ENTREVISTA A S.A.I.R. DOM BERTRAND DE ORLEANS y BRAGANZA, PRINCIPE IMPERIAL DEL BRASIL – Sábado 11 de septiembre de 2021 a las 9 y 30 hs. pm (21.30 hora argentina)

♦ El 7 de septiembre multitudes llenaron las plazas de Brasil en apoyo al gobierno de Bolsonaro, demostrando un giro a la derecha. El Príncipe  Imperial y Real Dom Bertrand de Orléans y Braganza honró con su presencia estos eventos evocando un pasado glorioso , lo mejor del Brasil y sus nexos con la Civilización Cristiana.

Con esta conservatización,  ¿se habrán sepultado las metas del Foro de San Pablo? El Príncipe , en entrevista exclusiva, nos hablará sobre este tema. ¡No se lo pierda!

♦ Invitamos especialmente a nuestros lectores a participar de la entrevista en un momento  histórico crucial  como éste

 

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COMUNICADO DEL INSTITUTO PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA (IPCO)

Con motivo del 199º aniversario de la Independencia del Brasil – 7 de septiembre de 2021

La izquierda NO LOGRARA frenar el avance victorioso del BRASIL CRISTIANO

Ni provocar el DIVORCIO entre el Estado y la Nación

Nuestro amado Brasil alcanzará mañana su 200º aniversario de vida independiente, que culminará con las celebraciones del bicentenario en 2022. Para una nación, equivale a pasar de la juventud a la edad adulta, en la que definitivamente se consolida la ruta que seguirá en la historia de la humanidad.

Debemos, pues, aprovechar estos 365 días para meditar sobre nuestro pasado tan rico en tradiciones, nuestro presente tan dislacerado y nuestro futuro lleno de promesas o de amenazas, según el rumbo definitivo que adoptemos.

En esta coyuntura, el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira desea brindar su contribución recordando algunas verdades fundamentales -que en la actualidad se tiende a confundir-, para que este gran proceso de discernimiento colectivo sea realmente fecundo:

  1. El Brasil debe tener presente que uno de sus primeros nombres fue «TIERRA DE LA SANTA CRUZ», y que si Dios lo dotó de tantas riquezas naturales, y de un pueblo inteligente, trabajador y benévolo, fue para hacerlo progresar en las vías de la civilización cristiana y servir de modelo a las naciones hermanas de América Latina, de modo a transformar el bloque en una gran potencia continental. No es casual que nuestro principal monumento sea el CRISTO REDENTOR y que en nuestro cielo brille la CRUZ del SUR.

  2. Los tres fundamentos de una civilización auténticamente cristiana y próspera son la TRADICIÓN, que transmite a las nuevas generaciones los valores religiosos y patrióticos; la FAMILIA, basada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer con el fin primordial de criar y educar a los hijos; y la PROPIEDAD PRIVADA, que favorece el espíritu de empresa y garantiza la libertad e independencia de los individuos y las familias ante el Estado.

  3. El COMUNISMO, en sus innumerables aspectos o máscaras, no es sólo una ideología equivocada y fracasada, sino también la mayor amenaza para el País y la civilización cristiana en nuestros días. La IGLESIA CATÓLICA lo ha condenado y clasificado como secta.

  4. Esa secta roja -que deduce de sus erróneos principios una peculiar concepción del hombre y de la sociedad- hoy vuelve a amenazar al Brasil y a afrentar la OPINIÓN de MILLONES de BRASILEÑOS que supieron decir a una sola voz NO al socialismo, NO al COMUNISMO, «nuestra bandera jamás será roja» y «quiero a mi BRASIL de vuelta». Sí, un Brasil ordenado, pacífico, hospitalario, que defiende la vida contra el aborto y la familia contra la ideología de género, consciente de que el progreso se logra con el trabajo honesto y no con la envidia, la lucha de clases y la invasión de tierras y edificios urbanos.

  5. El sentido común es una de las mejores características del brasileño medio, que no se deja llevar por el discurso estridente y superficial de la izquierda, que en este momento predica la desunión para intentar recuperar el poder y volver a la situación en la que un Estado ocupado por elementos de su ideología creó un abismo entre el BRASIL REAL, profundo, verdadero, y el BRASIL DE SUPERFICIE de los medios de comunicación de izquierda, y de ciertos sectores académicos y culturales de los grandes centros urbanos.

  6. Si las corrientes que se autodenominan «progresistas» logran alcanzar sus siniestros objetivos de reconquistar el Poder, se cumplirá el sombrío pronóstico formulado por Plinio Corrêa de Oliveira en 1987, durante los debates de la nueva Constitución, cuando advirtió que era necesario respetar los deseos profundos del brasileño medio.“Si esto no se diere», afirmaba el ilustre líder católico paulista, «es el caso de insistir en que el divorcio entre el país legal y el país real será inevitable». Se creará entonces una de esas situaciones históricas dramáticas, en las que la masa de la Nación sale del interior del Estado, y el Estado vive (si es que esto, para el Estado, es vivir), vacío de contenido auténticamente nacional.(…) Es yendo al encuentro de todas estas incertidumbres y riesgos, que el Estado brasileño estará expuesto a naufragar, mientras la Nación se constituya mansamente, hábilmente, irremediablemente al margen de un edificio legal en el que el pueblo no reconozca ninguna identidad consigo mismo. ¿Qué será entonces del Estado? Como un barco agrietado, se dejará penetrar por las aguas y se fragmentará en restos. Lo que pueda ocurrir con éstos es imprevisible».

7.Para conjurar esta amenaza, los brasileños de bien deben mantenerse unidos, rechazando las estridentes voces que predican el odio, y evitando la división interna instigada por una minoría articulada ideológicamente para cambiar el País en un sentido profundamente anticristiano. Deben permanecer no sólo unidos, sino resueltamente activos en su determinación de rescatar un Brasil fiel a sí mismo y no una marioneta de las ideologías anticristianas que han llevado a países otrora ricos, como Cuba y Venezuela, a la ruina.

Confiantes en la protección divina y en las bendiciones de NUESTRA SEÑORA APARECIDA, Reina y Patrona del Brasil, los miembros del Instituto Plinio Corrêa de Oliveira seguirán defendiendo públicamente, en las calles, avenidas y plazas de nuestra querida Patria, los valores cristianos que la alimentaron hasta ahora, y que harán de ella, en su etapa adulta, la gran potencia del tercer milenio.

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General Pedro Nicolás de Brizuela, Teniente de Gobernador de la Gobernación del Tucumán (s. XVII), fundador del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta

Alcaldes indígenas del antiguo Virreinato del Perú – La mestización y la evangelización caracterizaron la obra colonizadora de España con Isabel la Católica y sus descendientes de la Casa de Austria – En tiempos de esta dinastía vino Pedro Nicolás a estas tierras

Casa de los Brizuela y Doria en el Alto de la Iglesia (antiguo Alto del Vínculo) – Fue la última construida durante la vigencia del Mayorazgo de San Sebastián (s. XIX)

Pedro Nicolás de Brizuela fue pionero de la agricultura y ganadería , construyó molinos e hizo la primera bodega de esta zona En el paisaje luminoso sañogasteño, se ven garzas blancas y caballos en medio de nogales y viñas

La señorial Imagen de Nuestra Señora de la Candelaria de Copacabana, Patrona de la Parroquia, fue traída por Pedro Nicolás de Brizuela del Alto Perú – Su Mayordoma es siempre una integrante de la familia Brizuela y Doria

 

Pedro Nicolás de Brizuela, un pionero de la Cristiandad

Luis María Mesquita Errea (*)

El General Pedro Nicolás de Brizuela, personaje destacado en la historia de la Argentina naciente del siglo XVII, llegó de España al territorio argentino, entonces parte del Virreinato del Perú, en 1632. Su familia –como declara en su testamento*- era de Sotoscuevas, jurisdicción del Corregimiento de Villarcayo, “cabeza de las siete merindades de Castilla la Vieja” (* = Archivo Mesquita-Brizuela y Doria, documento gentilmente facilitado en facsímil por el Lic. Alejandro Moyano Aliaga, Director del Archivo Histórico de Córdoba).

Entró por el puerto de Buenos Aires, en la expedición que traía al gobernador del Río de la Plata, Pedro Esteban de Avila, dirigiéndose a Córdoba, que ya era una de las ciudades principales del Tucumán, primera Gobernación que se fundó en el país que se iba formando, por decisión del Rey Católico Felipe II, con la bendición del Papa San Pío V que instituyó, a pedido del monarca, la primera diócesis argentina, el Obispado del Tucumán.

La razón por la que Brizuela se dirigió a Córdoba era que el Tucumán se encontraba en guerra con motivo de una rebelión de un grande y poderoso sector de indios de guerra, el “Gran Alzamiento Calchaquí”.

Las relaciones con los calchaquíes, desde la fundación de la primera ciudad argentina en 1550, si bien habían pasado por buenos momentos, tarde o temprano terminaban en enfrentamientos bélicos. No obstante, las autoridades nunca dejaban de aspirar a la conversión plena y pacificación de aquellos.

La fulminante I Guerra Calchaquí, movida en 1562 por el gran jefe don Juan Calchaquí, había casi aniquilado el Tucumán, destruyendo tres de sus cuatro ciudades, salvándose sólo su capital, Santiago del Estero. La “Madre de Ciudades” logró salvarse por la acción decidida de sus vecinos (propietarios y encomenderos que tenían la obligación personal de defensa, a riesgo de sus vidas), y por la protección de la Providencia (como católico, creo en la acción de Dios en la historia, frecuentemente a través de la Ssma. Virgen, como lo confirman muchos hechos y documentos).

Imagen de San Sebastián, reliquia familiar traída por Pedro Nicolás de Brizuela de su Castilla la Vieja natal

En la época que nos ocupa, otro gran jefe indígena, el Cacique Chalimín (del Valle de Hualfín, Catamarca), había logrado mover a una gran rebelión. Comenzó cuando el encomendero Urbina, su familia y un fraile franciscano fueron masacrados al amanecer y hechos comer por los perros; luego,  pueblos de indios amigos, haciendas y poblados fueron arrasados, con muerte de indios y españoles, las Iglesias fueron destruidas con profanación de hostias consagradas y de Imágenes,  capellanes y misioneros fueron cruelmente martirizados, como el sacerdote riojano Padre Torino, a quien los indios atiles colgaron de un árbol y descuartizaron falange por falange, hueso por hueso.

Las causas de la guerra fueron varias y no están debidamente esclarecidas. Se culpa al Gobernador don Felipe de Albornoz de haber ofendido a un hijo de Chalimín, de acuerdo al testimonio del historiador, Padre Lozano; pero éste dice también que el famoso corte de pelo del hijo del cacique fue a causa de “ciertos desmanes” que desconocemos. Por otro lado, 3 años antes que este gobernador llegase, los sacerdotes jesuitas de las misiones en el valle de Calchaquí las desampararon, porque sentían crecer la animadversión de los calchaquíes. Más tarde fue el episodio del corte de pelo, pero pasaron 3 años más sin que la guerra estallara, lo que ocurrió en 1630.

Fiestas Patronales de N.S. de la Candelaria y San Sebastián en Sañogasta, devociones iniciadas por Pedro Nicolás de Brizuela en la Capilla de San Sebastián de Sañogasta (Monumento Histórico Nacional)

El mismo gobernador Albornoz en sus cartas da como razón específica del inicio del Gran Alzamiento el descubrimiento que hizo el infeliz Urbina de una mina de oro. Los indios se rebelaron ante la perspectiva de trabajar en la mina, pero mostraron refinamientos de odio religioso y crueldad que revelan una problemática más honda y compleja que debe ser profundizada.

Lo cierto es que, por las razones que sean, los calchaquíes:

1)       iniciaron la guerra, y lo hicieron cometiendo crímenes terribles;

2)       por la extensión de la rebelión, amenazaban la subsistencia de las ciudades del Noroeste argentino, principalmente de La Rioja.

De esta manera, corría peligro de perderse el fruto de 8 décadas de labor, de importante grado de unión y fusión con el indígena, de enseñanza de primeras letras y evangelización, de desarrollo de ciudades, pueblos, fincas y estancias, de inauguración de una prestigiosa universidad y de establecimientos educativos, de hospitales, caminos y puertos, de industrias propias de cada zona y de comercio interregional, de nacimiento de una cultura propia que se expresó en poesía, en música folclórica, en el bello estilo colonial argentino.

Iglesia de San Sebastián de Sañogasta, fundada por Pedro Nicolás de Brizuela y Mariana Doria (s. XVII – M.H.N.)

De haber triunfado los calchaquíes rebelados, nada de civilización cristiana hubiese quedado en pie. Ni La Rioja, ni Salta, ni Tucumán, ni ninguna ciudad. Los indios del Tucumán hubieran sido sometidos por los calchaquíes con la vuelta a la situación anterior, de aislamiento y falta de progreso.

Por ese motivo, la guerra asumió ribetes religiosos y de servicio al bien común. Por la salvación o la destrucción de una civilización que, a pesar de sus limitaciones y defectos, tenía algo sagrado en su esencia: el fundamento cristiano de la sociedad, amparando a españoles, indios, negros y a los descendientes de los múltiples cruzamientos entre estas razas, que avanzaban hacia la fusión y homogeneización. Nacía el criollo, el americano, el argentino.

Esto explica, a mi entender, que en todo momento las ciudades y haciendas del Tucumán (como Santiago del Estero, Jujuy, Salta, San Miguel de Tucumán, La Rioja,  Córdoba,  y el Valle de Catamarca) tuvieran el apoyo decisivo de indios amigos que no querían ver la Religión Católica destruida, la vuelta a los brujos e ídolos, a las borracheras y ritos sangrientos, la desaparición de las escuelas de las Ordenes religiosas, de las ciudades, de las iglesias, de las estancias y chacras, de las reducciones de indios de paz.

 

Ante esa situación, Pedro Nicolás de Brizuela, por entonces con unos 26 años, se dirige a Córdoba a prestar servicios en esta guerra crucial para el futuro de la Argentina.

Era lo que Roberto Levillier llama “hidalgos de pro”: guerreros que combatían “a su costa y minción”, sin pago ni ayuda material. Hacer la guerra en estas condiciones, requería tener una buena situación económica, señal de que Pedro Nicolás la tenía. Además, exigía mucho valor pelear contra los aguerridos indios calchaquíes, que tenían hábiles tácticas de guerra, coraje, atacaban por sorpresa, envenenaban aguas, cortaban acequias, provocaban devastadores derrumbes de lo alto de los cerros y eran, en cantidad, abrumadoramente más numerosos que los españoles y contaban con las caballadas que les iban tomando.

Deben haber pesado en Pedro Nicolás de Brizuela dos motivaciones principales.

Primero, su sangre de hidalgo, o noble caballero, pública y notoria entre sus contemporáneos. Esa condición le permitió formar una familia con una persona de su misma calidad, la riojana Doña Mariana Doria, hija de encomenderos y vecinos principales de Santiago del Estero. (El uso de “don” o “doña” denotaba nobleza muy notoria; era un privilegio de que gozaban ciertas familias nobles españolas e indígenas; los caciques , luego de su bautismo, eran conocidos como “don Juan Calchaquí”, “doña Marina”, “don Rodrigo Cacique” –el hijo de Chalimín, luego de la guerra-, etc.).

El hidalgo español era un guerrero cristiano excelente, que luchó durante ocho siglos en la Reconquista española contra los infieles musulmanes, y contra otros enemigos en el rol de defensor de la Cristiandad.

Estos hidalgos, que protagonizaron la gesta colonizadora de América, estaban siempre dispuestos a defender y servir al Rey, que encarnaba la patria, y al Papa, que representa a la Iglesia, lo que se expresaba en la fórmula “servir a las dos Majestades”.

La rebelión de los calchaquíes era vista por ellos como una nueva guerra contra infieles, contra enemigos de la Cristiandad, a quienes no se trataba de aniquilar pero sí de vencer para impedir que consumaran la destrucción de lo que se había logrado con tanto esfuerzo.

En segundo lugar, consideraban que, arriesgando su caudal en armarse  e ir a la guerra, en un momento crucial en que los españoles y criollos eran una pequeña minoría, a vivir en situación de disponibilidad y riesgo permanente, con altas probabilidades de morir o ser martirizados, de dejar huérfanos a sus hijos y viudas a sus mujeres y de perderlo todo, los hacía acreedores al reconocimiento del Rey.

“Era una muy honrosa designación –dice Félix Luna, refiriéndose al nombramiento Don Alvaro de Luna y Cárdenas como jefe de un tercio riojano, en 1680-, aunque resultaba gravosa para los vecinos, que debían abandonar familia, sembrados y cosechas para concurrir de su peculio a campañas que podían durar muchos meses” (“Los Luna”, ed. 2004, p. 51).

Esperaban que, si la muerte no los sorprendía en la guerra -en cuyo caso irían al Cielo por dar su vida en defensa de la Fe-, Su Majestad Católica les “haría merced”, concediéndoles tierras –que eran abundantes en estas zonas aún hoy poco pobladas- y dándoles encomiendas de indios.

El encomendero recibía un grupo de indios a su cargo (muchos o pocos, había distintas situaciones). Debía ampararlos, ocuparse de su evangelización y recibir de ellos el pago del impuesto que les correspondía, como hombres libres; y –por otra parte- el servicio remunerado de trabajar sus tierras, mediante turnos y condiciones pactados con sus jefes o curacas. No podía “poner los pies” en el poblado indígena (Levillier).

Más allá del beneficio económico del pago de la tasa –que podía ser nulo, módico o grande, según las situaciones- confería prestigio. Ser vecino feudatario o encomendero era como un título de nobleza, muy apreciado en la época.

Con este doble objetivo de prestar un valioso servicio con la esperanza incierta de recibir una recompensa, que estaba en el espíritu de los “hidalgos de pro”, intervino Pedro Nicolás de Brizuela en el Gran Alzamiento Calchaquí en defensa de la Cristiandad tucumanense.

Esta II Guerra Calchaquí conocida como  “Gran Alzamiento”, como expongo en el trabajo de seminario “Pedro Nicolás de Brizuela – Conquistador, encomendero y fundador – Protector del indio y gobernante”)., se dividió en cuatro etapas, que duraron un total de 16 años (1630-1646). El alcance de este artículo no permite entrar en detalles, pero diremos lo imprescindible relacionado con el soldado Brizuela.

