Una batalla trascendental se libra en Argentina

10/11/2018

UNA BATALLA TRASCENDENTAL

Miguel Beccar Varela*

Una batalla trascendental se libra en la Argentina. Es la lucha del pueblo argentino católico contra las leyes del aborto y de la “educación sexual integral”. Es una lucha entre el cielo y el infierno.

En una carta que envió al cardenal Caffarra: escribió la hermana Lucía, que “llegaría el tiempo de una ‘lucha final’ entre el Señor y Satanás. Y que el terreno de esta lucha sería el matrimonio y la familia. Agregaba ella que todos los que se encontrasen envueltos en este combate en favor del matrimonio y de la familia, serían perseguidos, pero que no debían temer, porque la Virgen ya había aplastado la cabeza de la serpiente infernal”[1].

En el campo enemigo de la Ley de Dios… Es la masa manipulada, intentando imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo. Es la pretensión tiránica de dar libre desahogo a los impulsos y a los apetitos humanos con perjuicio del bien común. (Cfr. Pío XII, “Pueblo y masa”, en Radiomensaje de Navidad, 1944)

Entre sus filas vemos banderas del PC, y de toda especie de organizaciones de izquierda radical.

El fanatismo de sus adeptos está bien representado:

– en la pancarta faja que enarbolaba una manifestación feminista en España, que decía: “¡Al infierno sí, a la cárcel no!”.

– en las fotos, salidas en diarios, de mujeres haciendo ceremonias de brujería en la calle (Bs. As.), para que la ley fuera aprobada;

  

– en la recolección de firmas en Bs. As. (y otras ciudades), después del rechazo de la ley por el Senado, de gente que declara apostatar de la Iglesia Católica;

– en la presión de potencias financieras y políticas del mundo exigiendo que sea legalizado el aborto, la ONU, el FMI, la Comunidad Europea.

En las filas del anti-aborto, está ese pueblo argentino católico – lo contrario de una masa inerte – que salió en grandes multitudes a las calles del país exigiendo el rechazo de la ley del aborto.

Dentro de ese cuadro tremendo, se destaca la buena noticia que anticipamos:

El Senado de la Nación rechazó la ley del aborto. Un triunfo de Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Argentina.

Fue una inspiración acertada llamar el acontecimiento la “ola celeste”. El público argentino reaccionó con una fuerza inesperada en estos días de confusión y caos.

Por este feliz acontecimiento, nuestro país se ha visto preservado de un enorme pecado.

Todos los comentarios señalan que fue “un movimiento de base”. El público reaccionó con fuerza. Sobre todo, con fe en Dios.

El espectáculo de esas multitudes anti-aborto fue emocionante y bello. Había un imponderable de gloria, de viril afirmación de la honra de un pueblo enfrentando al vicio y el crimen.

Fue un momento extraordinario de gracia para la Argentina en cuanto país mayoritariamente católico.

Se diría que la Ssma. Virgen, Reina de la Historia, puso su mano en el corazón de todos esos argentinos, para moverlos a levantarse en defensa de Ella.

En momentos en que los ojos del mundo entero estaban puestos sobre nosotros. Los diarios de Europa, América  del Norte y del Sur noticiaban con gran destaque las etapas de esa lucha.

La movilización de la opinión pública en todo el país – y fuera de él – contra la ley de aborto, fue un magnífico acto de Fe.

Hacía décadas que no se veía algo así en nuestro país. Fue cuando hubo la quema de las iglesias en Buenos Aires. Multitudes se volcaron a las calles proclamando y cantando: “A Dios queremos!” Y “¡Cristo Jesús, en Ti la patria espera…”

Algo de maravilloso parecía renacer en esas almas que se volcaban a las calles.

La interpretación “oficial” de lo que ocurrió, no reconocerá jamás que fue un acto de fe infalible en la enseñanza infalible de la Iglesia con respecto al 5º Mandamiento: “No matarás”. Era el “sensus fidelium”, el sentido de la fe de un pueblo católico que afirmaba con certeza infalible las enseñanzas infalibles de la Iglesia católica.

Y la Argentina, en esa hora, hizo un gesto que la honró sumamente. Porque defendió su dignidad de país católico.

Esos argentinos percibieron un absoluto que estaba siendo atacado y se levantaron en su defensa.

Ese absoluto es la Ley de Dios atacada en la inocencia de los niños: la Revolución anticristiana teme la fuerza de impacto de la inocencia.

– ‘¡Ay de quien escandalice a uno de estos pequeñitos que creen en mí! más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar’ (Mt 18, 6; cf. 1 Co 8, 10-13).

– “Guardáos de menospreciar uno solo de estos pequeños, porque Yo os digo que sus ángeles en el cielo están siempre contemplando la Faz de mi Padre de los Cielos” (Mateo, 18, 10).

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La lucha no ha terminado, no pueden los católicos dormirse sobre los laureles de una batalla ganada.

