LA CONTRA-REVOLUCION en ARGENTINA: OPOSICION TERMINANTE A LA MATANZA DE LOS INOCENTES

29/12/2020

Los discípulos del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en Argentina queremos manifestar nuestro absoluto repudio a la tentativa de implantar el crimen nefando del aborto en nuestra patria. Imploramos al Niño Dios recién nacido, por manos de la Virgen de Luján, Reina y Patrona de nuestra patria, que no permita esta ofensa que, de consumarse, atraerá terribles males.

Rogamos a nuestros Senadores que escuchen la voz del pueblo argentino que los votó, mayoritariamente católico y provida

El aborto es un asunto primariamente religioso, porque el mayor agredido es Dios:

“Entonces dirán también éstos [los de la izquierda]: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.’ E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna” (Mt 25, 40-41)

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El aborto no es apenas un asunto de ética humana anterior a cualquier religión. El aborto es primariamente la violación del quinto mandamiento de la Ley de Dios: “No matarás” (Ex 20, 13; Dt 5, 17).

“La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2258)

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Es injusto alquilar un sicario y eliminar una vida humana para solucionar un problema. Por eso el Concilio Vaticano II dice que “el aborto y el infanticidio son crímenes abominables” (Gaudium et spes, n. 51).

Pero todavía más injusto es negar los derechos de Dios creador que hizo al hombre a su imagen y semejanza: “Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado” (Jr 1, 5).

El homicidio directo y voluntario es, por lo tanto, un pecado que clama al cielo por venganza (Gn, 4,10)

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Invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, la identidad cristiana de la Argentina asienta en el derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida, un elemento constitutivo de nuestra sociedad y su legislación.

El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2273).

Despenalizar el aborto significa un regreso a la barbarie y a las prácticas eugénicas del Nazismo y del Comunismo.

“¡Ay de los que promulgan decretos inicuos!”, amenazó el profeta Isaías (Is 10, 1)

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San Agustín enseña que las naciones, no pudiendo ser recompensadas ni castigadas en la otra vida, reciben aquí mismo el premio de sus buenas acciones y el castigo por sus crímenes.

Si la fidelidad a la Ley de Dios atrae para un pueblo la protección y el favor divinos, un pecado supremo como el aborto atrae sobre él un castigo supremo en este mundo.

¡Ay de ti, Argentina! si desprecias las maravillas que obró el Señor y llegas a merecer la maldición de Nuestro Salvador: “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!”, “Y tú, Cafarnaúm  ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! (…) el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti” (Mt 11, 21,23,24).

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Excluir a Dios de los asuntos terrenos, so pretexto de laicidad del Estado, no hace que Él deje de existir ni que su Ley deje de vigorar.

El Mandamiento que ordena “No matarás” obliga a todos los individuos y a todos los Estados, y vale siempre y en todo lugar.

Una ley que sancione el aborto provocado es inicua y los ciudadanos tienen la obligación de no obedecerla en conciencia, porque “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29).

La cooperación en los abortos legalizados es gravemente inmoral. El Estado no tiene autoridad para obligar a los médicos y demás sanitarios, ni a ningún funcionario, a esa cooperación, a la que en conciencia deben negarse. Un mandato del Poder público en este sentido sería radicalmente nulo.

La aprobación del aborto provocado introduciría en Argentina un conflicto religioso y amenazaría la paz social.

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“No es lícito cooperar ni a la elaboración ni a la promulgación ni a la puesta en práctica de una ley que va claramente contra las normas primarias de la moral humana. (…)

“El Código de Derecho, en el canon 1.398, establece para toda la Iglesia: «Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae» (es decir, por el hecho mismo de cometer el delito). (…)

“Los católicos que favorecen el aborto en puestos de autoridad y de función pública, en la medida en que cooperan a la realización de un aborto concreto y efectivo, incurren evidentemente en la misma excomunión. A veces, no se podrá determinar si la acción de las autoridades recae en un aborto concreto y efectivo, o se queda en el fomento de posibilidades y facilidades generales. En este caso, será dudosa la excomunión; pero no es dudosa su tremenda responsabilidad moral, ordinariamente mayor que la de los ejecutores, ni es dudoso que merecen reprobación pública y penas espirituales, aunque no se contraigan automáticamente. (…)

“Los que han implantado la ley del aborto son autores conscientes y contumaces de lo que el Papa califica de «gravísima violación del orden moral», con toda su carga de nocividad y de escándalo social. Vean los católicos implicados si les alcanza el canon 915, que excluye de la Comunión a los que persisten en «manifiesto pecado grave»” (Mons. José Guerra Campos, Obispo de Cuenca, España, 13/07/1985).

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Hay que señalar la responsabilidad de quienes rechazan como absolutamente inmoral el aborto y la desprotección de sus víctimas, pero han contribuido o contribuyen todavía a que los culpables de ese crimen se apoyen en votos católicos.

“¿Qué se ha hecho, en determinados ambientes eclesiásticos, de las tan cacareadas «denuncia profética», «voz de los que no tienen voz», «conciencia crítica de la socie­dad»? ¿Dónde está Juan Bautista diciendo a los poderosos: «No te es licito»? Los profetas, ¿se nos han vuelto de pronto complacientes cortesanos?” (Mons. José Guerra Campos, Obispo de Cuenca, España, 13/07/1985).

 

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Despenalizar el aborto es pretender determinar el bien y el mal, vieja rebelión contra Dios Nuestro Señor de hacerse “como dioses”. Y es el pecado que tienta a los tiranos. Virgen Madre de Lujan guárdanos de legisladores paganos!

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La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el bien común y emplea medios moralmente lícitos. Si proclamase leyes injustas o tomase medidas contrarias al orden moral, como admitir el aborto, no pueden obligar en conciencia. Y la propia autoridad se desmorona

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LA IMPOSICION DEL ABORTO A UN PAIS QUE NO LO QUIERE

30 de diciembre de 2020

El aborto impuesto en Argentina por el Gobierno y el Senado… Una decisión siniestra y anticatólica, que tendrá graves consecuencias para nuestro país.
¡Quién lo hubiera pensado, con un Papa argentino!
Pero la acogida al Presidente abortista Fernández en su visita al Vaticano, su comunión sacrílega, el cierre del Seminario de San Rafael, el elogio (en AICA) del autodemoledor pacto de las catacumbas por el recientemente nombrado Arzobispo coadjutor de San Juan, Mons. Lozano, los elogios del Presidente de la CEA, Mons. Ojea, al abortista Biden y al agitador izquierdista Grabois (ver entrevista a Fontevecchia, en AICA), la adoración de la Pachamama en el Vaticano, y otras medidas acordes, lo preanunciaban.
Una tragedia que favorecerá la aprobación del aborto en otros países del continente y amenaza a la Argentina con el castigo divino.
Pero la lucha continúa y el católico fiel no debe desesperar sino luchar por “la paz de Cristo en el Reino de Cristo, la civilización cristiana, austera y jerárquica, fundamentalmente sacral, antiigualitaria y antiliberal” (Plinio Corrêa de Oliveira, ” Revolución y Contra-Revolución).
Que la Virgen de Fátima, que advirtió contra estos horrores, y la Virgen de Luján, Reina y Patrona de la Argentina, nos ayude a revertir, con su poder soberano, esta derrota para que en nuestra patria reine efectivamente Cristo Rey.
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