Pueblo y masa – Libertad e igualdad en un régimen democrático: conceptos genuinos y conceptos revolucionarios – Las enseñanzas de Pío XII – Nobleza y élites, Cap. III – Visión de conjunto (9)

05/12/2014

Continuamos brindando a nuestros lectores una visión de conjunto, necesariamente resumida y limitada, de esta obra esencial para entender la misión de las élites auténticas en la crisis contemporánea, recomendando vivamente la lectura del original, que se encuentra a disposición de quien desee adquirirla ( ⇐ ver “TOME CONTACTO CON NOSOTROS”). Asimismo podrán consultar el original  completo entrando al sitio Plinio Corrêa de Oliveira.info. Agradecemos a los directores del sitio tan importante posibilidad:

http://www.pliniocorreadeoliveira.info/LN_Espanha/Volume%20I/LN_ES_Cap_00_0_Indice.htm


Nota: Los subtítulos numerados y en negrita pertenecen al original, como también los textos destacados en negrita no cursiva; los destaques en letra cursiva y negrita, salvo aclaración en contrario, pertenecen a nuestra Redacción.

 010 Visión de conjunto rojoPara evitar el sobresalto que estos comentarios pueden causar a personas influenciadas por el populismo radicalmente igualitario, o a quienes teman enfurecer a sus corifeos, es oportuno explicar la verdadera doctrina católica sobre las justas y proporcionadas desigualdades en la jerarquía social, y aún política.
1. Legitimidad y hasta necesidad de que existan justas y proporcionadas desigualdades entre las clases sociales
La doctrina marxista de la lucha de clases afirma el carácter injusto y nocivo de todas las desigualdades y la consecuente licitud de que la clase menos alta, se movilice para eliminar a las más altas. “¡Proletarios de todos los países, uníos!” es el grito con que Marx y Engels concluyeron el manifiesto comunista de 1848. [1]
En sentido contrario, la doctrina católica tradicional afirma la legitimidad e incluso la necesidad de que existan justas y proporcionadas desigualdades entre los hombres [2], y condena, en consecuencia, la lucha de clases.

Que la defensa de intereses no de en exterminio  clase II Revculturalchina28 Ejecucion-china4628La Iglesia se opone a que la legítima defensa  de una clase social degenere en guerra de exterminio de las demás

Esa condenación no se aplica a una clase empeñada en que le sea reconocida la posición que le pertenece; pero la Iglesia se opone a que la legítima defensa degenere en guerra de exterminio de las demás o en el rechazo de la posición que respectivamente les corresponde en el conjunto social. El católico debe desear que exista mutua paz y armonía entre las diversas clases y no una lucha crónica, máxime cuando se pretende establecer una igualdad completa y radical.
Todo esto se comprendería mejor si las admirables enseñanzas de Pío XII sobre pueblo y masa hubiesen sido adecuadamente difundidas.
“¡Oh Libertad! ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, exclamó la famosa revolucionaria francesa Madame Roland, junto a la guillotina. [3] Se podría análogamente exclamar: “¡Pueblo, pueblo, cuántos desatinos, cuántas injusticias, cuantos crímenes cometen en tu nombre los demagogos revolucionarios de hoy en día!”
La Iglesia ama al pueblo y se ufana de haberlo hecho de modo especial desde el primer momento en que

 
 ⇓ La Iglesia siempre se destacó por su amor al pueblo – La reina Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, por Murillo

Santa Isabel de Hungría_thumb[7]fue instituida por su Divino Maestro. Pero, ¿qué es el pueblo? Algo muy diferente de la masa agitada como el mar revuelto, fácil presa de la demagogia revolucionaria.
A esas masas la Iglesia, movida por su amor maternal, les desea el bien precioso de que sean ayudadas a pasar de la condición de masa a la de pueblo.
¿No habrá aquí un mero juego de palabras? ¿Qué es la masa? ¿Qué es el pueblo?
2. Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferentes
Las admirables enseñanzas de Pío XII explican esta diferencia, y describen claramente como ha de ser la natural concordia que, al contrario de lo que afirman los profetas de la lucha de clases, puede y debe existir entre las élites y el pueblo.
Afirma Pío XII en su Radiomensaje de Navidad de 1944: [4]
“Pueblo y multitud amorfa o, como se suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes.
1.- “El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino desde fuera.”
2.- “El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales —en su propio puesto y a su manera— es una persona consciente de sus propias responsabilidades y convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior,

Lenin barricadefácil juguete en las manos de cualquiera que sepa manejar sus instintos o sus impresiones, pronta para seguir alternadamente hoy esta bandera, mañana aquella otra.”
3.- “De la exuberancia de vida de un verdadero pueblo, la vida se esparce, abundante y rica, por el Estado y por todos sus órganos, infundiendo en ellos, con vigor incesantemente renovado, la conciencia de su propia responsabilidad, el verdadero sentido del bien común. Sin embargo, de la fuerza elemental de la masa,manejada y aprovechada con habilidad, puede