“La honra es combativa”, so pena de acabar cediendo ante el enemigo; y la victoria sobre el aborto fue apenas una victoria en un combate dentro de una guerra que es mucho más amplia.

Si el espíritu de lucha no continúa vivo, el aborto acabará imponiéndose con leyes cada vez más radicales. Y también otros proyectos igualmente pésimos: es el peligro que constituye hoy la abominable ley de educación sexual que impone la “ideología de género”.

El proyecto de la ESI avanza como si no hubiese habido el inmenso movimiento de la opinión pública contra la ley del aborto.

Vemos con esperanza que la opinión católica comienza a movilizarse contra la ESI. Porque hoy, la “Educación Sexual Integral” es también una verdadera masacre como la del aborto, que la Revolución realiza en la Argentina y en el mundo. ¿Qué especie de masacre? La de la inocencia de los niños.

Sin una oposición firme y militante, esas leyes acabarán imponiéndose porque, siendo el permisivismo moral hoy la corriente dominante en la sociedad, todo lleva en la dirección de la causa abortista y de la educación sexual que corrompe a la infancia.

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El demonio odia y teme la inocencia. … Que es el esplendor de la verdad y de la bondad en el alma inocente. Dice Sta. Teresita en su “Historia de un alma”, que cuando era una niña (4-5 años) vio en un sueño a unos demonios bailando sobre unos tachos en el depósito del jardín de su casa en Buissonets. Esos demonios, cuenta, huyeron espantados cuando la vieron. Ella concluye: “…un alma en estado de gracia nada tiene que temer de los demonios, que son cobardes, capaces de huir ante la mirada de una niña” (“Historia de un alma”)

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Sin duda, cada persona es responsable delante de Dios por los pecados que comete: “hice el mal en tu presencia, y mi pecado está siempre delante de mi” (Slm. 51). Cada pecado de aborto no es propiamente un pecado de un grupo o de una comunidad.

Pero se dice “pecado social” por causa de la misteriosa solidaridad que existe entre los hombres, por donde los actos – virtuosos o malos – repercuten de alguna manera en los demás. Por causa de esta influencia, los hombres acaban aceptando libremente lo que les sugiere, y hasta les impone, el ambiente. Algunos, dentro de esos ambientes, no querrían sujetarse a las normas, pero es tal la presión, que ceden.

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En Fátima, en 1917, la Virgen se apareció a tres pastorcitos: “era una Señora toda vestida de blanco, más brillante que el sol, que difundía una luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina atravesado por los rayos del sol más ardiente… su rostro era indescriptiblemente bello…”

Esa Señora dijo: “soy del Cielo y no os hago mal”

Les dijo que vendría a ese lugar seis veces y “después – dijo – volveré aquí aún una séptima vez”.

Ella les transmitió un Mensaje para el mundo entero. En la segunda Aparición, les mostró un Corazón, rodeado de espinas que se clavaban en él: “era su Corazón ultrajado por los pecados de la humanidad y que pedía reparación”.

En la tercera Aparición, donde hubo la visión del infierno, Ella   previó terribles castigos, “si el mundo no se arrepiente, Dios va a castigar al mundo por sus crímenes”.

Quiero resaltar que la Virgen habla de pecados “del mundo”, de “la humanidad”, y no de pecados individuales.

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¡Ay de aquellos que dictan leyes injustas y ponen por escrito los decretos de la maldad”. (Isaías, 10)

Comentando la profecía de Isaías anunciando la destrucción del reino de Israel por Dios, que culmina en esta frase terrible del título, el padre Augustín Lehmann, explica cómo llegó al pueblo de Israel a ofender cada vez más terriblemente a Dios:

“Es así que mueren las naciones: no de una manera precipitada o repentina, sino gradualmente y como por etapas, por causa de las iniquidades del pueblo. Este reaccionó con orgullo ante las advertencias de Dios; desconoció Su soberanía, y el pecado del pueblo se hizo general, como el fuego que incendia toda una floresta a partir de un foco localizado”.

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[1] https://fratresinunum.com/2016/06/10/cardeal-caffarra-irma-lucia-escreveu-que-chegaria-o-tempo-de-uma-luta-final-e-que-o-terreno-desta-luta-seria-o-matrimonio-e-a-familia/

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(*) El autor es médico, se dedicó a la Contra-Revolución desde la juventud uniéndose a las filas de la Sociedad Argentina de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, inspirada en el ejemplo del ilustre pensador católico Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Fue durante años asesor del Dr. Corrêa de Oliveira -fundador del lema TFP –  Tradición-Familia-Propiedad, la mayor familia de entidades católicas que luchan contra la Revolución Igualitaria en el mundo- en asuntos de interés polémico como la Revolución Cultural freudo-marxista, que pretendía que la castidad católica arruina la vida de la juventud. Participó en Colombia de la formación y fundación de la TFP de aquel país. Es entusiasta de San Buenaventura y de la escuela victorina, donde encuentra las razones más altas que fundamentan la Contra-Revolución católica, junto con el tomismo.

 

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