008 Clarinadas

007 Olifant pequeño EL PRINCIPE DOM BERTRAND DE ORLEANS Y BRAGANZA DISERTARA PROXIMAMENTE EN SALTA

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Dom Bertrand de Orléans y Braganza, Príncipe Imperial del Brasil, bisnieto de la Princesa Isabel, graduado en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Pablo (Brasil), Amigo del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira -fundador de la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad- a cuyos ideales adhirió desde muy joven. Actualmente, es Director del Instituto Plinio Corrêa de Oliveira, continuador de las actividades del gran pensador y hombre de acción católico del Siglo XX.

Dom Bertrand se convirtió en uno de los más destacados líderes de la lucha anti-socialista y anti-agrorreformista en Brasil  por su denodada defensa de la propiedad privada y de la libre iniciativa. Por medio de la campaña Paz en el Campo, que dirige, actúa con empeño contra las corrientes que intentan llevar la agitación al campo e implantar leyes socialistas en su país. Es autor del best-seller Psicosis ambientalista – Los bastidores del eco-terrorismo para implantar una ‘religión’ ecológica, igualitaria y anticristiana.

El Príncipe Dom Bertrand ha viajado por el mundo dando conferencias, sobre todo en ambientes católicos europeos y americanos. Es ardiente propugnador del ideal de Civilización Cristiana, Familia y Vida.

En 2007 estuvo por primera vez en  Salta para disertar en el Club 20 de Febrero sobre Misión de las élites tradicionales en Iberoamérica, hoy, inspirado en la magistral obra del Prof. Corrêa de Oliveira Nobleza y élites tradicionales análogas – en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana invitado por el Centro de Investigaciones Genealógicas de Salta y otras entidades, y dar la conferencia de cierre de la III Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana y la Familia, en el Cabildo histórico de Salta, organizada por el Centro Cultural Juan Ramírez de Velasco, Gobernador del Tucumán y Bastión del Norte, con el auspicio del Instituto Güemesiano de Salta, del Instituto de Cultura Hispánica de Salta, del Centro Tucumano de Genealogía y Heráldica, del Instituto de Cultura Hispánica de Córdoba, del Centro de Estudios Genealógicas de Salta, del Centro de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta y otras asociaciones culturales de vasta actuación.

En esta oportunidad, disertará en el Teatro Provincial en el marco del Encuentro Regional de las Familias (World Congress of the Families), magno evento por la Familia y la Vida que tendrá lugar los días 14 y 15 de junio del cte. año.

007 Olifant pequeño CONGRESO MUNDIAL DE FAMILIAS – CONFERENCIA  REGIONAL – SALTA –

Teatro Provincial – 14 y 15 de junio de 2016 – 8.30 a 18.30 hs

Con la participación de destacados especialistas en temas de Familia y Vida

Informes e inscripción:

http://www.moralnet.org/

007 Olifant pequeño XII JORNADA DE CULTURA HISPANOAMERICANA POR LA CIVILIZACION CRISTIANA Y LA FAMILIA – SALTA, 2 Y 3 DE SEPTIEMBRE DE 2016

Ponencias, proyecciones y debates sobre temas de actualidad o acerca de nuestra historia, cultura y tradición, en pro de nuestra identidad, norteña, argentina, iberoamericana.

Informes: mailto:bastiondelnorte@gmail.com

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LaRocheJaquelein autocorreccNada mueve tanto al hombre y al conjunto de los hombres, que es la sociedad, como el ideal católico que NSJC vino a traernos: “hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo…”; “id y enseñad a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo  y del Espíritu Santo”.

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Nacida al pie de la Cruz y regada por u Am Alcaldes indios ap Cabildos mar 06 u Diapositiva1Karl der GroBesu sangre infinitamente preciosa, por manos de María, Medianera de todas las Gracias,  la Civilización Cristiana y Mariana impregna nuestra cultura con aquella herencia sublime recibida de la Europa evangelizada por las Ordenes monásticas, empapada del espíritu de Cluny y la Escolástica, resplandeciente en los vitrales y reliquias de las Catedrales, fortificada en los castillos de los nobles caballeros de Cristo Rey, vivificada por el heroísmo de las Cruzadas, coronada por la Monarquía orgánica del Sacro Imperio fundado por Carlomagno y de los reinos de San Luis y San Fernando.

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Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de América. En su pupila quedó grabado milagrosamente el indio San Juan Diego, muestra de su predilección maternal por el Continente de la Esperanza

Ese ideal perenne predicado al mundo por San Pío X y tantos Pontífices y Doctores de la Iglesia es la tintura madre de nuestra cultura y costumbres, y vive en el alma mariana de América, cuya Emperatriz es la Virgen de Guadalupe.

Como un cristal multicolor, se refleja en mil aspectos grandes y pequeños de nuestra tradición e identidad, y  por eso  los Papas han llamado a estas tierras cristianizadas por España y Portugal el Continente de la Esperanza.

Invitamos a todos los amigos de la Cristiandad, amenazada hoy por tantos enemigos velados o declarados,  a levantar nuevamente este estandarte viviente en la XII Jornada Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana y la Familia, proclamando nuestra voluntad de defender ese legado sagrado y la certeza del cumplimiento de la promesa de  la Ssma. Virgen en Fátima, en las proximidades de su centenario:

“Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará”

Llamado de Pío XII a los nobles, miembros de la élite tradicional, dirigentes de todas las camadas sociales y católicos en general a “suscitar y difundir un orden social cristiano”, “en una esfera casi ilimitada”:

“Comprender, amar en la caridad de Cristo al pueblo de vuestro tiempo, dar prueba con los hechos de esta comprensión y este amor: he aquí el arte y manera de hacer aquel bien mayor que os compete realizar, no sólo, de un modo directo, a quienes están a vuestro alrededor, sino en una esfera casi ilimitada, desde el momento en que vuestra experiencia se convierte en un beneficio para todos. Y en esta materia, ¡qué magníficas lecciones dan tantos espíritus nobles, ardiente y valerosamente dedicados a suscitar y difundir un orden social cristiano!” (cfr. Nobleza y élites tradicionales análogas – En las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana, Plinio Corrêa de Oliveira, cap. VI).

