“Os corresponde contribuir a la salvación de la convivencia humana como excelentes colaboradores de la Iglesia, Ciudad de Dios” – Rincón de la Conversación

14/03/2018

 

 

¿POR QUE HABLAR DE ARISTOCRACIA?

Guillermo, un amigo y colega en la dura y noble tarea de la Docencia, después de recorrer las “Clarinadas” y otras secciones del Boletín, y un adelanto que me pasó la Redacción sobre el actual Apéndice a desarrollar, ARISTOCRACIA, me dice en un mail:

está muy interesante, actualidades internacionales en temas centrales, como el apoyo a los católicos chinos perseguidos por el régimen comunista,  meditaciones para Semana Santa,  defensa de nuestra identidad, propuestas de “Regreso al Orden”, tradiciones de los pueblos, denuncia de los ataques contra la familia y la vida, escenas de la Cristiandad en América, etc.

Lo que no me cierra del todo es hablar de aristocracia. Me suena a apología de una clase privilegiada, a algo más propio de las monarquías y los países europeos, a cosa del pasado que no afina con la democracia, que es nuestro sistema de vida. ¿Podrías explicarme un poco el sentido y la oportunidad del tema?

Con mucho gusto, Guillermo!

Tomemos un aspecto del tema de élites dirigentes a la luz de la doctrina católica; presentaremos, en este Apéndice IV de Nobleza y élites tradicionales análogas, el trabajo de una comisión de catequesis que elaboró una Enciclopedia de temas para tratar en homilías, dirigida por el Cardenal español Herrera Oria, que fue Obispo de Málaga. (¡Qué tiempos: homilías  católicas sobre la misión de las clases dirigentes tradicionales!)

Apunta al bien de la sociedad de un punto de vista católico, que es el nuestro. Y recogiendo las enseñanzas del magisterio tradicional de la Iglesia, explica qué es una verdadera aristocracia y el bien que hace a una sociedad, en nuestros días -que puede ser democrática, aristocrática o monárquica.

El Cardenal da todas las razones que lo llevan a decir que una sociedad no puede llamarse perfecta si no existe en ella la institución de la aristocracia.

Por perfecta entiende, con Santo Tomás, “lo que alcanza su fin”. Y explica que esa aristocracia genuina apunta a prestar al pueblo el mayor servicio:

“Aristócratas son los mejores”, de acuerdo al sentido etimológico de la palabra aristocracia, que  “lleva embebida en sí la idea de perfección…, de virtud”.

… “la aristocracia (digna de ese nombre, fiel a su misión) tiene hábitos virtuosos” por los cuales sobresale.
Son virtudes fundamentales de ella “la perfección moral y el amor al pueblo“.

Esto es algo del sentido filosófico de aristocracia. Veamos ahora el sentido teológico:

“La Teología (dice el Cardenal) arroja torrentes de luz sobre este concepto de aristocracia… y pone fundamentos sólidos al derecho público cristiano.”
“Aristocracia es perfección. El aspirar a la perfección es un deber del cristiano:
‘Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto’ (Mt. 5,48).

Este es un breve pantallazo del inicio del Apéndice IV. Sobre la oportunidad de hacerlo, los hechos hablan por sí mismos:

Cuando oyes a locutores, políticos o dirigentes que degradan la cultura y la educación del pueblo con sus palabrotas y malos ejemplos; cuando los medios de comunicación promocionan estilos de vida inmorales y paganos, que endiosan a deportistas o artistas de moda, a los que hacen opinar sobre las cuestiones más complejas como si fueran sabios griegos o premios nobel, creando la apariencia de una (pseudo-) clase dirigente, que es o quiere pasar por un jet-set; cuando te enteras de la ferocidad de algunas hinchadas, la brutalidad y ensañamiento de los crímenes que se cometen a cualquier hora y en todo lugar, la inconsciencia de modernos homicidas o suicidas al volante, que creyéndose héroes de serie televisiva matan gente en las calles como en un juego; cuando ves a legisladores que tratan de justificar e imponer aberraciones legales contra la familia y  la vida…

…te das cuenta que la sociedad necesita un cambio profundo para bien, o corremos peligro de hundirnos en el caos. Y esto es urgente. ¿No te parece?

Y esa transformación sólo puede lograrse si contamos, en primer lugar con la ayuda de Dios, y luego, entre otros elementos fundamentales, con una verdadera clase dirigente.

