Horizontes proféticos : el Reino de María que vendrá

20/05/2017

 

En el centenario de las apariciones de la Ssma. Virgen presentamos un tema esencialmente conectado con el Mensaje de Fátima:  las analogías entre el Tratado de la Verdadera Devoción, de San Luis Ma. Grignion de Montfort, y Revolución y Contrarrevolución, de Plinio Corrêa de Oliveira, cuyo punto central -nos parece- reside en el rol de la Ssma. Virgen en la derrota de la Revolución anticristiana y el Reino de María que vendrá. Lo hacemos en estas tres notas:

♦CLARINADA PROFÉTICA DE SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT: EL REINO DE MARÍA QUE VENDRÁ

♦♦CON ACENTOS DE FUEGO Y REACCION, LA PREDICA CONTRARREVOLUCIONARIA DE SAN LUIS MARIA

♦♦♦SAN LUIS MARIA DE MONTFORT Y EL ROL DE LA SSMA. VIRGEN EN LA LUCHA CONTRA LA REVOLUCION ANTICRISTIANA

Introducción

El 13 de mayo se cumplieron 100 años de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima a los tres pastorcitos en Cova de Iria, Portugal. A lo largo de sus seis apariciones -a las que debe seguir una 7ª…-, la Ssma. Virgen trazó un cuadro de la crisis contemporánea en el que sobresalen dos hechos trágicos íntimamente conectados: la gravedad de la situación moral familiar y social de la humanidad, y la difusión de los “errores de Rusia”  -que la Revolución bolchevique confirmó trágicamente apenas meses después, con la implantación violenta del régimen comunista, ateo, inmoral, perseguidor de la religión, la familia y la propiedad, y negador de todas las libertades legítimas y mandamientos de la ley de Dios. Realidad que constituye una inmensa ofensa a la Justicia divina ante la cual la Reina del Cielo vino a pedir reparación y conversión

El horizonte de las Profecías de Fátima se relaciona íntimamente con esas dos obras capitales de gran repercusión en los medios católicos serios: el “Tratado de la Verdadera Devoción”, de San Luis María Grignion de Montfort, y “Revolución y Contra-Revolución”, del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.

San Luis María Grignion de Montfort predijo en pleno siglo de Luis XIV el cataclismo que se avecinaba con la Revolución Francesa, antecesora de la Revolución comunista,  mientras combatía sus causas con su apostolado, que florecería más tarde en la reacción católica y monárquica de la Vendée.  Sobre todo profetizó el Reino de María, una era marial que llevará a su auge la Cristiandad en la que surgirán, como frutos escogidos de la esclavitud mariana por él enseñada, los “Apóstoles de los Ultimos Tiempos”, combatientes irreductibles contra el demonio y sus secuaces que sobrepasarán en santidad a la mayoría de los santos anteriores “como los cedros del Líbano exceden a los simples arbustos”.

Comentando a pedido de sus discípulos las analogías entre el “Tratado de la Verdadera Devoción a la Ssma. Virgen”, de San Luis María,  y su magistral ensayo “Revolución y Contra-Revolución”, el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira, en su Introducción a la edición argentina de la obra, brinda con clarividencia una visión profunda del fenómeno revolucionario y de cómo combatirlo, de gran provecho para quienes deseen oponerse a la Revolucion  eficazmente.

Y explicitando las verdades  contenidas en las profecías de Ntra. Sra. de Fátima, anticipadas en puntos esenciales por las de San Luis María de Montfort, Plinio Corrêa de Oliveira demuestra cómo la Revolución igualitaria mundial será destruida por la Virgen por medio de una espectacular victoria que abrirá a la humanidad el Reino de María.

En homenaje al hito histórico del centenario de Fátima, que nos acerca a esa victoria total de Nuestra Señora, tan anhelada y necesaria, presentamos los artículos comenzando por el que trata de su rol, según la doctrina católica, en la derrota de los enemigos de la Fe y el triunfo de su Inmaculado Corazón.