En la primera etapa, las parcialidades diaguito-calchaquíes que  seguían al Cacique Chalimín en esta zona sur del Tucumán intentaron destruir la ciudad de Londres y haciendas cercanas, las haciendas del Valle de Catamarca y la Ciudad de La Rioja.

Amenazada gravemente varias veces, debió La Rioja solicitar la ayuda de Córdoba. El jefe que se destacó, del lado hispano-indígena cristiano, era un criollo, nacido en estas tierras, el Gral. Jerónimo Luis de Cabrera (nieto del fundador de Córdoba).

Le tocó luchar contra el terrible Chalimín. Al principio fue derrotado por éste, que lo obligó a abandonar la ciudad de Londres. Pensemos en lo que significa abandonar una ciudad, entonces y ahora: algo tremendo. Perder casi todo…

Pero Cabrera logró ejecutar con maestría algo muy difícil: poner toda la población de Londres en sus carretas y llevarla sana y salva a La Rioja, perseguido por las fuerzas enemigas.

Cuando llegó a La Rioja, ésta era atacada por indios a caballo, portando antorchas incendiarias. Sin tiempo de descansar, logró salvar la ciudad. Y esto se repitió.

Es entonces cuando entra en escena Pedro Nicolás de Brizuela. Llega desde Córdoba para sumarse a estas fuerzas, como guerrero por cuenta propia, en lo económico, y bajo las órdenes del General Cabrera.

Brizuela era infante y combatía con arcabuz. Era toda una especialidad manejar estas armas, que había que recargar mientras las flechas y asaltos del enemigo repartían la muerte por todas partes.

Las probanzas del citado guerrero son concluyentes. No fue un soldado común. Fue un guerrero excepcional; lo digo con todas las letras. Excepcional por su coraje y serenidad, por la obediencia a sus oficiales, por su entereza. Le tocaron misiones siempre difíciles y muy arriesgadas. Ir a pie toda la noche por el Famatina; llegar a destino y no tener nada para comer salvo “un poco de nieve”. Llegar con los pies lastimados, chorreando sangre. Cuidar la parte más difícil, donde el enemigo pegaba más fuerte: la retaguardia.

Pues la táctica de Cabrera era hacer frente a Chalimín, tomarle prisioneros y retirarse –en lo posible- ordenadamente. Así, el “frente” que daba al enemigo era justamente la parte de atrás, donde siempre se ponía a Brizuela a encabezar el grupo de ocho o nueve guerreros de quienes dependía la seguridad de todo “el campo”, como se llamaba al contingente guerrero, acompañantes y prisioneros.

En esta difícil posición, fue herido muchas veces, y gravemente. Una vez estuvo a punto de ser quemado. Otra vez protagonizó un hecho increíble, ganando una batalla para el ejército del Gral. Cabrera con un tiro de arcabuz.

Oigamos algo tomado al vivo de la declaración de un testigo en el expediente de probanzas levantado ante el Cabildo de La Rioja (doc. original en el Archivo Hist. de Córdoba, gentilmente cedido por su Director, Lic. Moyano Aliaga).

2ª pregunta:

  • Entra al Valle de Guandacol y Capayanes con Don Jerónimo Luys de Cabrera; se obtienen felices sucesos
  • Para sorprender al enemigo en Guatungasta hacen una durísima marcha de 24 horas por los altos del Famatina
  • Atacan una junta de 500 indios en Tinogasta, le causan bajas y toman 150 prisioneros, con buen suceso
  • Se guarecen en una Iglesia quemada; los 27 españoles son atacados por fuerzas de Chalimín capitaneadas por un Indio Belicoso que intenta capturarlo; lo mata con su arcabuz: el enemigo se retira
  • Al alba son atacados; para poder marchar, Cabrera designa 8 soldados de satisfacción para defender la retaguardia; marchan dos leguas peleando, Brizuela es herido, se consolida la victoria.

 

(Pregunta a los testigos): Si saben que el dicho Pedro Nicolas de Brizuela continuando el Real Servicio salio a muchas ocasiones a campear a la jurisdicción de esta Ciudad y de la de Londres y como (fo 17) tal soldado acudio a todo lo que se ofrecía del Real Servicio, peleando con valor contra los Indios enemigos como fue en todas las corredurías de que se tubieron felices sucesos, especialmente en la entrada del Valle de Guandacol y Capayanes que se habían retirado, y tenido noticia de que estaban metidos en el Valle de Guatungasta para tomarlos por las espaldas, el dicho General don Jerónimo (L. de Cabrera)  envió doce soldados a pie con ochenta amigos por unas cordilleras asperísimas y entre los doce fue el dicho Pedro de Brizuela y como las sierras eran asperas pasaron mucho trabajo caminando veinticuatro horas a pie sin parar y sin comida, descalzos, por solo cumplir la orden de su General, y encontrarse con el atajando el paso, y con notable riesgo de las vidas llegaron a ocasión de que mediante esta diligencia otro dia hallaron al enemigo en Junta de quinientos Indios y peleando con ellos en el Valle de Tinogasta se les mató muchos y se tomaron ciento  cincuenta prisioneros y acabada esta acción , y buen suceso, el dicho General se retiró a una Iglesia quemada donde no siendo mas de veinte y siete Españoles y estando con riesgo volvio el enemigo con socorro que tuvieron del Cacique Chalimin a embestir aquella tarde al Real cercándole por todas partes y habiendo un Indio Belicoso que traía el  dicho socorro apretado con valor y obstinación, el dicho Pedro de Brizuela con animo le esperó, habiendo embestido con cinco Indios a quererle tomar a mano y tirándole con el arcabuz lo derribó muerto, con lo que (fo 18) la junta se retiró hasta el otro dia; que al cuarto del alba volvio el enemigo a dar sobre el Real y apretarle de forma que para poder salir y marchar se dispuso por el dicho General escogiendo para la retaguardia ocho soldados  de mas satisfacción y entre ellos al dicho Pedro de Brizuela los cuales marchando y defendiéndose dos leguas a pie salio herido el suso dicho (y) con aquella victoria se ganó por las razones dichas =

Cinco testigos calificados que se encontraron en esta campaña declaran con lujo de detalles corroborando todo lo que se intenta saber en la pregunta. Y esto es sólo una parte de los hechos.

Carlos Decaro sintetiza su desempeño guerrero con la siguiente frase: “Su actuación fue tan destacada, que sus acciones podrían llenar capítulos enteros de aventuras increíbles…” (“Reseña Histórica de la Ciudad de Chilecito y sus Distritos”, Lic. Efraín de la Fuente – Prof. Carlos Decaro, Ed. Auspiciada por el Min. de Salud y Educación de la Prov. de La Rioja y por el Hon. Concejo Deliberante de Chilecito, año 2003, p. 52).

No queremos hacer un panegírico de Pedro Nicolás de Brizuela. Apenas relatar lo que surge convincentemente de sus probanzas y certificaciones otorgadas por los Gobernadores y Cabildos del Tucumán. Lo que surge con meridiana claridad de esos testimonios es que fue un guerrero de un coraje y efectividad fuera de lo común, de gran lealtad y muy sacrificado. Fue herido numerosas veces, pero no desfalleció. Siempre guerreó y a fuerza de buen pelear prestó una contribución importantísima a la sociedad criolla que intentaba penosamente consolidarse. Lo hizo derramando generosamente su sangre. Pero además se desprende de los documentos que había algo en su persona que le hacía granjearse el respeto y la estimación general. De lo que declaran los testigos tomamos una frase de la declaración del Capitán Sebastián de Sotomayor:

“y asi en esta ocasión como en todas las demás que ha dicho,  este testigo siempre lo ha visto y han andado juntos, por lo cual ha sido honrado y estimado,  y por su persona y nobleza ha sido Alcalde electo de la Santa hermandad en esta Ciudad y esto responde” = (cf. L. Mesquita, “Pedro Nicolás de Brizuela…”, op. cit., cap. II, p. 50).

 

***

Lo visto anteriormente nos permite formarnos una idea veraz de la personalidad y la actuación de Pedro Nicolás de Brizuela. Estaba en plena juventud y vigor, esforzándose denodadamente en la lucha en defensa de La Rioja, amenazada de correr la misma suerte de Londres –ciudad arrasada por las huestes de Chalimín luego de su abandono forzado- y labrando un porvenir para él y su familia.

Su valiente comportamiento y las calidades de su persona le granjearon simpatía y prestigio. Los vecinos feudatarios de La Rioja lo acogieron con estima en ese medio abierto a personas nobles y heroicas.

Así, pasó a desempeñar durante toda su vida diferentes cargos en el Cabildo riojano: Alcalde ordinario, Fiel Ejecutor y Alcalde de la Santa Hermandad. Era el Cabildo una institución clave en las ciudades virreinales: era el motor de la vida de la ciudad; tenía funciones de gobierno comunal, de justicia, de control de pesos y medidas, de policía y de defensa.

Todo ello se basaba en la fidelidad a “las dos Majestades” –el Papa y el Rey, la Iglesia y el reino o estado. Esa lealtad era la base del sistema y guarda afinidad con el sistema feudal, del que dijo la famosa historiadora Régine Pernoud que fue el único sistema en la Historia basado en la fidelidad.

Entre los cargos que ocupó Pedro Nicolás de Brizuela como alcalde, miembro del Cabildo, fue uno de los más honrosos: el de Procurador de la Ciudad de La Rioja. El Procurador representaba a la ciudad ante el Gobernador de la Provincia del Tucumán, con sede en Santiago del Estero. Era, si se quiere, como un embajador, que abogaba por sus intereses. Es evidente que tenía que ser una persona que gozara de la general confianza y estimación. Y que estuviera dispuesta a recorrer grandes distancias para cumplir su noble misión.

Entre tanto, hemos dicho que el Gran Alzamiento Calchaquí pasó por 4 etapas. Al finalizar la primera, Jerónimo Luis de Cabrera se retiró a Santiago. No pudo o no se empeñó en terminar la guerra. Pero contuvo al Cacique Chalimín impidiéndole extender su poderío de manera que pudiera amenazar La Rioja, el Famatina o el Valle de Catamarca. No muy lejos de su centro de operaciones –el Valle de Hualfín- Cabrera reedificó la destruida ciudad de Londres: es la que se conoce como Londres de Pomán, o San Juan Bautista de la Rivera de Pomán.

Fue un paso estratégico fundar un fuerte allí, a las espaldas del Cerro Ambato, cerca del Valle amparado por la Virgen, como reconocen los historiadores Bruno y Ramón Rosa Olmos, mal que les pese a las personas escépticas. Desde el Valle de Catamarca se podría socorrer al Fuerte y ciudad de Londres de Pomán.

En la segunda etapa, el Teniente de Gobernador de esta ciudad, el valeroso Ramírez de Contreras, luego de arduas luchas, idas y venidas que le demandaron esfuerzos espantosos y jornadas tremendas, logró vencer a Chalimín. Este cacique, que tenía árbol de justicia y castigaba arbitrariamente con la muerte a los indios e indias que no merecían su confianza, fue duramente ejecutado por Ramírez de Contreras. El alzamiento sufrió una gran pérdida en este curaca valiente y cruel.

En la tercera etapa, los indios rebelados volvieron a organizarse y a asolar las regiones catamarqueñas y riojanas (no hablamos de las del norte por escapar al tema). Se destacó el célebre encomendero y jefe militar Nieva y Castilla. Como era habitual, tuvo que poner mucho de su hacienda, arriesgar su vida y la de los suyos. Pero su gestión fue eficaz en amparar las ciudades y haciendas, impidiendo su destrucción.

Entre tanto, Pedro Nicolás de Brizuela, por los servicios tan grandes que había prestado y los que continuaba prestando, había ascendido notablemente en la carrera militar que iniciara, a semejanza de los guerreros medievales que ponían su destreza al servicio del reino, a su “costa y minción”. Había ganado una dura y rica experiencia. Se había familiarizado con el lugar, con los indios, con sus costumbres guerreras y su idiosincrasia.

El conocimiento profundo de estos elementos como también de la sociedad española, a la que pertenecía por sangre y ambiente, y cualidades eminentes de gobierno hicieron que fuera destinado para una de las misiones más delicadas que existían entonces: la de Visitador de Encomiendas.

El Visitador de Encomiendas tenía funciones que tenían analogía con lo judicial. Debía visitar a los indios en sus pueblos o reducciones y también en las haciendas de los encomenderos en que prestaban servicios. Interrogarlos para saber cómo cumplían los encomenderos sus obligaciones.

La institución de la encomienda, como su nombre lo indica, viene de encomendar un grupo de aborígenes a una persona que, idealmente, debía ser un buen cristiano, pues era responsable de ampararlos de ataques de otros indios o de quien fuera, y proveer a su evangelización, reuniéndolos en lugares apropiados y pagar los gastos del cura doctrinero.

Era un vecino, debía tener casa en la ciudad, y también mercedes de tierras. Por sus funciones, era un promotor nato del progreso, pues estaba en su interés y en el de todos que trajese adelantos, semillas, plantas, plantines y sistemas o maquinarias para el trabajo artesanal de las industrias caseras, como el hilado de algodón, la carpintería, la elaboración de vinos y aguardientes, etc. Los intereses del vecino feudatario o encomendero eran los de la sociedad toda, dice Roberto Levillier.

Por lo tanto la misión de visitar los indios encomendados era doblemente delicada: tenía que satisfacer a los indios y en lo posible no perjudicar a los encomenderos. Pero lo que primaba era la justicia.

A su vez el encomendero, por esas funciones benéficas para el indio, cobraba la tasa o impuesto que éste, como vasallo libre, debía aportar. Como el indio aportaba también la mano de obra para el trabajo de las fincas e industrias artesanales, el encomendero debía pagarle esos servicios. Era común que –aunque no estaba permitido- el impuesto –en lugar de pagarlo en plata o mercaderías- lo pagase con su trabajo. Y si trabajaba de más, el encomendero debía pagarle el jornal correspondiente.

Pedro Nicolás de Brizuela cumplió sus funciones de Visitador de Encomiendas con gran satisfacción de los indios. Les hizo las cuentas y como, en muchos casos, los encomenderos les quedaban debiendo, esto les permitió a unos cobrar, y a otros ponerse al día. Sabemos al menos que los indios quedaron muy contentos. Esperemos que los encomenderos también…, pues se consideraba que “desagraviar a los indios” era un servicio al bien común.

El Gobernador Acosta y Padilla certificó este alto servicio refiriéndose a “los buenos medios que ha usado” (…): “y asimismo en el desagravio de los Indios naturales de las dos jurisdicciones de ambas ciudades (La Rioja y San Juan Bautista de la Rivera o Londres de Pomán) haciéndoles pagar mucha cantidad que les debían sus encomenderos en la Visita que por mi orden hizo (…)” (Certificación expedida en Salta el 25 de mayo de 1650; v. texto en L. Mesquita, “Pedro Nicolás de Brizuela – Conquistador, encomendero y fundador – Protector del indio y gobernante”, cap. V, p. 83).

El buen éxito con que desempeñó varias difíciles misiones, hizo que el Gobernador Gutierre de Acosta y Padilla pensara en él para otra obra imprescindible: terminar con el Gran Alzamiento Calchaquí. A tal fin, lo nombró Teniente de Gobernador de La Rioja, Capitán a guerra y Justicia mayor de La Rioja, revistiéndolo de la máxima autoridad, como representante del Gobernador en la ciudad y territorio riojano, con funciones de gobierno, máxima instancia judicial local y comando superior de la fuerza militar.

Podemos medir lo que significaba esta honrosa designación. Se había alistado como un guerrero o soldado voluntario, “hidalgo de pro” sin grado específico. Ahora comandaba las fuerzas de españoles, criollos e indios amigos para acometer un difícil objetivo militar: terminar con el alzamiento, lo que debía hacer con “los Vecinos encomenderos de la Ciudad de la Rioxa y los de la de Londres e Indios amigos de ambas jurisdicciones” (certificación citada).

El hombre fuerte de los indios rebeldes era el mentado Cacique Utimba, que había dado grandes dolores de cabeza al bando cristiano.

Las certificaciones elocuentes del Gobernador Acosta y Padilla, y del Cabildo de la ciudad de San Juan Bautista de la Rivera de Pomán (la Londres reedificada a espaldas del Ambato), describen su accionar, que consistió básicamente en dos ofensivas.

Una fue una especie de golpe psicológico. Reunió todas las fuerzas que pudo de vecinos feudatarios, soldados e indios amigos. Y con ellos se dirigió en persona a Pituil, “de donde envió  a llamar a los Indios abaucanes asegurándoles en nombre de Su Majestad, y mío –dice el Gobernador- perdón de sus delitos si diesen la obediencia y sino que los avía de sujetar por fuerza”. Tres veces tuvo que hacerles la severa advertencia, luego de lo cual se presentaron los indios rebeldes, enviándolos al pueblo de Anguinán, donde se radicaron.

El “ardid de guerra” incruento dio resultado. La pacificación se iba extendiendo.

La segunda acción no pudo limitarse a esto. Fue una acción guerrera que muestra la inteligencia de su obrar y el ascendiente que había logrado sobre los vasallos indios del Rey Católico, por su trato recto, su bondad y su generosidad. Puede sonar a “leyenda”, pero nos lo dicen los documentos y el resultado que finalmente obtuvo, como veremos enseguida.

Sus guerreros indígenas fueron quienes, siguiendo sus instrucciones, se dirigieron al eternamente rebelde Valle de Hualfín y combatieron con los indios alzados contra la sociedad cristiana. Y triunfaron. Muchos prisioneros fueron tomados, entre ellos familiares próximos del temible Cacique Utimba.

Ante esa situación, el guerrero optó por deponer las armas y entregarse. ¿Qué significó esto?

Que el Superintendente de Guerra de La Rioja, Londres y Valle de Catamarca, Pedro Nicolás de Brizuela logró nada menos que darle fin al Gran Alzamiento Calchaquí. Usando de buenos medios, en todo lo que la guerra permite.