 

007 Olifant pequeño LOURDES: UNA NIÑA SORDA DE NACIMIENTO SE QUITA LOS AUDIFONOS Y LE DICE A SU MADRE: “YA NO LOS NECESITO”

http://www.religionenlibertad.com/lourdes-una-nina-sorda-nacimiento-quita-los-audifonos–49912.htm

 

007 Olifant pequeño AUSPICIOSA VUELTA EN EL MILENIO: RENACEN LAS ANTIGUAS DEVOCIONES MARIANAS Y PROCESIONES

http://www.ncregister.com/site/article/marys-millennials/

 

http://www.catholicherald.co.uk/commentandblogs/2016/05/27/parishes-across-britain-are-reviving-may-processions-in-honour-of-mary/

007 Olifant pequeño “EMPECEMOS A SER CATOLICOS DE NUEVO”

Procesiones eucarísticas, adoración, exposición del Santísimo, rosarios públicos organizados…

https://liturgyguy.com/2016/05/27/lets-start-being-catholic-again/

007 Olifant pequeño RECUBIERTA DE ORO, LA IMAGEN DE SAN MIGUEL ARCANGEL VUELVE AL MITICO MONT SAINT MICHEL

http://www.dailymail.co.uk/news/article-3493014/Flight-angel-Nuns-watch-amazement-famous-statue-Archangel-Michael-lifted-historic-French-abbey.html?printingPage=true

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Imágenes del feérico Mont St.-Michel – Arriba, La Fiesta de San Miguel Arcángel, de  las Très-Riches Heures du Duc de Berry ♦ Gentileza de Le-Mont-Saint-Michel (Wikipédia France)

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El presente sumario  (11 bis) corresponde a la nota 11 de la Visión de Conjunto:

http://nobleza.org/elites-orden-natural-familia-y-tradicion-instituciones-altamente-aristocraticas-en-las-democracias-las-ensenanzas-de-pio-xii-cap-v-vision-de-conjunto-11/

010 Selección temática

Pueblo y masa – Libertad e igualdad en un régimen democrático: conceptos genuinos y conceptos revolucionarios – Las enseñanzas de Pío XII

Θ Nota: algunas citas de documentos pontificios han sido sintetizadas en el presente sumario. El lector puede consultar las citas textuales online en :

http://www.pliniocorreadeoliveira.info/LN_Espanha/Volume%20I/LN_ES_Cap_00_0_Indice.htm

Continuamos presentando a nuestros lectores este sumario de la vital obra que nos ocupa. En este capítulo, el autor aborda  las enseñanzas de Pío XII sobre una cuestión clave, no exenta de dificultades: 

la Nobleza y las élites tradicionales en una verdadera democracia 
Ello incluye:
  •el concepto católico de pueblo, tan distinto de la masa 
 

•verdadero y falso tradicionalismo

las desigualdades armónicas queridas por Dios

 Soldados de la conquista foto 1 con caballo

Vistas las enseñanzas de Pío XII sobre la misión  presente de la Nobleza toca analizar el papel de las élites tradicionales –principalmente de ésta- en preservar la tradición y ser así factor de progreso, y su perennidad y perfecta compatibilidad con una verdadera democracia.

Hemos visto las enseñanzas de Pío XII sobre la misión presente de la Nobleza (cfr. visión de conjunto n 10 y sumario n 10 bis). Toca ahora analizar el papel de las élites tradicionales —principalmente de la Nobleza— en preservar la tradición y ser así factor de progreso, y sobre la perennidad de tales élites y su perfecta compatibilidad con una verdadera democracia.

1. Formación de élites incluso en países sin pasado monárquico ni aristocrático

La formación de élites tradicionales es tan natural que se manifiesta en países sin pasado monárquico. Hasta en las democracias recientes, sin vestigios de pasado feudal, se ha venido formando como una nueva Nobleza y aristocracia: “es la comunidad de las familias que ponen por tradición todas sus energías al servicio del Estado (…) con cuya fidelidad puede éste contar en todo momento.” [1] ; (Θ txt sintetizado: ver nota al comienzo).

Magnífica definición de la esencia de la Nobleza, que recuerda las grandes estirpes que construyeron el progreso de las Américas y, manteniéndose fieles a sus tradiciones, constituyen la preciosa riqueza moral de las sociedades en que viven.

La formación de élites tradicionales con tono aristocrático es tan profundamente natural que se manifiesta incluso en países sin pasado monárquico ni aristocrático: “Hasta en las democracias de fecha reciente, tras las cuales no se encuentran vestigios de pasado feudal, se ha venido formando por la propia fuerza de las cosas una especie de nueva Nobleza y aristocracia: es la comunidad de las familias que ponen por tradición todas sus energías al servicio del Estado, su Gobierno y su Administración, y con cuya fidelidad puede éste contar en todo momento.” [1] Magnífica definición de la esencia de la Nobleza, que recuerda las grandes estirpes de descubridores, colonizadores y agricultores que construyeron el progreso de las Américas y, manteniéndose fieles a sus tradiciones, constituyen la preciosa riqueza moral de las sociedades en que viven.

2. La herencia en la Nobleza y élites tradicionales

Un hecho natural vinculado a la existencia de las élites tradicionales es la herencia. “Grande y misteriosa cosa es la herencia…a lo largo de una estirpe, perpetuándose de generación en generación, de un rico conjunto de bienes materiales y espirituales, la continuidad de un mismo tipo físico y moral…, la tradición que a través de los siglos une a los miembros de una misma familia. Su verdadera naturaleza se puede desfigurar… mediante teorías materialistas; pero también se puede y se debe considerar una realidad de tal importancia en la plenitud de su verdad humana y sobrenatural.“(…)

“… lo que más cuenta es la herencia espiritual transmitida [ante todo] por la acción continua de ese ambiente privilegiado que la familia constituye;  …en la atmósfera de un hogar rico en altas tradiciones intelectuales, morales y, sobre todo, cristianas; por la mutua influencia entre aquellos que habitan una misma casa, …cuyos beneficiosos efectos se proyectan…en aquellas almas elegidas que saben fundir en sí mismas los tesoros de una preciosa herencia con la contribución de sus propias cualidades y experiencias.

“Es éste el patrimonio, más valioso que ningún otro, que, iluminado por una Fe firme, vivificado por una fuerte y fiel práctica de la vida cristiana en todas sus exigencias, elevará, refinará y enriquecerá las almas de vuestros hijos” [2]

3. Las élites, propulsoras del verdadero progreso y guardianas de la tradición

♦ Vínculo entre Nobleza y tradición: aquella es la guardiana natural de ésta; es la clase responsable, más que cualquier otra, de mantener vivo el nexo por el cual la sabiduría del pasado gobierna el presente sin inmovilizarlo.

a) ¿Son las élites enemigas del progreso?

Contra la participación de la Nobleza y las élites tradicionales en la dirección de la sociedad los espíritus revolucionarios suelen hacer la objeción de que están vueltas hacia el pasado, dando la espalda al futuro, donde se encuentra el verdadero progreso. Pío XII enseña que sólo hay progreso auténtico en la línea de la tradición, y que éste sólo es real si constituye, no necesariamente un retorno al pasado, sino un armónico desarrollo del mismo, pues, rota la tradición, la sociedad queda expuesta a terribles riesgos: [3]

Las cosas terrenas corren como un río por el lecho del tiempo; el pasado cede su puesto al porvenir, y el presente es un instante fugaz que los une. No es en sí un mal. Un mal sería si este presente (…) se convirtiera en tromba marina que todo arrasara a su paso (…) y excavase un abismo entre lo que ha sido y lo que será. Esos bruscos saltos constituyen, pues, lo que se llama una crisis, un paso peligroso, que puede conducir a la salvación o a una ruina irreparable (…). [4] ; (Θ txt sintetizado: ver nota al comienzo).

La tradición evita a las sociedades el estancamiento, el caos y la rebelión. Su tutela es la misión específica de la Nobleza y élites análogas. Rompen con ella las que se ausentan de la vida concreta y las que pecan ignorando su misión, dejándose absorber por el presente, renegando de todo el pasado.

