La Medalla Milagrosa: devoción propia para la lucha contra el demonio en nuestros días – Plinio Corrêa de Oliveira – 27 de noviembre, festividad de la Medalla Milagrosa

27/11/2021

Santo del Dia*, 27 de noviembre de 1964

(*) Traducción al castellano de una conferencia del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira para miembros de la TFP brasileña – Texto no revisto por el autor – procesado con ayuda del traductor DeepL)  

Capilla de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, Rue du Bac, París, donde fue revelada la Medalla de Nuestra Señora de las Gracias, también conocida como la Medalla Milagrosa, por María Santísima a Santa Catalina Labouré 

 

Hoy es la fiesta de la Santísima Virgen María de la Medalla Milagrosa. En este día del año 1830, la Virgen se le apareció a Santa Catalina Labouré en París y le reveló el diseño de la Medalla Milagrosa.

Conjunto escultórico en el Santuario de la Rue du Bac

Cuando esta revelación se tornó pública, se constató que la Medalla Milagrosa fue ocasión de un número incontable de gracias de conversión de las más extraordinarias, con lo que una vez más se demostró, o se documentó, que esta devoción era altamente deseada por la Virgen. Por eso se estableció la excelente costumbre de colocar la Medalla Milagrosa en el entronque de las cuentas del Rosario. Porque el uso de la Medalla Milagrosa está envuelto en toda clase de gracias. Y esta devoción preparó poderosamente a las almas para la definición de uno de los dogmas marianos más importantes, el de la Inmaculada Concepción.

Vale, pues, la pena que analicemos la Medalla y todo lo que simboliza, para comprender lo que la Divina Providencia tenía en mente cuando favoreció con tantas gracias esta devoción que reveló a Santa Catalina Labouré.

Tenemos, en un lado de la Medalla, a la Virgen parada sobre el mundo, poniendo sus pies sobre el mundo, en afirmación de su realeza sobre toda la tierra.

Es precisamente la doctrina de la Realeza de Nuestra Señora que fue recordada en Fátima como una victoria de la Contra-Revolución: ‘el comunismo difundirá sus errores por todas partes; el Papa tendrá mucho que sufrir; la Iglesia será perseguida; por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará.’ Es decir, la Revolución será derrotada y tendremos la victoria del Corazón Inmaculado de María.

Esta doctrina de la Realeza de María se afirma de este lado: la Virgen pisando el mundo y también una serpiente; lo que es totalmente coherente, concordante, con los otros símbolos de la Medalla. Porque de este lado de la medalla está escrito: «Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Vos». Es decir, es la Inmaculada Concepción.

Pero no se trata pura y simplemente de la Inmaculada Concepción, porque hay un atributo aquí que no se encuentra en las imágenes de la Inmaculada como tal. Y es esto: las manos de la Virgen están abiertas en señal de aquiescencia, en señal de cuidado, y de sus manos emanan inmensos rayos luminosos, que son gracias y favores que por sus manos -es decir, por su acción…, a través de Ella- descienden al mundo. Y así tenemos algo que nos hace pensar en la Mediación Universal de la Virgen: todas las gracias que vienen de Dios y que, por medio de las manos de la Virgen -que son las que distribuyen las gracias de Dios en cantidades enormes -, se derraman sobre el mundo. Precisamente, la victoria sobre la Revolución tendrá lugar en el momento culminante de las vicisitudes de la Santa Iglesia y, por tanto, con el cumplimiento entero de las profecías de Fátima («por fin, mi Corazón Inmaculado triunfará»).

Es decir que tenemos aquí una serie de conceptos que se unen para dar una gran visión de la victoria de la Virgen en el mundo.

Estas gracias que descienden son para conversión de los pecadores, pero son también el castigo de los irreductibles a la gracia divina, y para protección de los que han permanecido fieles hasta el final. Y las gracias para que los fieles sigan siendo fieles. Todo esto fluye de las manos de la Virgen como de una fuente. Y Ella es afable, sonriente, acogedora con todos aquellos que, ante este conjunto de hechos, este conjunto de símbolos, de atributos, de nociones, se dirigen a Ella pidiendo confiadamente las gracias que necesitan.

El reverso de la medalla es no menos simbólico. Contiene los elementos de varias devociones que se unen. ¿Por qué? He mostrado que [en la Medalla] donde está la imagen de la Virgen, se recuerda la Inmaculada Concepción, por la jaculatoria. En este otro lado vemos doce estrellas, como en la corona de la Virgen que aplasta a la Serpiente, de la que habla el Apocalipsis. Y luego tenemos una M central, que es la M de María, el nombre de la Virgen, sobre la cual hay una cruz. Esto recuerda mucho el «Tratado de la verdadera devoción» de San Luis Ma. Grignion de Montfort, la «Carta a los amigos de la cruz» [ambos escritos por él].

Y luego las dos grandes devociones (que constituyen, en el fondo, una sola devoción): al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María, y que se encuentran debajo de esta M.