Así consta en las palabras del Gobernador Acosta y Padilla: Enterado de la derrota incruenta de los abaucanes, “le nombré por Superintendente de las materias de guerra de la dicha Ciudad de la Rioxa y de la de Londres y Valle de Catamarca para que mejor pudiese obrar hasta la conclusión de la guerra y habiéndose recibido y presentado el dicho titulo (de Superintendente de Guerra) bajó al dicho Fuerte del pantano, e hizo Junta General de Indios amigos de ambas jurisdicciones, y nombrando los Cabos (jefes) y dándoles mantenimientos de harina y cantidad de vacas a su costa del dicho General (Brizuela), los despachó al pueblo de Malfin (Hualfin) adonde se peleó con el enemigo y se le tomaron quarenta prisioneros (entre) los Indios más belicosos y entre ellos un hijo de Utimba, Cacique el más principal del Valle de Calchaquí y se trajeron al dicho Fuerte del Pantano; de esta acción y de haber   ejecutado mis Ordenes con tanta puntualidad, concierto,  valor y brío ha resultado la paz de aquellas fronteras por lo cual le nombré General de ellas, La Rioxa, Londres y Valle de Catamarca, y en el tiempo que lo ha sido hasta hoy, que asi mismo lo es, ha acudido y acude a la Conservación de ellas en lo de Justicia y guerra, con (lo) que las dichas fronteras han estado, y estan quietas y pacificadas por los buenos medios de que ha usado  (…).

Oigamos las palabras agradecidas de los cabildantes de San Juan Bautista de la Rivera de Londres (Pomán):

“De estas (fo 7)  acciones obradas con tan buen acierto y Resolución se ha seguido la total paz, y tranquilidad de toda esta Jurisdicción así porque el dicho Capitán Pedro Nicolas de Brizuela ha procedido con grande entereza rectitud y brío en el servicio de Vuestra Majestad, gastando en el avío (equipamiento) y socorros que ha dado para el despacho de la gente para los dichos efectos cantidad de hacienda, vacas y otros avíos (aportes materiales, pertrechos), como personalmente con puntualidad, desvelo y vigilancia agasajo y buenos respetos, obligando a los Soldados y a los Indios amigos,  acudiéndoles y socorriéndoles  en lo  que han habido menester sin haber tenido interés ninguno ni movídole más que el Servir a Vra Magd, concluyendo guerra tan penosa que a mas de dieciséis años que duraba con muchas muertes de españoles y daños de hacienda que causaron en        | ||la Ciudad que hicieron despoblar (Londres) y su distrito y hoy se halla toda esta tierra casi sin cuidado y en toda quietud. Por lo cual es merecedor el dicho Capitán Pedro Nicolás de Brizuela de que Vra Magestad le honrre y haga merced. Porque esto es verdad lo Certificamos y damos fee y lo firmamos de nros nombres (…) en el libro de (fo 8) nro acuerdo queda la razon de esta Certificación para que en todo tiempo Conste,  que es fecho en la Ciudad de San Juan de la Rivera en Siete días del mes de Diciembre de mil y seiscientos y quarenta y siete años.  Pedro Sanchez de Herrera = Antonio de Iriarte = Gonzalo de Barrionuevo = Pedro Sanches de Herrera y Vega = Jerónimo Sánchez deaspitía =

Es notable todo lo que nos dicen estas certificaciones del modo de obrar del ya entonces General Pedro Nicolás de Brizuela. Dejamos al lector que lo analice y extraiga sus propias conclusiones.

OTRAS IMPORTANTES FUNCIONES DESEMPEÑADAS

Lo visto anteriormente es suficiente para formarnos una idea del desempeño de Pedro Nicolás de Brizuela.

Su lealtad y efectividad de hidalgo, de “vasallo de buen servicio” fueron el secreto de su brillo en la Gobernación.

Fue Teniente de Gobernador en La Rioja.

No sólo en el Tucumán prestó servicios. Durante la Gobernación del Paraguay del Oidor don Andrés de León Garabito, necesitando de una persona de confianza para secundarlo, pensó en él. Obtuvo el permiso del gobernador del Tucumán para llevarlo al Gral. Brizuela a las lejanas tierras paraguayas en 1649, como de costumbre, a su costa y minción. No se piense que iban a enriquecer. Iban a servir. Y lo hacían generosamente.

Gastó en ello mucho caudal propio y regresó al Tucumán cargado de honras y experiencia, luego de más de dos años de gestión.

Así consta en la certificación de servicios otorgada por el Gobernador del Tucumán Alonso de Mercado y Villacorta:

“y pasando a governar las Provincias del Paraguai el señor Licenciado don Andres de Leon Garavito –Oydor de la Real Audiencia de la plata, teniendo rason de su capacidad, y experiencia y la permision deste dicho Govierno, le llebo consigo para la asistencia de los negocios del servicio de su Magd en que iba empleado, dilatado viaje en que gasto dos años y mucho caudal proprio volviendo con nueba graduación , y experiencias (…)” (L. Mesquita, o.c., p. 96).

Unas dos décadas después de su gestión en el Paraguay, Pedro Nicolás de Brizuela seguía prestando servicios a la causa pública. Recordemos que la dedicación al bien común de la sociedad civil es lo que caracteriza el estado de un hidalgo o caballero, de acuerdo al concepto cristiano de nobleza (así como un religioso se dedica por estado al bien común religioso).

Acababa de finalizar la última Guerra Calchaquí (1658-1667), movida por el falso Inca Pedro Bohórquez, y continuada obstinadamente por algunos caciques rebeldes y sus guerreros, que preferían despeñar a sus mujeres e hijos y suicidarse antes que aceptar la pacificación y someterse a la autoridad hispana (ver, entre otros: “El Tucumán”, Ed. Dunken, año 2003, y “El Segundo Levantamiento Calchaquí”, Univ. Nac. de Tucumán, de Adela F. A. de Schorr; “Pedro Bohórquez – El Inca del Tucumán”, Teresa Piossek Prebisch, Ed. Magna).

Refiere el historiador Prudencio Bustos Argañaraz que “Mercado y Villacorta, a quien le tocó gobernar durante la segunda guerra de Calchaquí (segunda del siglo XVII, y tercera si se toma como primera la del siglo XVI), era muy celoso en la defensa de los naturales”. Por eso quiso organizar inmediatamente después de terminada la contienda una Visita a las Encomiendas y pensó en Pedro Nicolás de Brizuela para hacerse cargo de ella, pues consideró que reunía las condiciones de “singular confianza” para esta delicada misión.

Es edificante considerar que Mercado y Villacorta fue el vencedor de los indios alzados en esta guerra, así como el Gral. Brizuela había concluido victoriosamente la anterior. Y que ambos se destacaban por su amor y afán en proteger a los naturales. Combatividad y paternal protección del más débil que no se excluyen en el espíritu de un caballero católico.

No hay contradicción en esto, aunque a algunos les cueste entender lo que es el espíritu caballeresco. Enfrentar las tribus rebeldes fue un doloroso deber impuesto por las circunstancias del alzamiento, para evitar la destrucción de la civilización hispano-indígena tucumanense, que ya contaba con casi 120 años de existencia. Y amparar a los vasallos indios del Rey Católico, ya fuesen indios amigos o rebeldes pacificados, era otro deber igualmente necesario, que un caballero cristiano prestaría con amor y dedicación.

Como fue en la Visita anterior, su gestión desagravió a los indios repartidos en encomienda luego de la III Guerra Calchaquí. Su buen desempeño es actualmente elogiado por modernos investigadores, que destacan la dedicación y efectividad con que cumplió sus funciones de Juez Visitador (“La visita de Luján de Vargas a las encomiendas de La Rioja y Jujuy (1693-1694) Estudios preliminares y fuentes”, Roxana Boixadós – Carlos Eduardo Zanolli, Ed. Univ. Nac. de Quilmes,  Bernal, 2003, p. 26).

El Gobernador Mercado y Villacorta expresó su satisfacción en estos términos: “… y necesitando por segunda vez en mi tiempo y por el año pasado de sesenta y siete (…) las encomiendas de dichas Ciudades de la Rioxa y Londres de paga y desagravio general de servicio (f° 3),  puse a cargo de dicho Teniente General Pedro Nicolás de Brizuela esta singular confianza, que desempeñó con desinterés, con ejecución y con celo, (…) poniendo en modo y reparo mucha mal introducida costumbre con alibio y satisfacción” de los naturales (L. Mesquita, “Pedro Nicolás de Brizuela… cit., p. 79).

Estaba en el ápice de su carrera y ya orillando la vejez.

El Gobernador del Tucumán, conforme por su desempeño en la Visita a los indios, le confió entonces el cargo de mayor responsabilidad que había, luego del de Gobernador:

Teniente General de la Gobernación del Tucumán. Eran funciones de Vice-Gobernador, como dice Bustos Argañaraz, que ya había prestado en el Paraguay, pero ahora en la esfera tucumanense.

Así consta en la certificación expedida por el Gobernador:

“…y dispuesto así dicho desagravio (a los naturales) , y muriendo a este tiempo en la Ciudad de Córdoba mi lugartheniente General Graviel Sarmiento de Vega, puse en persona de dicho maestro de Campo Pedro Nicolas de Brizuela, el acierto de esta elección nombrándole por mi lugartheniente General,  Justicia mayor y Capitán a guerra de esta dicha provincia con residencia en dicha ciudad, de Cordoba…” (L. Mesquita, op. cit., p. 91).

Es interesante considerar la variedad de funciones que estuvieron a su cargo desde marzo de 1668 a junio de 1670, durante su desempeño como Teniente General de la Gobernación del Tucumán, que implicaban ser buen juez y buen gobernante, reemplazar al Gobernador, ejercer el mando militar superior, amparar a los vasallos españoles, criollos e indios y a todos los habitantes y presidir el Cabildo. Esta capacidad para ejercer con acierto tan variadas funciones fue una característica de los grandes hombres que forjaron la Argentina naciente, en aquellos tiempos difíciles. Ellos constituían, así, un noble arquetipo de vecino y estadista propio de nuestra Historia, que llevaron a un ápice las descollantes figuras de fundadores y colonizadores como Pérez de Zurita, Jerónimo Luis de Cabrera, Francisco de Argañaraz y Murguía, Hernandarias, Garay, Juan Ramírez de Velasco y tantos otros.

Entre los aspectos dignos de destaque de su gestión de Teniente General cabe citar la organización de un fuerte contingente militar para socorrer a Buenos Aires. Para comandarlo, el Gobernador le expidió el título de Maestre de Campo de esas fuerzas.

Otro caso que tuvo gran repercusión fue la caballeresca habilidad con que manejó el caso del Oidor don Francisco de Meneses, Presidente de la Real Audiencia de Chile. Era un importante personaje que debía custodiar, por encontrarse detenido bajo su jurisdicción, y al mismo tiempo tratarlo con toda la deferencia debida a su cargo y jerarquía.

Así lo relata expresivamente Mercado y Villacorta:

“…y aunque fueron muchos los casos y negocios del Real Servicio en que dicho Theniente General (fo 4) dio correspondiente satisfacción a la obligación que, con especial atención, y desvelo, lo que obró cuydadoso en el cumplimiento de las Ordenes con que vino remitido por preso a esta dicha provincia (el Tucumán) y a dicha ciudad de Cordoba  el Señor Presidente que fue de (la Real Audiencia de) Chile Don Fran° Meneses, y en la disposición de las diligencias que se advertían por requisitos de dicho Reyno (Chile) y demás dificultades y embarazos que causó este accidente,  en el dilatado espacio de más de un año que le tuvo a su cargo resultándole  de este empeño de tan irregular experiencia y de  lo con él sucedido, un señalado crédito en estas provincias y en los tribunales Superiores a quien tocó regular la materia” (L. Mesquita, op. cit., p. 102).

En resumen, su gestión de gobierno se caracterizó por cuatro notas características : acierto, verdad, limpieza y cordura:

“…procediendo dicho Theniente General así con el apresto de dichas Compañías (las fuerzas militares que organizó para el socorro de Buenos Aires) y como en el uso de los cargos e administración de justicia y Gobierno de la Republica con un acierto, y desempeño de verdad, de limpieza , y cordura bien observado del Señor Presidente y Real Audiencia de Buenos Ayres y todo el cuerpo de avistadores en ambos fueros y con más particular conocimiento, y aprobación del Gobierno desta dha provincia” (Certificación de servicios de Pedro Nicolás de Brizuela por el Gobernador Mercado y Villacorta; ibid., p. 100).

El elevado concepto que mereció el Gral. Brizuela por parte de Don Alonso de Mercado y Villacorta lo llevó a expresar que lo consideraba digno de ser nombrado Gobernador del Tucumán. Aunque este nombramiento no tuvo lugar, el testimonio de un personaje tan destacado nos permite conocer más a fondo la figura que estamos investigando: “…y por ser así todo lo referido,  por haber pasado lo más a mi vista y por juzgar a dicho Teniente General Pedro Nicolás de Brizuela por digno de ser recompensado con cualquiera merced y empleo aunque sea con el del Gobierno de esta dicha  Provincia en cuya tenencia General queda al presente continuado el adquirido merito…” (ibid., p. 102).

He aquí descripta, con apoyo en los documentos de época, la notable foja de servicios del General Pedro Nicolás de Brizuela.

Faltaría decir algo de su obra como pionero en el Oeste riojano.

PIONERO EN EL OESTE RIOJANO: FUNDADOR DE LA FE CATOLICA EN EL PUEBLO DE SAÑOGASTA – ADELANTOS EN LA AGRICULTURA Y EN LA INDUSTRIA ARTESANAL

Ya hemos explicado cómo era acorde a las costumbres de la época, que ciertos caballeros de iniciativa y valor prestasen importantes servicios al bien común, en la defensa o en el gobierno, sin recibir una remuneración, con la esperanza de obtener una recompensa.

“En virtud de la acumulación de méritos y servicios a favor de la Corona, los españoles estaban en condiciones de solicitar al Rey las justas remuneraciones: las encomiendas de indios y la propiedad de la tierra” (Dra. Roxana Boixadós, “Familia, herencia e identidad. Las estrategias de reproducción de la élite en La Rioja colonial”).

La recompensa esperada era de dos tipos, que muchas veces se combinaban:

  • Mercedes de tierras
  • Mercedes de encomiendas

La merced o concesión de tierras la hacía el Rey o las autoridades en su nombre a personas beneméritas, que habían prestado tales servicios. Nunca podían ser dadas tierras pertenecientes a terceros, por ejemplo a pueblos indígenas. Si esto se intentaba, los indios, debidamente aleccionados por personas justas y funcionarios celosos–como hemos visto en la Visita a las encomiendas- recurrían a las autoridades y a los tribunales. En todos los casos que conocemos, el Rey, sus gobernantes y los tribunales los favorecían.

La encomienda importaba una obligación doble, por parte del encomendero y por parte de los indios encomendados.

El encomendero les prestaba un servicio importante: ampararlos, protegerlos, inclusive con su fuerza militar de vecino feudatario; y otro más precioso, encaminado a la salvación de su alma y a su formación religiosa: proveer a su evangelización. Esto redundaba en un señalado beneficio cultural, en tiempos en que se consideraba que “evangelizar es civilizar”, y “civilizar es evangelizar”.

A su vez los indios le pagaban con trabajo o abonando una tasa o impuesto. En el citado estudio de la Dra. Boixadós, se desprende que, en la Visita a las Encomiendas del Oidor Luján de Vargas, se detectaron situaciones en que los indios denunciaron abusos, malos tratos y deudas, y otras en que los naturales manifestaron que querían seguir estando con sus encomenderos, que éstos eran buenos, los trataban bien y no les debían nada (L. Mesquita, op. cit., p. 106).

Es totalmente inexacto considerar que era una esclavitud encubierta este régimen aunque, como todas las cosas, se prestaba a abusos, contra los cuales las autoridades, los misioneros e inclusive los buenos vecinos lucharon denodadamente.

Así, los “beneméritos de Indias” podían recibir tierras en propiedad, y encomienda de indios, lo que les permitía contar con mano de obra, de acuerdo a tratos hechos con cada grupo indígena. Esto beneficiaba directamente al vecino feudatario y su familia, pero también a la sociedad como un todo, incluyendo a los indígenas, pues implicaba el desarrollo de un sistema de vida y la consolidación de cultivos y crianza de animales que se extendían a todos.

Recibir tierras no implicaba necesariamente recibir encomiendas, pero era su corolario lógico para contar con personas que la trabajaran.

En el caso de Pedro Nicolás de Brizuela, recibió en merced tierras y encomiendas.

La merced de tierras que recibió fueron las “sobras y demasías” del  entonces pueblo de indios de Sañogasta. La expresión es clara y significa que lo que recibió fueron tierras que sobraban o estaban de más debido a que los naturales no las ocupaban ni explotaban. No hubo denuncia alguna contra Brizuela por parte de los indios, ni al recibir la merced ni después. Lo cual expresan con humilde grandeza en el solemne acto de testar, en que lo religioso y lo temporal se armonizan totalmente, como reflejo de la civilización cristiana hispano-indígena: “y declaramos y confesamos por la cuenta que hemos de dar a Dios Nro Señor (que a estos nuestros bienes) los tenemos ciertos y seguros y en quieta y pacífica posesión y procuraremos mientras su Divina Majestad fuere servido darnos vida tenerlos siempre en ser y aumentarlos…” (testamento del Gral. Pedro Nicolás de Brizuela y Doña Mariana Doria, La Rioja, 6 de enero de 1663).

Muchos años más tarde hubo juicio, en que una de las partes era una descendiente del Gral. Brizuela, no por la legítima posesión de la tierra, sino por problemas de límites y por uso de agua. Los naturales que se consideraron damnificados obtuvieron fallo a su favor ante la Real Audiencia de Charcas, que dispuso el envío de un oficial real a deslindar los terrenos, con entera satisfacción de los indios.

La encomienda que el vecino feudatario Pedro Nicolás de Brizuela recibió estaba también ubicada en Sañogasta, lo que facilitó el inmenso progreso agrícola y ganadero que imprimió a sus propiedades, en beneficio de toda la zona.