Por la fuerza de la herencia, los nobles prolongan en la tierra la existencia de los grandes hombres del pasado: “Al recordar a vuestros antepasados es como si los hicierais revivir; reviven en vuestros nombres y en los Títulos que os han dejado por sus méritos y grandezas.” [5]

Esto da a la Nobleza y élites tradicionales una misión moral muy particular, pues son las que aseguran al progreso la continuidad con el pasado:¿Cuál es el papel que se os ha confiado de manera especial, amados hijos e hijas? ¿Qué función singular se os ha atribuido? Precisamente la de favorecer este desarrollo normal; aquella que desempeña y realiza en la máquina el regulador, el volante, el reóstato, que participan en la actividad para garantizar el movimiento que rige el funcionamiento del aparato. Vosotros, “Patriciado y Nobleza, representáis y continuáis la tradición”. [6];  (Θ txt sintetizado: ver nota al comienzo).

b) Sentido y valor de la verdadera tradición

El aprecio a una tradición bien entendida es virtud rarísima hoy. El ansia de novedades, el desprecio por el pasado, son actitudes que la Revolución ha hecho frecuentísimas; [7] y porque los defensores de la tradición la entienden a veces de un modo enteramente falso. La tradición no es un mero valor histórico, ni un simple tema para variaciones de nostalgia romántica; es un valor que ha de ser entendido, no de modo arqueológico, sino como factor indispensable para la vida contemporánea.

La palabra tradición, dice el Pontífice, suena importuna a muchos oídos; desagrada, con razón, cuando ciertos labios la pronuncian. Algunos la comprenden mal; otros la convierten en falsa divisa de su inactivo egoísmo. Ante tan dramática confusión, no pocas voces envidiosas, con frecuencia hostiles y de mala fe… os preguntan con descaro: ‘¿Para qué servís?’ Antes de responderles, conviene ponerse de acuerdo sobre el verdadero significado y valor de esta tradición, cuyos principales representantes vosotros queréis ser.

Muchos espíritus…se imaginan y creen que la tradición no es sino un recuerdo, el pálido vestigio de un pasado que ya no existe ni puede volver… Si a ello se redujese la tradición, y si implicara la negación o el desprecio del camino hacia el porvenir, habrían de ser mirados con compasión los soñadores del pasado, y, con mayor severidad aún quienes …no son sino desertores de los deberes que impone una hora tan luctuosa.

“Pero la tradición es algo muy distinto del simple apego a un pasado ya desaparecido; es lo contrario de una reacción que desconfía de todo sano progreso. La propia palabra (…)  es sinónimo de camino y avance. Sinonimia, no identidad. Mientras (…) el progreso indica tan sólo el hecho de caminar hacia adelante, paso a paso, buscando con la mirada un incierto porvenir, la tradición significa también un caminar hacia adelante, pero un caminar continuo que se desarrolla al mismo tiempo tranquilo y vivaz, según las leyes de la vida, huyendo de la angustiosa alternativa: ‘Si jeunesse savait, si vieiIIesse pouvait!’; [8] semejante al de aquel Señor de Turenne, de quien se dijo: ‘II a eu dans sa jeunesse toute la prudence d’un âge avancé, et dans un âge avancé toute la vigueur de la jeunesse’ [9] (Fléchier, Oraison funèbre, 1676). Gracias a la tradición, la juventud, iluminada y guiada por la experiencia de los ancianos, avanza con un paso más seguro, y la vejez transmite y entrega confiada el arado a manos más vigorosas que proseguirán el surco comenzado. Como lo indica su nombre, la tradición es el don que pasa de generación en generación, la antorcha que, a cada relevo, el corredor pone en manos de otro sin que la carrera se detenga o disminuya su velocidad. Tradición y progreso se completan mutuamente con tanta armonía que, así como la tradición sin el progreso se contradice a sí misma, así también el progreso sin la tradición sería una empresa temeraria, un salto en el vacío.

“No, no se trata de remontar la corriente ni retroceder hacia formas de vida y de acción propias a épocas pasadas, sino más bien de avanzar hacia el porvenir con vigor de inmutable juventud, tomando lo mejor del pasado y continuándolo.” [10]

c) Importancia y legitimidad de las élites tradicionales

El soplo demagógico de igualitarismo que atraviesa el mundo contemporáneo crea una atmósfera de antipatía contra las élites tradicionales, en gran parte por el apego que éstas tienen a la tradición. Hay en esa antipatía una grave injusticia, siempre que dichas élites entiendan la tradición rectamente:

“Al proceder así, vuestra vocación resplandece, grande y laboriosa, ya bosquejada. Debería mereceros la gratitud de todos y haceros superiores a las acusaciones que os han sido dirigidas de una u otra parte.

“Mientras os esforzáis previsoramente en contribuir al verdadero progreso hacia un futuro más sano y feliz, sería injusticia e ingratitud reprocharos o imputaros como una deshonra la veneración hacia el pasado, el estudio de su historia, el amor a las santas costumbres, la inconmovible fidelidad a los principios eternos. Los ejemplos gloriosos o infaustos de quienes precedieron a la época presente son [para vosotros] una lección y una luz que ilumina vuestros pasos; pues se ha dicho con razón que las enseñanzas de la Historia hacen de la humanidad un hombre que camina sin cesar y jamás envejece. No vivís en la sociedad moderna como emigrados en un país extranjero, sino como ciudadanos beneméritos e insignes, que quieren y desean trabajar y colaborar con sus contemporáneos con el fin de preparar el restablecimiento, la restauración y el progreso del mundo.” [11]

4. La bendición de Dios ilumina, protege y besa todas las cunas, pero no las nivela

Otro factor de hostilidad contra las élites tradicionales se encuentra en el prejuicio revolucionario de que toda desigualdad de cuna es contraria a la justicia. Se admite que un hombre pueda destacarse por méritos personales; pero no que proceder de una estirpe ilustre sea para él un título especial de honor y de influencia. El Santo Padre Pío XII, nos imparte una preciosa enseñanza: “Las desigualdades sociales, también aquellas que están vinculadas al nacimiento, son inevitables; la benignidad de la Naturaleza y la bendición de Dios sobre la humanidad iluminan y protegen las cunas, las besan, pero no las igualan. Mirad aun las sociedades más inexorablemente niveladas. Mediante ningún artificio se ha podido nunca conseguir que el hijo de un gran jefe, de un gran conductor de masas, continuase exactamente en el mismo estado que un obscuro ciudadano perdido entre el pueblo. (…) una mente cristianamente instruida y educada no puede considerar [las desigualdades] sino como una disposición de Dios, querida por Él por la misma razón que las desigualdades en el interior de la familia, y destinada (…) a unir aún más a los hombres entre sí en su viaje de la vida presente hacia la patria del Cielo, ayudándose los unos a los otros del mismo modo que el padre ayuda a la madre y a los hijos.” [12]

5. Concepción paternal de la superioridad social

La gloria cristiana de las élites tradicionales está en servir no sólo a la Iglesia, sino también al bien común. La aristocracia pagana se ufanaba exclusivamente de su ilustre progenitura; la Nobleza cristiana suma a este título otro aún más alto: el de ejercer una función paternal frente a las demás clases: “(…) Si la palabra patricio, patricius, significaba en la Roma pagana el hecho de tener antepasados, de no pertenecer a una familia corriente, sino a una clase privilegiada y dominante, toma ella a la luz cristiana un aspecto mucho más luminoso (…), pues asocia a la idea de la superioridad social la de ilustre paternidad. Es éste el Patriciado de la Roma cristiana, que tuvo sus mayores y más antiguos resplandores no tanto en la sangre como en la dignidad de protectores de Roma y de la Iglesia: Patricius Romanorum (…). Los Papas contaron también con armados defensores de la Iglesia procedentes de las familias del Patriciado romano; y Lepanto consagró y eternizó uno de sus grandes nombres en los fastos de la Historia.” [13]

De estos conceptos se desprende una impresión de paternidad que impregna las relaciones entre las clases más altas y las más humildes.