CLARINADA PROFÉTICA de SAN LUIS MARÍA GRIGNION de MONTFORT: EL REINO de MARÍA que VENDRÁ

Los grandiosos horizontes  comentados en los artículos que siguen a continuación, llevan a plantear ítems cuya importancia no puede subestimar ninguna persona interesada en el triunfo del bien en estos tiempos:

  • La Realeza de Nuestra Señora

  • El régimen marial de gobierno del universo

  • El rol que la Iglesia le atribuye en la derrota de los enemigos de la Fe

  • Los frutos de la esclavitud mariana en las almas y en la sociedad

  • Cómo será la victoria que inaugurará el Reino de María por él anunciado

En su introducción a Revolución y Contra-Revolución, Plinio Corrêa de Oliveira aborda estas supremas cuestiones(1). Nos valemos de sus comentarios para presentar brevemente algunos trazos recomendando la lectura del original.

“La consideración de este soberano poder de Nuestra Señora nos aproxima a la idea de la Realeza de María”. Aunque sumisa en todo a la voluntad de Dios, implica un auténtico poder de gobierno personal.

En su papel de Reina del Universo, su misericordia maternal llega al extremo.  Dios la puso en ese puesto para gobernarlo teniendo en vista especialmente al pobre género humano decaído y pecador, como regio instrumento del Amor divino.

 “Hay, pues, un régimen verdaderamente marial en el gobierno del Universo.”

Veremos en las notas siguientes que los enormes fautores de la Revolución anticristiana y de la Contra-Revolución –el demonio y la gracia, respectivamente- dependen, por voluntad divina, del imperio y dominio de la Ssma. Virgen. En ese sentido, depende de Ella la duración de la Revolución y la victoria de la Contra-Revolución.

A veces interviene directamente en los acontecimientos,  como lo hizo en Lepanto. ¡Cuán numerosos son los hechos en que quedó clara su intervención! Vemos así hasta qué punto es efectiva su Realeza.

La Iglesia le canta: “Tú sola exterminaste las herejías en el mundo entero”. “Eso equivale a decir que Ella dirige la Historia, porque quien dirige el exterminio de las herejías, dirige el triunfo de la ortodoxia, y al dirigir una y otra, dirige la Historia en lo que tiene de más medular”.

Por el contrario, cuando disminuye la devoción a la Medianera de todas las gracias, los pueblos quedan como un monte seco que cualquier chispa puede incendiar, como ocurrió en la Revolución Francesa.

Estas -y otras- consideraciones sacadas de la enseñanza de la Iglesia abren perspectivas para el Reino de María, una era histórica de Fe y de virtud que será inaugurada con una victoria espectacular de Nuestra Señora sobre la Revolución.

En esa era, el demonio será expulsado y volverá a los antros infernales, y Nuestra Señora reinará sobre la humanidad por medio de las instituciones que para eso escogió.

San Luis Grignion de Montfort es un profeta que anuncia esa venida: “¿Cuándo vendrá ese diluvio de fuego del puro amor que debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los propios judíos se abrasarán en él y se convertirán?” (cfr. “Oración Abrasada”, in Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort, Ed. BAC, pág. 600).

Ese diluvio que lavará la humanidad inaugurará el Reino del Espíritu Santo, que él identifica con el Reino de María, una era de florecimiento de la Iglesia como hasta entonces nunca hubo. Afirma que “el Altísimo con su Santísima Madre, deben formarse grandes Santos que sobrepujarán en santidad la mayoría de los otros Santos, como los cedros del Líbano exceden a los pequeños arbustos” (cfr. Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort, ibid., pág. 464).

Considerando los grandes Santos que la Iglesia ya produjo, quedamos deslumbrados con la envergadura de los que surgirán al aliento de Nuestra Señora. Nada es más razonable que imaginar un crecimiento enorme de la santidad en una era histórica en la cual la actuación de Nuestra Señora aumente también prodigiosamente.

Podemos, pues, decir que San Luis María Grignion de Montfort, sobre todo con su autoridad de santo canonizado por la Iglesia, da peso y consistencia a las esperanzas que brillan en muchas revelaciones particulares, de que vendrá una época en la cual Nuestra Señora verdaderamente triunfará.

Aunque la Realeza de Nuestra Señora tenga una soberana eficacia en toda la vida de la Iglesia y de la sociedad temporal, se realiza en primer lugar en el interior de las almas; del santuario interior de cada alma, es desde donde se refleja en la vida religiosa y civil de los pueblos considerados como un todo.