El centro de su actividad, que lo convirtió en  pionero de la agricultura y la ganadería fue las mentadas “sobras y demasías” de Sañogasta, por merced concedida por el Gobernador del Tucumán, Don Francisco de Avendaño y Valdivia. Allí fundó “el sitio y estancia de San Sebastián de Sañogasta”, como denominó a su hacienda (merced que incluía tierras aledañas en el valle del Famatina), que completó por compra a dos indios naturales de apellido Chuña e Icaño, valuando la propiedad con sus importantes mejores en cuatro mil pesos.

A dichas tierras ubicadas en el pueblo de Sañogasta  las amplió mediante adquisiciones en zonas próximas, que en el testamento se detallan (es interesante constatar la gran diferencia de valuación con las propiedades de las que no se mencionan mejoras):

“Yten mas una estansia que linda con dhas tierras de sañogasta que esta a las faldas de la sierra tres leguas arriba que ubimos por comprarreal del colegio de la compañía de Jesús desta dha ciud y su rretor en quinientos pesos según consta según consta de la escritura de venta otorgada ante Ju°castellanos es(criva)no rreal

Yten otro sitio y tierra  sobre las del dicho sitio de sañogasta que compramos con un marco de agua ordinario que se toma delrrio de sañogasta de Don Fransisco detoledo Pimentel y su mujer Doña Ana de Vega Sarmiento llamado Pocle en quinientos pessos según consta dela escritura debenta= ….. 0900 p

Yten mas la aguada de ticajana la estansia que fue de Juan de Miranda= La estancia deaicuña el balle debandacol= la estansia queconpramos de pedro Díaz de Loria- todas ellas en mil pessos según las compras que constan por escrituras y abaliasion fecha por los oficiales reales para el derecho de la media anata…………. 1000 p” (testamento cit.).

Todas estas propiedades, más una cuadra de tierra en la Ciudad de La Rioja, que les donara Doña Menciana de Salcedo –la madre de Mariana Doria-, y “una aguada” en la misma ciudad (ambas valuadas en 400 pesos…), fueron vinculadas para constituir el Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta, del que hablaremos enseguida.

Su valor conjunto (6.400 pesos) era menos de la tercera parte de la totalidad de bienes del matrimonio. Fuera de estos bienes vinculados en el acto de testar y fundar el Mayorazgo, eran dueños de “… las tierras y estancia de bilgo (Vilgo) que costó quinientos pesos …….0500 p, más las tierras y estancia de Salsacate que costo mil pesos………1000 p”.

El resto del patrimonio representaba un valor de más del doble de la estancia y sitio de San Sebastián de Sañogasta. Algunos elementos nos pintan la economía de una familia señorial de la época. Por ejemplo elementos necesarios para la finca y hacienda, con su industria artesanal, como un fondo grande y una paila, un alambique traído de Coquimbo (venido a lomo de mula de Chile), 40 bueyes, cuatro carretas y botijas para el transporte del vino y otras mercaderías que producían, barretas de hierro grandes “calsadas de asero” y “dusientas fanegas de trigo en la troxa de la estancia de Sañogasta”.

Incluye también una cantidad de hacienda que sorprende para el lugar y la época: cerca de 500 mulas, 500 burras, 500 yeguas y 40 padrillos (“garañones obreros”), 350 vacas de vientre, 700 cabras y ovejas, 25 burros mansos de carga . Asimismo contaban con la importante suma de “un mil y seis sientos pesos en reales”.

Como “hijodalgos de solar conocido” –como reza la famosa frase de Felipe II-, eran dueños de una casa en La Rioja, que sin duda estaba de acuerdo a la jerarquía de sus dueños, en la sociedad riojana: “un solar en la trasa desta ciudad que linda con la ermita del señor san Nicolás,  Calle Real en medio, con sala y aposento de vivienda” . La casa familiar contaba con adornos, muebles, cajas, cujas, un escritorio, y sus habitantes tenían “estameñas, ruanes y otros generos de Castilla”, de tanto valor económico como el propio solar. Bienes sin duda muy apreciados por el General eran sus “dos escopetas de rastrillo buenas y sanas”, y sus tres arcabuces de guerra, que conservaba, como buen guerrero, “bien aviados”.

Dos fieles esclavos cristianos, Domingo y Lorenzo, integraban la sociedad heril. ¿Habrán sido antepasados de la famosa “mama Dominga”, que con dedicación ejemplar atendiera dos siglos después a la pequeña hija de Solana de Brizuela y Doria, Isora, candidata a los altares con el nombre de Sor Leonor de Santa María? ¿O de aquel negro Joaquín, inmortalizado en “Mis Montañas” por Joaquín V. González, servidor de su bisabuelo Nicolás Dávila, hijo legítimo del gobernante de la Provincia, Francisco Javier de Brizuela y Doria?

El gran nonogasteño evoca la lealtad de los hombres de color en los tiempos en que su familia, perseguida por las montoneras, se refugió en su “morada señorial” en el campo: “No teníamos más custodia que los  negros criados en la casa, descendientes de los antiguos esclavos, quienes por gratitud a la libertad que se les dio (…) se esclavizaron más por el amor a sus antiguos amos, hasta dar la vida por defenderlos”. Admira su “lealtad a muerte, nacida de la comunidad del sufrimiento entre señores y criados, en cuyas relaciones más parecía obrar el vínculo del amor que el de la servidumbre”. La sentida descripción nos revela algo de la intimidad de esta relación de protección y servicio. Hablando “del negro Joaquín, esclavo de mi bisabuelo”, dice que era “un hombre libre que pagaba con abnegación el cariño acendrado de sus amos, quienes le lamaban 2Tata”. En sus brazos se criaron mi abuelo, mi padre y mis tíos; él les enseñó a montar a caballo, enjaezándolo primorosamente (…), él los entretenía por las tardes en los paseos por las faldas pintorescas o por los arroyos silenciosos de las sierras cercanas; él les tranzaba lacitos para que aprendieran a ‘pealar’ en la yerra como verdaderos gauchos, asimilándolos a la vida campesina (…) mostrándoles también el arte difícil de enlazar de a caballo (…) en el cerro empinado; él les enseñó a no tener miedo a los difuntos ni a los vivos, llevándolos a largas expediciones a pasar la noche al raso, durmiendo sobre el suelo en el fondo de una quebrada obscura (…)”. Este admirable personaje era fruto de toda una larga tradición familiar de protección y servicios mutuos entre señores y servidores, impregnada por el convivio de una civilización cristiana: “…así el negro transmitía de hijos a nietos la tradición de la familia, y en sus lecciones experimentales solía sellar, con el ejemplo de los antepasados, la moral de sus sencillas pero santas doctrinas” (“Mis Montañas”, cap. VI “El Huaco”).

Los elementos reunidos en estas rápidas notas nos permiten completar el cuadro de la vida y obra de Pedro Nicolás de Brizuela como vecino feudatario, encomendero y Señor de sus tierras.

El prestigio personal por su elevada trayectoria, la nota de heroísmo y generosidad que brotaba de su presencia señorial fueron la columna de toda una obra de gran repercusión regional. El fue el fundador, y como tal fue el algarrobo poderoso que se levanta en la soledad del campo enfrentando con vigor las inclemencias de la naturaleza y las adversidades de la vida, extendiendo sus ramas vigorosas a toda una obra familiar que se mantendrá a lo largo de los siglos, apuntalando el orden naciente, fortaleciendo el cabildo, la institución representativa, a un tiempo señorial, aristocrática y democrática (en el sentido tomista y católico), preparando la transición hacia la emancipación –período en que sus descendientes marcarán en buena medida los destinos de la provincia de La Rioja y ejercerán una influencia de alcance regional y aún nacional en el Congreso de Tucumán, en la expedición auxiliar a Chile, en la autonomía riojana y en aportes materiales significativos para los ejércitos de la Independencia. Luego de las cruentas guerras civiles, en que varios miembros de la familia Brizuela y Doria-Dávila derramarán su sangre en defensa de las libertades legítimas propias de la civilización cristiana, los descendientes Brizuela y Doria y Ocampo del General Brizuela seguirán prestando valiosas contribuciones a la Iglesia y a la sociedad, entre los cuales se distinguirá la nombrada Isora, nacida en la soledad y rudeza de los campos del Famatina colonizados por su gran antepasado, “como el Niño Dios”, mientras otros miembros de la familia continuarán las tradiciones agrícolas y participarán de la política y el gobierno.

“Nemo sumo fit repente”: nada de grande se hace de repente. Esa señalada obra familiar, en la que durante generaciones habrá tenientes de gobernador, gobernadores o vice-gobernadores de La Rioja entre los descendientes directos de Pedro Nicolás y Mariana, hasta entrado el siglo XX, fue resultado de los cimientos colocados por los fundadores de la familia.

El testamento que hemos citado nos da pautas importantes para entenderlo. La profunda religiosidad, la idea del servicio a Dios como lo más importante en la vida, y luego el servicio al Rey, que encarnaba el reino en cualquier punto del gran Imperio de la Casa de Austria, y en todo una filosofía no escrita pero manifiesta de luchar por una civilización cristiana desarrollando la misión propia de la Nobleza española y de su heredera en América, la élite análoga de familias tradicionales.

Misión silenciada por los grandes medios de comunicación, y aún –lamentablemente!- por aquellos que debían ser sus grandes portavoces, los maestros en la Fe. Misión que ha sido maravillosamente definida por los Papas del siglo XX, en particular Pío XII, destinada al servicio del bien común, a la defensa de las tradiciones de la sociedad, a la irradiación de cultura, refinamiento y excelencia, tan necesarias en la vida de los hombres, sin los cuales la convivencia humana cae en lo torpe, lo grosero y lo inmoral.

La obra de Pedro Nicolás de Brizuela se enmarca claramente en estos carriles. En su sitio y estancia de Sañogasta introduce cultivos nuevos para la zona, como la vid, y el trigo –comida de nobles en España, según Aldo Ferrer- oriundos de Castilla que amplían las posibilidades del maíz y otros tesoros agrícolas de los valles del Tucumán. Introduce simples y grandes adelantos industriales, como el “molino corriente y moliente” para convertir esos granos en harina, y construyendo la primera bodega, que elaborará el mosto de sus “diez mil sepas de biña que da fruto, con su lagar de madera y usillo”.  Con su vino y aguardiente, elaborado con aquel “alambique nuevo que costo en Coquimbo sinqueenta pessos” podrá favorecer la vocación eclesiástica de su hijo mayor, el Maestro (cura) Blas Cristóstomo de Brizuela, y dotar a sus hijas para que puedan hacer el aporte al matrimonio: “Yten declaramos que al tiempo y cuando casamos a la dicha doña Mensiana de brisuela con el dicho alcalde Juan de Soria Medrano le dimos en dote y casamiento otros nueve mil pesos, en esta manera. Los sinco mil  enrreales plata labrada, mulas y ajuar y quatro mil pesos en mil arrobas devino a cuatro pesos arroba las quinientas por por nuestra cuenta”.

Así, estos padres espléndidos derramaban sobre sus hijos el fruto de los bienes que habían logrado reunir en una vida de sacrificio y servicios, comprometiéndose a seguir luchando por acrecentarlos para darles más oportunidades a sus descendientes: “y procuraremos mientras su Divina Majestad fuere servido darnos vida tenerlos siempre en ser y aumentarlos…”.

Aparte de los hijos legítimos, entre los que se destacó especialmente el heredero del Mayorazgo, Gregorio de Brizuela y Doria, hubo tres hijos extra-matrimoniales del Gral. Brizuela, que fueron Andrés, Domingo y Miguel. Heredaron de su padre el apellido y él y –estimamos, por ese reconocimiento, también Doña Mariana- se preocuparon  por su educación y su futuro. Andrés fue un personaje destacado, y Domingo y Miguel recibieron una importante herencia en tierras en Aicuña y Amaná respectivamente.

En esta obra de progreso a un tiempo familiar y social, la introducción de miles de cabezas de caballos, mulares, burros, vacas y ganado menor significó un cambio para mejor incalculable, en relación a la realidad existente antes. Para los naturales de Sañogasta y la región, podemos medir fácilmente lo que significó poder contar con animales lecheros y productores de carne, el caballo para movilizarse y la introducción de carretas.

Pues estos bienes tienden de por sí a difundirse. El indígena, profundamente ligado a la tierra por ancestralidad, pronto se apropió de estos bienes y se hizo jinete y ganadero, además de agricultor, que ya lo era ancestralmente. Es el origen de las incontables tropillas que pastan en el Famatina y pertenecen a las antiguas estirpes criollas de Sañogasta, Vichigasta, Nonogasta y pueblos del valle.

“El bien gusta de difundirse” ha dicho Santo Tomás de Aquino de acuerdo a Aristóteles (cf. Mons Henri Delassus, “La Conjuration Antichrétienne”, t. III, ed. Desclée, de Brower, p. 755). Y estos bienes imprescindibles para el verdadero progreso de las pequeñas o grandes comunidades, tenían como “llave de cúpula” un Bien superior, el de servir a Aquel que es “Bueno, Verdadero y Bello”.

En ese sentido, el testamento es aleccionador y  refleja las mentalidades y costumbres de esa clase noble que dirigía la sociedad virreinal. “La clase señorial tenía una concepción trascendente de la vida y creía en el fundamento sobrenatural de todo el sistema de relaciones vigente en el mundo”  (J. L. Romero, “Latinoamérica, las ciudades y las ideas”, Ed. Siglo XXI, Bs. As. 2004, p. 29).

Si retomamos la idea de Pío XII, de que las familias nobles o tradicionales son –especialmente en estos tiempos- las representantes “ante todo” de las tradiciones católicas, y aquella otra de Benedicto XV, que se refirió al “sacerdocio de la Nobleza”, comprenderemos mejor la importancia que tuvo en Iberoamérica la radicación de esas familias que fueron foco de irradiación de la Fe católica. A pesar de defectos personales, de actitudes inconsistentes con los preceptos de la Iglesia, propias de los seres humanos, es innegable que una clase señorial imbuida de los principios de la civilización cristiana –como lo reconoce el ilustre y muy liberal y revolucionario historiador citado- no pudo dejar de irradiar esa influencia que constituye parte esencial de su misión perenne (ver sobre este tema la magistral obra del Prof. Plinio Correa de Oliveira “Nobleza y élites tradicionales análogas – en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana”, ed. Fernando III el Santo, Madrid, 1995; sobre el Apéndice hispanoamericano de la obra, redactado por Alejandro Ezcurra Naón et alii, presentamos la ponencia “Nobleza y élites tradicionales en Hispanoamérica: origen, desarrollo y perspectivas actuales”, en las Jornadas Iberoamericanas de Nobleza en Indias, organizadas por el Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Córdoba, mayo de 2004).

Así, en el proyecto inteligentemente concebido por el General Brizuela –al que alude la Dra. Roxana Boixadós, infiriéndolo de los hechos-, había un vasto plan de realizaciones temporales y espirituales. Recordemos que la obligación principal del encomendero –en el proyecto de los Reyes Católicos, que tenía como principal objetivo evangelizar- era  proveer a la cristianización de sus indios encomendados.

En cumplimiento de tal obligación, difundió en Sañogasta la devoción al mártir San Sebastián –muy venerado por los conquistadores y feudatarios como se desprende de las actas del Cabildo de Santiago del Estero y de los nombres de haciendas tucumanenses-, en cuyo honor erigió en su sitio y estancia una capilla en la loma que pasó a llamarse el “Alto del Vínculo” o “Alto de la Iglesia”. A la espléndida imagen del santo que trajo de Castilla la Vieja –probablemente, un valioso legado familiar-, pronto se le reunió la de la Reina de todos los Santos: una magnífica imagen de vestir que trajo del Alto Perú, de Nuestra Señora de la Candelaria de Copa-Cabana.

Con profunda sacralidad, dispuso en un acta: “…que todo queda dedicado a la Santa Imagen de Nuestra Señora de Copa-Cabana y al glorioso santo San Sebastián, Patrón de este sitio y hacienda” (cf. Elena B. Brizuela y Doria, “Historia de la Iglesia de San Sebastián” para la Com. Nac. de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos”, Sañogasta).

El plan de largo alcance del General Brizuela y Doña Mariana Doria se canalizó de una manera novedosa en el Tucumán,  luego seguida por otras familias: constituyeron el Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta, con las propiedades y bienes que hemos mencionado al hablar del testamento.

El mayorazgo era una antigua institución, de raigambre bíblica, con analogías en las culturas de muchos pueblos. En la legislación castellana vigente en el 1600, permitía vincular una parte de los bienes familiares para constituir un legado patrimonial (y cultural) indivisible, que debía garantizar el sustento de la familia –“sustentarlo noblemente”, podemos decir, en el lenguaje capitular de la época.

Era la expresión de ese proyecto familiar, destinado a hacer perdurar el patrimonio vinculado, con arraigo a las tierras, casas y capilla de Sañogasta, para que los descendientes continuaran la histórica tradición de los fundadores, desempeñando la misión de las estirpes señoriales de acuerdo a la tradición cristiana.

Considerando las familias –y en particular la propia- como instrumentos de ese “vivir bien” que, conforme Santo Tomás, es la misión de la sociedad, enderezada a gozar de la felicidad de poseer a Dios (cf. “Del Régimen de los Príncipes”), el cumplimiento de las cláusulas del Vínculo o Mayorazgo pasaba a ser un deber de estado. Por ese motivo, los fundadores concedían su bendición a los descendientes que fueran fieles a dicha misión, y su maldición a quienes atentaren contra ella:

“…les mandamos en birtud del poder natural de sus padres lexitimos que pena de nuestra maldición y la de Dios todopoderoso en tiempo alguno no vayan en contrario de esta disposición y final voluntad, y si lo tal hisieren en tiempo alguno por permision divina, se vean pobres mendigos y arrastrados de puerta en puerta, y si cumplieren con todo el tenor de este testamento y acudieren como nobles christianos obedientes a sus padres difuntos, en vida los bendecimos en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo tres personas y un solo Dios verdadero a quien humildemente pedimos les dé su grasia y bienes espirituales y temporales para que los gosen con su bendision y que procedan como hijos dalgo y buenos christianos –

Conscientes de la importancia de su proyecto, y del bien que se seguiría para el conjunto de sus descendientes, no obstante ser una sola rama la que heredaría el Vinculado, los exhortan a todos a apoyarlo:

“… y mas les rogamos mandamos y pedimos a los susodichos y a todos los demas nros hijos que con toda paz y buena hermandad partan y dividan entre sí la herensia que a cada uno tocare, de los dichos nros bienes que con eso excusarán pleitos, gastos costosos y costas y lo peor es inquietud en sus consiensias, sin llevar el uno mas que el otro y todos fomenten a que el dicho binculo no se disipe con suma y menoscave pues es para bien de nros desendientes y en particular lo encargamos así al dicho nro hijo Gregorio Gomes de Brisuela y mandamos que pues es Vinculo esento de deudas y obligaciones, con la parte de herensia que le tocare, como a los demas nros herederos fuera de dicho binculo, con ella lo repare y sustente por ser para su utilidad y provecho y de sus herederos (y) los demas en quien pasare por sucesión  (…)”.

