Aristocracia: Síntesis del Apéndice IV (7ma. nota)

19/05/2019

Cardenal Herrera Oria

SINTESIS del Apéndice IV de “Nobleza y élites tradicionales análogas”:

La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, controvertido pero nada sospechoso de parcialidad a favor de ella
En el Apéndice, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira comenta trechos de la enciclopedia católica “Verbum vitae – La Palabra de Cristo” (BAC, 10 vols.), escrita bajo la dirección del Cardenal Angel Herrera Oria (+ 1968), Obispo de Málaga, en el ítem aristocracia. Como todo resumen, necesariamente contiene modificaciones del texto original, al cual remitimos al lector. Los trechos entrecomillados pertenecen a la enciclopedia; los restantes, son nuestra síntesis de los comentarios del autor de “Nobleza y élites”.


Comienzan las citas de la enciclopedia con la siguiente afirmación:

“La aristocracia es un elemento necesario en una sociedad bien constituida.”

1. Sentido filosófico


“Aristócratas son los mejores”, de acuerdo al sentido etimológico de la palabra, que “lleva embebida en sí la idea de perfección…, de virtud”.

… “la aristocracia tiene hábitos virtuosos”. … por los cuales sobresale.
Son virtudes fundamentales de ella “la perfección moral y el amor al pueblo”.

  1. Sentido Teológico


“La Teología arroja torrentes de luz sobre este concepto de aristocracia y pone fundamentos sólidos al derecho público cristiano.”

“Aristocracia es perfección. El aspirar a la perfección es un deber del cristiano:
“a) ‘Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto’ (Mt. 5,48). [ver otras citas]
“¿En qué consiste la perfección?
“Santo Tomás contesta:
“1. La perfección de la vida cristiana consiste principalmente en la caridad [el amor a Dios]
“2. …se dice ser perfecto en cuanto alcanza su propio fin…
“3. La caridad es la que le une con Dios, que es el último fin de la mente humana (I lo. 4-16…).
“Esta idea luminosa es la que se debe tener muy presente, porque ella vivifica toda la sociología y toda la política en el capítulo de la aristocracia.


“a) Aristocracia es perfección.
“b) Perfección es fundamentalmente caridad cristiana.”
3. El derecho público cristiano
“Aristocracia y propiedad. … uno de los fundamentos de la propiedad privada consiste en el deber de perfeccionarse.”
León XIII enseña en la Rerum Novarum que “los bienes se poseen como propios y se administran como si fueran comunes. … ‘satisfecha la necesidad, el decoro y la perfección’, lo que resta hay que darlo en limosna. Se habla muchas veces de la necesidad y del decoro y se olvida la perfección, que es un deber.”
El esquema pasa a hacer reflexiones que, lamentablemente, el ambiente igualitario de nuestros días va sepultando en un completo olvido.
“A los que viven en el mundo y tienen familia cumple el deber de perfeccionarla y de elevar en sus hijos el decoro y consideración social de la familia, cristianamente entendidos.


“…los padres deben procurar…que en ciencia, en arte, en técnica, en cultura, en todo, sus hijos sean mejores que ellos…para ofrecer a la sociedad, en beneficio del pueblo, generaciones más perfectas.
“Los aristócratas deben…tener muy presentes…todos los progresos…que puedan satisfacer las necesidades de las clases más indigentes.”
Estas enseñanzas hacen patente que el empeño de las aristocracias en que haya a lo largo de sus sucesivas generaciones una continua mejora de viviendas, mobiliario, trajes, vehícu­los, modales y porte personal, es un aspecto esencial de ese caminar hacia la perfección global para mayor gloria de Dios o para el bien común de la sociedad temporal.
Esto no dispensa en absoluto al perfecto aristócrata católico de ser solícito en atender celosamente los derechos de las clases necesitadas. Los aristócratas que así sean, se convierten en “los mejores”…,”elemento necesario en una sociedad bien constituida”.

  1. Aristocracia social


La familia aristocrática:

“El aristócrata, al perfeccionarse él y perfeccionar a su familia, crea una institución dentro de la sociedad, que es la familia aristocrática.”
Para ser fuente y propulsora de ese impulso hacia lo alto, la propia contextura familiar le es de gran utilidad, pues es en el seno de las familias donde se constituyen las tradiciones propias a cada una, y es en la convivencia familiar donde encuentran las mil ocasiones para comunicar a los más jóvenes sus convicciones y experiencias. Así, la acción propulsora rumbo a la “perfección” puede conseguirse en excelentes condiciones. Principal objetivo: el propio bien común de la sociedad. A la tradición le compete asegurar la durabilidad, rumbos y características de esta fuerza propulsora.


