la protección y amparo de mayor.” [13]

14. Se debe acatar la jerarquía social, para mayor provecho de los individuos y de la sociedad
Benedicto XV, en la carta Soliti Nos, del 11 de marzo de 1920, dirigida a Mons. Marelli, Obispo de Bérgamo, declara:

“Quienes son de inferior posición social y fortuna, entiendan perfectamente esto: que la variedad de categorías existentes en la sociedad civil proviene de la naturaleza y de la voluntad de Dios. En conclusión, debe repetirse: porque Él mismo hizo al pequeño y al grande (Sb. VI, 8), sin duda para mayor provecho de cada uno y de la comunidad. Que ellos mismos se persuadan de que, por más que mediante su esfuerzo y favorecidos por la fortuna hayan alcanzado situaciones mejores, siempre restará para ellos, como para todos los hombres, una parcela no pequeña de padecimientos; por lo cual, si son juiciosos, no aspirarán en vano a cosas más altas que las que puedan, y soportarán con paz y constancia los inevitables males, en la esperanza de los bienes eternos.” [14]

15. No se debe excitar la animosidad contra los ricos incitando a las masas a la subversión de la sociedad
En carta dirigida el 5 de junio de 1929 a Mons. Achille Liénart, obispo de Lille, la Sagrada Congregación del Concilio recuerda los siguientes principios de la Doctrina Social católica y directrices prácticas de orden moral emanadas de la suprema autoridad eclesiástica:

“‘Quienes se ufanan del título de cristianos, tomados aisladamente o agrupados en asociaciones, nunca deben, si tienen conciencia de sus deberes, mantener enemistades y rivalidades entre las clases sociales, sino la paz y la caridad mutua’ (Pío X, Singulari quadam).

“‘En cuanto a los escritores católicos, guárdense bien, al tomar la defensa de la causa de los obreros y de los pobres, de emplear un lenguaje que pueda inspirar al pueblo aversión hacia las clases superiores de la sociedad… Que recuerden que Jesucristo quiso unir a todos los hombres con el lazo de un amor recíproco, que es la perfección de la justicia, y que entraña la obligación de que trabajen unos y otros por su mutuo bien’ (Instrucción de la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, 27 de enero de 1902).

“‘Quienes presiden esta clase de instituciones (las que tienen por finalidad promover el bien de los obreros) deben recordar… que nada es más conveniente para asegurar el bien general que la concordia y la buena armonía entre todas las clases sociales, y que la caridad cristiana es el mejor lazo de unión entre todas ellas. Muy mal trabajarían, por tanto, para el bien del obrero quienes, pretendiendo mejorar sus condiciones de existencia, no le ayudaran sino a conquistar los bienes efímeros y frágiles de este mundo, descuidaran el preparar a los espíritus para la moderación mediante el recuerdo de los deberes cristianos, y, mucho más aún, si llegaran hasta excitar la animosidad contra los ricos, entregándose a esas declamaciones amargas y violentas, por medio de las cuales hombres extraños a nuestras creencias tienen la costumbre de lanzar las masas a la subversión de la sociedad’ (Benedicto XV, al obispo de Bérgamo, 11 de marzo de 1920).” [15]

16. Es legítima la desigualdad de derechos
Pío XI, en la encíclica Divini Redemptoris, de 19 de marzo de 1937, afirma:

“Debemos advertir aquí que yerran de modo vergonzoso quienes afirman que en la sociedad civil los derechos son iguales para cualquier ciudadano, y que no es legítimo que existan en la misma diversos grados de poder.” [16]

17. Tanto las semejanzas como las diferencias entre los hombres encuentran su adecuado lugar en el orden absoluto del ser
Del radiomensaje de Navidad de 1942, pronunciado por Pío XII:

“Si la vida social supone unidad interior, no excluye, sin embargo, las diferencias, que la realidad y la naturaleza favorecen. Pero cuando se apoyan firmemente en Dios, supremo Legislador de todo aquello que se refiere al hombre, tanto las semejanzas como las diferencias entre los hombres encuentran su adecuado lugar en el orden absoluto del ser, de los valores y, por consiguiente, también de la moralidad. Por el contrario, minado este fundamento, se abre entre los diversos campos de la cultura una peligrosa discontinuidad, aparece una incertidumbre e inseguridad de contornos, de límites y de valores.” [17]

