Elites tradicionales: entusiasmo y honras al Coronel Nicolás Dávila, Héroe de la Independencia

15/07/2017

 

DON NICOLAS DAVILA,

HEROE DE LA INDEPENDENCIA

Prof. Elena Beatriz Brizuela y Doria

Acto cívico y patriotico  –  Nonogasta, 27 de mayo de 2017 (en la plaza, frente a la Iglesia de San Vicente Ferrer y ante la magnífica Imagen del Patrono del pueblo.)

El mismo Don Nicolás nos informa sobre su máxima proeza, luego de cruzar la Cordillera de los Andes, cuya publicación hizo su hijo Guillermo Dávila en la “Revista de Buenos Aires” (tomo XXIII, pág. 237/256). Tomamos sólo un pequeño trecho que dice así: “Mi marcha por la Quebrada del Carrizalillo fue feliz; no encontré un solo hombre en la trasnochada que hice para llegar a la ciudad. Con los primeros albores del Domingo de Carnaval, siendo 12 de febrero, llegué a los suburbios de Copiapó.

Inmediatamente, desprendí una partida de veinte infantes al mando del Teniente Don Manuel Larrahona, con la orden de desfilar por la vereda que queda al noroeste, aprovechando la sombra crepuscular y entrar resueltamente en la plaza, tomando a la bayoneta la guardia del cuartel.

El BRAVO Larrahona ejecutó fielmente la orden, sin trepidar, y al tiempo que el centinela disparaba un fusil al oír el grito: ¡Viva la patria! dado con tonante tono por aquel oficial, yo entraba con el resto de la fuerza por la otra bocacalle, los infantes desplegados en guerrilla al paso de trote  y protegidos por la caballería”. “(…) No había más fuerzas reunidas en el cuartel que 40 hombres, (…) la empresa produjo los buenos resultados de inutilizar estas fuerzas y economizar la sangre de nuestros milicianos, facilitando la entrada del grueso de la división sin disparar un solo tiro” (…).

Continúa  su informe Don Nicolás escribiendo:

“Aunque sea duro decirlo, pero no me es posible dejar de consignar aquí, el riesgo que corrió de malograr este feliz suceso, por la desidia e incomprensible demora del coronel Zelada, para seguir los pasos de mi vanguardia”.

Luego informa que el Jefe de la expedición llegó cuatro días después, acción que no califica, pero no comprende tratándose de un veterano soldado.

Y agrega: “El 16 por la mañana entró el coronel Zelada con el resto de la división en medio de los vítores y aclamaciones del pueblo, y al considerar el contingente de estos milicianos, tostados sus rostros por el cierzo helado de los Andes, diríase que no se desdecían de la gloria de sus compañeros, que habían triunfado ya a esa hora en las llanuras de Chacabuco”.

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A juzgar por el relato, podemos darnos cuenta de que don Nicolás Dávila era un hombre entero, culto, decidido, con iniciativa, valiente, que tenía don de mando y sabía lo qué tenía que hacer, como también reconocer en los otros sus valores y esfuerzos.

Cuando cruzó los Andes, tenía sólo 30 años. Un ejemplo espléndido para nuestros jóvenes.

Don Francisco Javier de Brizuela y Doria y Doña María Rosa del Moral y Andrada fueron sus padres.. Las anotaciones del año 1786 en el libro de bautismos de la Iglesia Matriz de La Rioja, dice: “(…) Yo, el cura y vicario interino Maestro Don Juan Francisco del Moral puse olio (óleo) y crisma a Nicolás que nació el día catorce de Abril, en cuio (cuyo) día por mí fue vautizado,  hijo de Don Francisco Xavier de Brizuela y de Da (Doña) Rosa del Moral. (…).” (Archivo familiar, gentileza del genealogista riojano Cdor. D. Alfredo Cabral).

Nuestro héroe tuvo la Gracia de recibir el bautismo el mismo día que nació en la ciudad de La Rioja.

Era uno de los once hijos del matrimonio, entre los que se contaban Ramón de Brizuela y Doria y Miguel Gregorio Dávila, que desempeñarían también un importante rol en la historia. Se formaron en el hogar paterno, en Sañogasta –en la casa 14, conforme al censo parroquial de 1810, de la parroquia de Chilecito. (Debo aclarar que su hermano Ramón apellidaba Brizuela y Doria por ser el sucesor en la titularidad del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta por una cláusula puesta por el fundador de esa institución; apellidaban Dávila  los sucesores -no titulares del Mayorazgo- de doña Petronila de Brizuela y Doria casada con don José María Dávila y Gutiérrez, abuelos de  estos once hermanos;  la familia, que  ininterrumpidamente mantuvo esa cláusula a lo largo de los siglos para todos los Vínculos o Señores de San Sebastián de Sañogasta, residentes en este pueblo, desde 1640 hasta la fecha).

