800 años de San Luis Rey – Rectificando algunas ‘piadosas’ deformaciones

13/09/2014

Apotheosis-of-saint-louisEl 25 de agosto se celebra la fiesta de San Luis IX, Rey de Francia, confesor de la Fe, modelo de estadista católico, que encabezó dos Cruzadas contra los infieles, cuyo reinado marcó la historia y las esencias del Reino Cristianísimo (Siglo XIII).
Al cumplirse este año 800 años de su nacimiento (en 1214), como lo anunciamos en nuestro boletín anterior, presentamos algunas facetas de este modelo de rey católico. Lo hacemos de modo algo diferente de lo habitual, intentando corregir desvíos con que una especie de escuela sentimentaloide ha deformado la imagen de los santos para conformarla a determinados clichés “ecuménicos”. Que evita presentarlos en la plenitud de su fuerza, de su poder, de su santa cólera contra el mal y los que obran el mal, lo que constituye el contrafuerte luminoso de la verdadera bondad, suavidad y mansedumbre, conjunto equilibrado y armónico que brilla con ejemplaridad divina en el Evangelio.

Podemos decir que es como si existieran dos San Luis, pues la piedad sentimental formó de él una imagen muy distinta de la verdadera. Para mejor entenderlo, veamos un ejemplo, de San Pío X. Si observamos la fotografía del santo Papa paramentado, revestido de la tiara y de pie frente al trono pontificio, se tiene la impresión de un hombre corpulento, fuerte de alma y físicamente, rey espiritual consciente de su dignidad, de magnífico espíritu sobrenatural.

São Pio X com tiaraSan Pio X imaginario

El verdadero San Pío X,  sacral, fuerte, majestuoso  y mirando de frente, y el imaginario, tan distante del real, y  tan insípido…

Pero hay ilustraciones pseudo-piadosas que lo presentan (con respeto y reprobación lo decimos), como un abuelito endeble, con una expresión que hasta parece querer disculparse por ser Papa -y no un “cura obrero”! Hay un Pío X de piedad sentimental, y el verdadero, héroe del anti-modernismo que enfrentó con firmeza proverbial innumerables situaciones difíciles y trágicas de su época.

Algo parecido se da con San Luis. Se lo suele representar sentado bajo la encina de Vincennes administrando justicia, creándose en algunas figuras la singular impresión de que vivía bajo los árboles; que disponiendo de una infinidad de castillos –y siendo su deber mantener pompa y representación acordes al que era el primer reino de la Cristiandad, administrar un Estado, ir cuando necesario a la guerra justa-, no encontraba nada mejor que poner una sillita bajo un árbol y así quedarse indefinidamente… Absolviendo –claro está- a todo el mundo, tratando de asuntos que no requieren mayormente ingenio ni fuerza de voluntad, y rodeado de tontos. ¡Es la imagen convencional que no raras veces se da de él!

Imagen que resulta útil, por otra parte, para oponerla a los reyes que vinieron después: Luis XIV en el fasto de su gloria, viviendo en el Castillo de Versailles en un aposento real pomposo…, que en el gusto del esplendor y la magnificencia sería el ejemplo del rey como no debe ser. El rey simple y digno de elogio sería el rey “marmitero” del roble de Vincennes.
Es el momento de disociarnos de esas imágenes tendenciosas y de hacerle justicia recordando  algunos trazos característicos de la vida de San Luis: como estadista, como guerrero, como hombre de piedad.

Primero, debemos considerarlo bajo un aspecto importante de su vida: como rey de la monarquía orgánica.

No fue, para nada, de aquel tipo de rey holgazán* que dejaba las prerrogativas reales en manos de los vasallos (*nota: vimos esos rois fainéants merovingios al hablar del cambio dinástico promovido por los carolingios con aprobación papal). Al contrario, él era verdaderamente celoso del poder real, y si los vasallos trataban de enfrentar o disminuir tal poder, él resistía abiertamente manteniendo las prerrogativas reales.

Por otro lado, era tan celoso de la autonomía de los señores feudales de los respectivos feudos, que se cuenta, entre otros, este pequeño hecho. Se encontraba rezando en una Iglesia mientras que, en una cantina muy cercana a la Iglesia, unos hombres empezaron a hacer un desorden que perturbaba su oración.