“Dijérase que las propias virtudes y la propia perfección tienden a hacerse hereditarias.
“Esa institución…debe ser eminentemente social y preocupada por el bien de los demás.”
De los principios aquí enunciados se deduce la justificación de uno de los aspectos más incomprendidos de la aristocracia: la herencia.
No pocos consideran justo otorgar título nobiliario a quienes practiquen acciones arduas y revelen destacadas cualidades, máxime cuando sirven de ejemplo y producen importantes beneficios para el bien común; pero no que se transmitan a los descendientes, pues muchas veces grandes hombres tienen hijos que no los merecen.
Este criterio impide que se formen familias nobles y hace tabla rasa de su misión propulsora para el continuo perfeccionamiento del conjunto social, elemento indispensable para la continua y arrebatadora andadura de un país rumbo a todas las formas de perfección deseadas por los que aman a Dios, que es la propia Perfección.
Es justo premiar a los grandes hombres pero no lo es ni corresponde a la realidad negar la misión de esas grandes estirpes como propulsoras.
“La llamada aristocracia histórica está basada en la naturaleza humana y es muy conforme a la concepción cristiana de la vida….
“No hay escuela comparable al hogar de una estirpe auténtica y cristianamente aristocrática.
“Cuando sabe cumplir con sus deberes, la sociedad debe respetarle aquellos medios que necesita para este supremo magisterio social.
“Palacios, cuadros, pergaminos, objetos de arte, obras maestras, viajes, bibliotecas…son elementos que pertenecen…a las grandes familias.
“… el uso de esos bienes ha de encuadrar en la doctrina ascética y social de la Iglesia.
“Cuando se usan para formar ciudadanos selectísimos en beneficio de la comunidad,…son una especie de forma de propiedad pública y colectiva, puesto que toda la sociedad se beneficia de ellos.
“La aristocracia es tan conforme a la sociedad cristiana, que una sociedad no puede llamarse perfecta sino cuando se da en ella la institución de la aristocracia. La aristocracia sana es flor y nata da la civilización cristiana.”
En la literatura católica este género de conceptos van escaseando; sin embargo, jamás han sido desmentidos por el Magisterio de la Iglesia, y no podían faltar en una obra como ésta, que afronta a la aristocracia en el contexto de la civilización cristiana, modeladora de las naciones de Occidente.

5. Aristocracia en la familia

El esquema aborda un delicado y altísimo aspecto de la vida de una clase aristocrática.


“A. Por cierta analogía se puede decir que el poder aristocrático dentro del hogar está reservado a la mujer. […]
“b)… la mujer dentro de la familia es un elemento de moderación y de consejo.
“c)… de relación entre el padre y los hijos. […]
“B. Santo Tomás dice que el padre gobierna a los hijos con gobierno ‘despótico’, en el sentido clásico de la palabra, y la mujer con gobierno ‘político’.
“a) Porque la mujer es consejera y participa del poder del padre.
“b)… tiene como la representación de la caridad dentro de la familia. Es como la personificación de la misericordia en el hogar.
“c) Es la que debe estar más atenta a las necesidades de hijos y criados y más pronta a mover al padre para que las remedie.”