El Reino de María será, pues, una época en que la unión de las almas con Nuestra Señora alcanzará una intensidad sin precedentes en la Historia. ¿Cuál es la forma de esa unión en cierto sentido suprema? No conocemos medio más perfecto que la sagrada esclavitud a Nuestra Señora.

Considerando que Ella es el camino por el cual Dios vino a los hombres y éstos van a Dios, y la Realeza universal de María, nuestro Santo recomienda que el devoto de la Virgen se consagre a Ella enteramente como esclavo. Esa consagración es de una radicalidad admirable. Abarca  los bienes materiales del hombre, el mérito de sus buenas obras y oraciones, su vida, su cuerpo y su alma. Es sin límites porque el esclavo por definición nada tiene de propio.

A cambio de esa consagración, Nuestra Señora actúa en el interior de su esclavo de modo maravilloso, estableciendo con él una unión inefable.

Los frutos de esa unión se verán en los Apóstoles de los Ultimos Tiempos, cuyo perfil moral es trazado a fuego por el Santo en su famosa “Oración Abrasada”. Los varones portentosos que lucharán contra el demonio por el Reino de María, conduciendo gloriosamente hasta el fin de los tiempos la lucha contra el demonio, el mundo y la carne, son descriptos por San Luis como magníficos modelos que invitan a la perfecta esclavitud a Nuestra Señora a quienes, en los tenebrosos días de hoy, luchan en las filas de la Contra-Revolución.

Queda así esbozado un camino glorioso para quienes quieran combatir eficazmente por el triunfo de la Ssma. Virgen, la Santa Iglesia y la civilización cristiana.

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NOTA

(1) “Revolución y Contra-Revolución”, edición on line, Introducción a la edición argentina. Tradición, Familia, Propiedad, 1992.

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 CON ACENTOS DE FUEGO Y REACCION, LA PREDICA CONTRARREVOLUCIONARIA DE SAN LUIS MARIA GRIGNION de MONTFORT

Cuando en 1789 la creciente lo arrastraba todo, y los ‘imprevisores’ lloraban, huían o morían, sólo chocó contra un obstáculo. Fue la Chouannerie, flor caballeresca y santa, nacida del apostolado de San Luis María Grignion de Montfort… (Plinio Corrêa de Oliveira)

Comencemos por evocar la prédica de San Luis María de Montfort en las aldeas, ciudades, bosques y valles de la Francia del Antiguo Régimen. Pues fue, esencialmente, un apóstol de poblaciones rurales,  que se levantaron en defensa del Reino Cristianísimo,  amenazadas por la Revolución Francesa, etapa exponencial de la Revolución gnóstica e igualitaria que llega a su auge en nuestros días.

Su palabra no se limitaba a enseñar las verdades de la Fe en términos genéricos sino que estaba adaptada estratégicamente a combatir los males del momento con enseñanzas oportunas. De ahí su repercusión y sorprendente actualidad…, pues los errores que generaron la Revolución Francesa están en la médula de los males actuales.

Su “aggiornamento” –su “puesta al día”- no tenía nada en común con la tendencia progresista a buscar a toda costa un consenso relativista que caiga bien al enemigo. Capaz del diálogo afable y atrayente, San Luis María no perdía de vista el papel de los pecados y la influencia del espíritu de las tinieblas en la inmensa lucha movida por la impiedad contra la Iglesia y la Civilización Cristiana. Su diagnóstico de los problemas nunca olvidaba esos elementos. Lejos de ciertos progresistas, no pensaba que polemizar con los enemigos del orden católico fuese siempre un error y un pecado contra la caridad.

La sociedad francesa estaba gravemente enferma. Dos tipos de psicologías eran las predominantes: los laxos y los rigoristas. Los laxos llevaban una vida de sensualidad y desenfreno que conducía a la disolución,  al escepticismo y a la pérdida de la Fe; y los rigoristas estaban imbuidos de un moralismo jansenista, calvinista y sombrío, contrario también a la Fe, que conducía a la desesperación y a la rebelión.

Mundanismo y jansenismo eran dos polos que ejercían una nefasta atracción, aún en los ambientes y personas considerados mejores. Como suele pasar con los extremos del error, ambos llevaban a un mismo resultado. Nada más normal que la coligación de los errores extremos y contrarios frente al apóstol que predicaba la doctrina católica auténtica, dice Plinio Corrêa de Oliveira(1), y así el odio de las dos corrientes cayó sobre el Apóstol de la Verdad.  Al mismo tiempo, sus sermones sacudían las almas y movían a la contrición y al entusiasmo, y las personas liberadas de esa carga moral y espiritual destruían objetos y libros infames y degradantes en memorables actos de fe públicos.