Le preguntaron por qué no daba órdenes para que esos molestos dejaran de hacer bulla. Su respuesta fue: busquen al señor de este feudo y díganle que reprima el abuso.
Una orden directa del Rey de Francia hubiera sido tan natural, pero era ejemplar en él su preocupación de observar los conductos feudales -en los grados que correspondía-, y de respetar las varias jerarquías que estaban por debajo de él, por el buen amor a esa organicidad de la estructura feudal que respetaba escrupulosamente, dentro de los límites en que debía respetársela.
Lo cual es profundamente diferente de un Luis XIV, de un Luis XIII, de un Enrique IV, para circunscribirnos a éstos, ya que podríamos ir hasta Luis XI –destructores sistemáticos de la jerarquía feudal.

Fue también San Luis quien cuidó y mandó poner por escrito los reglamentos de las costumbres de las corporaciones, brindando estructura y estabilidad a las organizaciones plebeyas que constituían las unidades autónomas dentro de la plebe, estimulando toda forma de autonomía en su reino, en el cual era el enérgico y vivo centro de gravedad.
Defendió las prerrogativas de la autoridad real no sólo contra todo tipo de insurrectos sino inclusive contra la Santa Sede. Consta en su proceso de canonización, y fue ampliamente estudiado, que la Santa Sede, habiendo querido tener ingerencias inmoderadas de carácter político en Francia, San Luis resistió de frente y llevó lejos las cosas hasta lograr que tales ingerencias cesaran.

San Luis cruzado
Cuando se habla de él como cruzado, es parte de la leyenda la forma de presentar su muerte de peste en Túnez. Es la imagen del rey enfermo, acostado sobre un pobre jergón…, todos alrededor lloriqueando apenados…, se lo entierra derrotado...
En la realidad histórica hay algo de eso, pero no es sólo eso. Debemos recordarlo –como lo describe Joinville- desembarcando completamente armado, magnífico, …el hombre más alto de su ejército, con su casco reluciente y su armadura de oro. Cuando su barco tocó Egipto era tal su afán de guerrear que se echó al mar armado, y al frente de sus hombres saltó a tierra y empezó a combatir.

Asimismo debemos tener presentes todos los hechos heroicos que protagonizó en las Cruzadas, que lo consagraron como guerrero perfecto. Deberíamos poner ese cuadro junto al del guerrero herido, enfermo, sufriente, que imita la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo tornándose así inmensamente venerable. Es juntando todos esos aspectos que tendremos una imagen adecuada del Rey San Luis.

                                         ººººººº
Esa imagen nos debe sugerir la pregunta: un rey de esas condiciones, ¿es verdaderamente amado por el pueblo? ¿El pueblo francés comprendía lo que era ese rey?
Hay al respecto una prueba verdaderamente tocante. Las monedas de la Edad Media son en general caras, pero las más baratas son las del Rey San Luis. Porque, a su muerte, el pueblo comenzó a guardarlas pues tenían su efigie, como recuerdo y como medalla.
Por eso se encuentran en incontables hogares franceses, de modo que son las monedas medievales más baratas, probando el respeto y veneración de los franceses por su rey. Esto indica a las claras que la virtud, cuando es bien practicada, cuando es vivida de modo auténtico, sólo puede producir en el pueblo una reacción buena; y si no produce una buena reacción es porque el pueblo no sirve.
Comentarios a la oración al santo rey del Condestable Du Guesclin, compañero de Santa Juana de Arco –muy posterior a San Luis* – (*publicada en nuestro boletín anterior):

“Guardadme puro como el lis de vuestro blasón”: la castidad del guerrero católico…
“Vos que mantenías vuestra palabra aunque fuera dada a un infiel, haced que jamás la mentira pase por mi garganta, aunque la franqueza me costara la vida”: la verdad debe ser dicha aún ante los más fuertes y aunque cueste la vida, pero no mentir por miedo a nadie. Aunque mi vida esté amenazada, le diré al fuerte que me oprime la verdad entera.
“Hombre de proeza, incapaz de retroceder”: era el voto del caballero que nunca retrocedía en batalla.
“Cortad los puentes a mis aflojamientos, y que yo siempre marche a lo más duro”: lo más duro de la batalla, pero también lo más duro en todo; lo más duro de la vida, lo más duro en todas las situaciones…

Artículo inspirado en conferencia del Prof. Plinio Corrêa de Oliveirainfo@pliniocorreadeoliveira.info

 Sao Luis IX: Rei, estadista, guerreiro e homem de piedade, Santo do Dia, 25 de agosto de 1964

 Nota: La famosa vida de San Luis por el Senescal de Joinville se encuentra disponible online (en francés): entrar en el artículo y hacer click al final

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