Nicolás se casó con Doña María Vicenta Gordillo y Castro el 25 de junio de 1810. Adquirió tierras en Nonogasta, el pueblo natal de su mujer,  allí construyó su casa, su hacienda, su bodega, y una fundición de metales, y más tarde la Casa de la Moneda.

Levantó la Iglesia y trajeron con doña Vicenta, a lomo de mula cruzando la cordillera desde Copiapó, la sagrada imagen de San Vicente Ferrer. Inició una tradición religiosa que está plenamente vigente, sostenida por los devotos nonogasteños y los descendientes del fundador.

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Dice el historiador Zinny que Don Nicolás era “Comandante de Famatina” cuando el Gobernador Martínez, nombrado a fines del año anterior -1816-, le dio la orden de preparar dos escuadrones de milicias para el 15 de enero de 1817. ¡Vaya apuro! ¡Muy poco tiempo le quedaba para semejante empresa!

La entonces Capitanía de Famatina abarcaba los actuales departamentos Famatina y Chilecito, por lo tanto Nonogasta y Sañogasta formaban parte de su territorio; la aclaración es necesaria porque los historiadores dicen que “en Famatina Don Nicolás Dávila y Don Francisco Javier de Brizuela y Doria fundieron los primeros cañones argentinos, para luchar por la libertad”. Y es cierto. Pero no se trata del pueblo que hoy conocemos con ese nombre sino de la citada Capitanía que tenía sede en Anguinán; aquellos cañones fueron hechos en Sañogasta,  en la fundicion del Mayorazgo de San Sebastián.

Don Nicolás puso manos a la obra y estuvo listo para la fecha que le fue fijada. Zinny en su “Historia de los Gobernadores argentinos” dice: “120 hombres, lo más selecto de la juventud riojana, se encontraban el Capitán Miguel Dávila, hermano del Comandante, el Capitán José Benito Villafañe, el Capitán Manuel Gordillo, los Oficiales Mateo Larrahona, Noroña y muchos otros”.

También cuenta este autor que la familia paterna de Don Nicolás hizo grandes aportes de pólvora y mulas, con el mismo fin; lo consignamos porque es ilustrativo del carácter familiar y rural de muchos hechos de la época. Don Francisco Javier envió a Cuyo, al Gobernador San Martín, para el fogueo de los soldados y la preparación del ejército, “20 quintales y medio de pólvora, elaborada en su territorio” (Zinny, op.cit.,  pág. 13). El territorio del donante era Sañogasta; cuando esto ocurrió; Don Francisco Javier ya no era Teniente de Gobernador de la provincia. Más tarde, su hijo Don Ramón de Brizuela y Doria, entonces Gobernador de La Rioja, remitió 30 quintales  más. Si consideramos las dificultades y carencias de aquel momento, podemos medir la importancia de estos y otros muchos aportes para la causa de la emancipación. El General San Martín lo agradeció especialmente en una carta que se conserva en Sañogasta. Si Don Nicolás no tuvo problemas para fabricar más cañones cuando le fue menester, es porque disponía de la pólvora necesaria, de una de las pocas fábricas que había en la Argentina, en el “Bajo de la Iglesia”, aledaña a su casa paterna

La actuación política de nuestro héroe de la Independencia fue rica. En 1811 el gobierno de La Rioja debía ser ejercido por la llamada “Junta Subalterna”, que traía algunas ventajas para nuestra provincia, y don  Nicolás era uno de los tres integrantes (Bravo Tedín, “Efemérides Riojanas, Ed. Canguro, 1992, pag.20).

En 1812 era Alcalde de primer voto. En 1815 conformaba el grupo de propietarios de minas del Cerro Famatina, con familiares y amigos. Por entonces ya era  Comandante de armas en la jurisdicción que comprendía Chilecito y Famatina.

En 1816 organizó y lideró la expedición auxiliar en la campaña libertadora de San Martín a Chile, aunque su cargo fue el de Segundo Comandante. Partió de la antigua Iglesia de Santa Rita luego de oír Misa -según la tradición oral- con sus 120 milicianos locales y otros 200 traídos de Los Llanos por don Fulgencio Peñaloza que era Teniente de ese distrito; pasaron por Nonogasta y Sañogasta recogiendo avíos; cruzaron la Sierra de Sañogasta y los cerros de Aicuña por la senda habitual.

