El ideal cristiano de la Caballería

02/08/2016

Ante la persecución y cristianofobia que el Islamismo radical y otras fuerzas anticristianas vienen practicando, es oportuno recordar en qué consiste el ideal perenne de la caballería, que nació en la Edad Media,  y los deberes de un caballero católico, con las lógicas adaptaciones que corresponden a los tiempos actuales

 

“En defensa de la paz y el orden verdaderos, el caballero empuña las armas, dispuesto a correr todos los riesgos por amor a Dios, el bien, la patria, la Cristiandad…”

¿Qué es la caballería? Ante todo, un ideal, dice León Gautier en su obra “La Chevalerie”, basada en el estudio de los cantares de gesta francos. “Es la forma cristiana de la condición militar. El Caballero, es el soldado cristiano”.

Nació del anhelo medieval de “la paz de Cristo en el reino de Cristo”, que San Agustín definió genialmente como “la tranquilidad en el orden”. En defensa de la paz y el orden verdaderos, el caballero empuña las armas, dispuesto a correr todos los riesgos por amor a Dios, el bien, la patria, la Cristiandad.

El fin de la caballería es extender las fronteras del reino de Dios, y sus leyes comprenden estos mandamientos:

Amar a Dios y practicar su ley

No retroceder

Combatir con denuedo a los enemigos de la Fe

Ser paladín del Derecho y el Bien y protector de los desvalidos,

 

Supone el heroísmo de toda una existencia y el deseo del Cielo.

El aire que se respiraba en la Edad Media,  era la veneración y ternura  por la Persona divina y humana de Cristo, sus obras y milagros, pues se entregó por nosotros, nos dio su nombre y por El nos llamamos cristianos.

“En todas las circunstancias de la vida, acariciando a sus hijos en la gran sala del castillo, o en pleno combate, elevan su pensamiento hacia el Dios que hizo el cielo y el rocío, que nació de la Virgen y se dejó clavar en santa cruz por nosotros” (ibid.). ¡Bella y poética formulación!

Continuadores de la tradición caballeresca en nuestro suelo, los vecinos feudatarios que fundaron y sostuvieron heroicamente las primeras ciudades de la Argentina temprana y de las naciones hispanoamericanas tenían una concepción católica de la vida que dejó huellas profundas en los héroes de la patria –muchos de ellos ignorados, lamentablemente.

Luchar contra el infiel era la misión fundamental del caballero, a los cantares de gesta presentan como capaz hasta de volver de la otra vida para cumplirla: “Si estuviéramos en el paraíso, bajaríamos de nuevo para combatir los sarracenos”. Sta Teresita esta niña tiene el cielo en los ojos

Fotografía de Santa Teresita en su infancia: “esta niña tiene el cielo en los ojos”, decía su madre. Su dulzura e inocencia se armonizaban con su combatividad por el bien.

Ideas semejantes de heroísmo por la Fe se encuentran, en tiempos modernos –para sorpresa de algunos…-, en los escritos de Santa Teresita de Lisieux, Doctora de la Iglesia, que lamentaba morir en una cama y no en un campo de batalla en las cruzadas, y hablaba con entusiasmo de la felicidad de guerrear contra los herejes (cf. “Ultimas conversaciones”).

Pues las almas dotadas de espíritu de gesta (“no he venido a traer la paz sino la espada…”) comprenden el peso de los peligros que amenazan la Cristiandad, que los caballeros defendían contra el peligro del Islam y las herejías que, como la de los cátaros, socavaban todo el orden moral y familiar; … a costa de ingentes sacrificios como estar separados de la familia,  el castillo y  el terruño.

 Corononacion_Carlomagno

El Papa corona a Carlomagno Emperador del Sacro Imperio en la Navidad del año 800, modelo de gobernante y de guerrero católico

 

A la cabeza del reino cristiano se encontraban legendarios reyes a los que la Providencia  concedía gracias especiales para guiar a su pueblo (ver ejemplos de enseñanzas pontificias en este sentido, relativas a reyes y nobles, particularmente en los capítulos V, VI y VII de Nobleza y élites tradicionales análogas).

El primer rey franco bautizado aparece en los poemas épicos coronado por ángeles que le cantan, de parte de Dios: tú serás mi lugarteniente sobre la tierra y harás triunfar la Justicia y la Ley. De este modo veían todas las camadas sociales la misión de un gobernante católico, ajena a todo absolutismo monárquico…o democrático. Así, enseñaron los Papas,  el reino cristianísimo fue “coronado por la mano del propio Dios de prerrogativas y gracias extraordinarias”.

Elogios semejantes podrían hacerse, proporcionadamente, de todas las naciones cristianas, forjadas por esforzados hombres de Dios, como San Gregorio Magno y San Bonifacio, y gobernadas por reyes santos y caballeros como San Fernando de Castilla, San Luis Rey de Francia y San Enrique, Sacro Emperador de Alemania. 