“C. En el Evangelio aparece muy claro el contraste entre la falta de misericordia, de caridad, de espíritu aristocrático de los apóstoles…y la inefable misión aristocrática que desempeñó María Santísima en las bodas de Cana.
“a) Atenta a las necesidades de los demás, María se acerca a quien puede remediarlas para exponérselas.
“b) Y después se acerca al pueblo, representado en los criados, para inculcarles que sean obedientes.”
Esta comparación es un poco sorprendente pues las obras sobre aristocracia han habituado a ver en ella a la clase militar por excelencia. Pero no por ello deja de ser rica en sabiduría. La guerra se ejerce normalmente contra el extranjero; y Santo Tomás trata de la misión de la aristocracia en la vida interna normal del país y no en cuanto espada que lo defiende.
Era inherente a la aristocracia que cada familia reuniera en torno suyo un conjunto de familias de nivel social menos elevado, a ella vinculados por relaciones de trabajo, mera vecindad, etc. Era normal que se alzasen viviendas populares junto a palacios o residencias de familias acomodadas. Esta vecindad repetía la atmósfera familiar del hogar aristocrático, constituyendo un halo de afectos y dedicaciones.
Las relaciones de trabajo, por efecto de la caridad, tienden a desbordar al ámbito personal. En esa convivencia, el noble inspira y orienta a quien esta debajo de él, y éste, a su vez, le informa de sus aspiraciones y diversiones, modo de ser y circunstancias de la vida popular, y de las necesidades de los desvalidos. Constituye el circuito de interrelaciones que el Estado post-1789 procuró sustituir por burocracia, oficinas y servicios de información policial.
Es a través de esas burocracias cómo el Estado anónimo (sin hablar de las grandes sociedades anónimas macropublicitarias) propulsa y manda a la nación por medio de funcionarios también anónimos. La nación habla al Estado a través de la boca anónima de las urnas; máxime cuando el voto es secreto y el Estado ni siquiera puede saber quién ha votado de uno u otro modo. Este conjunto de anonimatos evita la presencia del calor humano en las interrelaciones del Estado moderno.
Muy distinta era la índole de los países dotados de recta aristocracia. Las relaciones eran personales, y las influencias recíprocas entre mayor y menor se fundaban en una relación de afecto cristiano; que traía como consecuencia dedicación y confianza mutuas, y llegaba a crear de hecho una sociedad entre los domésticos y patrones. Basta leer lo que dicen los verdaderos moralistas católicos sobre la sociedad heril…
En las corporaciones, la relación entre maestros, oficiales y aprendices repetía la bendecida atmósfera de la familia.
Este contacto vivo no englobaba únicamente aquello que llaman fría y funcionalmente “patrones y empleados”. Los de categoría más elevada, nobles o burgueses, acababan por conocer las familias de sus subordinados, como éstos las de sus patrones. Conforme la orgánica espontaneidad de un movimiento social bueno, esas relaciones se establecían también entre familias.
El bien es difusivo. A través de las capilaridades, el grande acababa conociendo miserias anónimas, y le era dado remediar a través de las manos delicadas de su esposa e hijas tantos dolores que de otro modo no habrían sido aliviados.
También el grande conocía horas amargas… sus enemigos lo cercaban, le agredían física o políticamente. La más firme muralla que defendía esta grandeza tambaleante eran las incontables dedicaciones que se erguían desinteresadamente para protegerle, hasta con riesgo de vida.
Así fue la vida en el feudo; y también en el campo cuando, extinguido el feudalismo, las antiguas relaciones entre señor y vasallo perdieron su alcance político pero continuaron en el ámbito del trabajo; y así continúa ocurriendo en ciertas regiones o países.
En la perspectiva del Estado monárquico con algo de aristocrático y algo de democrático considerado por Santo Tomás, la aristocracia participa en el poder del rey como la esposa en el poder del marido. Le corresponde hacer llegar al padre —al Rey— mediante una acción moderadora propia al instinto materno, el conocimiento emocionado de las necesidades de sus hijos —los pobres, pequeños y desvalidos del ámbito de influencia de su casa solariega— y conseguir del padre, ablandando su corazón, el correspondiente remedio.
… así como a la madre le cabe abrir el corazón de sus hijos para esta o aquella orden de su padre, le corresponde a la Nobleza disponer el ánimo de los estamentos subordinados para un filial acatamiento al rey.

6. Aristocracia política

– La misión de la clase aristocrática en la vida política y social del país.
A quienes les haya podido parecer excesivamente conservadora la doctrina de los anteriores apartados tal vez les sorprendan agradablemente las palabras con que el esquema aborda el tema.
“La aristocracia social tiene una función que ejercer directa e inmediatamente cerca del pueblo. Pero por ley natural ejercerá siempre una función política cerca del poder. Participará del poder en beneficio del pueblo.”
“La aristocracia, colocada entre la autoridad suprema,… y el pueblo, es elemento de moderación, de ponderación, de continuidad, de unión”.

En esa perspectiva:
“1. La monarquía sin aristocracia fácilmente conduce al absolutismo.
“2. Pueblo sin aristocracia no es pueblo; es masa.
“3. La aristocracia defiende la monarquía y la modera.
“4. La aristocracia es cabeza del pueblo, educadora del mismo, encauzadora de sus energías.
“5. Aristocracia sin pueblo es oligarquía, es decir, privilegio odioso de una casta en la sociedad.”

7. Misión social moderna de la aristocracia

La enumeración anterior no es exhaustiva. Parece hecha con el empeño de evitar que la aristocracia sea tachada de clase monopolizadora de privilegios.
El esquema señala la tendencia de la aristocracia hacia la perfección en todas las cosas por amor a la Perfección absoluta que es Dios. Esto la lleva a propulsar al prójimo -inclusive por medio del decorum de la vida- hacia todas las formas de perfección: de virtud, pero también de talento, buen gusto, cultura, instrucción… y técnica. Todo ello debe difundirse por el cuerpo social entero, elevándolo a medida que la aristocracia se eleva a sí misma.
Para ello, sus miembros han de ser aquellos “mejores”, cuya presencia en el poder como dirigentes de una nación constituye la aristocracia en cuanto forma de gobierno.
Esto permite observar cuánto depende la forma de gobierno de las condiciones religiosas y morales, pero también de las de otros tipos.