18. La convivencia humana produce siempre y necesariamente toda una escala de graduaciones y diferencias
De la alocución de Pío XII a los trabajadores de la Fiat, el 31 de octubre de 1948:

“La Iglesia no promete aquella absoluta igualdad que otros proclaman, porque sabe que la convivencia humana produce siempre y necesariamente toda una escala de graduaciones y diferencias en las cualidades físicas e intelectuales, en las disposiciones y tendencias interiores, en las ocupaciones y responsabilidades; pero, al mismo tiempo, asegura la plena igualdad dentro de la dignidad humana, bien como en el corazón de Aquel que llama a Sí a todos los que están fatigados y agobiados.” [18]

19. Pretender la igualdad absoluta sería destruir el organismo social
Pío XII, en el discurso dirigido el 4 de junio de 1953 a un grupo de fieles de la parroquia de Marsciano, Perusa, Italia:

“Es necesario que os sintáis verdaderamente hermanos. No se trata de una simple alegoría: sois verdaderamente hijos de Dios, sed, pues, realmente hermanos entre vosotros.

“Ahora bien, los hermanos no nacen ni permanecen todos iguales: unos son fuertes, otros débiles; algunos inteligentes, otros incapaces; tal vez alguno sea anormal o llegue a volverse indigno.

Es, por tanto, inevitable una cierta desigualdad material, intelectual y moral dentro de una misma familia. (…)

“Pretender la igualdad absoluta entre todos sería como querer dar idéntica función a los diversos miembros del mismo organismo.” [19]

20. Quienes se atreven a negar la disparidad de clases sociales van en contra de las leyes de la propia naturaleza
Enseña Juan XXIII en la encíclica Ad Petri Cathedram, del 29 de junio de 1959:

“Es cada vez más necesario promover también entre las clases sociales esa armoniosa unidad que se busca entre pueblos y naciones. Si esto no se logra, pueden nacer de ahí —como ya estamos viendo— mutuos odios y discordias, de los cuales resultarán tumultos, perniciosas revoluciones, y a veces mortandades, así como un paulatino empobrecimiento de la economía pública y privada, llevada a una situación crítica. (…) Por consiguiente, quienes se atreven a negar la desigualdad de las clases sociales contradicen las leyes de la propia naturaleza, y quienes se oponen a esta amistosa e imprescindible unión y cooperación entre dichas clases pretenden, sin duda, perturbar y dividir la sociedad humana, con grave peligro y daño del bien público y del privado. (…) Ciertamente cada una de las clases y diversas categorías de ciudadanos puede defender sus propios derechos, con la condición de que esto no se haga con violencia sino legítimamente, sin invadir injustamente los derechos de los demás, tan inviolables como los propios. Todos son hermanos; por consiguiente todo ha de resolverse con amistoso trato y mutua caridad fraterna.” [20]

21. La peligrosa utopía de una sociedad sin clases
Juan Pablo II, en la homilía de una Misa para jóvenes estudiantes celebrada en Belo Horizonte (Brasil) el 1 de junio de 1980, declaró:

“Aprendí que un joven cristiano deja de ser joven, y hace mucho que ha dejado de ser cristiano, cuando se deja seducir por doctrinas e ideologías que predican el odio y la violencia. (…) Aprendí que un joven comienza a envejecer peligrosamente cuando se deja engañar por el principio fácil y cómodo de que ‘el fin justifica los medios’, cuando pasa a creer que la única esperanza para mejorar la sociedad está en promover la lucha y el odio entre los grupos sociales, en la utopía de una sociedad sin clases, que se revela muy pronto como creadora de otras nuevas.” [21]

22. Es necesaria la desigualdad entre las criaturas para que dé gloria a Dios la Creación
A los textos pontificios transcritos anteriormente parece conveniente añadirles algunos argumentos dados por Santo Tomás de Aquino para justificar la existencia de desigualdades entre las criaturas.