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Lenin y secuacesservirse también el Estado: en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos, agrupados artificialmente por tendencias egoístas, el propio Estado —con la ayuda de la masa, reducida a simple máquina— puede imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo; el interés común queda así golpeado gravemente durante largo tiempo, y la herida es con frecuencia muy difícil de curar”.
3. También en una democracia deben existir las desigualdades provenientes de la naturaleza
El Pontífice distingue entre verdadera y falsa democracia: la primera es corolario de la existencia de un verdadero pueblo; la segunda, de la reducción del pueblo a la condición de mera masa humana.
4.- “De ello se desprende claramente otra conclusión: la masa —tal como acabamos de definirla— es la enemiga capital de la verdadera democracia y de su ideal de libertad y de igualdad.”
5.- “En un pueblo digno de este nombre, el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su propia libertad unida al respeto a la libertad y a la dignidad de los demás.

11Armonía social y conciencia de la propia dignidad en el pueblo vienés (principios del siglo XX) y en el Brasil del siglo XIX (casamiento entre descendientes de esclavos africanos)

armonía social Brasil Imperio borde

En un pueblo digno de este nombre, todas las desigualdades, que no nacen del arbitrio, sino de la propia naturaleza de las cosas, desigualdades de cultura, de riquezas, de posición social —sin perjuicio, claro está, de la justicia y de la caridad mutua—, no son de hecho un obstáculo para que exista y predomine un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad. Por el contrario, lejos de perjudicar de ningún modo la igualdad civil, dichas desigualdades le confieren su legítimo significado; es decir, que, frente al Estado, cada uno tiene el derecho de vivir honradamente su propia vida personal en el puesto y en las condiciones en que los designios y las disposiciones de la Providencia le han colocado.”
Esta definición de la genuina y legítima igualdad civil, así como de los correlativos conceptos de fraternidad y comunidad, esclarece con gran riqueza de pensamiento y propiedad de expresión, lo que son según la doctrina católica la verdadera igualdad, fraternidad y comunidad; igualdad y fraternidad radicalmente opuestas a aquellas que, en el siglo XVI, las sectas protestantes instauraron en sus respectivas estructuras eclesiásticas, como también al tristemente célebre trinomio que la Revolución Francesa y sus adeptos enarbolaron en todo el mundo como lema en el orden civil y social, y que la Revolución comunista de 1917 extendió, por fin, al orden socio-económico. [5]
Esta observación es particularmente importante dado que, en el lenguaje usado corrientemente en las conversaciones o en los mass-media, estas palabras son generalmente entendidas en el sentido erróneo y revolucionario.
4. En una democracia desvirtuada la libertad se transforma en tiranía y la igualdad degenera en nivelación mecánica
Después de haber definido lo que es la verdadera democracia, Pío XII pasa a describir la falsa:
6.- “En contraste con este cuadro del ideal democrático de libertad e igualdad en un pueblo gobernado por manos honradas y previsoras, ¡qué espectáculo ofrece un Estado democrático abandonado al arbitrio de la masa! La libertad, en cuanto deber moral de la persona,

Terror Rev francEn una democracia desvirtuada, la libertad degenera en tiranía – Escena del Terror durante la Revolución Francesa, hecha en nombre de la «libertad, igualdad y fraternidad»

se transforma en una pretensión tiránica de dar libre desahogo a los impulsos y a los apetitos humanos, con perjuicio de los demás. La igualdad degenera en una nivelación mecánica, en una uniformidad monocroma; el sentimiento del verdadero honor, la actividad personal, el respeto a la tradición, la dignidad, en una palabra, todo aquello que da a la vida su valor, poco a poco se hunde y desaparece. Solamente sobreviven, por una parte, las víctimas engañadas por la llamativa fascinación de la democracia, confundida ingenuamente con el propio espíritu de la democracia, con la libertad y la igualdad; y, por otra parte, los explotadores más o menos numerosos que han sabido, mediante la fuerza del dinero o de la organización, asegurarse sobre los demás una posición privilegiada o el propio poder.” [6]
En estos principios se funda gran parte de las enseñanzas enunciadas por Pío XII.
A partir de esta situación objetivamente descripta por el Pontífice, como veremos, incluso en los días de hoy, en un Estado bien ordenado —monárquico, aristocrático o democrático— les cabe a la Nobleza y a las élites tradicionales una alta e indispensable misión.

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NOTAS (síntesis)
[1] Karl MARX, Friedrich Engels, Obras (Ed. dirigida por Manuel Sacristán Luzón), Crítica
[2] Cfr. Documentos V.
[3] J. B. WEISS, Historia Universal, vol. XVII, p. 676.
[4] Es del autor la numeración que separa los párrafos.
[5] Cfr. Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y Contra-Revolución, Ed. Fernando III el Santo, pp. 38-41; Ver Apéndice II de la presente obra.
[6] Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, pp. 239-240.
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NOTA: encontrará todos los artículos anteriores de la Visión de Conjunto del libro «Nobleza y élites tradicionales análogas» haciendo click más abajo en el tag Nobleza y élites tradicionales análogas – visión de conjunto o por medio del buscador («search»)

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