Queda clara la expectativa del General y su mujer de que el Vinculado debía ser el centro y sostén de la trayectoria familiar de una familia noble y cristiana y que implicaba de su titular, el primer Señor de San Sebastián de Sañogasta –Gregorio- un privilegio y una carga, ya que le recomendaban “reparar y sustentar” el Vínculo con su herencia particular para su bien, de sus herederos y “los demás en quien pasare por sucesión”.

Bien sabían ambos de la precariedad de la situación económica de tantas familias de conquistadores y encomenderos que quedaban de la noche a la mañana en la pobreza, cuando estos morían, o cuando se acababan las “dos vidas” de la encomienda. Había ocurrido con el gran Juan Gregorio Bazán, para cuya viuda pidieron los cabildantes santiagueños la ayuda del Rey, pasaría con los descendientes del gran General don Gregorio de Luna y Cárdenas y había pasado con los propios antepasados de Doña Mariana Doria. Querían evitar que el proyecto familiar, tan importante para la zona, se truncara, por falta de medios materiales –como ocurre ahora con tantas familias tradicionales, que se ven relegadas e impedidas en buena medida de cumplir con aquellos deberes que les señalara Pío XII, concentrándose las fortunas actualmente, no pocas veces, en anónimas empresas de origen extranjero, en personas audaces, surgidas de negocios sorprendentemente lucrativos o del encumbramiento político-partidario, enteramente desinteresadas de cumplir cualquier servicio al bien común religioso o temporal.

En contraste con estas situaciones características de nuestra época, el legado más precioso de Pedro Nicolás de Brizuela y Mariana Doria fue el de la Fe católica, que hizo de Sañogasta un baluarte de la Fe, que se supo manifestar con vigor cuando se intentó destruir su tradicional veneración a la Virgen de la Candelaria y San Sebastián.

La devoción a los Santos Patronos, bajo cuyo amparo ponían la hacienda y Mayorazgo de San Sebastián, y en lugar destacado, la  Capilla (actual Iglesia),  prendió como una luz indeficiente en el alma de los naturales de Sañogasta, y hasta el día de hoy es lo más típico y sagrado que tiene este pueblo. Mientras escribo estas líneas, siento el sonido de las campanas y las bombas para “dar las 12”. Esta mañana hemos oído “dar el alba”, antes del amanecer, con sonido de bombas y repique de las históricas campanas que fueron fundidas, con los primeros cañones argentinos, en tiempos de Francisco Javier de Brizuela y Doria, y sus hijos Ramón y Nicolás Dávila (sobre la fundición de estos cañones ver Antonio Zinny, “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas”, t. IV, parte I, ed. Hyspamérica, p. 12; actualmente, una calle de Sañogasta recuerda el hecho con el nombre “Primeros Cañones Argentinos”).

Sañogasta vive sus días de gloria durante esta Novena en honor de la Virgen de la Candelaria y San Sebastián. Asimismo, el 26 de agosto de cada año, celebra el “Día de Sañogasta”: es la fecha de la concesión de la merced de tierras al General Pedro Nicolás de Brizuela.

En cada Alférez sañogasteño de los cientos que empuñan su estandarte con marcialidad para rendir honores a caballo o a pie a los Santos Patronos, revive cada año el espíritu del fundador de la civilización cristiana en Sañogasta, Pedro Nicolás de Brizuela, valiente soldado, “vasallo de fiel servicio”, por sobre todas las cosas un pionero de la Cristiandad en el Tucumán.

(*) Profesor de Historia y Lenguas Extranjeras, Presidente del Centro de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta

Ponencia presentada en las Jornadas Histórico-Genealógicas del Tucumán y Cuyo, Sañogasta, A.D. 2005

 

 

 

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TODAS LAS NOTAS DE ESTE APENDICE I DE NOBLEZA Y ELITES TRADICIONALES ANALOGAS HAN SIDO TOMADAS DEL SITE www.pliniocorreadeoliveira.info 

LE AGRADECEMOS SU DESINTERESADA COLABORACION

NOTAS

[1] 1) Sobre la nobleza brasileña véase, por ejemplo: Antonio José Victoriano BORGES DA FONSECA, Nobiliarchia Pernambucana, Biblioteca Nacional, Rio de Janeiro, 1935; CARVALHO FRANCO, Nobiliário Colonial, São Paulo, 2ª ed.; Fernando de AZEVEDO, Canaviais e Engenhos na vida Política do Brasil, Edições Melhoramentos, 2ª ed.; Gilberto FREYRE, Interpretação do Brasil, José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1947; Teniente Coronel Henrique WIEDERSPAHN, “A evolução da Nobreza Cavalheiresca e Militar Luso-Brasileira desde o Descobrimento até a República”, in “Boletim do Colégio de Armas e Consulta Heráldica do Brasil”, nº 1, 1955; J. CAPISTRANO DE ABREU, Capítulos da Historia Colonial (1500-1800), Sociedade Capistrano de Abreu, 4ª ed.; 1954; Luis PALACIN, Sociedade Colonial— 1549 a 1599, Universidade Federal de Goiás, Goiânia, 1981; Manoel RODRIGUES FERREIRA, As Repúblicas Municipais no Brasil (1532-1820), Prefeitura do Município de São Paulo, São Paulo, 1980; Nelson OMEGNA, A Cidade Colonial, José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1961; Nelson WERNECK SODRÉ, Formação da Sociedade Brasileira, José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1944; Nestor DUARTE, A Ordem Privada e a Organização Política Nacional, Companhia Editora Nacional, São Paulo, 1939; OLIVEIRA VIANNA, Instituições Políticas Brasileiras, José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1955; Rui VIEIRA DA CUNHA, Estudo da Nobreza Brasileira, Arquivo Nacional, Rio de Janeiro, 1966; Rui VIEIRA DA CUNHA, Figuras e Fatos da Nobreza Brasileira, Arquivo Nacional, Rio de Janeiro, 1975.

[2] Sesmaria: tierra sin cultivar o abandonada que los reyes de Portugal concedían a los cultivadores o sesmeiros.

[3] F. J. OLIVEIRA VIANNA, Populações Meridionais do Brasil, Companhia Editora Nacional, São Paulo, 3ª ed., vol. I, p. 15.

[4] Amador Bueno e seu tempo, Coleção História da Civilização Brasileira (7), USP, Boletim nº LXXXVI, São Paulo, 1948, p. 61.

[5] O movimento da Independência — 1821-1822, Companhia Melhoramentos de São Paulo, São Paulo, 1922, pp. 28-29.

[6] Pedro CALMON; Historia do Brasil, Livraria José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1959, vol. 1, p. 170.

[7] Os primitivos colonizadores nordestinos e seus descendentes, Editora Melso, Rio de Janeiro, 1960, p. 20.

[8] Op. cit., p. 62.

[9] Op. cit., p. 27.

[10] Instituições políticas brasileiras, José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 2ª ed., 1955, vol. I, p. 174.

[11] Biblioteca Nacional de Lisboa, Arquivo da Marinha, liv. 1 de ofícios, de 1597 a 1602.

[12] Gilberto FREYRE; Casa-Grande & Senzala, Editora José Olympio, São Paulo, 5ª ed., 1946, vol. I, pp. 121-123.

[13] En los siglos XVI y XVII la influencia de los herejes en las tierras que hoy constituyen Holanda y parte de Bélgica era muy acentuada. Conviene destacarlo para comprender cabalmente las invasiones holandesas en Brasil, porque el catolicismo ha crecido tanto en Holanda en las últimas décadas, que el espíritu público ya no considera a dicho país un gran baluarte del protestantismo.Algo análogo se podría decir respecto a Francia. Allí jamás tuvo el protestantismo una preponderancia definida como en Holanda, pero constituyó una fuerza significativa que Luis XIV procuró anular mediante la revocación del Edicto de Nantes en 1685 y las famosas dragonades. Ni una ni otra medida lograron aniquilarlo completamente; pero, al obligar a los protestantes disconformes a retirarse en masa del territorio francés, se dio contra dicha religión un golpe profundo, del cual nunca llegó a rehacerse. En dicho país, la religión protestante —sobre todo la calvinista— pasó a ocupar un plano enteramente secundario. No era así, sin embargo, en la época en que Villegagnon atacó Río de Janeiro.La ofensiva francesa para desembarcar en Marañón tuvo un carácter enteramente diferente. Los invasores franceses eran católicos, y a ellos se debe que la capital del Estado tenga el nombre de San Luis.

[14] Op. cit., pp. 256-257.

[15] F. J. OLIVEIRA VIANNA, Populações Meridionais do Brasil, vol. I, p. 102.

[16] Sertão: Lugar no cultivado, alejado de las poblaciones o terrenos cultivados.

[17] L. AMARAL GURGEL, Ensaios Quinhentistas, Editora J. Fagundes, São Paulo, 1936, p. 174.

[18] F. J. OLIVEIRA VIANNA, O povo brasileiro e sua evolução, Ministério da Agricultura, Indústria e Comércio — Diretoria Geral de Estatística, Tipografia da Estatística, Rio de Janeiro, 1922, p. 19.

[19] El Consejero Juan Alfredo Corrêa de Oliveira, nacido el 12 de diciembre de 1835, conocía de cerca la situación que con esas palabras describe. Su familia era de las más notables de entre las de los Señores de Ingenio de Goiana, y estaba vinculada por parentesco y matrimonio a casi todas las demás familias señoriales de Pernambuco. Dotado de una excepcional inteligencia, se licenció en Derecho en el Curso Jurídico de Olinda y comenzó a una brillante carrera política, en la cual alcanzó los más altos cargos del régimen imperial, esto es, los de Senador, Consejero de Estado y Presidente del Consejo de Ministros. Fue de los más activos próceres del movimiento abolicionista y como Presidente del Consejo de Ministros firmó junto a la Princesa Isabel, entonces Regente del Imperio, la llamada Ley Áurea del 13 de mayo de 1888, que abolió la esclavitud en Brasil.Tras ser proclamada la república en 1889, el Consejero Corrêa de Oliveira continúo fiel al ideal monárquico y fue miembro del Directorio Monárquico, órgano encargado por la Princesa Isabel de orientar la actuación de los monárquicos en Brasil. Falleció en Rio de Janeiro el 6 de marzo de 1919.

[20] O Barão de Goiana e sua época genealógica en Minha Meninice & Outros ensaios, Editora Massangana, Recite, 1988, p. 56.

[21] Instituições políticas brasileiras, 2ª ed., vol. I, pp. 256-257.

[22] A cidade colonial, Livraria José Olympio Editora, Rio de Janeiro, p. 124.

[23] No son ya dos, sino una sola carne.

[24] Op.cit., p. 107.

[25] Diálogo das grandezas do Brasil, Rio de Janeiro, 1943, p. 155 apud Luis PALACÍN, Vieira e a visão trágica do Barroco. Hucitec/Pró-Memória e Instituto Nacional do Livro, p. 105.

[26] Luis PALACÍN, Sociedade Colonial — 1549 a 1599, Editora da Universidade Federal de Goiás, Goiânia, 1981, p. 186.

[27] Idem, p. 181.

[28] Canaviais e engenhos na vida política do Brasil — Obras completas, Edições Melhoramentos, São Paulo, 2ª ed., vol. XI, p. 86.

[29] Ídem, p. 65.

[30] Feitorías: Institución comercial creada por la corona en la época colonial, destinada a la explotación y comercialización del palo Brasil y otras mercancías.

[31] Pedro CALMON, op. cit, vol. 1, p. 170.

[32] Ibídem.

[33] Ibídem.

[34] Op. cit., pp. 42 y 44.

[35] Cfr. ROCHA POMBO, História do Brasil, W. M. Jackson Inc. Editores, Rio de Janeiro, 1942, vol. I, pp. 131-133.

[36] Op.cit., vol. I, p. 172.

[37] Pedro CALMON, op. cit., vol. 2, pp. 355-356.

[38] Ídem, p. 358.

[39] Fernando de AZEVEDO, op. cit., vol. XI, p. 107.

[40] Mutirão (o muxirão): Auxilio que prestan los pequeños agricultores a otro, reuniéndose durante un día para la plantación, cosecha o tapiamento de su propiedad.

[41] Adjutório: Lo mismo que mutirão.

[42] Hélio Vianna, Formação brasileira, Livraria José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1935, PP. 36, 38-39.

[43] “Casa fortaleza nova de pedra e cal, telhada de novo e meia assoalhada e toda cercada de madeira para se fazer varandas qual está por assoalhar”

[44] Pedro CALMON, op. cit., vol. 2, p. 360.

[45] Gilberto FREYRE, op. cit., vol. I, p. 24.

[46] Senzala: El conjunto de las viviendas destinadas a los esclavos.

[47] Pedro CALMON, op. cit., vol. 3, p. 916.

[48] Fernando de AZEVEDO, op. cit., vol. XI, p. 80.

[49] Oficial francés contratado por el Gobierno del primer Imperio para colocarse al mando de las fuerzas brasileñas en su lucha armada para consolidar la Independencia.

[50] Fernando de AZEVEDO, op. cit., vol. XI, p. 48.

[51] Tratados da terra e gente do Brasil, Livraria Itatiaia Editora, Belo Horizonte, pp. 157-158.

[52] Obra publicada en Lisboa en 1648 que narra la épica insurrección pernambucana contra el hereje holandés. Fue escrita en plena lucha por Fray Manuel Calado, también llamado Fray Manuel de Salvador, uno de los héroes de la misma.

[53] F. J. OLIVEIRA VIANNA, Populações meridionais do Brasil, vol. I, p. 7.

[54] Ídem, p. 9.

[55] Op. cit., p. 71.

[56] Massapé: Suelos fértiles del nordeste brasileño, muy utilizados para el cultivo de grandes cañaverales.

[57] Fernando de AZEVEDO, A cultura brasileira—Introdução ao estudo da cultura no Brasil, Editora Melhoramentos, Sao Paulo, 3ª ed., p. 154.

[58] Op. cit., vol. I, pp. 350-351.

[59] Bandeirantes: Literalmente, abanderados. Se designa así a quienes capitaneaban las banderas, o expediciones de exploración del interior brasileño, de las que se hablará más adelante.

[60] Op.cit.,vol. II, p. 293.

[61] Almir de ANDRADE, Formação da sociologia brasileira, vol. I, Os primeiros estudos sociais no Brasil, Livraria José Olympio Editora, Rio de Janeiro, 1941, p. 100.

[62] F. RODRIGUES CONTREIRAS, Traços da economia social e política do Brasil colonial, Ariel Editora, 1935, p. 181.

[63] Descoberto: lugar donde se ha descubierto oro y se ha establecido mina.

[64] Alfonso Arinos de Melo Franco, A sociedade bandeirante das minas en Curso de bandeirologia, Departamento Estadual de Informações, 1941, p. 90.

[65] F. Rodrigues Contreiras, op. cit., p. 100.

[66] Raposo Tavares e a formação territorial do Brasil, Imprensa Nacional, Rio de Janeiro, 1958, p. 135.

[67] F. J. Oliveira ViannaInstituições políticas brasileiras, 2ª ed., vol. I, p. 170.

[68] Ídem, pp. 170-171.

[69] Op.cit., vol. 2, p. 358.

[70] Canaviais e Engenhos na vida política do Brasil, p. 88.

[71] Seudónimo del jesuita Juan Antonio Andreoni, que estuvo en Brasil en 1711 y escribió Cultura e Opulencia do Brasil por suas drogas e minas.

[72] Op.cit., pp. 181-182.

[73] Historia da Companhia de Jesus no Brasil, Instituto Nacional do Livro, Rio de Janeiro, 1945, t. V, p. 452.

[74] Op.cit., p. 127.

[75] Op.cit., p. 184.

[76] Resumo da História de São Paulo, Tipografia Brasil, São Paulo, 1942, p. 109.

[77] Op.cit., vol. I, p. 162.

[78] Op.cit., vol. III, pp. 179-180.

[79] Amador Bueno e seu tempo, p. 66.

[80] F. J. Oliveira Vianna, op. cit, vol. I, p. 162.

[81] Resumo da Historia de São Paulo, p. 107.

[82] Evolução política do Brasil e outros estudos. Editora Brasiliense, São Paulo, 7ª ed., 1971, p. 29.

[83] As Repúblicas Municipais no Brasil, Prefeitura do Município de São Paulo, 1980, pp. 45 y 46.

[84] Op. Cit., vol. I, p. 347. 

[85] Néstor Duarte, op. cit., p. 82.

[86] Ex profesor de Política en la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la Universidad de São Paulo, profesor en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de París.

[87] Les trois ages du Brésil—Essai de Politique, Librarie Armand Colin, Paris, 1954 p. 65.

[88] Op. cit., p. 126.

[89] Op. cit., pp. 65-66.

[90] Op. cit., p. 143.

[91] Op. cit., vol. I, p. 165.

[92] Pedro Calmon, op. cit., vol. 3, pp. 892-893.

[93] Populações meridionais do Brasil, vol. I. p. 35.

[94] Ídem, p. 18.

[95] Ídem, p. 23.

[96] Ídem, pp. 34-35.

[97] Ídem, p. 35.

[98] Íbídem.

[99] Instituições políticas brasileiras, 1ª ed., p. 1949, vol. I, p. 270.

[100] Constituição política do Império do Brasil, art. 179, nº XVI.

[101] Op.cit., pp. 29-30.

[102] Op. cit. vol. I, p. 279.