Su obra de regeneración moral tenía un sentido fundamentalmente sobrenatural y piadoso. Estaba centrada en Jesucristo crucificado, sus llagas sacratísimas, los Dolores de María, y promovió la erección de un gran Calvario en Pont-Château (en la zona de Morbihan, célebre por sus guerreros contra-revolucionarios chouans), que sería el punto de convergencia del movimiento espiritual suscitado por él(2).

Pues en la Cruz veía nuestro Santo la fuente de una superior sabiduría, que enseña al hombre a ver y amar en las cosas creadas manifestaciones y símbolos de Dios; a poner la Fe por encima de la razón orgullosa; la Fe y la lógica por sobre la rebelión de los sentidos;  y la moral sobre la voluntad desordenada. Asimismo, lo espiritual por encima de lo material, lo eterno por sobre lo contingente y transitorio.

Su prédica, ajena a todo calvinismo, era suavizada por una tiernísima devoción a la Ssma. Virgen. Puede decirse que nadie Ilevó más alto que él la devoción a la Madre de Misericordia. Nuestra Señora, Mediadora necesaria -por elección divina- entre Jesucristo y los hombres, fue el objeto de su continua admiración amorosa, el tema que suscitó sus meditaciones más profundas y originales, inspiradamente geniales. En torno de la Mediación Universal de María -hoy verdad de Fe- construyó toda una mariología que es el mayor monumento de todos los siglos a la Virgen Madre de Dios.

En otro artículo veremos la persecución que se levantó contra él y cómo se reveló su espíritu de profecía. Y la reacción surgida en la Vendée al explotar la Revolución Francesa:

“Cuando en 1789 la creciente lo arrastraba todo, y los ‘imprevisores’ lloraban, transigían, huían o morían, sólo chocó contra un obstáculo. Fue la Chouannerie, flor caballeresca y santa, nacida del apostolado de San Luis María Grignion de Montfort. Son los premios de quienes saben prever” (3).

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NOTAS

(1) “Revolución y Contra-Revolución”, edición on line, Introducción a la edición argentina. Tradición, Familia, Propiedad, 1992.

(2) Louis Le Crom, Montfortain, “Un Apôtre marial”, Saint Louis-Marie Grignion de Montfort (1673-1716), Calvaire Montfort, Pont-Château, Loire-Inférieure, Francia, 1942

Marie-Claire et François Gousseau, “St Louis-Marie”, Ed. M.A.M.E., Francia, 1963

Marcel Lidove, “Les Vendéens de 93”, Ed. Le temps qui court, Franca, 1971

 (3) Plinio Corrêa de Oliveira, “El Reino de María, realización de un mundo mejor”, Catolicismo nº 55, julio de 1955).

 

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SAN LUIS MARIA DE MONTFORT Y EL ROL DE LA SSMA. VIRGEN EN LA LUCHA CONTRA LA REVOLUCION ANTICRISTIANA

Al calor de su prédica vigorosa contra laxos escépticos y amargos rigoristas, San Luis María Grignion de Montfort escribió la Carta Circular a los Amigos de la Cruz, el Tratado de la Divina Sabiduría y el Tratado de la Verdadera Devoción, “trilogía admirable, toda de oro y de fuego, de la cual se destaca, como obra maestra entre las obras maestras, el Tratado de la Verdadera Devoción (1)

Acción de tal envergadura se hizo sentir en el campo enemigo y así nuestro Santo fue un gran perseguido. “Un vendaval furioso, movido por los mundanos, por los escépticos enfurecidos ante tanta Fe y tanta austeridad, y por los jansenistas indignados ante una devoción insigne a Nuestra Señora, de la cual dimanaba una suavidad inefable, se irguió contra su prédica. De ahí se originó un torbellino que levantó contra él, por así decir, a toda Francia” (Plinio Corrêa de Oliveira, Introd a Revolución y Contra-Revolución para la ed. argentina, cfr. nota 1). Autoridades eclesiásticas mandaban interrumpir sus ‘autos de fe’ contra la inmoralidad… El Rey Sol mandaba demoler su Calvario de Pont-Château. Los Obispos le prohibían predicar en sus Diócesis, con sólo dos excepciones…

“Ante ese inmenso poder del mal, nuestro Santo se reveló profeta. Con palabras de fuego, denunció los gérmenes que minaban la Francia de entonces y vaticinó una catastrófica subversión que de ellos habría de derivar”. “El siglo en que San Luis María murió no terminó sin que la Revolución Francesa confirmase de modo siniestro sus previsiones” (ibid.).