Contra ella se pueden presentar dos objeciones: no faltan quienes afirman que los frecuentes actos de opresión practicados por la Nobleza o élites análogas en el pasado desmienten esta doctrina; muchos ponderan que toda afirmación de superioridad elimina del trato social la amenidad cristiana, pues —argumentan— toda superioridad despierta normalmente sentimientos de humillación, lo que es contrario a la dulzura evangélica.

Pío XII responde implícitamente: “(…) Tales desviaciones no bastan para disminuir ni ofuscar la verdad fundamental de que para el cristiano las desigualdades sociales se funden en una gran familia humana; que, por lo tanto, las relaciones entre las clases y categorías desiguales han de permanecer gobernadas por una justicia recta y ecuánime, y estar al mismo tiempo animadas por el respeto y afecto mutuos, de modo que, aun sin suprimir las desigualdades, se disminuyan las distancias y se suavicen los contrastes.” [14]

Ejemplos típicos de aristocrática suavidad de trato se encuentran en muchas familias nobles que saben ser intachablemente bondadosas con sus subordinados sin consentir que sea negada ni empañada su natural superioridad: “¿No vemos acaso, en las familias verdaderamente cristianas, a los mayores patricios y patricias vigilantes y solícitos en conservar para con sus domésticos y cuantos les rodean un comportamiento conforme, sin duda, a su clase, pero libre de toda afectación, benévolo y cortés en palabras y modales, que demuestran la nobleza de sus corazones, que no ven en ellos sino hombres, hermanos, cristianos como ellos, a ellos unidos en Cristo por los vínculos de (…) aquella caridad que aun en los más antiguos palacios consuela, sostiene, alegra y endulza la vida de grandes y humildes, principalmente en los tiempos de tristeza y de dolor, que nunca faltan en este mundo?” [15]

6. Nuestro Señor Jesucristo consagró la condición de noble así como la de obrero

Así considerada la condición de noble o miembro de una élite tradicional, se comprende que Nuestro Señor Jesucristo [16] la haya santificado encarnándose en una familia de príncipes:

“(…) si bien Cristo Nuestro Señor prefirió, para consuelo de los pobres, venir al mundo privado de todo y crecer en una familia de sencillos obreros, quiso, sin embargo, honrar con su nacimiento a la más noble e ilustre de las casas de Israel, a la propia estirpe de David.

“(…) fieles al espíritu de Aquél del Cual son Vicarios, los Sumos Pontífices han tenido siempre en muy alta consideración al Patriciado y a la Nobleza romana, cuyos sentimientos de indefectible adhesión a esta Sede Apostólica son la parte más preciosa de la herencia recibida de sus antepasados y que ellos mismos transmitirán a sus hijos.” [17]

7. Perennidad de la Nobleza y de las élites tradicionales

Como las hojas secas caen al suelo, así ocurre, al soplo de la revolución, con los elementos muertos del pasado. La Nobleza, sin embargo, en cuanto especie dentro del género élites, puede y debe sobrevivir porque tiene una razón de ser permanente:

“El soplo impetuoso de un nuevo tiempo arrastra con sus torbellinos las tradiciones del pasado; pero así se pone en evidencia cuáles de ellas están destinadas a caer como hojas muertas, y cuáles, en cambio, tienden a mantenerse y consolidarse con genuina fuerza vital.

“Una Nobleza y un Patriciado que, por así decir, se anquilosaran en la nostalgia del pasado, estarían condenados a una inevitable decadencia.

“Hoy más que nunca estáis llamados a ser no sólo una élite de la sangre y de la estirpe, sino, lo que es más, de las obras y sacrificios, de las realizaciones creadoras al servicio de toda la comunidad social.

“Y esto no es solamente un deber del hombre y del ciudadano que nadie puede eludir impunemente; es también un sagrado mandamiento de la Fe que habéis heredado de vuestros padres, y que debéis, como ellos, legar íntegra e inalterada a vuestros descendientes.

“Desterrad, pues, de vuestras filas todo abatimiento y toda pusilanimidad: todo abatimiento, ante una evolución de los tiempos que se lleva consigo muchas de las cosas que otras épocas habían edificado; toda pusilanimidad, ante los graves sucesos que acompañan a las novedades de nuestros días.

“Ser romano significa ser fuerte en el obrar, pero también en el soportar.

“Ser cristiano significa ir al encuentro de las penas y de las pruebas, de los deberes y necesidades de los tiempos, con aquel coraje, con aquella fortaleza y serenidad de espíritu de quien bebe en el manantial de las eternas esperanzas el antídoto contra todo humano desaliento.

“Humanamente grande es el altivo dicho de Horacio: ‘Si fractus illabatur orbis, impavidum ferient ruinae’ [18] (Od., 3.3).

“Pero cuanto más bello, seguro y feliz es el grito victorioso que brota de los labios cristianos y de los corazones desbordantes de Fe: ‘Non confundar in aeternum!’ [19] (Te Deum). [20]

8. La ley no puede revocar el pasado

Así se entiende que, a pesar de haber sido proclamada la República en Italia, haya mantenido el Santo Padre Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana como insigne recuerdo de un pasado del cual el presente debe conservar elementos para asegurar la continuidad de una tradición beneficiosa e ilustre:

“Es verdad que en la nueva Constitución italiana ‘no se reconocen los Títulos nobiliarios’ (salvo, naturalmente, en lo que respecta a la Santa Sede) [21]); pero esta misma Constitución no ha podido hacer desaparecer el pasado ni la historia de vuestras familias.” [22]

En la referencia hecha por Pío XII a la abolición de los Títulos nobiliarios por la República constata simplemente el hecho de la abolición, pero afirma, con noble desenvoltura, que la Iglesia reserva para sí toda la validez de los Títulos de Nobleza por ella otorgados o que venga a otorgar, y que esta validez continuaba en vigor, incluso [23] en el territorio de la República Italiana, pues un artículo de la Constitución Italiana no tiene poder para hacer cesar su validez reconocida por el Concordato de 1929. [24]

Continúa recayendo sobre el Patriciado y la Nobleza romana un pesado y magnífico deber, consecuencia del prestigio que amigos y enemigos han de reconocer: “Por consiguiente, el pueblo —ya esté a favor o en contra de vosotros, ya sienta hacia vosotros respetuosa confianza o sentimientos hostiles— también ahora mira y observa cuál es el ejemplo que dais en vuestra vida. A vosotros os toca, pues, corresponder a esta expectación (…).” [25]

Considerando lo que la Nobleza romana fue en el pasado, y no viendo ese recuerdo como algo muerto, sino como “un impulso hacia el porvenir”, Pío XII, “por motivos de honor y de fidelidad”, [26] mantuvo un trato de especial distinción para con ella, e invitó a sus contemporáneos a asociarse a dicha actitud: “Saludamos en vosotros a los representantes de familias que se distinguieron al servicio del Vicario de Cristo y permanecieron fieles al Pontificado aun cuando éste se hallaba expuesto a ultrajes y persecuciones. El orden social puede evolucionar. Las funciones públicas, otrora reservadas a vuestra clase, pueden hoy ser atribuidas sobre la base de la igualdad; pero el hombre moderno de rectos sentimientos no puede negar su respeto a un tal testimonio de reconocida memoria, “que debe servir igualmente de impulso hacia el porvenir.” [27];  (Θ txt sintetizado: ver nota al comienzo).

