Sumario de la Conclusión final: En el clímax de la crisis religiosa, moral e ideológica del mundo actual: un momento propicio para la acción de la Nobleza y las élites tradicionales – Nota 14 bis

10/07/2016

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Sumario de la CONCLUSION: En el clímax de la crisis religiosa, moral e ideológica del mundo actual: un momento propicio para la acción de la Nobleza y las élites tradicionales – Visión de conjunto II,  nota 14 bis

El presente sumario corresponde a la nota 14 de la visión de conjunto, que el lector podrá encontrar heciando click en el siguiente link:

 

CONCLUSION: En el clímax de la crisis religiosa, moral e ideológica del mundo actual: un momento propicio para la acción de la Nobleza y las élites tradicionales – Visión de conjunto (14)

Llegamos en esta entrada al término final de una segunda etapa: brindar un sumario de Nobleza y élites tradicionales análogas – en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana.

Con la capacidad de entender los acontecimientos con penetración y sabiduría católicas, que aún sus adversarios ideológicos le reconocen, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995) traza -con más de 20 años de antecedencia-  un cuadro de la situación del mundo contemporáneo que en sus líneas generales conserva impresionante actualidad.

Ante el conjunto de crisis que se abate sobre la humanidad, expresa: desde el fondo de este horizonte suciamente confuso y torvo una voz, capaz de despertar la más alentadora confianza se hace oír: “Por fin, mi inmaculado Corazón triunfará.” 

«Hay, por tanto, razones para esperar. ¿Esperar qué? La ayuda de la Providencia para todo trabajo ejecutado con clarividencia, rigor y método para alejar del mundo las amenazas que, como otras tantas espadas de Damocles, cuelgan sobre los hombres.

Fiel eco de las enseñanzas pontificias, puntualiza la misión especial —y primada— que les corresponde en las actuales circunstancias a la Nobleza y a las élites tradicionales de nuestros días: «Si se entregan por entero a ella, es seguro que quienes hoy las componen y, más tarde sus descendientes, quedarán algún día sorprendidos con la amplitud de los resultados que habrán obtenido para sus respectivos países, para todo el género humano, para la Santa Iglesia Católica, sobre todo».

Nota: podrá consultar el original  completo de Nobleza y Elites tradicionales análogas haciendo click en el siguiente link:

http://www.pliniocorreadeoliveira.info/LN_Espanha/Volume%20I/LN_ES_Cap_00_0_Indice.htm

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A pesar de la estupenda vitalidad que los pueblos europeos han mostrado tras dos guerras mundiales, la recuperación exigió de ellos mucho tiempo y esfuerzo.

Cuando Pío XII pronunció sus catorce alocuciones al Patriciado y a la Nobleza romana(*), se llevaba a cabo la reconstrucción económica de Europa, y el desvelo paterno del Pontífice le llevó a hacer múltiples referencias a esa situación crítica.

En la década siguiente, se operaron los famosos “milagros económicos” (alemán, italiano), el florecimiento económico de España y Portugal, etc.

Con este impulso de prosperidad —al cual entonaba en 1965 la constitución conciliar Gaudium et Spes un himno de salutación y júbilo— el cuadro general de Europa se modificó sensiblemente.

La Historia dirá cuál fue el papel de la Nobleza y élites tradicionales en este resurgimiento y valorar la repercusión de las notables directrices de Pío XII.

Nos parece que este papel fue considerable, aunque proporcionado  en cada país a los medios de acción de la aristocracia y respectivas élites.

Cuando en 1989 la Rusia soviética y los demás países del Este europeo comenzaron a tornar patente la trágica extensión del fracaso a que les había arrastrado la dictadura del proletariado y el capitalismo de Estado, las naciones occidentales movilizaron para ayudarles enormes sumas… cuya restitución no se debe esperar que ocurra. Las grandes naciones democráticas, enriquecidas por la iniciativa privada, dejaban ver implícitamente el contraste para ellas triunfal entre el Oeste y el Este.

Cuánto se engañarían quienes imaginasen que, por efecto de la prosperidad, las crisis heredadas y agravadas por nuevos factores estaban resueltas.

Las fatuas tesis de que la prosperidad es el principal sustentáculo del orden y del bienestar, y la pobreza la causa principal de las crisis que atraviesan se desmiente ante lo sucedido en la Europa de la posguerra.

En 1968, cuando el proceso de reflorecimiento del Viejo Continente estaba avanzado, estalló la terrible crisis de la Sorbona. Revelaba la presencia entre la juventud de una torrencial influencia de filosofías tenidas como manifestaciones de extravagancia de ambientes de la cultura y el jet-set.