Estas son todas las gracias dadas en los tiempos modernos para la lucha contra la Revolución: la afirmación de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, el dogma de la Inmaculada Concepción que debía definirse algunas decenas de años después de la aparición de la Medalla Milagrosa; las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María, que debían impedir la Revolución en Francia; y por otra parte la obra de San Luis María Grignion de Montfort, que también se dio para impedir la Revolución. Y unas y otras devociones dadas también para combatir la Revolución y acabar con ella.

De modo que todos estos símbolos se reúnen como una especie de compendio de los temas o puntos más sensibles a la piedad católica, que más recuerdan la piedad católica, objeto natural de sus inclinaciones, de sus actos de devoción, de su confianza, y que, por tanto, deben ser vistos en este sentido por los católicos.

Ahí tienen la razón por la que esta medalla ha sido objeto de tantas gracias. Y, por ello, debemos amar mucho esta medalla, viendo en ella como un programa para nosotros. Y llevarla siempre, tenerla siempre con nosotros.

Comprendemos, de este modo, cómo la piedad católica sabe hacer bien las cosas. Porque otra espléndida devoción que los católicos han tenido siempre, desde la Edad Media, es el Rosario. Así pues, juntar esta medalla con las decenas del Rosario es una idea armoniosa, muy acertada, muy adecuada, muy razonable, y constituye todo un objeto de piedad que debe hablar mucho a nuestra alma y despertar nuestra devoción.

Pidamos a la Virgen que, por las gracias de la Medalla Milagrosa, acelere por una parte el día de su victoria. Y que, por otro lado, también, Ella nos ayude a ser fieles durante todas las tormentas que se avecinan. Porque debemos recordar bien esto: la perseverancia es una gracia impagable. En efecto, ¿de qué sirve tener fe [y otras] virtudes, si luego caemos en el pecado? Esta perseverancia no es fruto de nuestras cualidades personales, no es fruto de nada que provenga de nuestro interior. Es el fruto de la gracia, que debemos pedir con humildad, implorar con insistencia y al que debemos responder [N. el destaque en negrita es de nuestra Redacción]. Por eso debemos pedir las gracias que nos aseguran la perseverancia. Y esto es lo que debemos pedir especialmente.

Hay muchas almas a las que el demonio está llevando en las direcciones más terribles y execrables. Tal vez no todos tengan idea de cuál es la acción del diablo…, su fuerza, en este momento.

No recuerdo cuál Doctor de la Iglesia fue el que dijo que los demonios que vagan por los aires y que no han sido llevados al infierno -pero que lo serán al fin del mundo-, y que vagan para la perdición de las almas- son tan numerosos que, si se pudieran ver, oscurecerían hasta el sol, porque formarían una especie de capa alrededor de la Tierra. Y son los demonios predisponentes que actúan -como he leído en cierto autor- sobre las almas, no para llevarlas directamente a pecar, sino para crear un clima que haga luego irresistible la tentación de los otros demonios. No es [propiamente] irresistible, pero es como si fuera irresistible, abrumador. Y si el mal tiene hoy tal posibilidad de progresar es porque encuentra preparado en todas partes el clima psicológico.

Se podría preguntar si, en el decorrer de la vida espiritual, una persona es tentada a diario por el demonio; o si pasan largos días en que las tentaciones son ante todo naturales -no preternaturales-, y en los que el diablo, por ende, no actúa. Mi impresión personal (que no tiene autoridad para afirmar nada en este sentido), es que en este planteo habría ingenuidad. Y que muchas veces al día, en el transcurso de la vida espiritual, lo normal es que el diablo nos tiente. No serán tentaciones sensibles, desde luego. Pero será de un modo o de otro, una acción. También puede constituir un salto violento, -y los saltos violentos no son los más peligrosos…

Así es que debemos entender que esta Medalla, con todos estos símbolos, y recomendada por la Virgen, es una de las prendas de su alianza con sus verdaderos devotos. Es uno de los medios, una especie de escudo que Ella da para la lucha contra todas esas tentaciones del demonio. Y que esta advocación de Nuestra Señora de las Gracias, o Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, es particularmente eficaz por todo lo que Ella contiene. Y por la Inmaculada Concepción, que está aplastando la cabeza del demonio, que es particularmente eficaz en esta lucha contra el poder de las tinieblas, que tanto, ¡y tanto!, debemos llevar en estos días.

Así…, hay aquí más razones para que nos aferremos a estos símbolos, para que nos aferremos a esta Medalla, para que nos aferremos al Escapulario del Carmen…, para que nos aferremos al Rosario. Tener siempre con nosotros estos objetos de devoción como medio de acción contra el demonio. Y que ésta es una consideración que me parece particularmente importante en los dias que corren.

[…].

Santuario de la Rue du Bac – Urna con los restos de Santa Catalina Labouré

Agradecemos al site pliniocorreadeoliveira.info este maravilloso artículo 

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