9. La democracia según la doctrina social de la Iglesia — Arqueologismo y falsa restauración: dos extremos a evitar

Se podría preguntar si con estas enseñanzas habría procurado Pío XII reaccionar contra esa tendencia igualitaria condenando la democracia.

La doctrina social de la Iglesia siempre ha afirmado la legitimidad de las tres formas de gobierno, monárquica, aristocrática y democrática. Siempre se ha negado también a aceptar que la única forma de gobierno compatible con la justicia y la caridad sea la democrática.

Santo Tomás de Aquino enseña que, en principio, la monarquía constituye una forma de gobierno superior a las demás. Eso no excluye que circunstancias concretas puedan hacer más aconsejable la aristocracia o la democracia en este o aquel Estado, y ve con especial agrado las formas de Gobierno en que se articulan armónicamente elementos de monarquía, aristocracia y democracia. [28]

León XIII, al explicar la doctrina social de la Iglesia sobre las formas de Gobierno, declara:

“Encerrándose en el terreno de la abstracción, se llega a determinar cuál es la mejor de estas formas consideradas en sí mismas.” [29] Sin embargo, no indica cuál de ellas es.

Es preciso notar lo categórico de su afirmación, aunque parezca condicional a primera vista: “se llega a determinar”.

Afirma que encontrar cuál es la forma intrínsecamente mejor de gobierno es posible mientras quiera el pensador mantenerse en el terreno de los principios abstractos. “Se puede afirmar igualmente… que cada una de ellas es buena siempre que sepa dirigirse directamente a su fin…, al bien común para el cual está constituida la autoridad social. Conviene añadir… que desde un punto de vista relativo tal o cual forma de gobierno puede ser preferible por adaptarse mejor al carácter y costumbres de esta o aquella nación.” [30]

Falta ahora descubrir cuál sería, según el Pontífice, esta forma de Gobierno considerada mejor en el campo de los principios abstractos.

Es necesario tomar en consideración la enc. Aeterni Patris (4.VIII.1879), sobre la restauración de la Escolástica conforme la doctrina de Santo Tomás. Entre otros muchos encomios a la obra del gran Doctor de la Iglesia, pueden mencionarse:

“Consta que casi todos los fundadores y legisladores de las Órdenes religiosas han mandado a sus miembros que estudien la doctrina de Santo Tomás y se adhieran a ella (…) tomando cuidado para que a nadie le sea lícito separarse impunemente en lo más mínimo de las huellas de tan grande varón. (…)

“(…) es más, los Romanos Pontífices Nuestros predecesores han elogiado la sabiduría de Tomás de Aquino con excepcionales encomios de estima e importantísimos testimonios. (…)

“(…) de estos juicios de los Pontífices máximos sobre Tomás de Aquino, por decirlo así llega al auge el testimonio de Inocencio VI: Su doctrina (la de Tomás) posee, en comparación con todas las demás, excepto con la canónica, precisión en las palabras, orden en la exposición, verdad en las sentencias, de tal manera que nunca se verá a quienes la siguen desviarse del camino de la verdad, y quien la impugne siempre será sospechoso de error. (Sermón sobre Santo Tomás) (…)

“Pero la mayor gloria, exclusiva de Tomás, (…) consiste en que los Padres de Trento, quisieron que estuviera sobre el altar, en el propio centro del cónclave, junto con los libros de la divina Escritura y los decretos de los Pontífices Máximos, la Suma de Tomás de Aquino, para que de ella se obtuviesen consejos, raciocinios y respuestas.” [31]

No es de suponer que el pensamiento de León XIII difiriese del de Santo Tomás en esta materia. Es digna de especial atención la siguiente frase del Pontífice: “No hemos querido jamás añadir nada, ni a las apreciaciones de los grandes doctores sobre el valor de las diversas formas de gobierno, ni a la doctrina católica y tradiciones de esta Sede Apostólica sobre el grado de obediencia debida a los poderes constituidos.” [32]

Además, siendo la democracia el gobierno del pueblo, y siendo el concepto de la doctrina católica sobre pueblo profundamente diferente del concepto neopagano corriente —según el cual por pueblo se entiende solamente la masa— se ve claramente que el propio concepto católico de democracia difiere profundamente de lo que en general se entiende como tal. [33]

Ante la avalancha igualitaria, Pío XII —sin entrar en preferencias políticas— procura tomar en consideración la tendencia democrática tal y como existe y guiarla de tal modo que se eviten daños para el cuerpo político-social.

Es lo que hace ver cuando, al reorganizarse la Italia de la posguerra, da a la Nobleza romana el siguiente consejo: “(…) generalmente todos admiten que esta reorganización no puede ser concebida como un puro y simple retorno al pasado. No es posible un semejante retroceso. (…). La Historia no se detiene, no puede detenerse; avanza siempre, prosiguiendo su curso, ordenado y rectilíneo o confuso y sinuoso, hacia el progreso o hacia una ilusión de progreso.” [34]

En la reconstrucción de la sociedad, así como en la de un edificio, hay dos errores extremos a evitar: hacer una reconstrucción meramente arqueológica; levantar un edificio enteramente diferente, es decir, una reconstrucción que no sea tal:

“Así como la reconstrucción de un edificio que debe servir para usos actuales no se puede concebir de un modo arqueológico, tampoco sería posible llevarla a cabo según diseños arbitrarios, aunque fuesen teóricamente los mejores y más deseables; hay que tener presente la imprescindible realidad, la realidad en toda su extensión.” [35]

10. Las instituciones altamente aristocráticas son también necesarias en las democracias

La Iglesia no pretende destruir la democracia, pero desea que sea bien entendida y que sea nítida la distinción entre el concepto cristiano y el concepto revolucionario.

Es oportuno recordar lo que Pío XII enseña sobre el carácter tradicional y el tono aristocrático de la democracia verdaderamente cristiana:

“Ya en otra ocasión hemos hablado Nos de las condiciones necesarias para que un pueblo pueda considerarse maduro para una sana democracia. Pero, ¿quién puede conducirlo y elevarlo a esta madurez? (…) La Historia nos atestigua que allí donde está vigente una verdadera democracia la vida del pueblo se halla como impregnada de sanas tradiciones que es ilícito derribar. Representantes de estas tradiciones son antes que nada las clases dirigentes, o sea, los grupos de hombres y mujeres o las asociaciones que, como suele decirse, dan el tono en el pueblo y en la ciudad, en la región y en el país entero.