8. La “nueva aristocracia”

La prudente renovación de las aristocracias: una metáfora describiría el hecho: el método de purificación en ciertas piscinas. El agua se renueva incesantemente, pero de modo tan gradual que pasa casi desapercibido. La masa de agua está lejos de fluir rápidamente, y menos aún con una precipitación torrencial -podría decirse, revolucionaria. En la piscina, la renovación tiene por objetivo el desaguar de toda la masa de agua, mientras que en la renovación de la Nobleza no es lo que se debe desear: cuanto más lenta sea, tanto mejor será. Pues ésta está tan vinculada por naturaleza a la tradición que lo ideal sería que el mayor número posible de familias nobles se conservara indefinidamente, bajo condición de que no se diese en beneficio de elementos esclerosados, incapaces de participar en el acontecer ininterrumpido de la Historia.
“Siendo la aristocracia elemento necesario de una sociedad bien constituida, parece natural… que se salven las aristocracias históricas, que de ordinario conservan grandes virtudes; y que al mismo tiempo se creen otras aristocracias.
“…Una aristocracia cerrada se hace casta,…la antítesis de la aristocracia, porque la casta…no conoce el principio de la caridad, que es el alma de la aristocracia.
“Desgraciadamente, no pocas veces el virus mundano…[las convierte] en círculos herméticos.
“El gran problema moderno en este campo es precisamente rehacer las clases aristocráticas y crear nuevas formas de aristocracia.”
Si una aristocracia ha decaído, y sus miembros ya no son los mejores sino los peores, ¿qué se debe hacer?
Sería preciso crear nuevas clases aristocráticas, sin omitir que se haga lo posible para rehabilitar a la antigua aristocracia: si ésta no se deja levantar, conviene no pensar más en ella. Si degenera, al cuerpo social le corresponde la misión de engendrar otra salida para la situación, de modo instintivo y consuetudinario, buscando el apoyo de los elementos sanos de la sociedad.
Decimos “instintivamente”, porque en las situaciones de emergencia son más eficaces el sentido común y las cualidades del pueblo que los planes de soñadores o burócratas, constructores de “paraísos” y “utopías”, los cuales, por no estar fundados en la realidad generan fracasos y decepciones.
Pero si en la aristocracia no existen “mejores”, si no hay en la plebe quien quiera asumir, en virtud del principio de subsidiariedad, la misión de propulsar hacia lo alto, y si en el propio clero se nota una carencia análoga, ¿cuál es la forma de gobierno que puede evitar la ruina de esa sociedad?
No han faltado quienes hayan elucubrado la idea de un gobierno supuestamente compuesto de hombres buenos, que conseguiría resolver la cuestión de modo casi mecánico y desde fuera de un cuerpo social que no está en buenas condiciones.
Cuando todo el cuerpo social no está en buenas condiciones, el problema es insoluble, y la situación se configura como desesperante: cuanto más se intenta remediarla, tanto más se enreda y acelera su propio fin. Las situaciones desesperantes sólo pueden resolverse cuando un puñado de personas con Fe, esperando contra toda esperanza (Rom. IV, 18), continúa esperando y esperando; cuando almas llenas de Fe recurren humilde e insistentemente a la Providencia para conseguir de Ella una intervención salvadora. “Envía tu espíritu y renovarás la faz de la tierra” (Ant. de Pentecostés).
Sin ello es vano esperar que alguna forma de gobierno, sociedad o economía, la salve. “Si el Señor no guardare la ciudad, en vano vigila el centinela” (Ps. CXXVI, 1).
El denso esquema termina con las siguientes consideraciones:
“Decir, pues, que hacen falta almas aristocráticas en nuestros días, es decir que hace falta una clase que se eleve sobre las demás por su nacimiento, por su cultura, por sus riquezas, pero… sobre todo por sus virtudes cristianas…
“Aristocracia sin reserva abundante de virtudes cristianas perfectas es rótulo vacío,… institución social decaída.
“Su amor, su espíritu y su vida han de ser el espíritu, la caridad y la vida de Cristo.
“… sin perfección cristiana habrá aristocracias de hecho y de fachada, pero no… auténticas, de obras y de derecho.”
Está contenido en estas palabras un juicio sobre la aristocracia del tiempo en que el Cardenal publicó su obra: […] que no cumplía ésa, su misión.
Un elogio sin reservas a la aristocracia de su tiempo seria acribillado con objeciones de unilateralidad. El juicio peca por unilateralidad, en sentido opuesto. A favor de la verdad histórica ha de decirse que si bien la aristocracia de los años 50 mostraba tener numerosos defectos, afloraban en ella señaladas cualidades.

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