En la informalidad de estas notas, te agrego algunos puntos:

Cuando los Papas como Pío XII (antes y después del Concilio – por ejemplo también Juan XXIII y Paulo VI), hablaron de Nobleza y de  élites tradicionales, no hicieron la apología de una clase social sino recordaron que en la sociedad, de acuerdo a los planes de Dios, debe haber en todos los sectores sociales dirigentes auténticos, que deben ser los más capaces, los más honestos, los más dedicados, los que tienen más sentido de los problemas que nos aquejan y que están dispuestos a sacrificarse para combatirlos.

Nuestra historia fue marcada por figuras nobles y patricias como San Francisco Solano, cuya madre era conocida como “la hidalga” en su Montilla natal, el ilustre vecino prominente y sacerdote mártir de Jujuy, Pedro Ortiz de Zárate, la esforzada Beata María Antonia de Paz y Figueroa, que mantuvo viva la obra de la expulsada Compañía de Jesús, San Martín en su gran gesta cordillerana, Güemes, que murió defendiendo el suelo patrio, el Presidente mártir García Moreno, que consagró Ecuador al Sagrado Corazón, increpando a los sicarios con su “¡Dios no muere!”…, y tantos otros.

Evocando la experiencia histórica, enseña el magisterio tradicional  que los países progresan cuando esos elementos destacados forman élites en todos los campos y niveles, que se articulan para el bien común. Así brilló como ninguna la civilización cristiana, y lo hará mucho más cuando se concrete –tal vez cuando menos lo esperemos- el triunfo del Inmaculado Corazón prometido en Fátima.

Entre esos dirigentes que tiene que haber para que la sociedad sea “perfecta” (alcance su fin propio) deben contarse con destaque elementos de la aristocracia, que deben hacer el “luminoso apostolado” de ser guías, siendo “excelentes en todo”.

Hablándole a la Nobleza romana y con sentido universal les dijo también Pío XII:

“Una élite bien podéis serlo. Tenéis tradiciones que representan valores fundamentales para la vida sana de un pueblo.

“Convencidos de que sólo la Fe católica puede solucionar la crisis actual, tomad a pecho abrirle camino”

Describiendo la situación contemporánea como “una sociedad inmoral o amoral que ya no distingue entre el  bien y mal” advierte que… “está camino de su ruina”. Lo dice en general a todos los católicos, y en particular a los miembros de las clases dirigentes tradicionales:

“os corresponde contribuir a la salvación de la convivencia humana”, como “excelentes colaboradores de la Iglesia, Ciudad de Dios” que, “aun en medio de las agitaciones y conflictos, no cesa de promover el progreso espiritual de los pueblos”.

En esa línea, un lado especialmente admirable de la misión de la aristocracia es su llamado a buscar la perfección en todo, y de impulsar al cuerpo social hacia arriba.

Esa búsqueda de perfección lleva a las personas y familias a mejorar en todos los campos, lo que empuja al conjunto al verdadero progreso, en contraste con el estancamiento causado por la barbarie y los sistemas anticatólicos como el comunismo y el “socialismo del Siglo XXI”, cuyos lamentables efectos vemos en Cuba, Venezuela y todos los lugares donde el despotismo igualitario se impone. Tengamos cuidado pues desgraciadamente hay en nuestra sociedad quienes quieren llevarnos en esa dirección…

Encontrarás desarrolladas estas ideas en la magistral obra del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira  “Nobleza y élites tradicionales análogas –en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana”, tema central de este Boletín.

Termino con un pensamiento del autor del libro,  que no por nada fue llamado por el historiador Roberto de Mattei, en su biografía, “El Cruzado del Siglo XX”: Nada ennoblece más a una persona que practicar fielmente la Fe católica”.

En la crisis ante todo moral en que nos encontramos, atacados por una Revolución Cultural que quiere arrasar la familia y destruir la inocencia de nuestros jóvenes -con apoyos insospechables- es necesario que Argentina y todas las naciones de Iberoamérica sean fieles a su llamado de ser “continente de la esperanza”.

Hacen falta para ello personas que quieran sacrificarse para ser dirigentes en su ambiente esforzándose por buscar lo mejor. Que los miembros de las familias fieles a la tradición, especialmente las élites, asuman su responsabilidad y no sean, como advierte Pío XII, “desertores”.  Es hora de luchar, de sacrificarse, con todos los medios legítimos.

Espero tus comentarios.

Que tengas una bendecida Semana Santa con tu familia y, para el domingo 1º , que se acerca, muy felices Pascuas de Resurrección.

 

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