De ahí que en todos los pueblos civilizados existan y tengan influencia instituciones eminentemente aristocráticas en el sentido más alto de la palabra, como son algunas academias de vasto y bien merecido renombre. También la Nobleza es de este número: sin pretender ningún privilegio o monopolio, es —o debería ser— una de aquellas instituciones; institución tradicional fundada sobre la continuidad de una antigua educación. (…). Para conservar, por lo tanto, dignamente vuestra elevada condición y vuestra categoría social, es más, para aumentarlas y enaltecerlas, debéis ser verdaderamente una élite, debéis cumplir las condiciones indispensables en el tiempo en que vivimos y corresponder a sus exigencias.” [36]

Una Nobleza o una élite tradicional cuyo ambiente sea caldo de cultivo para la formación de altas cualidades de inteligencia, voluntad y sensibilidad, y que funde su prestigio en los méritos de cada generación, no es, para Pío XII, un elemento heterogéneo y contradictorio con una democracia verdaderamente cristiana, sino un precioso elemento de la misma. Se ve así hasta qué punto la democracia auténticamente cristiana difiere de la democracia igualitaria pregonada por la Revolución, en la cual la destrucción de todas las élites —entre ellas especialmente la Nobleza— es tenida por condición esencial de autenticidad democrática. [37]

NOTAS

[1] PNR 1947, pp. 370-371.

[2] PNR 1941, p. 364.

Es tan grande la importancia de los párrafos que acaban de ser citados que merecerían ser destacados en negrita de principio a fin. No lo hacemos para no sobrecargar el aspecto visual de estas páginas.

[3] Cfr. Capítulo V, 7-8; Documentos VI.

[4] PNR 1944, pp. 177-178.

[5] PNR 1942, p. 345 —

Respecto a ello Rivarol, el brillante polemista francés contemporáneo y adversario de la Revolución de 1789, afirmó: “Los nobles son monedas más o menos antiguas que el tiempo ha transformado en medallas” (M. Berville, Mémoires de Rivarol, Baudouin Frères, París, 1824, p. 212).

[6] PNR 1944, p. 178.

[7] El término “Revolución” es usado en este libro con sentido igual al que se le atribuye en el ensayo del mismo autor, Revolución y Contra-Revolución –ver texto completo en el blog: Una obra clave: Revolución y Contra-Revolución

http://rcr-una-obra-clave.blogspot.com/

Designa un proceso iniciado en el siglo XV que tiende a destruir toda la Civilización Cristiana e implantar un estado de cosas diametralmente opuesto. Constituyen etapas del mismo la Pseudo-Reforma, la Revolución Francesa, el Comunismo en sus múltiples variantes y en su sutil metamorfosis de los días presentes.

[8] ¡Si la juventud supiera! ¡Si la vejez pudiera!
[9] Ha tenido en su juventud toda la prudencia de una edad avanzada, y en una edad avanzada todo el vigor de la juventud. Se refiere a Enrique de la Tour d’Auvergne, Vizconde de Turenne, Mariscal de Francia (1611-1675).
[10] PNR 1944, pp. 178-179; cfr. Capítulo VI, 5, a; Documentos VI.
[11] PNR 1944, p. 180.
No se imagine el lector que Pío XII omite con este sabio consejo los graves peligros resultantes de la sobrevaloración de la técnica moderna: “Parece innegable que la misma técnica, llegada en nuestro siglo al apogeo de su esplendor y eficacia, se transforme por circunstancias de hecho en un grave peligro espiritual. Parece comunicar al hombre moderno, postrado ante su altar, un sentido de autosuficiencia y de satisfacción de sus aspiraciones de conocimiento y poderío ilimitados. Con sus múltiples usos, con la absoluta confianza que en ella se deposita, con las inagotables posibilidades que promete, la técnica moderna despliega en torno al hombre contemporáneo una visión tan vasta que llega a ser confundida por muchos con el propio infinito. En consecuencia, se le atribuye una autonomía imposible, la cual a su vez se transforma, en el pensamiento de algunos, en una concepción equivocada de la vida y del mundo, designada con el nombre de ‘espíritu técnico’. Pero, ¿en qué consiste exactamente esto? En considerar como el más alto valor humano y de la vida extraer el mayor provecho de las fuerzas y de los elementos de la naturaleza; en fijarse como finalidad, prefiriéndola a todas las demás actividades humanas, los métodos técnicamente posibles de producción mecánica y en ver en ellos la perfección de la cultura y de la felicidad terrena” (Radiomensaje de Navidad de 1953, in Discorsi e Radiomessaggi, vol. XV, p. 522).
[12] PNR 1942, p. 347.
[13] Marco Antonio Colonna, el Joven, Duque de Pagliano (1535-1584). San Pío V le confió el mando de las doce galeras pontificias que participaron en la batalla. Se batió con tanto heroísmo y pericia que fue recibido triunfalmente en Roma a su vuelta. PNR 1942, pp. 346-347.
[14] PNR 1942, pp. 347-348.
[15] PNR 1942, p. 348.
[16] Cfr. Capítulo IV, 8.
[17] PNR 1941, pp. 363-364; cfr. Documentos IV.
[18] Si el mundo se deshiciera en pedazos, sus ruinas le herirían, pero él permanecería imperturbable.
[19] ¡No seré confundido eternamente!
[20] PNR 1951, pp. 423-424.
[21] Cfr. Capítulo II, 1.
[22] PNR 1949, p. 346.
[23] Cfr. Capítulo 11,1.
[24] A propósito de la abolición radical y sumaria de una tan antigua y benemérita institución como la nobleza —realizada evidentemente bajo la fuerza de impacto del igualitarismo radical que sopló en tantos países después de la segunda y primera Guerras Mundiales— es preciso lamentar que no hayan sido tomadas en absoluto en consideración estas enseñanzas de alta sabiduría proferidas por Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica (I-II, q. 97, a. 2) bajo el título “Si la ley humana ha de modificarse siempre que se presente un bien mejor”:
“Está establecido en las ‘Decretales’ que ‘es un absurdo y una afrenta detestable permitirse quebrantar las tradiciones que de antiguo hemos recibido de nuestros antepasados’.
“Respondo diciendo que, como hemos dicho, la ley humana se modifica rectamente solo cuando mediante esta modificación se busca el bien común; pero la propia modificación de una ley es en sí misma un detrimento del bien común, porque la costumbre ayuda mucho a que sean cumplidas las leyes, de tal modo que lo que se hace en contra de una costumbre común, aunque sea de sí leve, se ve como grave. Por eso, cuando se modifica una ley, disminuye su poder represivo en la medida en que la costumbre es suprimida, y por eso nunca debe modificarse la ley humana, sino cuando el bien común sea compensado por una parte tanto cuanto por la otra se le perjudica. Esto sucede en realidad, o bien cuando del nuevo decreto emana una utilidad grandísima y evidentísima; o bien en caso de extrema necesidad, cuando la ley vigente contiene una injusticia manifiesta o su cumplimiento es extremamente nocivo. Por eso dice el jurisconsulto que ‘para establecer nuevas normas, es necesario que su utilidad sea evidente, para que justifique el abandono de aquello que se ha considerado equitativo durante mucho tiempo’.”
[25] PNR 1949, p. 346.
[26] 1950, p. 357.
[27] 1950, p. 357.
[28] Para una correcta comprensión de lo aquí expuesto respecto a la Doctrina de la Iglesia y el pensamiento de Santo Tomás de Aquino sobre las diversas formas de Gobierno, es de capital importancia la lectura de los textos pontificios y del Santo Doctor transcriptos en el Apéndice III y acompañados por comentarios del autor.
[29] Au milieu des sollicitudes in ASS XXIV [1891-92] 523.
[30] Ibídem.
[31] ASS XII [1894] 109-110.
[32] Carta al Cardenal Matthieu, 28/3/1897 in La paix intérieure des Nations, Desclée & Cie, 1952, p. 220.
[33] cfr. Capítulo III.
[34] PNR 1945, p. 274.
[35] Ibídem.
[36] PNR 1946, pp. 340-341.
[37] Sobre la legitimidad y necesidad de que exista la Nobleza en una sociedad auténticamente católica, véase el sustancioso esquema —transcripto y comentado en el Apéndice IV de este libro— publicado bajo el título de “Aristocracia” en un importante homiliario elaborado bajo la dirección del Cardenal Ángel Herrera Oria.