La extensión del “fenómeno Sorbona” a la juventud vanguardista del mundo, demostró la profundidad de la fisura. El deterioro de las costumbres, deplorado por Pío XII, encontró en esa atmósfera de riqueza y extravagancia un ambiente tan propicio que la crisis moral y cultural de Occidente ha llegado a crearle una situación más grave que la de las crisis anteriores, preponderantemente económicas; y el crecimiento de la prosperidad ha podido ser apuntado como importante factor en el trágico agravamiento de la crisis moral. [1]

Esta situación se ha visto acentuada por la crisis de gravedad sin precedentes que atraviesa la Iglesia Católica, columna y fundamento de la moralidad y el buen orden en las sociedades. [2]

Se han sumado dos importantes acontecimientos: la guerra del Golfo y la victoriosa oposición de los pueblos bálticos —entre los que se destaca por su gloriosa resistencia el heroico pueblo lituano— a favor de su independencia. Su importancia no puede ser subestimada, ya que puso en juego principios fundamentales de la moral y el orden internacionales, y despertó en los pueblos una justa y enfática conmoción, como lo demuestra la entusiasta recogida de firmas de las Sociedades de defensa de la TFP en 26 países, que alcanzó la impresionante cifra de 5.212.580 adhesiones. [3]

                                    *     *     *

En el momento en que este trabajo llega a su término, graves incógnitas rodean a la humanidad. La situación mundial bosquejada por Pío XII ha sido alterada principalmente por el hecho de que los problemas económicos de Occidente se han visto atenuados por los referidos “milagros”; pero dos grandes crisis se han venido acentuando continuamente: la crisis interna de lo que fue el imperio de más allá del Telón de Acero; y la crisis —también interna— de la Iglesia Católica; crisis dolorosa, que se relaciona con aquello que tienen de más esencial los problemas aquí tratados, sobre la cual nos abstenemos de extendernos, pues su gravedad y amplitud exigirían una obra aparte, de muchos volúmenes…

En cuanto a la primera, sus grandes rasgos son bien conocidos. En el momento en que escribimos (N.d.l. R.: 1992), las naciones que constituían la URSS se encuentran disgregadas; las fricciones entre ellas se van acentuando, agravadas notoriamente porque algunas poseen medios para desencadenar una guerra atómica.

No es improbable que, una vez desencadenada una situación bélica en el interior de la ex URSS, ésta venga a envolver a las más importantes naciones de Occidente, lo que, a su vez, podría acarrear consecuencias de envergadura apocalíptica. Una de ellas podría fácilmente ser la migración hacia Europa Central y Occidental de poblaciones enteras acosadas por el miedo a los riesgos de la guerra y el hambre, tan urgente en la actualidad. Esta migración podría revestir un carácter imprevisiblemente grave.

¿Cuáles serían los efectos de ese éxodo sobre naciones como las del Mar Báltico, hasta hace poco bajo el yugo comunista? ¿Y sobre Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria, de las cuales sería muy arriesgado afirmar que ya han escapado totalmente del yugo comunista?

Para completar este cuadro sería necesario tomar en consideración la posible reacción del Magreb ante una Europa Occidental puesta ante problemas de tal magnitud; y tener en cuenta las circunstancias específicas del África Septentrional y la profunda influencia ejercida por la inmensa oleada fundamentalista que recorre los pueblos del Islam.

¿Quién puede predecir hasta dónde este conjunto de tramas conducirá al mundo, especialmente al mundo cristiano?

Hasta el momento, éste aún no está envuelto en el triple drama de las invasiones del Este —que se anuncian pacíficas—, de las probablemente menos pacíficas de más allá del Mediterráneo, y de una eventual conflagración mundial. No obstante, ya se vislumbra el funesto final del largo proceso revolucionario, cuya línea general se ha procurado resumir en el último capítulo de este trabajo.

Pese a haber encontrado en su camino innumerables obstáculos, tal ha sido —a partir de la confluencia histórica en la cual la Edad Media declina y muere, el Renacimiento surge en sus alegres triunfos iniciales, la revolución religiosa del protestantismo comienza a fomentar y preparar de lejos la Revolución Francesa, y muy de lejos la Rusa de 1917…— el carácter inflexible de la andadura victoriosa de dicho proceso, que se diría invencible la fuerza que lo ha movido y definitivos los resultados alcanzados por él.

“Definitivos” parecerán esos resultados si no se hace un análisis atento de la índole de ese proceso.

A primera vista, parece eminentemente constructivo, pues levantó sucesivamente tres edificios: la pseudo-Reforma protestante, la república liberal-democrática y la república socialista soviética. Sin embargo, su verdadera índole es esencialmente destructiva: él es la destrucción; él derribó a la tambaleante Edad Media, al desvaído Antiguo Régimen, al apopléjico mundo burgués, frenético y perturbado; bajo su presión se encuentra en ruinas la ex URSS, siniestra, misteriosa, podrida como una fruta que ha caído hace tiempo del árbol.