Las regiones donde tuvo libertad de predicar, y en las que las masas humildes lo siguieron, fueron aquellas en que los chouans se levantaron, armas en mano, contra la impiedad y la subversión. Descendientes de los campesinos misionados por él, habían sido preservados de los gérmenes de la Revolución anticristiana, como una simiente preciosa de reacción católica (2).

Analizando este episodio exponencial de la lucha plurisecular entre la Revolución anticristiana y la Contra-Revolucion podemos preguntarnos: ¿Cuál es el nexo entre el “Tratado de la Verdadera Devoción a la Ssma. Virgen” y “Revolución y Contra-Revolución”, obra pinacular de Plinio Corrêa de Oliveira sobre el fenómeno supremo de nuestros días? Intentaremos dar una respuesta, forzosamente simplificada, ante todo sintetizando ideas del autor dos veces elogiado por la Santa Sede, recomendando al lector que acuda al texto comentado (cfr. nota 1).

La Revolución es un inmenso proceso de tendencias, doctrinas y transformaciones derivado, en último, casi diríamos “ultimísimo” análisis, de una deterioración moral nacida de dos vicios fundamentales: el orgullo y la impureza.

La constelación de ideas y enseñanzas de la Iglesia y la visión del universo que Dios creó despiertan, en el hombre virtuoso y puro, una amorosa admiración.

En estas fotos vemos exponentes de las primeras tres grandes Revoluciones: el protestantismo (Lutero), la Revolución Francesa (máscara mortuoria de Robespierre) y el “Che” Guevara -el comunismo.

Pero si cede en algo a esos dos vicios se va creando en él una incompatibilidad profunda con esa visión.

Esta puede arrancar con una antipatía por el carácter jerárquico de la Iglesia, que más tarde puede trasladarse a la esfera del orden jerárquico de la sociedad y la familia. Llevado por tal igualitarismo nacido del orgullo, puede llegar a condenar toda y cualquier desigualdad y  jerarquía.

La impureza: la persona impura tiende al liberalismo, la irrita la existencia de un precepto, de un freno que circunscriba el desborde de sus sentidos. Siente aversión al principio de autoridad. El anhelo de un mundo anárquico, sin leyes ni poderes constituidos, es el punto extremo del liberalismo generado por la impureza.

Del orgullo y del liberalismo nace el deseo de igualdad y libertad totales, médula del comunismo.

La gnosis es la doctrina de la Revolución

Se configura así una concepción diametralmente opuesta a la obra de Dios, toda una visión gnóstica y revolucionaria del Universo, ya que la gnosis –íntimamente ligada al comunismo- odia la individuación, que es la fuente de la desigualdad y la jerarquía. (Odia el ser e impulsa el no-ser colectivista y masificante).

Sin el orgullo y la sensualidad, la secular Revolución que viene destruyendo la Cristiandad no sería posible ni existiría como movimiento organizado.

Carácter moral y religioso del fenómeno revolucionario y de la lucha contra-revolucionaria

Dado el carácter moral del orgullo y la sensualidad, todo el problema de la Revolucíón y la Contra-Revolución es principalmente moral. Si es moral, tiene mucho que ver con lo religioso: moral y religión están indisolublemente conectadas. Por tanto, la lucha entre ambas es esencialmente religiosa.

Si es una crisis moral y religiosa lo que da origen al espíritu de la Revolución, sólo puede ser evitada o remediada con el auxilio de la gracia, ayuda sobrenatural concedida por Dios al ser humano debilitado por el pecado original. Pues para cumplir los mandamientos, según la doctrina católica, es necesaria la ayuda de la gracia.