 ♦ Consulte las notas anteriores haciendo click más abajo en el ‘tag’ Sumario o utilizando el buscador del sitio

 

 

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Ap III Formas de gobierno mayo 016

El igualitarismo es soberanamente contrario a la naturaleza y subversor de todo orden social (San Pío X)

 

3. Una u otra forma de gobierno
puede ser preferible por adaptarse mejor al carácter
o a las costumbres del pueblo a que se destina
De la encíclica Au milieu des sollicitudes (16/2/1892), de León XIII:

“A lo largo del presente siglo se han ido sucediendo en Francia diversos regímenes políticos, cada uno con su forma característica: imperios, monarquías, repúblicas. Encerrándose en el terreno de la abstracción, se llega a determinar cuál es la mejor de estas formas consideradas en sí mismas. Se puede afirmar igualmente, con toda verdad, que cada una de ellas es buena siempre que sepa dirigirse directamente a su fin, es decir, al bien común, para el cual está constituida la autoridad social. Conviene añadir, por fin, que desde un punto de vista relativo tal o cual forma de gobierno puede ser preferible por adaptarse mejor al carácter y costumbres de esta o aquella nación. Dentro de este orden especulativo de ideas, los católicos tienen, como cualquier ciudadano, plena libertad para preferir una forma de gobierno sobre otra, precisamente porque ninguna de ellas se opone por sí misma a las exigencias del sentido común o a los dogmas de la Doctrina Católica.” 3

. . . . . . . . . . .

3) ASS XXIV [1891-92] 523

4. Error de le Sillon: sólo la democracia
inaugurará el reino de perfecta justicia

De la carta apostólica Notre charge apostolique (25/8/1910), de San Pío X:

“Le Sillon (…) siembra, pues, entre vuestra juventud católica, nociones erróneas y funestas sobre la autoridad, la libertad y la obediencia. No actúa de diferente modo en lo que concierne a la justicia y a la igualdad. [Le Sillon] se esfuerza, así lo dice, en realizar una era de igualdad, que será, por eso mismo, una era de justicia mejor. Así, pues, ¡toda desigualdad de condición es para él una injusticia o, al menos, una justicia menor!; principio éste soberanamente contrario a la naturaleza de las cosas, generador de envidia e injusticias y subversor de todo orden social. De este modo, ¡tan sólo la democracia inaugurará el reino de la perfecta justicia! ¿No es esto una injuria contra las demás formas de gobierno, que son rebajadas así al rango de gobiernos impotentes, apenas tolerables?

“Por lo demás, le Sillon tropieza también en este punto con la doctrina de León XIII. En la ya citada encíclica sobre el principado político [Diuturnum illud] habría podido leer que, ‘salvaguardada la justicia, no está prohibida a los pueblos la adopción de aquel sistema de gobierno que sea más apto y conveniente a su manera de ser o a las instituciones y costumbres de sus mayores’, y la encíclica hace alusión a las tres formas de gobierno bien conocidas. Supone, por lo tanto, que la justicia es compatible con cada una de ellas. Y la encíclica sobre la condición de los obreros ¿no afirma claramente que es posible restaurar la justicia en las organizaciones actuales de la sociedad, una vez que indica los medios para ello? Ahora bien, León XIII quería hablar, sin duda alguna, no de una justicia cualquiera, sino de la justicia perfecta. Por tanto, al enseñar que la justicia es compatible con las tres formas de gobierno conocidas enseñaba que la democracia no goza de un privilegio especial bajo este aspecto. Los sillonistas, que pretenden lo contrario, o bien rehúsan oír a la Iglesia, o bien se forman de la justicia y de la igualdad un concepto que no es católico.”1

1) AAS II [1910] 618-619

Agradecemos la colaboración del blog ARISTOCRACIA y SOCIEDAD ORGANICA

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El presente sumario  (12 bis) corresponde a la nota 12 de la Visión de Conjunto:

http://nobleza.org/cooperacion-relevante-de-la-nobleza-y-las-elites-tradicionales-en-la-solucion-de-la-crisis-contemporanea-las-ensenanzas-de-pio-xii-cap-vi-vision-de-conjunto-12/

010 Selección temática


Θ Nota: algunas citas de documentos pontificios han sido sintetizadas en el presente sumario. El lector puede consultar las citas textuales online en :

http://www.pliniocorreadeoliveira.info/LN_Espanha/Volume%20I/LN_ES_Cap_00_0_Indice.htm

Cooperación relevante de la Nobleza y las élites tradicionales en la solución de la crisis contemporánea – Las enseñanzas de Pío XII – Cap. VI

En este capítulo, lleno de vitales principios para el momento actual, el autor aborda  las enseñanzas de Pío XII sobre una cuestión fundamental: el llamado a la Nobleza y familias tradicionales a ejercer el apostolado de ser guías de la sociedad y pilar para enfrentar la crisis contemporánea.

Incluye la caracterización de qué es un dirigente, la variedad de roles a desempeñar en todas las camadas sociales -que nobles y miembros de las élites tradicionales deben ejercer con el cuño de excelencia propio.

El Pontífice los invita a ser fuertes y a ponerse a la cabeza del movimiento de reforma del hogar oponiendo un dique a la degradación de la sociedad, exhortando a los indiferentes y derrotistas  a no desertar el campo de batalla.

 Soldados de la conquista foto
Tras abordar la legitimidad y necesidad de la existencia de élites tradicionales, se verá cómo éstas —según demuestra Pío XII— deben ejercer, con las cualidades y virtudes propias, la función de guías de la sociedad, a la que no tienen derecho a renunciar.

1. La virtud cristiana, esencia de la Nobleza

En el noble de hoy deben brillar sus cualidades de alma. Virtud e ideal cristianos son parte de la esencia de la nobleza.