En Guandacol se les unió el Primer Comandante Zelada con doce soldados. Atravesaron campos donde se les facilitó el pastaje en las estancias pertenecientes al Mayorazgo de San Sebastián, como consigna el Cnel. Roque Lanús en la obra citada.  Resultó providencial que Don Nicolás conociera como la palma de su mano estos lugares, puesto que su padre le había responsabilizado de su administración, según lo atestiguan cartas  del archivo familiar.

Luego ocurrió lo ya dicho: la toma de Copiapó y El Huasco con el mayor éxito.

Una de las seis columnas que marcharon en la campaña libertadora a lo largo de ochocientos kilómetros sobre la Cordillera de los Andes se unió al contingente liderado por San Martín, y el día 12 de febrero de 1817 lograron su objetivo. Nicolás Dávila fue, en la misión encomendada a La Rioja, el ejecutor audaz y buen estratega, con generosidad para dar todo lo que pudo a la causa de la Independencia.

 En 1821 fue Gobernador de La Rioja, hasta 1823. Luego vinieron luchas, fracasos y sinsabores, propios de un país que trataba de erigirse como tal. Largo sería contar todas aquellas vicisitudes.

Desde años anteriores trabajaba el mineral del Famatina, en su propia callana –donde se extraía la plata pura separándola del mineral en bruto que tal vez le compraría a algún banco de rescate. Con el valioso metal fabricaba monedas, con diferentes valores e inscripciones.

Nos cuentan estudiosos investigadores de la sección numismática de Monumentos Históricos, que en su colección se encuentran, y llama mucho la atención, la delicadeza y el pulchrum de algunas monedas,  y dicen: “su cuño es excesivamente elaborado, con diseños finos y elegantes y el adorno de una o varias rosetas”. Esto nos habla del espíritu fino y delicado de nuestro héroe, quien dirigía la tarea en la Casa de la Moneda en Nonogasta.

El Dr. Joaquín V. González, su bisnieto, en “Mis montañas”, vuelca sus recuerdos de niño. Dice: “Yo he alcanzado a conocerle…; todos los bisnietos le mirábamos con ese temor que inspiraba una imagen venerada… Allí, en su casa-quinta de largos corredores… le veo todavía sentado por las tardes en su sillón de suela… empuñando un grueso bastón de membrillo… Era el patriarca que gobernaba la grey con el derecho innegable de la sangre, y con el poder temido de un carácter que no doblaron jamás los reyes, ni los déspotas de cuchillo…”. “Fue el nervio del municipio riojano cuando el Cabildo regía la ciudad… fue guerrero cuando se le mandó traspasar los Andes… fue estadista cuando hubo de regirse el pueblo por sí mismo y fue mártir cuando la barbarie criolla levantó lanzas y sables para devastar y ahogar la obra de la independencia…

Muchas veces su cuello estuvo bajo la cuchilla del bárbaro, sus pies encadenados y su hogar invadido por el fuego y el pillaje…”. “Ese patriota ignorado… fue tronco venerable… que veía crecer su prole numerosa… alimentando con su presencia el amor y la ayuda recíprocos…”.

Una espléndida descripción. (A pesar de su concepto sesgado de civilización y barbarie; la generación del gran escritor no supo valorar debidamente los preciosos elementos civilizadores de nuestra tradición cristiana, sostenida por prohombres como Don Nicolás.)

Don Nicolás Dávila, héroe de la Independencia: noventa años de vida plena y fructífera. El 20 de mayo de 1876, en Nonogasta, Dios le llamó a rendir cuentas de los talentos que le dio, de sus actos, sus luchas y sus obras.

A 200 años de su gesta cordillerana, merecidamente lo evocamos.

 NICOLAS DAVILA Y EL IDEAL DE NOBLEZA QUE PRACTICÓ CON CORAJE –  UN EJEMPLO PARA LA JUVENTUD DE HOY…

Prof. L.M. Mesquita Errea

En el solar de su Iglesia de San Vicente Ferrer, en presencia de la imagen del santo Patrono traída de Chile por el Coronel Nicolás Dávila y su esforzada mujer, venimos a honrar una de las gestas más portentosas de la historia patria. Destacamos la iniciativa de la Asociación Sanmartiniana “Capitán Nicolás Dávila”, y la valiosa adhesión de  la Municipalidad de Chilecito, Concejales y autoridades, escuelas, descendientes del prócer, vecinos, tradicional conjunto de danzas criollas y gallardos gauchos que –junto a la marcialidad de la banda del Ejército- nos traen ecos de la Expedición Auxiliadora a Copiapó.

