3 de Febrero – Festividad de San Sebastián, Patrono de Sañogasta

01/02/2017

EL MARTIR SAN SEBASTIAN, LUMINARIA DE LA IGLESIA CATOLICA Y PATRONO DE SAÑOGASTA – CUATRO SIGLOS DE GRACIAS,  FE  Y DEVOCION (En Sañogasta se celebra el 3 de febrero a continuación de la Fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria, del 2, por antiquísima costumbre, luego de rezarse conjuntamente ambas Novenas – La festividad del mártir San Sebastián es el 20 de enero conforme el calendario litúrgico)

Llamado en vida por el Papa San Cayo el “Defensor de la Iglesia”, este heroico luchador que derramó su sangre por la Fe católica, nació en Narbona, Provincia Imperial de la Galia romana.  
Sus padres le dieron esmerada educación. Su nobleza de nacimiento y cualidades le atrajeron el aprecio del Emperador Diocleciano, quien lo hizo Capitán de sus guardias, alto cargo que le permitió  prestar grandes auxilios a los cristianos encarcelados,  fortaleciéndolos en la Fe cuando el temor a los tormentos hacía peligrar su fidelidad.

Los hermanos Marco y Marcelino iban a ser degollados.  Después de soportar heroicamente la tortura, los ruegos de sus seres queridos empezaron a ablandar su disposición de ser mártires de Jesucristo. La fe  ardiente de Sebastián les devolvió las fuerzas evitando su defección.

El pagano Gobernador Cromacio fue sorprendido cuando el padre de los condenados le dijo: “Dios me abrió los ojos del alma para conocer la verdad y santidad de la religión católica, sin la cual no hay salvación”.

Había obrado su conversión el ejemplo contagioso de Sebastián, que así logró la del escribano del tribunal, la del alcaide de la prisión, y, más notable aún, la del propio Gobernador con 400 esclavos, a quienes dio la libertad!

Muchos de estos convertidos por San Sebastián fueron martirizados. El efecto fue multiplicador,  pues “la sangre de los mártires es simiente de cristianos”.

Un día, mientras animaba a los valientes confesores de la Fe, una luz brillante resplandeció y apareció el propio Nuestro Señor Jesucristo con 7 Angeles,  abrazó a Sebastián y le aseguró que siempre estaría con él.  

Este milagro tuvo gran repercusión y aumentó las conversiones, y aunque todos lo instaban a retirarse al campo con otros cristianos, nuestro Santo se quedó en Roma en medio del peligro, sintiendo que Dios así se lo pedía.

  

Venerables imágenes de San Sebastián: 1) El traído de España por Pedro Nicolás de Brizuela (s. XVII), en su caja original, empotrada en los anchos muros de la casa familiar. 2) El tallado por artesanos indígenas de la zona (s. XVIII). 3) El venerado en la Iglesia del Sdo. Corazón (La Puntilla). 4) El San Sebastián de la visita a  las casas, tallado por el artesano Leandro Mendoza (Salta) por encargo de la Comisión de la Iglesia de S. S. 

Con estos progresos en la Fe iba despuntando un mundo nuevo: la conversión del Imperio sería una de las mayores conquistas de la Historia! Esto despertaba el odio de los aferrados al paganismo. Un traidor informó al nuevo Gobernador quién era ese Capitán que convertía a tantos paganos. El gobernador, no atreviéndose a intervenir directamente, lo delató al sanguinario Emperador.

Este convocó al guerrero y le echó en cara sus favores, acusándolo de provocar la cólera de los dioses introduciendo esa nueva religión tan perjudicial al Estado.

El noble capitán contestó: “nada puede ser más ventajoso al Estado que tener vasallos fieles al verdadero Dios.” Esto bastó para que Diocleciano ordenara que Sebastián sea amarrado a un poste y atravesado con flechas por sus propios soldados, como lo muestran sus imágenes.

La noche siguiente, Irene, viuda de otro guerrero mártir, buscando su cuerpo para darle sepultura lo encontró con vida! Con grave riesgo lo hizo llevar a su casa, donde pronto se curó prodigiosamente. Este nuevo milagro hizo que después de su muerte fuera venerado como Protector contra la peste y las heridas e incluído entre los famosos 14 Intercesores.