Afirma el Doctor Angélico en la Suma Teológica:

“Vemos, en efecto, que en las cosas naturales las especies aparecen gradualmente ordenadas: así, los cuerpos compuestos son más perfectos que los elementos, y las plantas más perfectas que los minerales, y los animales más perfectos que las plantas, y los hombres más perfectos que los otros animales: y en cada uno de estos géneros se encuentran unas especies más perfectas que las otras. Por tanto, así como la Divina Sabiduría es la causa de la distinción entre las cosas con miras a la perfección del Universo, así también lo es la desigualdad, porque no sería perfecto el Universo, si hubiese solamente un grado de bondad en las cosas.” [22]

De hecho no estaría en armonía con la perfección de Dios el crear un sólo ser, pues ningún ser creado, por excelente que se lo imagine, sería capaz de reflejar adecuadamente, por sí solo, las infinitas perfecciones de Dios.

Así pues, las criaturas han de ser necesariamente múltiples, y no sólo múltiples, sino también necesariamente desiguales. Esta es la doctrina del Santo Doctor:

“Es mejor muchos bienes finitos que uno solo, pues aquéllos tendrían lo que éste y aún más. Pero la bondad de toda criatura es finita, pues es deficiente con relación a la infinita bondad de Dios; luego, es más perfecto el Universo de las criaturas habiendo muchos grados de cosas que si hubiera uno solo. Ahora bien, al Sumo Bien Le compete hacer lo que es mejor; luego le convino hacer muchos grados de criaturas. Es más: la bondad de la especie supera la bondad del individuo, como lo formal a lo material. Por lo tanto, más añade a la bondad del Universo la multiplicidad de especies que los individuos de una misma especie. Por consiguiente, para que el Universo sea perfecto no sólo conviene que existan muchos individuos, sino también que existan diversas especies, y, por tanto, diversos grados en las cosas”. [23]

Las desigualdades no son, pues, defectos de la Creación, sino cualidades excelentes de la misma, en las cuales se refleja la infinita y adorable perfección de su Autor; y Dios se complace contemplándolas:

“La diversidad y desigualdad entre las cosas creadas no procede, pues, del acaso; ni de la diversidad de la materia; ni de la intervención de algunas causas o méritos, sino de la propia intención de Dios de querer dar a la criatura la perfección que le era posible tener.

“Por eso dice el Génesis (I.31): ‘Vio Dios que todo lo que había hecho era sobremanera bueno’.” [24]

23. La desaparición de las desigualdades es condición sine qua non para eliminar la religión
No quiso Dios que dichas desigualdades existieran solamente entre los seres de los reinos inferiores —mineral, vegetal y animal— sino también entre los hombres y, por tanto, entre los pueblos y naciones. Con esas desigualdades, que Dios creó armónicas entre sí y bienhechoras, tanto para cada categoría de seres como para cada ser en particular, quiso Dios proveer al hombre con abundantísimos medios para tener siempre presentes sus infinitas perfecciones. Las desigualdades entre los seres son, ipso facto, una sublime e inmensa escuela de anti ateísmo.

Así parece haberlo comprendido el escritor comunista francés Roger Garaudy (posteriormente “convertido” al islamismo), al destacar la importancia de la eliminación de las desigualdades sociales para conseguir la victoria del ateísmo en el mundo:

“Para un marxista, no es posible decir que la eliminación de las creencias religiosas es una condición sine qua non de edificación del comunismo. Karl Marx mostraba, por el contrario, que sólo la completa realización del comunismo, al convertir en transparentes las relaciones sociales, haría posible la desaparición de la concepción religiosa del mundo. Para un marxista es, pues, la edificación del comunismo la condición sine qua non para eliminar las raíces sociales de la religión, y no la eliminación de las creencias religiosas la condición para la construcción del comunismo.” [25]

Querer destruir el orden jerárquico del Universo es, pues, privar al hombre de recursos para poder ejercer libremente el más fundamental de sus derechos: el de conocer, amar y servir a Dios; es decir, es desear la mayor de las injusticias y la más cruel de las tiranías.