Tales gestas honran la heroica tierra de Todos los Santos, a esta que don Joaquín llamó poéticamente “aldea señorial de Nonogasta”, donde Nicolás fundó su hogar; a Sañogasta, donde se crió en la casa solariega del Mayorazgo de San Sebastián, de tanta gravitación histórica.  Son glorias riojanas, sanmartinianas, que ondean como una divisa en las cumbres nevadas donde señorea el cóndor,  proclamando “tu espíritu noble y tu amor a Dios”.

Nobleza y amor a Dios de hondo arraigo, que  nacieron ya con la fundación de las primeras ciudades, a partir de la más antigua, Santiago del Estero, valiente “Madre de Ciudades” al amparo del Apóstol Caballero.

De allí vino a este suelo, abriendo y surcando sendas y caminos “nunca antes recorridos”, con miles de caballos, mulares y todo tipo de hacienda el ilustre Gobernador del Tucumán (1ª Gobernación de la Argentina fundacional) don Juan Ramírez de Velasco, con su contingente de esperanzados pobladores y fogosos sacerdotes –a los que pronto se sumaría nada menos que San Francisco Solano, el milagroso Apóstol de América, autor del Tinkunaco… Vino a este suelo el fundador de Todos los Santos de la Nueva Rioja, ciudad cuyo nombre es todo un programa y una promesa que da el sentido más profundo a nuestra historia.

Nacimos y continuamos bajo el signo de la Cruz, como lo declara la primera proclama de la I Junta de Gobierno, manifestando que su fin, en el marco de mayo de 1810,  era conservar nuestra Religión Santa y observar las leyes que nos rigen. Siguiendo este rumbo, el pueblo argentino, alcanzando su madurez, fue preparándose para la gran gesta de la Emancipación, que hoy, con firme adhesión a esas bases inconmovibles,  evocamos honrando, agradecidos,  a San Martín, a nuestro héroe Nicolás Dávila,  y a todos los guerreros de la Expedición Auxiliar, y a quienes con generosa dedicación la hicieron posible.

Así, después de evocar las grandes realizaciones del Coronel Dávila, digamos una palabra sobre el grandioso ideal de nobleza y amor a Dios.

Leemos en la Historia de La Rioja de Armando Bazán y en numerosos autores que Nicolás Dávila, su hermano, el valiente General Miguel Dávila, expedicionario a Chile (muerto por soldados de Quiroga después de herirlo a Facundo de un lanzazo en combate mano a mano defendiendo la legitimidad institucional); el hermano mayor, Ramón de Brizuela y Doria (muerto defendiendo la provincia contra la invasión del “fraile” Aldao) –el gobernador de pulso firme de la primera autonomía de esta Provincia nacida orgánicamente en el Cabildo riojano, que mereció por sus aportes una expresiva carta de San Martín; tales hombres formaban un conjunto familiar pujante y de gran influencia. Era encabezado por su padre, Don Francisco Xavier de Brizuela y Doria, Señor del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta, notable patriota, militar y gobernante en cuyas estancias pastaron los caballos y mulas de la Expedición Auxiliar a Chile, como vimos.

Esta unión familiar digna de un poema épico es algo natural en una sociedad católica como la nuestra, un ejemplo de la misión perenne que le cabe, conforme lo enseña el magisterio pontificio, a las familias históricas fieles a la voluntad de Dios y a la tradición cristiana.

Nos basamos en la documentada obra sobre el tema “Nobleza y élites tradicionales análogas – en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana”, del gran pensador y hombre de acción iberoamericano Plinio Corrêa de Oliveira. El renombrado autor católico analiza el papel de las clases dirigentes o élites tradicionales en preservar la tradición y ser así factor de progreso; es  una misión perenne en perfecta compatibilidad con una verdadera democracia. El verdadero concepto de Tradición –demuestra- va mucho más allá que honrar determinados ritos o vestimentas pues, lejos de ser una manifestación de filial nostalgia, es la sabiduría forjada en el pasado que debe guiar el presente; a tal punto que –enseña Pío XII- el progreso sin la tradición se transforma en un peligroso salto a la oscuridad y aún en barbarie organizada.