¿Quién se animaría a volver a la carga después de recibir semejantes heridas? Sebastián, desoyendo los consejos y el miedo, se presentó en palacio y enfrentó nuevamente a Diocleciano: “¿Es posible, Señor, que os dejéis engañar eternamente por las falsedades y calumnias que inventan contra los cristianos?… los fieles están lejos de ser enemigos del Estado, y es sólo a sus oraciones que sóis deudor de todas las prosperidades”.  

Sorprendido y atemorizado, Diocleciano le preguntó si era aquel a quien mandara matar. “Soy el mismo, respondió el mártir, y mi Señor Jesucristo quiso conservarme la vida para que en presencia de este pueblo yo viniese a dar  testimonio de la impiedad e injusticia que cometéis, persiguiendo con tanto furor a los cristianos”. 

Enceguecido de odio, el Emperador mandó  llevar al fortísimo Sebastián al circo romano haciéndolo apalear hasta la muerte. Con este cruel suplicio su alma subió al Cielo a recibir la corona del martirio (año 288).

Ahora había que impedir que los cristianos supiesen donde estaba para que no le honrasen como mártir, ni obrara milagros y conversiones. Para ello lo arrojaron de noche a las cloacas de Roma. Inútil intento, pues quedó suspendido de un madero; y apareciéndole en sueños a una cristiana llamada Lucinda, le dijo que no había caído en ese lugar hediondo e infame, y le pidió que retirase el cuerpo y lo enterrase en las catacumbas, a los pies de los apóstoles San Pedro y San Pablo (cfr. Pe. Fco. de Paula Morell, “Flos Sanctorum”).

En ese lugar glorioso se erigió en su honor la Iglesia de San Sebastián Extramuros, donde el pueblo  romano y peregrinos de todo el mundo acuden a su amparo y lo veneran con fervor. Pilar de la Cristiandad naciente, fue incluido en la Letanía de Todos los Santos, que la Iglesia reza con esplendor el 1º de noviembre.

Al romper el alba, suenan las bombas, las campanas centenarias y la “caja del Santo” convocando a los Alférez y devotos de San Sebastián a visitar las casas de Sañogasta, Miranda y Guanchín.  En cada casa se canta con devoción el Himno de la visita a las casas, del s. XVII, pidiendo la bendición para las familias y las cosechas: “…verde será tu favor! Misericordia, Señor!” El Santo agradece la acogida y la limosna, que los Alféreces dedican a la conservación de la Iglesia, que es Monumento Histórico Nacional  : “Dios de los pague, mis hijos! Me voy muy agradecido! Misericordia, Señor!”

En Sañogasta, entonces perteneciente a La Rioja del Tucumán (Argentina), que integraba el Virreinato del Perú hasta la fundación del Virreinato del Río de la Plata, su devoción nació en la antigua “Hacienda de San Sebastián”, cuando Pedro Nicolás de Brizuela, Teniente de Gobernador de la Provincia del Tucumán (que abarcaba el Noroeste y Córdoba), lo declaró “patrón de este sitio y hacienda” en la capilla que le erigió en el Alto de la Iglesia, hoy Monumento Histórico Nacional.

Nuestro pueblo cuenta con su protección y amparo y su ejemplo inmortal. Con orgullo y devoción se veneran especialmente en el pueblo cuatro imágenes del Santo Mártir. Incontables niños, jóvenes y personas mayores se honran en ser Alférez del Santo… ¡una tradición de cuatro siglos! Orgullosos y agradecidos de tanta historia, cultura y tradición católica, al son varonil de la caja, las campanas y las bombas, y el relincho de los caballos, vistiendo su banda y haciendo la venia con el estandarte decimos: “¡Que viva por siempre San Sebastián!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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{ 2 comments }

Omar Figueroa April 11, 2017 at 17:41

Viva por siempre esta santa devocion Riojana!! Dios salve la Fe.Dios salve la Patria. Espero llegar un dia a los pies de ese santo. San Sebastian rogad por nosotros

El Alférez May 15, 2017 at 18:52

Lo esperamos con los brazos abiertos y un buen caballo!

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