El papel de la Ssma. Virgen, Medianera de todas las gracias

Proviniendo de la gracia toda preservación o toda regeneración moral auténtica, entra por los ojos el papel de la Ssma. Virgen en esta lucha. La gracia depende de Dios pero El, por un acto libre de su voluntad, quiso hacer depender de Ntra. Sra. la distribución de las gracias, pues es el canal, el acueducto, por donde ellas pasan, como enseña San Luis María. Así, su auxilio es indispensable para que no haya Revolución o para que ésta sea vencida por la Contra-Revolución.

Por lo tanto, la devoción a Ella es condición sine qua non para que la Revolución sea aplastada y venza la Contra-Revolución.

Una Nación fiel se estructura con sabiduría

“Si una Nación fuere fiel a las gracias necesarias y suficientes que recibe de Nuestra Señora, y si se generalizara en ella la práctica de los Mandamientos, es inevitable que la sociedad se estructure bien. Porque con la gracia viene la sabiduría, y, con ésta, todas las actividades del hombre entran en sus cauces.”

Contraste con la civilización contemporánea, construida sobre el rechazo de la gracia

Si analizamos el estado en que se encuentra la civilización contemporánea vemos que, construida sobre el rechazo de la gracia, alcanzó algunos resultados estrepitosos que, al mismo tiempo, devoran al hombre. Es nociva para la sociedad en la medida en que tiene por base el laicismo (negación de Dios, sus derechos, su poder y su acción), y viola el Orden Natural enseñado por la Iglesia.

Pero el problema va más allá: “La Revolución no es el fruto de la mera maldad humana. Esta última abre las puertas al demonio, por el cual se deja estimular, exacerbar y dirigir”.

El Papa Pío VI luchó contra los errores de la Revolución Francesa

Una explosión de pasiones desordenadas tan profunda y general como la que originó la Revolución no habría ocurrido sin una acción preternatural, ni los hombres alcanzarían los extremos de crueldad, impiedad y cinismo a los que la Revolución llegó tantas veces.

Y el alcance de este factor de propulsión depende de que Nuestra Señora fulmine con un acto de imperio que descargue sobre el infierno, para que éste desaparezca de la escena humana, como bien muestra San Luis María al tratar del rol de la Virgen “en estos últimos tiempos” y comentar la célebre maldición lanzada por Dios a la serpiente y sus secuaces en el Génesis: “Ella te aplastará…(3)”.

“Por lo tanto, los enormes fautores de la Revolución y de la Contra-Revolución que son respectivamente el demonio y la gracia, dependen de su imperio y su dominio”.

¿Qué es, en esta perspectiva, la Realeza de Nuestra Señora? ¿Existe un régimen marial en el gobierno del universo? ¿Cuál es el papel que la Iglesia le atribuye en la derrota de sus enemigos? ¿En qué consiste la esclavitud mariana enseñada por San Luis María y qué efectos produce en el alma y en la sociedad? El Reino de María: ¿una era de fe y virtud que será inaugurada con una victoria espectacular de la Ssma. Virgen sobre la Revolución?

Nota: hemos abordado estos tópicos en el artículo inicial de esta serie consagrada a San Luis María Grignion de Montfort, cuya fiesta celebra la Santa Iglesia el 28 de abril.

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NOTAS

 

 (1) Introducción a la edición argentina de Revolución y Contra-Revolución, versión on line – Una obra clave: Revolución y Contra-Revolución

            http://rcr-una-obra-clave.blogspot.com/

 

2) M. Lidove, “Les Vendéens de 93”, Le temps qui court, pp. 31 y ss.; Louis Le Crom, montfortain, “Un Apôtre marial – Saint Louis-Marie Grignion de Montfort”, cap. XIII – Dans la future Vendée militaire, pp. 252 y ss.,  Libr. Mariale, Calvaire Montfort, Pont-Château

3) San Luis María designaba como “últimos tiempos” a los que van desde los días en que él vivió (Antiguo Régimen pre-Revolución Francesa) hasta los que precederán a la venida del Anticristo. Esperaba, de conformidad con las revelaciones sobrenaturales hechas a incontables santos y almas virtuosas, y el propio mensaje de Fátima –entre otros de la Madre de Dios-, un período de triunfo del Inmaculado Corazón de María, de restauración y auge de la civilización cristiana, que podrá durar muchos siglos; período que terminará con las probaciones y apostasía finales que antecederán inmediatamente el fin del mundo.

 

 

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