[103] El mismo autor aclara que estas nuevas agrupaciones electorales con base municipal reclutadas por la aristocracia rural comenzaron a constituirse de modo definido y visible con la ley de 1828 que reorganizó los municipios y, principalmente, con la promulgación del Código do Processo en 1832.“Este código, con su democracia municipalista, obligaba, forzaba realmente a estos señores rurales a entendimientos y acuerdos entre sí para elegir a las autoridades locales, como los jueces de paz (que tenían funciones policiales); los jueces municipales (que eran jueces en lo criminal y tenían ciertas funciones policiales); los concejales y los oficiales de la Guardia Nacional. Estos cargos o puestos eran electivos en aquella época, y a sus titulares les correspondían también funciones efectivas de vigilancia y mantenimiento del orden” (F. J. Oliveira Vianna, Op. Cit., p. 281).Oliveira Vianna describe además el movimiento de concentración de estos clanes electorales: “Este movimiento de concentración se lleva a cabo, primeramente, en torno a la autoridad provincial (con la pequeña centralización, salida del Acto Adicional), y se opera entre los años 35 y 40 y va hasta la ley del 3 de diciembre de 1841. Después de esta ley, viene la gran centralización, la centralización del Imperio, que va hasta 1889, con la proclamación de la República, y con ella se opera la concentración nacional de estos clanes. (…) Desde entonces, los ‘clanes electorales’ de los municipios quedaron únicamente como secciones de uno de estos grandes partidos nacionales: el Conservador y el Liberal” (ídem, pp. 281-282).

[104] Ídem,p. 280.

[105] F. J. Oliveira Vianna, ídem, p. 283.

[106] Funcionario encargado de contrastar las pesas y medidas, vigilar los mercados y fijar los precios de las mercancías.

[107] Ídem, pp. 284-285.

[108] Estudo da Nobreza Brasileira (Cadetes), Arquivo Nacional, Rio de Janeiro, 1966, p.42.

[109] Como se puede deducir por el contexto, este término se emplea aquí latu sensu, no para designar una clase social creada y reconocida por la ley, sino simplemente nacida de los hechos, y con contornos menos definidos.

[110] Brasil terra de contrastes, Difusão Européia do livro, São Paulo, 4ª ed., 1971, pp. 127-130.

[111] Georges Clemenceau, Notes de Voyage dans l’Amerique du Sud — XIII en “L’Illustration”, 22/4/1911, pp. 310 y 313.

[112] Roger Bastide, op. cit, p. 139.

[113] Pedro Calmon, op. cit., vol. 7, p. 2300.

[114] Robert J. Havirghurst y J. Roberto Moreira, Society and education in Brazil, University of Pittsburgh Press, 1969, p. 42.

[115] Virgilio, Eneida, I, 118.

 

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12. La Monarquía parlamentaria y la “Nobleza de la tierra”
a) Los clanes electorales
La declaración de la Independencia en 1822 trajo consigo la implantación de la monarquía parlamentaria y, por tanto, del régimen electoral representativo. De este modo el cuadro político de Brasil se transformaba profundamente.
Se diría que en un marco político tan profundamente transformado, y no siendo los Títulos del Imperio concedidos sino ocasionalmente y con carácter individual a los miembros de la “Nobleza de la tierra”, ésta se desvanecería como una reminiscencia histórica sin vínculo con el presente.
No ocurrió así.
Ante dichas transformaciones, la “Nobleza de la tierra” no se dejó arrastrar por la inercia; por el contrario, trató de perpetuar su poder político en las nuevas circunstancias creadas por la implantación de una democracia coronada en Brasil.
En el sistema democrático, el electorado es el depositario de toda o casi toda la soberanía; manda, por tanto, quien tenga más influencia sobre él. Ahora bien, excepto, en los centros urbanos realmente importantes en alguna medida, la influencia sobre el electorado pertenecía a los Señores de la tierra. Así pues, la gran mayoría de los votos dependía de la “Nobleza de la tierra”, que ejercía su poder a través de los partidos políticos, pues el partido vive de su fuerza electoral y ésta estaba en manos de los Nobles de la tierra.
Pintoresca e inesperada resulta la organización que constituyeron para conservar el prestigio de antaño. Es también Oliveira Vianna quien nos informa de ello: “Estos señores rurales —hasta aquel momento dispersos y autónomos en su condición de pequeños señores del lugar— se mostraban ahora juntos y organizados (…) Están ahora solidarizados en dos grupos macizos, cada uno de ellos con un jefe ostensivo, con gobierno y autoridad en todo el municipio y a cuyo mando todos obedecen. (…) Están todos ellos unidos ahora bajo una leyenda (…) Son Conservadores o Liberales.” [102]
No sorprende que, sobre todo en las primeras décadas del régimen imperial, se hayan operado transformaciones dignas de mención en los cuadros políticos del país. Así las describe Oliveira Vianna:
“Llamamos clanes electorales a esas nuevas y pequeñas estructuras locales aquí nacidas en el siglo IV, porque son tan clanes como los feudales y los parentales, (…) tienen la misma estructura, la misma composición y la misma finalidad que éstos; solo que con una base geográfica más amplia, porque comprenden a todo el municipio, y no sólo el área restringida de cada feudo (ingenio o hacienda). Después de 1832 [103] estas pequeñas agrupaciones locales pasaron a afiliarse, a su vez, a las asociaciones más amplias que son los Partidos Políticos, con base provincial, primero, y con base nacional, más tarde: el Partido Conservador y el Partido Liberal, con sede en el centro del Imperio y con los Presidentes de Provincia como jefes provinciales.” [104]
b) Guardia Nacional y “Nobleza de la tierra”
Por la ley de 18 de agosto de 1831 se extinguen las antiguas instituciones militares de la Colonia, los Cuerpos de Milicias, las Guardias Municipales y las Ordenanzas, y se crea la Guardia Nacional.
A partir del momento en que el poder central tomó a su cargo el nombramiento de las autoridades locales, hasta entonces electivas, fue grande el deseo de la clase aristocrática de los jefes de clanes electorales de obtener las simpatías de los Presidentes de Provincia. “Eran los Gobernadores los que indicaban al centro los nombres de los beneficiarios, no sólo para los puestos, entonces extremamente importantes, de la Guardia Nacional, sino también para los de la nobiliaria del Imperio.” [105]
Conviene por tanto conocer cuáles eran las relaciones de la Guardia Nacional con la “Nobleza de la tierra”: “En lo que se refiere a la constitución de los clanes electorales (…) nunca estará de más destacar el papel ejercido por la institución de la Guardia Nacional. El cuadro de oficiales de esta guardia constituía el lugar de concentración de toda la Nobleza rural. (…)
“En el Imperio, los puestos de oficiales de la Guardia Nacional eran dignidades locales tan altas como lo eran en la colonia las de ‘Juez de Fuera’ o ‘Capitán Mayor Regente’ y constituían una Nobleza local de la más alta calificación.
“El título de ‘coronel’ o ‘teniente coronel’, que la República desvalorizó vulgarizándolo, era la más alta distinción conferida a un hacendado del municipio. El modesto título de ‘alférez’ sólo se daba a hombres de peso y autoridad local. (…)
“Era ésta justamente la función política de la Guardia Nacional: permitir al señor más rico o más poderoso (por la protección que le dispensaba el Gobernador, concediéndole el reclutamiento, la policía civil o militar, la cámara municipal con sus almotacenes) [106] imponerse a los demás clanes feudales y señoriales.” [107]
Afirma, por su parte, Rui Vieira da Cunha: “Se alcanzaba, en efecto, la Guardia Nacional, de tamaña magnitud para comprender de la osamenta social del Imperio. Hacia ella se deslizaba el poder y la influencia, aristocratizándola, al contrario de lo que ocurría con la democratización de los títulos nobiliarios y mercedes honoríficas.
“La interpretación sistemática de los arts. 69 y 70 de la Ley de 18 de agosto de 1831 que creaban las Guardias Nacionales (…) llevaba a la siguiente conclusión: ‘Los oficiales de las Guardias Nacionales son iguales en nobleza a los de las tropas regulares’.” [108]
13. El ciclo del café
A mediados del siglo XVIII tuvo inicio el ciclo del café, dando oportunidad a la aparición de un nuevo aspecto de nuestra “Nobleza de la Tierra”, la llamada “aristocracia del café”, nacida entonces, cuyo prestigio e influencia marcaron sobre todo la vida del Imperio y, cuando éste cayó, algunas décadas de la de la República.
En ese sentido declara Roger Bastide:
“Después de las civilizaciones del azúcar y del oro, la tercera gran civilización que se desarrolló en Brasil fue la del café. (…)
“El café se desplaza, desde los lujos del Imperio hasta la muerte de Getúlio Vargas. El café crea una aristocracia [109] y destruye (o por lo menos transforma) su propia creación.”
“El café se confunde con la historia del siglo XIX y con el inicio del siglo XX. (…)
Transcribiendo una opinión de Gilberto Freyre, Bastide prosigue: “Es justamente el café lo que hace florecer en la provincia de São Paulo, casi dos siglos después, una sociedad patriarcal idéntica a la de Bahía y Pernambuco. Los barones del café, afirma [Gilberto Freyre], continuaban y reproducían la aristocracia del azúcar.” [110]
a) La proclamación de la República y la aristocracia rural
Proclamada la República en 1889, no desapareció por eso la influencia política de las familias provenientes de la antigua “Nobleza de la tierra.” Por otra parte, su prestigio social continuaba siendo preponderante. Además, su modo de ser y costumbres se destilaban y asimilaban con rapidez e intensidad las maneras y el esplendor de la vida social de los mejores ambientes europeos.
Es significativo en ese sentido el testimonio dado por Georges Clemenceau, político mundialmente conocido y Presidente del Consejo de Ministros francés durante la I Guerra Mundial, con ocasión de su viaje a Brasil en 1911:
“En cuanto a la ‘élite social’, (…) siempre nos vemos obligados a volver a ese punto de partida de una oligarquía feudal, centro de toda la cultura y refinamiento. (…) Es en su finca (fazenda), en el centro de su dominio, donde hay que ir a buscar al plantador (fazendeiro). Perfectamente feudal, persuadido del pensamiento europeo, abierto a todos los altos sentimientos de generosidad social que caracterizaron en determinado momento a nuestra aristocracia del siglo dieciocho, (…) es infinitamente superior a la generalidad de sus similares europeos nacidos de la tradición o surgidos de los acasos de la democracia. (…) En París, pasaréis junto a este dominador sin daros cuenta, de tal manera difiere por la modestia de su palabra y la simplicidad de su figura del tipo presentado por la sátira. (…)
“La ciudad de São Paulo es tan curiosamente francesa en algunos de sus aspectos, que a lo largo de toda una semana no me acuerdo de haber tenido la sensación de encontrarme en el extranjero. (…) La sociedad paulista (…) presenta el doble fenómeno de orientarse decididamente hacia el espíritu francés y desarrollar paralelamente todos los rasgos de la individualidad brasileña que determinan su carácter. Tened por seguro que el paulista es paulista hasta lo más hondo de su alma, paulista tanto en Brasil como en Francia o en cualquier otro lugar. Quedando esto claro, decidme, sin embargo, si ha habido alguna vez, bajo el hombre de negocios, al mismo tiempo prudente y audaz, que ha sabido valorizar el café, un francés de maneras más corteses, de conversación más amable y con una más aristocrática delicadeza de espíritu.” [111]


Incluso después de haber sido proclamada la República, en 1889, las familias que provenían de la antigua “Nobleza de la tierra” continuaron refinando su modo de ser y sus costumbres, asimilando las maneras y el esplendor de la vida social de los mejores ambientes europeos. Georges Clemenceau, en su viaje a Brasil, en 1911, comentaba a este propósito que la ciudad de San Pablo, sin perder ningún trazo de su carácter brasileño, “es tan curiosamente francesa en algunos de sus aspectos que durante toda una semana no tuve la sensación de encontrarme en el extranjero”.


Mientras tanto, ya sea durante el Imperio, ya sea durante las primeras décadas de la República, las transformaciones generales de la vida de Occidente fueron influenciando irresistiblemente a la sociedad brasileña en perjuicio de las viejas élites rurales.


Las crecientes facilidades de comunicación con Europa y los Estados Unidos difundieron aquí el pensamiento cada vez más radicalmente igualitario —y por tanto contrario a las aristocracias y élites sociales de cualquier tipo— que soplaba tanto en el viejo mundo como en la joven y vigorosa federación norteamericana.
De este modo, los elementos más cultos de la sociedad brasileña, propensos en su mayoría a seguir los impulsos provenientes de los grandes centros mundiales, iban mirando con creciente antipatía la oposición entre la democracia de ficción aquí vigente y la democracia cada vez más efectiva que regía a las naciones de mayor prestigio. El poder político de la clase agrícola les parecía una impostura, un falseamiento del régimen existente.
“Las ideas liberales se difundieron con la instrucción. (…) Con el café pasan a medrar en los pasillos de la Facultad de Derecho de São Paulo, entre los hijos de los hacendados, haciendo triunfar sucesivamente el abolicionismo, la República, la rebelión contra el monopolio político de los ricos ‘coroneles’.” [112]
Por todo el país se iban creando órganos de prensa, propensos en su mayoría a la instauración de lo que llamaban la autenticidad democrática. A la vez que el Partido Republicano, defensor discreto, pero poderoso, del status quo, iba creciendo el Partido Democrático, portavoz de la transformación política.
b) La crisis del café
A finales de los años veinte de nuestro siglo, una formidable crisis hizo estremecer el cultivo del café, plantado sobre todo en los estados de Minas Gerais, Rio de Janeiro y Sao Paulo. La causa de ello fue la inhábil política de la República ante la producción de nuestro café, mayor que el consumo del mercado mundial. Esta crisis imprevista sorprendió a gran número de cultivadores en fase de endeudamientos, necesarios para aumentar sus ya excesivas producciones, o para la construcción o mejora de sus moradas en las capitales.
En efecto, gracias a las redes ferroviarias y de carreteras, los hacendados del café tendían cada vez más a localizar sus residencias urbanas, no ya en las pequeñas ciudades próximas a sus respectivas haciendas, sino en las grandes, ahora con fácil acceso. En ellas podían llevar una vida social brillante, y al mismo tiempo proporcionar a sus hijas e hijos una alta educación secundaria en los colegios de religiosos y religiosas, procedentes sobre todo de Europa. Podían, además, los padres, seguir de cerca la vida de sus hijos entregados a estudios superiores en las diversas facultades que se iban fundando.
Endeudados imprudentemente, empobrecidos por falta de previsión, la clase de los grandes hacendados del café sufrió así un golpe que disminuyó muy considerablemente su prestigio social, y más aún el político.
Mientras esto ocurría en el sur del país, los Señores de Ingenio de Pernambuco y otros Estados del Nordeste brasileño ya hacía mucho tiempo que habían entrado en decadencia “en virtud del desarrollo de la industria que, con los ingenios centrales, eliminó las pequeñas fábricas, reunió a los labradores, sus dependientes, en torno a las feitorías (ver nota 30), clausuró el ciclo aristocrático de los ingenios, sustituyó al señor por la compañía (algunas organizadas en Inglaterra, con nombres ingleses) e instaló el monopolio de zona, en lugar de la iniciativa resistente de los viejos propietarios.” [113]
El rendimiento de los ingenios bajó tanto que solo proporcionaba a un gran número de señores lo necesario para su subsistencia.
c) La Revolución de 1930 y el fin de las élites rurales tradicionales en Brasil
Pero el curso de los acontecimientos preparaba para el país nuevas circunstancias, cuyas consecuencias implicaban la virtual extinción de la aristocracia rural. “Esta aristocracia rural lideró la sociedad brasileña durante siglos y finalmente perdió el control de la nación en 1930.” [114]
En realidad, la Revolución de 1930 privó del poder al presidente Washington Luiz —símbolo expresivo, por su figura, del orden de cosas que se hundía— y colocó a Getúlio Vargas al frente del país.
Esa revolución dio origen a casi quince años continuos de una dictadura que, por un lado, se proclamaba anticomunista, pero por otro apoyaba las transformaciones sociales aquí reclamadas por la izquierda. El “getulismo” inauguró una época populista.
Con ello, la clase de los señores de tierras quedó reducida a restos dispersos: “rari nantes in gurgite vasto”; [115] es decir, a raros destrozos que fluctuaban en un Brasil cada vez más poblado, cada vez más urbanizado e industrializado, en el cual los hijos de emigrantes de las más diversas procedencias iban consiguiendo una situación destacada y adquiriendo las haciendas que las energías exhaustas y las finanzas escuálidas de los antiguos propietarios del campo no podían ya mantener.
Estos últimos constituían cada vez menos una clase definida y, salvo algunos pocos de sus miembros, se perdían en un anonimato o cuasi anonimato, dentro del tumulto de un Brasil cada vez más rico y cada vez más diferente de lo que fue.
________________________________________

VER  TODAS LAS NOTAS  DE ESTE APENDICE EN LA nota 7ma. (B): «NOTAS»

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Plinio Corrêa de Oliveira

Nobleza y élites tradicionales análogas – en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana

 

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Editorial Femando III, el Santo

Lagasca, 127 – 1º dcha.

28006 — Madrid

Tel. y Fax: 562 67 45

Primera edición, julio de 1993.

Segunda edición, octubre de 1993

© Todos los derechos reservados.

NOTAS

● Algunas partes de los documentos citados han sido destacadas en negrita por el autor.

· ● La abreviatura PNR seguida del número de año y página corresponde a la edición de las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana publicadas por la Tipografía Políglota Vaticana en Discorsi e Radiomessaggi di Sua Santitá Pió XII cuyo texto íntegro se transcribe en Documentos I.

● El presente trabajo ha sido obtenido por scanner a partir de la segunda edición, octubre de 1993. Se agradece la indicación de errores de revisión.

PRESENTACIÓN

Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana es la nueva obra del ilustre pensador y escritor brasileño, tradicionalista y católico, Plinio Corrêa de Oliveira. Editada simultáneamente en España, Portugal, Italia, Francia y Estados Unidos, se dirige al público de las grandes naciones de Europa occidental y de todo el continente americano.