Hernán Cortés caballo blanco

Hernán Cortés, a pesar de sus defectos, tenía grandeza y espíritu de gesta, y, mal que pese a sus enemigos, la Crónica de Díaz del Castillo muestra episodios de increíble coraje por la Fe, y afán apostólico exponiendo su vida. Era un gran señor católico…

En la Iberoamérica del Descubrimiento y la Conquista es a Isabel la Católica a quien se le debe que las naciones americanas nacieran cristianas, como enseñó el Papa Juan Pablo II. La que galopaba distancias increíbles para combatir infieles y asegurar la paz del reino. La solícita protectora de sus vasallos indígenas y de todos los necesitados, nobles y plebeyos…

EM Castillo Saumur y labriegos

Procurando “el reino de Dios y su justicia”, “lo demás” se daba por añadidura. Como en la “dulce Francia” pintada por la Chanson de Roland, “tierra incomparable, valiente, encantadora, abundante en bosques, ríos y prados, doncellas y bellas damas, buenos vinos y caballeros temidos”.

Las cruzadas eran conocidas como “gesta de Dios por los francos”, pues entonces, por obra de la Iglesia, “la Caballería ya estaba formada cuando el Beato Papa Urbano II precipitó todo el Occidente cristiano sobre ese Oriente donde el sepulcro de Cristo estaba en manos de los infieles…”. Como “francos” se entendía no sólo los franceses sino también los que fueran vasallos del Imperio carolingio (N. de la R.: puede verse en este sitio la serie de artículos sobre Carlos Martel, Pipino el Breve y el gran Carlomagno).

Roland, en la leyenda de los doce pares de su tío, el emperador Carlomagno, fue el perfecto héroe del cantar de gesta, mientras que Godofredo de Bouillon lo fue de la historia. Este era capaz de cortar en dos un camello con su espada, por la fuerza que le daba la virtud de la pureza. Era pintoresca la escena, repetida muchas veces, de jeques árabes que iban a visitarlo para ver con sus propios ojos ese prodigio del jefe cruzado.

El mandamiento de no retroceder fortalecía al caballero, convencido de que: “más vale morir que ser llamado cobarde”. Si un solo cobarde puede descorazonar un ejército, el auténtico caballero se complace en el combate cuerpo a cuerpo, y en dar buenos lanzazos.

Cuando un caballero se degradaba, se volvía indigno de montar a caballo, por lo que se le cortaban las espuelas cerca del talón. Había traicionado el alto deber contenido en una “gran fórmula luminosa”: “Recuerda, caballero, que debes ser el defensor del Orden y el que castiga la injusticia”.

                                                 *     *     *

Los guerreros católicos encarnaron el ideal de Caballería, cuya belleza se expresaba en magníficas armas, estandartes y caballos. Pero lo fundamental era su amor al bien y rechazo al mal, y la heroica dedicación al orden basado en los principios del Evangelio y el magisterio tradicional de los Papas.

Todo católico debe tener al menos algo del ideal perenne de Caballería para defender lo que resta de civilización cristiana y hacer lo posible por su restauración, en un mundo cada vez más trabajado por la revolución cultural, el hedonismo y la falta de ideales. Para no hablar de la agresión del mahometanismo y de todas las fuerzas afines que trabajan para destruir ese legado sagrado. Puede constituir una vocación específica para quienes sienten el llamado de consagrarse a esa causa.

Con ayuda de la Virgen, que en Fátima prometió el triunfo de su Inmaculado Corazón, el orden católico volverá a tener plena vigencia, para bien de la humanidad y gloria de Dios.  Como lo expresó Santa Juana de Arco, que libró a Francia del dominio de los ingleses: “los hombres combatirán y Dios dará la victoria”.

 

  1. Reacción dirigida también contra los adversarios de hoy

Conviene añadir que la Contra-Revolución, así vista, no es ni puede ser un movimiento en las nubes, que combata fantasmas. Ella tiene que ser la Contra-Revolución del siglo XX, hecha contra la Revolución como hoy en concreto ésta existe y, por lo tanto, contra las pasiones revolucionarias como hoy crepitan, contra las ideas revolucionarias como hoy se formulan, los ambientes revolucionarios como hoy se presentan, el arte y la cultura revolucionarios como hoy son, las corrientes y los hombres que, en cualquier nivel, son actualmente los fautores más activos de la Revolución. La Contra-Revolución no es, pues, una mera retrospección de los maleficios de la Revolución en el pasado, sino un esfuerzo para cortarle el camino en el presente.

 ( “Revolución y Contra-Revolución”, de Plinio Corrêa de Oliveira, ed. argentina, parte II La Contrarrevolución, cap. I, 3).

 

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