24. Por naturaleza todos los hombres son iguales en un sentido, pero en otro son desiguales
Del libro Reforma Agrária—Questão de Consciência, de D. Geraldo de Proença Sigaud, D. Antonio de Castro Mayer, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira y el economista Luíz Mendonça de Freitas, se transcriben a continuación unos párrafos escritos y redactados por el autor de la presente obra:

“Iguales lo son [los hombres] por ser criaturas de Dios, dotadas de cuerpo y alma, y redimidas por Jesucristo. Así pues, por la dignidad común a todos, tienen igual derecho a todo aquello que es propio de la condición humana: vida, salud, trabajo, religión, familia, desarrollo intelectual, etc. Una organización económica y social justa y oró-tiana reposa, de este modo, sobre un rasgo fundamental de verdadera igualdad.

“Pero, además de esa igualdad esencial, hay entre los hombres desigualdades accidentales puestas por Dios: de virtud, de inteligencia, de salud, de capacidad de trabajo y muchas otras. Toda estructura económica y social orgánica y viva ha de estar en armonía con el orden natural de las cosas. Esta desigualdad natural debe reflejarse en ella, por lo tanto. Dicho reflejo consiste en que, siempre que todos tengan lo justo y condigno, quienes han sido bien dotados por la naturaleza puedan, mediante su trabajo honesto y su ahorro, adquirir más.

“La igualdad y la desigualdad se compensan y se completan así, desempeñando papeles diversos, pero armónicos, en la ordenación de una sociedad justa y cristiana.

“Esta regla constituye, por cierto, uno de los trazos más admirables del orden universal. Todas las criaturas de Dios tienen lo que les corresponde conforme su propia naturaleza, y en esto son tratadas por El según la misma norma; pero, además, el Señor da muchísimo a unas, mucho a otras, y a otras, en fin, tan solo lo adecuado. Esas desigualdades forman una inmensa jerarquía en la que cada grado es como una nota musical que compone una inmensa sinfonía que canta la gloria divina. Una sociedad y una economía totalmente igualitarias serían, por tanto, antinaturales.

“Vistas a esta luz, las desigualdades representan una condición para el buen orden general, y redundan, por tanto, en beneficio de todo el cuerpo social, es decir, tanto para los grandes como para los pequeños.

“Esta escala jerárquica está en los planes de la Providencia como medio para promover el progreso espiritual y material de la Humanidad a través del estímulo a los mejores y más capaces. El igualitarismo trae consigo la inercia, el estancamiento y, por tanto, la decadencia, pues todo lo que está vivo, si no progresa, se deteriora y muere.

“De esta forma se explica la parábola de los talentos (Mt. XXV, 14-30). A cada uno le da Dios en medida diversa y a cada uno le exige un rendimiento proporcionado.” [26]

NOTAS

[1] ASS. XI [1878] 372.

[2] Ibídem.

[3] Ídem, p. 374.

[4] ASS XVI [1888] 427.

[5] Ibídem.

[6] ASS XXIII [1890-91] 648.

[7] Ídem, pp. 648-649.

[8] Leonis XIII Pontificis Maximi Acta, Ex Typographia Vaticana, Romae, 1903, vol. XXII, p. 368.

[9] ASS XXXVI [1903-1904] 341.

[10] AAS II [1910] 611.

[11] Ídem, p. 629.

[12] AAS VI [1914] 571-572.

[13] Ídem, p. 572.

[14] AAS XII [1920] 111.

[15] AAS XXI [1929] 497-498.

[16] AAS XXIX [1937] 81.

[17] Discorsi e Radiomessaggi, vol. IV, p. 331.

[18] Discorsi e Radiomessaggi, vol. X, p. 266.

[19] Discorsi e Radiomessaggi, vol. XV, p. 195.

[20] AAS LI [1959] pp. 505-506.

[21] Insegnamenti, vol. III, 2. p. 8.

[22] Iq. 47, a. 2.

[23] Suma contra los gentiles, L. II, cap. 45.

[24] Ibídem.

[25] L’homme chrétien et l’homme marxiste, La Palatine, París—Génève. 1964, p. 64.

[26] Editora Vera Cruz, São Paulo, 1960, pp. 64-65.

Nobleza.org agradece al site pliniocorreadeoliveira.info la gentileza de publicar este valioso texto

 

 

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