¿Cómo define el magisterio pontificio a esas élites tradicionales a las que les cabe tan alta misión en pro del bien de toda la sociedad?  “… es la comunidad de las familias que ponen por tradición todas sus energías al servicio del Estado, su Gobierno y su Administración, y con cuya fidelidad puede éste contar en todo momento” (obra cit., Cap. V, Elites, orden natural, familia y tradición).    “Magnífica definición –dice el autor- de la esencia de la Nobleza, que recuerda las grandes estirpes de descubridores, colonizadores y agricultores que construyeron el progreso de las Américas y, manteniéndose fieles a sus tradiciones, constituyen la preciosa riqueza moral de las sociedades en que viven.”

De ahí podemos inferir cómo era esa misión en tiempos del Coronel Dávila y cómo es en cualquier circunstancia semejante. Las siguientes palabras caracterizan esa honrosa y generosa misión del miembro fiel a ese llamado:

Para vencer los gravísimos obstáculos que se oponen al perfecto cumplimiento de su deber, debe ser hombre de valor, espera el Vicario de Cristo:

“Por eso, lo que de vosotros esperamos es, antes que nada, una fortaleza de ánimo que ni las más duras pruebas consigan abatir; una fortaleza de ánimo que no solamente os convierta en perfectos soldados de Cristo para con vosotros mismos, sino también, por así decir, en animadores y sustentadores de quienes se sientan tentados de dudar o ceder.

“Lo que esperamos de vosotros, en segundo lugar, es una prontitud para la acción, que no se atemorice ni desanime en previsión de ninguno de los sacrificios hoy exigidos por el bien común [que]… os preserven de caer en un‘abstencionismo’ apático e inerte, que sería gravemente culpable en una época en la que están en juego los más vitales intereses de la religión y de la patria.

“Lo que esperamos, por fin, de vosotros es una generosa adhesión (…) al precepto fundamental de la doctrina y de la vida cristiana (…)” (cfr. Cap. V, Elites, orden natural, familia y tradición).

Fortaleza de ánimo –prontitud para la acción – generosa adhesión a los preceptos católicos, elementos tan necesarios en todos los tiempos, y no menos en el nuestro… Nicolás Dávila dio sobradas pruebas de tenerlos… Que su ejemplo fructifique en nuestros jóvenes y en toda la sociedad siguiendo los pasos que hoy evocamos con agradecimiento y esperanza.

Oraciones por el alma del Cnel. Nicolás Dávila, los expedicionarios de la gesta de Copiapó y los benefactores que hicieron posible la Expedición Auxiliar y el cruce de los Andes

  • En el mausoleo en que descansan sus restos (Mon. Hist. Nac.), en Nonogasta,

al toque marcial del clarín se leyeron las siguientes palabras:  “Ser romano significa ser fuerte en el obrar, pero también en el soportar.

“Ser cristiano significa ir al encuentro de las penas y de las pruebas, de los deberes y necesidades de los tiempos, con aquel coraje, con aquella fortaleza y serenidad de espíritu de quien bebe en el manantial de las eternas esperanzas el antídoto contra todo humano desaliento. (Pío XII, cfr. “Nobleza y élites tradicionales análogas”, cit.)

Salve Regina – 3 Avemarías

Gloria Patri

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LECCIONES DE ESPIRITU EPICO

En el marco del bicentenario de la gesta cordillerana del Coronel Dávila, tan expresiva del espíritu de sacrificio heroico presente en las mejores páginas de nuestra historia, el conocido jinete y domador Alfredo Gutiérrez -secundado por su hijo Ricardo- reunió a sus hijos y nietos y niños amigos (entre los 5 y los 12 años) para una improvisada representación de la Expedición Auxiliar a Chile. La inocencia de los niños -estimulada por su sentido de lo maravilloso-, su sentido patriótico y la baquía del jinete sañogasteño hicieron que el desfile tuviera toda la compenetración de que los niños son capaces cuando se sienten motivados y bien conducidos. Una historiadora venida de La Rioja, admirada, exclamó: “Si esto se hiciera en otras partes, cómo sería diferente nuestra juventud!” Pidamos a Dios por intermedio de la Ssma. Virgen de la Candelaria y San Sebastián, Patronos de Sañogasta, que esta promisoria señal abra un futuro acorde a nuestras raíces y bendiga esta acción educadora.

 

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BOLETIN “EL ALFEREZ”

Fundado en 1990

Sañogasta – La Rioja

Nº 2/17 –Junio-Julio  de 2017

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