A la vista del tema del libro, tal vez se pregunte el lector cuál es su actualidad. Según muchos, la nobleza constituye en nuestros días una mera reminiscencia ornamental y caduca de épocas pasadas. De ahí la pregunta: ¿vale la pena escribir sobre este tema en nuestros días, en los que abundan los problemas llenos de riesgos y sobresaltos?

Podría haberse hecho la misma pregunta en los días en que el inolvidable Pontífice Pío XII consagró al tema catorce documentos ricos en doctrina y primorosos en su forma: las célebres alocuciones al Patriciado y a la Nobleza romana. En ellas, el Pontífice supo ver la realidad mucho más a fondo que aquellos que lanzan contra la Nobleza las desgastadas objeciones igualitarias esparcidas por todo el mundo a partir de finales del siglo XVIII.

Con serenidad y luminosa firmeza Pío XII establece el principio de que cualquier sociedad ha de estar necesariamente culminada por élites sólidamente constituidas e íntimamente concatenadas con el cuerpo de la nación, pues éstas tienen una misión de capital importancia en la formación de la cultura, las instituciones, leyes y costumbres.

Sin rechazar ninguna de las tres formas de gobierno —monarquía, aristocracia y democracia— el Pontífice constata con satisfacción que “hasta en las democracias de fecha reciente, tras las cuales no se encuentran vestigios de pasado feudal, se ha venido formando por la propia fuerza de las cosas una especie de nueva Nobleza y aristocracia”.

En Europa, esta misión rectora ha sido ejercida a lo largo de los siglos, de un modo excelente, por la Nobleza. El Pontífice insiste con pastoral solicitud en que, incluso dentro de las vicisitudes contemporáneas, una ponderable parte de la misión de esta clase continua vigente; y explica con perspicacia y complacencia en qué consiste dicha misión hoy en día, aun cuando se trate de familias a las que el infortunio ha privado de la integridad de su señorío de otrora.

Al mismo tiempo, Pío XII muestra cómo esta función directiva no constituye un monopolio exclusivo de la Nobleza: las circunstancias sociales pueden dar origen a nuevas clases que participen merecidamente en la dirección de la vida social; pero, Pío XII señala con admirable equilibrio que a estas clases no les conviene dejarse arrastrar por la vulgaridad del espíritu de nuevo rico, pertinazmente burdo y eufórico, que solamente ve en su reciente ascenso los deleites de la vida opulenta. Es necesario también, según el Pontífice, tener presentes los deberes y obligaciones inherentes a toda elevación, que la Nobleza suele cumplir con altanería y heroísmo.

“Noblesse oblige” dice un conocido refrán; “bon sang ne peut mentir” es la máxima que el Papa Pacelli señala a las nuevas clases dirigentes, mostrándoles que el mundo de las élites tiene sus puertas abiertas para ellas, y que en los ejemplos de la Nobleza histórica, caballeresca y cortesana, encontrarán una constante fuente de inspiración para modelarse de acuerdo con sus respectivas funciones sociales.

Éstos y muchos otros principios de gran importancia que enseña Pío XII, el profesor Plinio Corrêa de Oliveira los desarrolla e ilustra con abundante argumentación doctrinal y numerosos ejemplos históricos elegidos con acierto, en el libro que acaba de lanzar.

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Plinio Corrêa de Oliveira

Nobleza

y élites tradicionales análogas en las alocuciones

de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana

 

Editorial Fernando III, el Santo

Lagasca, 127 – 1º dcha.

28006 — Madrid

Tel. y Fax: 562 67 45

Primera edición, julio de 1993.

Segunda edición, octubre de 1993

© Todos los derechos reservados.

NOTAS

● Algunas partes de los documentos citados han sido

destacadas en negrita por el autor.

● La abreviatura PNR seguida del número de año y página

corresponde a la edición de las alocuciones de Pío XII al

Patriciado y a la Nobleza romana publicadas por la Tipografía

Políglota Vaticana en Discorsi e Radiomessaggi di

Sua Santitá Pió XII cuyo texto íntegro se transcribe en

Documentos I.

● El presente trabajo ha sido obtenido por scanner a partir de

la segunda edición impresa, octubre de 1993. Se agradece la

indicación de errores de revisión.

Índice

Presentación

Opción preferencial…

Al lector

Prólogo de los Duques de Maqueda

Cartas de apoyo de personalidades de renombre

internacional

Plinio Corrêa de Oliveira: un hombre de Fe, de pensamiento —

de lucha y de acción

 

Parte I

Capítulo I

● Deshaciendo objeciones previas

Capítulo II

● Situación de la Nobleza italiana en el Pontificado de Pío XII.

● El alcance universal de las Alocuciones al Patriciado y

a la Nobleza romana

Capítulo III

● Pueblo y masa — Libertad e igualdad en un régimen democrático: conceptos genuinos y conceptos revolucionarios.

● Las enseñanzas de Pío XII

Capítulo IV

● La Nobleza en una sociedad cristiana. Perennidad de su misión y de su prestigio en el mundo contemporáneo.

● Las enseñanzas de Pío XII

Capítulo V

● Élites, orden natural, familia y tradición

● Instituciones altamente aristocráticas en las democracias

● Las enseñanzas de Pío XII

Capítulo VI

● Cooperación relevante de la Nobleza y las élites tradicionales

en la solución de la crisis contemporánea

● Las enseñanzas de Pío XII

Capítulo VII

● Génesis de la Nobleza — Su misión en el pasado y en

nuestros días — El punto de máxima insistencia de Pío XII

Conclusión

● En el clímax de la crisis religiosa, moral e ideológica del mundo actual: un momento propicio para la acción de la Nobleza y las élites tradicionales

Parte II

Apéndice I

● En el Brasil colonial, en el Brasil imperial y en la República brasileña: génesis, desarrollo y ocaso de la «Nobleza de la Tierra»

Apéndice II

● La trilogía revolucionaria: «Libertad, Igualdad, Fraternidad»: Hablan diversos Papas

Apéndice III

● Las formas de gobierno a la luz de la doctrina social de la Iglesia: en teoría — en concreto

Apéndice IV

● La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, controvertido pero nada sospechoso de parcialidad a favor de ella

Parte III

Documentos I

● Alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana

Documentos II

● Alocución de Benedicto XV al Patriciado y a la Nobleza romana [de] 5 de enero de 1920

Documentos III

● Deberes especiales de la sociedad para con la Nobleza empobrecida

Documentos IV

● Ser de estirpe noble es un precioso don de Dios

Documentos V

● La doctrina de la Iglesia sobre las desigualdades sociales

Documentos VI

● La necesaria armonía entre tradición y progreso auténticos

Documentos VII

La Roma antigua: un Estado nacido de sociedades patriarcales

Documentos VIII

● El feudalismo, obra de la familia medieval

Documentos IX

● El carácter familiar del gobierno feudal

● El rey, padre de su pueblo

Documentos X

● El carácter paternal de la Monarquía en la Edad Media

Documentos XI

● Lo que piensan Papas, Santos, Doctores y Teólogos sobre

la licitud de la guerra

Documentos XII

● Ser noble y llevar vida de noble, ¿es incompatible con

la santidad?

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EL PAPA PROHIBE LA MISA EN LATIN EN LAS PARROQUIAS – ENTREVISTA DEL CENTRO CULTURAL CRUZADA, DE COLOMBIA,  A JOSE ANTONIO URETA

https://youtu,be/KvJZNzdVUA

«¡LIBEREN A CUBA YA!» – CAMPAÑA DE LA TFP NORTEAMERICANA

¡Liberen a Cuba YA! — Comienza la campaña en Florida

Noticias brindadas por
la Sociedad Norteamericana de Defensa de la Tradición,  Familia y Propiedad
Envía nuestro Corresponsal Franz Josef Seidl

22 de julio de 2021 /Standard Newswire/ — El pueblo cubano tiene un sueño: Liberarse de la opresión comunista. Aunque su grito de libertad ha sido brutalmente reprimido, los estadounidenses escuchan sus voces. Respondiendo a la súplica del pueblo cubano, la Sociedad Norteamericana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) acaba de lanzar una nueva campaña, ¡Liberen a Cuba ya!

«Si usted ama la verdadera libertad, por favor apoye al pueblo cubano en su noble lucha por sacudirse el yugo del comunismo», dijo el Vicepresidente de la TFP, John Horvat (h). «Nuestro equipo estuvo hoy en San Agustín recogiendo pedidos en las calles por la libertad de Cuba. La petición insta al presidente Biden a ayudar a Cuba a librarse del comunismo».

«En pocas horas, más de 11.203 personas firmaron la petición», explicó Horvat. «El apoyo del público está aumentando rápidamente».

Lea la petición completa aquí: www.TFP.org/freecuba

«El comunismo es el mal y un grave pecado contra Dios», dice la petición dirigida al Presidente Biden. «Es un crimen contra la humanidad. ¡Librémonos del comunismo de una vez por todas! Por favor, tome la iniciativa de denunciar este escandaloso remanente soviético que sigue oprimiendo al pueblo cubano.»

Jóvenes voluntarios de la TFP estadounidense recorrerán el estado de Florida durante las próximas dos semanas para recabar apoyo para la libertad de Cuba.

«La única manera de restablecer la paz en Cuba es arrancar de raíz el cáncer comunista que ha paralizado, empobrecido y esclavizado al pueblo cubano durante 62 años», dijo Horvat. «Todos están invitados a firmar la petición al Presidente Biden, instándolo a acabar con el régimen comunista de Cuba de una vez por todas».

Entrevistas: Michael Chad Shibler
Llamar: 717-451-0238

La Sociedad Norteamericana de Defensa de la Tradición,  Familia y la Propiedad (TFP) promueve los valores perennes de la civilización cristiana. Desde su fundación en 1973, la organización de laicos católicos  se opone a los errores del comunismo y el socialismo.

FUENTE: Sociedad Norteamericana de Defensa de la Tradición,  Familia y la Propiedad (TFP)

CONTACTO: Michael Chad Shibler, 717-451-0238

Traducción realizada con ayuda de la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

Texto original del comunicado de prensa:

Free Cuba Now! — Campaign Kicks Off in Florida
NEWS PROVIDED BY
The American Society for the Defense of Tradition, Family and Property
July 22, 2021July 22, 2021 /Standard Newswire/ — The Cuban people have a dream: Freedom from communist oppression. Although their cry for freedom has been brutally suppressed, Americans hear their voices. Answering the plea of the Cuban people, The American Society for the Defense of Tradition, Family and Property (TFP) just launched a new campaign, Free Cuba Now!»If you love true freedom, please support the Cuban people in their noble fight to shake off the yoke of communism,» said TFP vice-president, John Horvat II. «Our team was in St. Augustine today collecting petitions on the streets for Cuba’s freedom. The petition urges President Biden to help Cuba get rid of communism.»»Within hours, more than 11,203 people signed the petition,» explained Horvat. «Grassroots support is picking up fast.»Read the full petition here: www.TFP.org/freecuba«Communism is evil and a grave sin against God,» reads the petition addressed to President Biden. «It is a crime against humanity. Let us be rid of Communism once and for all! Please take the lead in denouncing this scandalous Soviet leftover that continues to oppress the Cuban people.»Young volunteers with the American TFP will be touring the state of Florida over the next two weeks to rally support for Cuba’s freedom.»The only way to restore peace in Cuba is to root out the communist cancer that has crippled, impoverished and enslaved the Cuban people for 62 years,» said Horvat. «Everyone is invited to sign the petition to President Biden, urging him to end Cuba’s Communist regime once and for all.»Interviews: Michael Chad Shibler
Call: 717-451-0238The American Society for the Defense of Tradition, Family and Property (TFP) promotes the perennial values of Christian civilization. Since its founding in 1973, the organization of lay Catholics has been vocally opposing the errors of communism and socialism.SOURCE The American Society for the Defense of Tradition, Family and PropertyCONTACT: Michael Chad Shibler, 717-451-0238
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«¡Santiago!», grito de guerra de España, la Virgen y el lirio que lanza fuegos

Plinio Corrêa de Oliveira

«Santo del Día» [1], 25 de julio de 1967 [2]

Santiago «Matamoros» – Catedral de Santiago

Hoy, 25 de julio es la fiesta del Apóstol Santiago el Mayor. Hermano de San Juan Evangelista, fue el primero en recibir la corona del martirio. Patrono de España, su nombre sirvió como un grito de guerra en la lucha contra los musulmanes. Tengo algunas líneas que me trajeron y me piden un comentario:

«Desde Jerusalén, Santiago siguió hasta Sicilia y España, deteniéndose en Cádiz. No siendo bien recibido, fue milagrosamente salvado por un ángel de ser asesinado. Dejó en España siete discípulos. Posteriormente regresó a Zaragoza, donde hubo gran número de conversiones. Sin embargo, los peligros eran muchos. Lanzaban víboras contra él, que él las tomaba tranquilamente entre las manos.

“En Granada, con todos los discípulos y neófitos, fue detenido. Santiago rogó la ayuda de la Virgen María, que vivía entonces en Jerusalén. Por medio de los ángeles fue salvado, y la Virgen le mandó ir a predicar a Galicia. Más tarde, Santiago corrió gran peligro por la persecución contra los fieles de Zaragoza. Una noche, el apóstol rezaba con algunos discípulos junto a los muros de la ciudad, y pedía luces para saber si debía quedarse o huir de la región. Pensaba en la Virgen María y le pedía que le rogase a su Divino Hijo, que nada le podía negar. De repente se vio descender un brillo celestial sobre el apóstol, los ángeles aparecieron entonando un canto armonioso mientras llevaban una columna de luz cuya base le señalaba al apóstol un lugar en particular. La columna era alta y delgada y terminaba en un lirio abierto que lanzaba lenguas de fuego en varias direcciones. Una de ellas fue a Compostela.

“En el resplandor del lirio vio a María Santísima, de una blancura como nieve y transparencia, de hermosura y delicadeza mayor que la seda. Estaba de pie, de la misma manera en que solía rezar. Sus manos juntas y un gran velo en su cabeza, que le caía hasta los pies… Posaba sus pies en la flor, que brillaba con sus cinco rayos de luz. Santiago recibió el aviso interiormente de que debía levantar una iglesia, y que la intercesión de María debía crecer y expandirse como una raíz. La Virgen le dijo que una vez que concluyese la Iglesia, volviese a Jerusalén.

“Más tarde, terminada la obra, el apóstol delegó su tarea a doce discípulos que había instruido y partió. Y visitó a la Santa Virgen en Éfeso. María le predijo su muerte cercana, consolándolo y confortándolo mucho. Después, Santiago, se despidió de María y de San Juan y siguió su camino a Jerusalén. Ahí fue arrestado y llevado al Monte Calvario. En el camino continuaba predicando, convirtiendo y curando a muchos. Decapitado, algún tiempo después su cuerpo fue llevado a España. La visión de Santiago dio origen a la devoción a Nuestra Señora del Pilar”.

Martirio de Santiago – Zurbarán – 1639

No hay duda de que lo que este relato encierra, como elementos de belleza y edificación, es muy grande, y por lo tanto no permite un comentario completo. Una nota interesante es ver, en la vida de los apóstoles, de los santos y en la vida de Nuestro Señor, como hay una hora señalada por Dios para todo. Hacen todo tipo de cosas para matar a los apóstoles, para herirlos, y no consiguen absolutamente nada, por disposición de Dios.

Pero luego llega el momento en que Dios tiene la intención de que él muera. Entonces, nada lo salva. Se le advierte que va a morir, y de hecho es martirizado, y su vida es ofrecida en holocausto. Así como Nuestro Señor, que corrió muchos riesgos de vida antes de ser preso, atravesando indemne lugares llenos de enemigos, sin atreverse ellos a hacer algo contra Él.

Sin embargo, cuando llegó el momento de que lo mataran, de acuerdo con los designios de la Providencia, Él mismo se entregó. Y entonces todos los milagros ocurridos [antes] para salvar su vida, ya no sucedían. Su hora había llegado.

Aquí, pasa lo mismo con Santiago, pasó por todo tipo de riesgos y ocurrían milagros para salvarle la vida. Le tiraban serpientes y él las tomaba con las manos; intentaron matarlo de muchas maneras y todas resultaban inútiles. Sin embargo, llegó el momento en que recibió de la Virgen un aviso de que iba a morir. Nuestra Señora lo consoló, lo consoló…, y él murió. Quiere decir, fue el designio de la Providencia que se cumplió.

Es bello que consideremos esta magnífica aparición [de Nuestra Señora] a Santiago en España: ese símbolo de una columna que tiene un lirio en la parte superior, y ese lirio lanzando llamas de fuego… Un lirio echando llamas de fuego, parece una contradicción en sí. El lirio es níveo, el lirio es delicado, el lirio parece ser tan fácilmente quemado por el sol. Sin embargo, cómo nos gusta imaginar un lirio que conserva toda su frescura, que conserva toda su blancura y, al mismo tiempo, emite una llama que no quema, sino que ilumina todo.

Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago Apóstol

Fachada de la Iglesia de Santiago – Sevilla – Leyenda bajo el retablo: «Madre mía del Pilar, antes morir que pecar»

Antonio Kiernam Flores – Fábrica: Cerámica Santa Ana – Sevilla, década de 1940

¡Qué hermoso cuadro sería si un pintor -simplemente- pudiese responder a esta pregunta: – ¿Qué color debería tener esta llama para ser tan bella, a partir de la idea de que salió de un lirio? – ¿Cómo debería ser esa llama? Qué obra maestra de imaginación, de sentido cromático, del sentido de las formas, comporta un cuadro de esta naturaleza. Aquí se ve cuánta belleza hay en esta revelación. Este lirio está en la parte superior de una columna. Y esta columna es una columna esbelta. Uno ve en la columna otro símbolo, y el símbolo es un orden de cosas coronado por el lirio; un soporte, un sustento, que tiene como base, o mejor, como parte más resistente, un lirio.

Es la idea de la Cristiandad, de la España católica que va a nacer, y es rematada por el lirio lleno de amor de Dios, que era la Virgen. Porque, claro, este lirio que vierte llamas es el Corazón «lirial», Corazón virginal de Nuestra Señora, lanzando llamas en abundancia. Estas llamas incendiaron todo el cielo y llegaron hasta Compostela, donde precisamente [está instalado] el culto a Santiago, donde se encuentra su cuerpo y donde se hicieron numerosas peregrinaciones durante la Edad Media.