¿No es verdad que son ruinas los mojones que señalan la trayectoria de este proceso? Y, de la más reciente, ¿qué está resultando sino la exhalación de una confusión general que promete a cada momento catástrofes inminentes, contradictorias entre sí, que se deshacen en el aire antes de precipitarse sobre los mortales y, al hacerlo, generan la perspectiva de nuevas catástrofes aún más inminentes, más contradictorias, las cuales quizá se desvanecerán, a su vez, para dar origen a nuevos monstruos, o quizá se convertirán en realidades atroces, como la migración de hordas enteras eslavas del Este hacia el Oeste, o la de hordas mahometanas avanzando desde el Sur hacia el Norte?

¿Quién lo sabe? ¿Quién sabe si esto ocurrirá? ¿Quién sabe si ocurrirá sólo (!) esto? ¿Si no habrá aún algo más y peor?

El cuadro es, sin duda, desalentador para todos los hombres que no tienen Fe; por el contrario, para quienes la tienen, desde el fondo de este horizonte suciamente confuso y torvo una voz, capaz de despertar la más alentadora confianza se hace oír: “Por fin, mi inmaculado Corazón triunfará.” [4]

¿Qué confianza podemos depositar en ella? Nuestra respuesta, dada por Ella misma, cabe en una sola frase: “Soy del Cielo” [5]

Hay, por tanto, razones para esperar. ¿Esperar qué? La ayuda de la Providencia para todo trabajo ejecutado con clarividencia, rigor y método para alejar del mundo las amenazas que, como otras tantas espadas de Damocles, cuelgan sobre los hombres.

Es necesario, pues, orar, confiar en la Providencia y actuar; y para que esta acción se desarrolle es de la mayor conveniencia recordar a la Nobleza y a las élites análogas la misión especial —y primada— que les corresponde en las actuales circunstancias.

Quiera la Virgen de Fátima, patrona singular de este agitado mundo contemporáneo, ayudar a la Nobleza y a las élites congéneres a tomar en la debida consideración las sabias enseñanzas que les dejó Pío XII. Estas les señalan una tarea que el Papa Benedicto XV calificó expresivamente como “sacerdocio” de la Nobleza. [6] Si se entregan por entero a ella, es seguro que quienes hoy las componen y, más tarde sus descendientes, quedarán algún día sorprendidos con la amplitud de los resultados que habrán obtenido para sus respectivos países, para todo el género humano, para la Santa Iglesia Católica, sobre todo.

NOTAS

[1] En el libro España: Anestesiada sin percibido, amordazada sin quererlo, extraviada sin saberlo —La obra del PSOE, publicado por la TFP española (Editorial Fernando III El Santo, Madrid, 1988, pp. 109-113) se describe el fenómeno tal y como ocurrió en España. Resúmenes de esta obra fueron editados en varios idiomas por las sociedades de defensa de la TFP de los cinco continentes -para consultarlos entrar en el site www.pliniocorreadeoliveira.info

[2] Cfr. Capítulo I, 4.

[3] Una delegación compuesta por once miembros de las diversas sociedades de defensa de la TFP y presidida por el Dr. Caio V. Xavier da Silveira, director del bureau-TFP de París, estuvo en Vilna, capital de Lituania, para entregar personalmente el día 4 de diciembre de 1990 al presidente Vytautas Landsbergis los microfilmes de esa monumental recogida de firmas. La delegación se dirigió a continuación a Moscú, donde entregó, el día 11 de diciembre, en la oficina de Mijail Gorbachov en el Kremlin, una carta en la que se afirmaba: “En nombre de más de cinco millones de firmantes, queremos pedirle formalmente que elimine todos los obstáculos que impiden que Lituania adquiera su total independencia; acción ante la cual la opinión pública mundial y la Historia se mostrarán reconocidas”.

[4] Palabras de Nuestra Señora en Fátima, durante la aparición del 13 de julio de 1917 (Memórias da Irmã Lúcia, Postulação, Fátima, 3ª ed., 1978, p. 150).

[5] Ibídem, p. 146.

[6] Cfr. Capítulo VII, 8, d.

 (*) N. de la R.: pronunciadas en las siguientes fechas: 8 de enero de 1940, 5 de enero de 1941, 5 de enero de 1942, 11 de enero de 1943, 19 de enero de 1944, 14 de enero de 1945, 16 de enero de 1946, 8 de enero de 1947, 14 de enero de 1948, 15 de enero de 1949, 12 de enero de 1950, 11 de enero de 1951, 14 de enero de  1952 y 9 de enero 1958.

 

 

 

 

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