Tenemos entonces a Santiago como el gran santo que ejercía un enorme atractivo en la Edad Media. Tenemos también a «Santiago!» como grito de guerra de España y de la Reconquista, que avanza sobre los mahometanos al grito de «Santiago!», «Santiago!», y que, con eso, obtiene la victoria.

Santiago «Matamoros» – Pazo de Raxoi, sede del ayuntamiento de Santiago de Compostela y de la presidencia de la Junta de Galicia.

Se puede imaginar la belleza que esto representa y cómo glorifica a ese Apóstol. No se conoce, para un alma combativa, nada más hermoso que imaginar esto: que cuando ella muere, cuando ya no cuenta en el número de los vivos, su memoria permanecerá. Y su memoria permanecerá, no como un signo de reconciliación [*], sino como un grito de guerra. Y que los valientes, arriesgando su vida y arriesgando todo por la causa católica, tendrán su nombre en sus labios, como un símbolo de lucha, como un símbolo de batalla y como un símbolo de victoria. Y el último nombre que muchos de ellos pronunciarán, llenos de entusiasmo, antes de presentarse en la gloria de Dios y para la sonrisa de María, será el nombre de «Santiago». ¿Puede darse una cosa más hermosa? ¿Hay mayor gloria, para un nombre que servir como grito de guerra de los cruzados de la Reconquista? ¡Imposible!

He ahí la gloria de un hombre, y la gloria del nombre de un hombre. ¿Qué es el nombre? La Iglesia celebra el Santo Nombre de Jesús y el Santo Nombre de María. Son fiestas especiales de la Iglesia. Así se entiende cómo la gloria del nombre puede ser la gloria del hombre, y cómo no puede haber nada más hermoso que ese Apóstol, de cuyo apostolado nació la nación militantemente católica por excelencia, el brazo de la Cristiandad, que es España; la nación ardiente de celo [que] nació de ese lirio lleno de fuego; el nombre del apóstol de la nación ígnea (**) es un grito de guerra en la lucha por la Reconquista. No sé de nada mejor!

Glorifiquemos a la Virgen por la gloria que dio a Su grande servidor, el apóstol Santiago.

A D V E R T E N C I A
“Católico apostólico romano, el autor de este texto se somete con filial ardor a las enseñanzas tradicionales de la Santa Iglesia. No obstante, si por lapso, algo en él hubiera en desacuerdo con dichas enseñanzas, desde ya y categóricamente lo rechaza”.
Las palabras “Revolución” y “Contra-Revolución”, son aquí empleadas en el sentido que se les da en el libro “Revolución y Contra-Revolución”, cuya primera edición apareció publicada en el número 100 de la revista “Catolicismo”, en abril de 1959.

[1] Los «Santos del Día» eran unas reuniones breves en las que el Prof. Plinio ofrecía una reflexión o comentario relacionado con el santo o fiesta religiosa que se celebraba aquel día.

[2] Tomado de conferencia del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira a socios y cooperadores de la TFP el 25 de julio de 1967. Sin revisión del autor. Traducción, resumen y adaptación por «Asociación Civil Fátima La Gran Esperanza» con el título «¡Santiago. grito de guerra de España»

[*] Es evidente que el Prof. Plinio se refiere al mal uso del término «reconciliación» que se produce hoy día, sobre todo en su aspecto irenista. Para una mejor comprensión de este tema sugerimos la lectura de su libro “Transbordo ideológico inadvertido y Dialogo».

N.d.l.R.: asimismo, el viejo Simeón, en la fiesta de la Purificación de la Virgen, o Nuestra Señora de la Candelaria, dice: he aquí que Este será puesto como signo al que contradecirán

[**] N.d.l.R.: ¡Qué expresión magistral, “la nación ígnea”!

 

 

 

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El llanto milagroso de la Sagrada Imagen en Nueva Orléans, EE.UU. (1972) repercutió en la prensa mundial

Fátima en una visión de conjunto(*)  

Plinio Corrêa de Oliveira

(*) Nota: los destaques en negrita son de la Redacción de Aristocracia y Sociedad orgánica http://aristocraciacatolica.blogspot.com  

Tal vez les parezca útil a los lectores un análisis sucinto de los múltiples aspectos que las importantes manifestaciones de la Santísima Virgen en Fátima contienen.

Presupuestos y líneas generales de las apariciones

Para entender el conjunto de visiones y comunicaciones con que Lucía, Francisco y Jacinta fueron favorecidos, hay que tener en cuenta, ante todo, la doctrina católica sobre la comunión de los santos. Las oraciones y méritos de una persona pueden beneficiar a otra. De este modo, es lógico que las oraciones, los sacrificios y el holocausto de la propia vida ofrecidos por los tres niños, máxime después de beneficiados espiritualmente por las apariciones de la Reina de todos los Santos, pueden aprovechar a un gran número de almas e incluso a naciones enteras.

Nuestra Señora vino, pues, a solicitar oraciones y sacrificios a los tres. A Jacinta y Francisco les pidió también el holocausto de la vida, ofreciéndose como víctimas expiatorias por los pecados de los hombres. A Lucía le pidió que se quedara en este mundo para el cumplimiento de una misión de la cual hablaremos más adelante.

La mediación universal de María Santísima

Otra noción preliminar para la comprensión de los acontecimientos de Fátima es la de la mediación universal de María Santísima. Ella actúa como Medianera suprema y necesaria —por libre voluntad de Dios— entre el Redentor ofendido y la humanidad pecadora. Por otro lado, es Medianera siempre oída y, como tal, ejerce una verdadera dirección sobre los acontecimientos. Es Medianera regia, que será glorificada con la victoria de su Corazón maternal, que será la más alta expresión de la victoria del propio Dios.

Las revelaciones de Fátima van más allá de todo cuanto la Providencia ha dicho a los hombres en la inminencia de las grandes borrascas de la Historia

En Fátima, Nuestra Señora no habló solo para Portugal, sino para el mundo entero

Hablando a los pequeños pastores, Nuestra Señora quiso hablar al mundo entero, exhortando a todos los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida. De modo especial habló al Papa y a la Sagrada Jerarquía, pidiéndoles la consagración de Rusia a su Corazón Purísimo.

La situación altamente calamitosa del mundo en nuestros días

La Madre de Dios hizo estos pedidos en vista de la situación religiosa en que se encontraba el mundo en la época de las apariciones, es decir, en 1917.

Nuestra Señora señaló dicha situación como altamente calamitosa. La impiedad y la impureza habían dominado la tierra a tal punto que para castigar a los hombres había estallado una verdadera hecatombe, que fue la Primera Guerra Mundial. Esa conflagración terminaría en breve y los pecadores tendrían tiempo para corregirse, atendiendo el pedido de Fátima.

Si ese pedido fuese oído, la humanidad conocería la paz. En caso de que no fuese oído, vendría otra guerra aun más terrible.

Y, en caso de que el mundo continuase sordo a la voz de su Reina, una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, implicando una grave persecución religiosa, afligiría a todos los hombres, trayendo grandes sufrimientos para el Romano Pontífice: Rusia esparcirá sus errores por el o, promoviendo guerras y personas contra la Iglesia… El Santo Padre tendrá mucho que sufrir.

Después de una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, vendrá el Reino de María

Quebrada así, a lo largo de toda una cadena de calamidades, la dura cerviz de la humanidad contemporánea, habrá una gran conversión de almas. Esa conversión será específicamente una victoria del Corazón Purísimo de la Madre de Dios: «Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará… » Será el reinado de María sobre los hombres.

La meditación de los tormentos eternos es eficaz y adecuada para los hombres de este siglo

Con la intención de incitar más eficazmente a la humanidad a acoger ese mensaje, Nuestra Señora hizo ver a sus tres confidentes las almas condenadas al infierno; cuadro trágico descrito por ellos de modo admirable, y apropiado para reconducir a la virtud a los pecadores endurecidos. Esa visión lúgubre muestra bien como se equivocan profundamente quienes afirman que es inadecuada para los hombres de este siglo la meditación sobre los tormentos eternos.

Pruebas de la autenticidad del Mensaje de Fátima

Con el fin de probar la realidad de las apariciones, y por lo tanto la autenticidad del mensaje, la Virgen dispuso tres tipos de acontecimientos:

a) La afluencia de una gran número de espectadores en el momento en que Ella hablaba a los videntes. Aunque sólo ellos fuesen los destinatarios inmediatos del mensaje, los circunstantes, haciendo uso de la penetración psicológica común, podían cerciorarse de que los tres niños no mentían ni eran objeto de una ilusión al afirmar que estaban en contacto con Nuestra Señora, sino que realmente oían y hablaban con un ser invisible para los demás.

Hiroshima devastada por la bomba atómica en la Segunda Guerra Mundial

b) El prodigio de las transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol. Ese prodigio se hizo ver en una zona mucho mayor que el lugar de las apariciones, a punto de no poder ser explicado por un fenómeno de sugestión colectiva (sumamente difícil de ocurrir, dicho sea de paso, con las 50 a 70 mil personas que se hallaban en Cova da Iría)

c) Se confirmó la profecía de que poco después de las apariciones de Fátima la Primera Guerra Mundial acabaría; como se confirmó también la profecía de que, no enmendándose la humanidad, otra guerra mundial estallaría. La luz extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda conflagración fue un hecho observado en varios países y universalmente conocido. La Señora había prevenido a los videntes de que esa sería la señal del castigo inminente. Y el castigo vino enseguida.

d) La previsión del castigo supremo, que es la difusión del comunismo, comenzó a realizarse poco después de las apariciones. Es importante notar que la Santísima Virgen anunció que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Pero cuando esa profecía fue hecha —13 de julio de 1917—, la expresión era más o menos ininteligible.

En efecto, el zarismo apenas acababa de caer, siendo substituido por el régimen burgués de Kerensky, y no se podía saber cuáles serían esos errores rusos, pues es evidente que no se trataba de la difusión de la religión greco-cismática, momificada y privada de toda fuerza de expansión. De este modo, la ascensión de los marxistas al poder en la infeliz Rusia, en el mes de noviembre de 1917, fue, sin duda alguna, el elocuente comienzo de la confirmación de la profecía.

Enseguida, el Partido Comunista ruso inició la propagación mundial de sus errores, lo que acentuó todavía más la coincidencia entre lo que la Virgen había anunciado y el curso de los acontecimientos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión comunista se acentuó mucho más aún, porque numerosas naciones, subyugadas mediante el fraude y la fuerza, cayeron bajo el dominio soviético. Rusia se convirtió así en un peligro mundial.

Las dos familias de almas del mundo contemporáneo

Ante estas afirmaciones de grandeza apocalíptica cabe hacer una observación. El mundo de hoy se va dividiendo cada vez más en dos familias de almas. Una de ellas considera que la humanidad es presa de una cadena de errores y de iniquidades que comenzaron en la esfera religiosa y cultural con el humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante. Dichos errores se agravaron con el iluminismo y el racionalismo, y culminaron en la esfera política con la Revolución Francesa. Del terreno político pasaron al campo social y económico, en el siglo XIX, con el socialismo utópico y con el socialismo llamado científico. Con el advenimiento del comunismo en Rusia comenzó a verificarse la transposición, incipiente pero maciza de todo ese montón de errores al orden concreto de los hechos, naciendo de ahí el imperio comunista, moloch que iba desde el corazón de Alemania hasta Vietnam. Al mismo tiempo, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, la moralidad comenzó a declinar con rapidez espantosa en Occidente, preparándolo para la capitulación ante la más audaz expresión doctrinal e institucional de la amoralidad, que es el comunismo (ya sea bajo la forma de capitalismo de Estado —hoy aparentemente en vías de extinción— ya sea bajo la nueva y ladina versión autogestionaria).

El recuerdo de la devastación causada por la Segunda Guerra Mundial atormenta al hombre moderno ante la perspectiva de un tercer conflicto universal

Para las incontables almas de todos los estados y condiciones de vida y naciones, que comparten este modo de pensar, el mensaje de Fátima es de lo más coherente que hay con la doctrina católica y con la realidad de los hechos.

Existe también otra familia de almas, para la cual los problemas del mundo contemporáneo tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad (considerada como un desvío culpable de la inteligencia). Nacen ellos exclusivamente de equívocos involuntarios que una buena difusión doctrinal y un conocimiento objetivo de la realidad pueden disipar. Esos equívocos resultan, además, de carencias económicas; son hijos del hambre, que desaparecerán cuando en el mundo no haya más hambre, y no antes que eso.

Con el auxilio de la ciencia y de la técnica, la crisis de la humanidad se resolverá. Más aún, no teniendo el factor culpa como fondo de cuadro de las catástrofes y de los peligros en medio de los cuales nos debatimos, la noción de un castigo universal se vuelve incomprensible. Tanto más cuanto que para esta familia de al mas el comunismo no es intrínsecamente malo, y con él son posibles acomodaciones que eviten persecuciones incómodas.

Por amor a la brevedad, esta descripción de las dos familias de almas esquematiza un tanto el panorama. Entre una y otra hay muchas gamas. No es nuestra intención retratarlas aquí. Las corrientes intermedias tendrán mayor o menor facilidad para comprender el mensaje de Fátima, según estén más próximas a un polo o al otro. Fátima es pues, en ese sentido, un verdadero divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.

De todas formas, con excepción de la parte mantenida aún en secreto, los pedidos, las amonestaciones y las profecías de Cova da Iría (todos con mero carácter de revelaciones particulares, es verdad …) están lanzados y se van confirmando ampliamente. A los escépticos les decimos: Qui vivra verra… (Quien viva lo verá …).

No se ha correspondido al Mensaje de Fátima

¿Se cumplirán los acontecimientos previstos en Fátima que aún no se han realizado? Eso es lo que la humanidad contemporánea se pregunta. En principio no hay cómo dudar de ello, pues una parte de las profecías ya se ha realizado con impresionante precisión, lo que prueba su carácter sobrenatural. Y, probado ese carácter, no se puede poner en duda que el mensaje celestial se cumpla hasta el fin.

Pero, alguien podría objetar que las profecías del 13 de julio de 1917 tienen un cariz condicional. Ellas se realizarán en el caso de que el Papa y los Obispos (en unión con él) no hagan la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María.

En Cova da Iría Nuestra Señora formuló dos condiciones, ambas indispensables para que se aparten los castigos con los que Ella nos amenazó.

Una de esas condiciones era la consagración. Digamos que haya sido realizada según el pedido de la Santísima Virgen. Falta la segunda condición: la divulgación de la práctica de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados. Nos parece evidente que esa devoción no se ha propagado hasta hoy por todo el orbe católico en la medida deseada por la Madre de Dios.

Y hay aún otra condición, implícita en el mensaje, pero también indispensable: es la victoria del mundo sobre las mil formas de impiedad y de impureza que lo vienen dominando. Todo indica que esa victoria no ha sido alcanzada y que, por el contrario, nos acercamos cada vez más al paroxismo en esa materia. Así, un cambio de rumbo de la humanidad se va haciendo cada vez más improbable; y a medida que caminamos hacia ese paroxismo, más probables se hacen los castigos…

Fotografía de los tres pastorcitos poco después de la visión del infierno

Cabe hacer aquí una observación. Y es que, de no verse las cosas así, el mensaje de Fátima sería absurdo. Pues si Nuestra Señora afirmó en 1917 que los pecados del mundo habían llegado a un tal grado que clamaban por el castigo de Dios, no parece lógico creer en el presente que ese castigo no venga, después que esos pecados han continuado creciendo desde 1917 hasta nuestros días y el mundo se ha rehusado, obstinadamente y hasta el fin, a hacer caso a lo que fue dicho en Fátima. Sería lo mismo que si Nínive no hubiese hecho penitencia y a pesar de eso las amenazas del profeta no se hubiesen realizado.

Más aún, la misma consagración pedida por Nuestra Señora no tendrá el efecto de apartar el castigo, si el género humano sigue aferrándose cada vez más a la impiedad y al pecado, pues mientras eso sea así, la consagración estaría como que incompleta y desprovista de contenido real.

En resumen, puesto que no se operó en el mundo la inmensa transformación espiritual pedida en Cova da Iría, vamos caminando cada vez más hacia el abismo. Y, a medida que caminamos, esa transformación se va haciendo más improbable.

Los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María

Al concluir estas reflexiones, conviene que nuestro espíritu se detenga en la consideración de las últimas perspectivas del mensaje de Fátima. Más allá de la tristeza y de los castigos sumamente probables hacia los cuales caminamos, nos esperan los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María: Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. Es la perspectiva grandiosa de la victoria universal del corazón regio y materno de la Santísima Virgen. Es una promesa tranquilizante, atrayente y, sobre todo, majestuosa y entusiasta.

Para evitar el castigo en la escasa medida en que es evitable; para obtener la conversión de los hombres en la modesta medida en que, según la economía común de la gracia, ella es aún obtenible antes del castigo; para apresurar cuanto sea posible la aurora bendita del Reino de María; y para ayudamos a caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan, ¿qué podemos hacer? Nuestra Señora nos, lo indica: que nos enfervoricemos en la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia.

Para estimulamos a rezar, en la última aparición Nuestra Señora se revistió sucesivamente de los atributos propios de las advocaciones de Reina del Santo Rosario, de Madre Dolorosa y de Nuestra Señora del Carmen, indicándonos cuán grato le es ser conocida, amada y venerada así.

Igualmente, la Virgen de Fátima insistió de modo muy especial en la devoción a su Inmaculado Corazón. Ella se refirió siete veces a su Corazón en sus mensajes (y Nuestro Señor, nueve).

Así, el valor teológico de la devoción al Inmaculado Corazón de María, por lo demás ya tan comprobado, encuentra en Fátima una impresionante corroboración. Por otro lado, la insistencia de la Santísima Virgen prueba hasta la saciedad que esa devoción es eminentísimamente oportuna.

Por lo tanto, quien toma en serio las revelaciones de Fátima debe hacer de la devoción al Corazón Purísimo de María uno de los más altos objetivos de la verdadera piedad.     

* Extraído de Catolicismo, nº 197, mayo de 1967.

Nota: puede acceder al artículo y a otros sobre este tema fundamental entrando en el link: El Perú necesita de Fátima http://www.fatima.org.pe

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