“Levantad vuestros ojos y posadlos firmemente en el ideal cristiano. Todas estas agitaciones, evoluciones o revoluciones lo dejan intacto; nada pueden contra aquello que es la más íntima esencia de la verdadera Nobleza, de aquella que aspira a la perfección cristiana como la expuso el Redentor en el sermón de la Montaña. Fidelidad incondicional a la doctrina católica (…); capacidad y deseo de ser también para los demás modelo y guía.” [1]

Pío XII estimula a la Nobleza a demostrar una santa intransigencia: “Oponed, en vuestras casas y en vuestros ambientes, un dique a toda infiltración de principios funestos, de condescendencias o tolerancias perniciosas que podrían contaminar u ofuscar la pureza del matrimonio o de la familia. He aquí, ciertamente una insigne y santa empresa, bien capaz de inflamar el celo de la Nobleza romana y cristiana de nuestros tiempos.” [2]

a) Cualidades de alma del noble actual

Para vencer los gravísimos obstáculos que se oponen al perfecto cumplimiento de su deber, debe ser hombre de valor, como lo espera el Vicario de Cristo:
“Por eso, lo que de vosotros esperamos es, antes que nada, una fortaleza de ánimo que ni las más duras pruebas consigan abatir; una fortaleza de ánimo que no solamente os convierta en perfectos soldados de Cristo para con vosotros mismos, sino también, por así decir, en animadores y sustentadores de quienes se sientan tentados de dudar o ceder.
“Lo que esperamos de vosotros, en segundo lugar, es una prontitud para la acción, que no se atemorice ni desanime en previsión de ninguno de los sacrificios hoy exigidos por el bien común [que]… os preserven de caer en un ‘abstencionismo’ apático e inerte, que sería gravemente culpable en una época en la que están en juego los más vitales intereses de la religión y de la patria.
“Lo que esperamos, por fin, de vosotros es una generosa adhesión (…) al precepto fundamental de la doctrina y de la vida cristiana (…).
(…) [3]
En su alocución de 1949 agrega:

“De fortaleza de ánimo todos tienen necesidad, especialmente en nuestros días, para soportar con valor el sufrimiento, para superar victoriosamente las dificultades de la vida, para cumplir con constancia su propio deber. (…) vosotros tenéis menos derecho que muchos otros a rendiros o huir (…).
Prontitud para la acción. (…) En todo aquello que es para servicio del prójimo, de la sociedad, de la Iglesia de Dios, debéis ser siempre vosotros los primeros; (…).
Generosa adhesión a los preceptos de la doctrina y de la vida cristiana. Son éstos los mismos para todos, (…) pero el justo juicio de Dios será mucho más severo con aquellos que han recibido más, que están en mejores condiciones de conocer la única doctrina y ponerla en práctica en la vida cotidiana, con aquellos que mediante su ejemplo y autoridad pueden más fácilmente guiar a los demás por las vías de la justicia y de la salvación, o bien perderlos por los funestos senderos de la incredulidad y del pecado.” [4]
El Pontífice no admite una Nobleza o una élite tradicional que no sean efectiva y abnegadamente apostólicas. La Nobleza que vive para el lucro y no para la Fe, sin ideales, aburguesada, es un cadáver de Nobleza. [5]

b) La caballerosidad aristocrática, un vínculo de caridad

La caballerosidad aristocrática bien entendida, lejos de constituir un factor de división es, en realidad, un elemento de unión que impregna de amenidad la convivencia entre el noble y los miembros de otras clases sociales.

Mantiene a las clases distintas entre sí “sin confusión ni desorden”, [6] sin nivelaciones igualitarias, pero hace amistosas sus relaciones.

2. La Nobleza y las élites tradicionales en cuanto guías de la sociedad

Las cualidades anímicas y trato caballeresco cristianos capacitan al noble para ejercer la misión de guía.

a) Guiar a la sociedad: una forma de apostolado

En efecto, la multitud necesita hoy en día guías idóneos: La multitud innumerable, anónima, es fácil de ser agitada desordenadamente; ella se abandona a ciegas, pasivamente, al torrente que la arrastra o al capricho de las corrientes que la dividen y extravían. Una vez transformada en juguete de las pasiones o de los intereses de sus agitadores, no menos que de sus propias ilusiones, no es capaz ya de poner el pie sobre la roca y afirmarse para formar un verdadero pueblo, es decir, un cuerpo vivo con los miembros y los órganos diferenciados según sus formas y funciones respectivas, pero concurriendo en conjunto a su actividad autónoma en orden y unidad”. [7]

A la Nobleza y a las élites tradicionales les cabe desempeñar esta función realizando un luminoso apostolado: “¿Una élite? Bien podéis serlo. Tenéis a vuestras espaldas todo un pasado de tradiciones seculares que representan valores fundamentales para la vida sana de un pueblo. Entre estas tradiciones, de las cuales os sentís justamente orgullosos, incluís en primer lugar la religiosidad, la Fe católica viva y operante. ¿Acaso no ha probado ya cruelmente la Historia que toda sociedad humana sin bases religiosas corre fatalmente hacia su disolución o termina en el terror? Émulos de vuestros antepasados, habéis, pues, de brillar ante el pueblo con la luz de vuestra vida espiritual, con el esplendor de vuestra incontestable fidelidad hacia Cristo y hacia la Iglesia.

“(…) De todos los países (…) sube el grito de angustia del matrimonio y de la familia, tan desgarrador que no es posible dejar de escucharlo. También en esto poneos con vuestra conducta a la cabeza del movimiento de reforma y de restauración del hogar.

“(…) ser para el pueblo, en todas las funciones de la vida pública (…)  ejemplos vivos de observancia inflexible del deber, hombres imparciales y desinteresados que, libres de toda desordenada ansia de ambición o de lucro, no aceptan un puesto sino para servir a la buena causa; hombres valientes que no se atemorizan ni por la pérdida del favor de quienes están arriba, ni por las amenazas de los de abajo.

“(…) una adhesión tranquila y constante a todo aquello que la experiencia y la Historia han confirmado y consagrado, la de un espíritu inaccesible a la agitación inquieta y a la ciega avidez de novedades que caracterizan nuestro tiempo, pero ampliamente abierto, a la vez, a todas las necesidades sociales. Firmemente convencidos de que sólo la doctrina de la Iglesia puede proporcionar un remedio eficaz a los males presentes, tomad a pecho el abrirle camino, sin reservas ni desconfianzas egoístas (…). Un verdadero hidalgo jamás presta su concurso a iniciativas que no puedan sustentarse y prosperar sino con perjuicio del bien común, con detrimento o con la ruina de personas de condición modesta; por el contrario, se enorgullece de estar al lado de los pequeños, de los débiles, del pueblo, de aquellos que ganan el pan con el sudor de su frente ejerciendo un oficio honesto. Así seréis vosotros verdaderamente una élite; así cumpliréis vuestro deber religioso y cristiano; así serviréis noblemente a Dios y a vuestro país.

“Ojalá podáis, amados hijos e hijas, con vuestras grandes tradiciones, con la solicitud por vuestro progreso y por vuestra perfección personal, humana y cristiana, con vuestros cariñosos servicios, con la caridad y simplicidad de vuestras relaciones con todas las clases sociales, ayudar al pueblo a reafirmarse sobre la piedra fundamental, a buscar el reino de Dios y su justicia.” [8]

b) Cómo debe ejercer la Nobleza su misión directiva

La Nobleza deberá tener en cuenta que la pluralidad de funciones directivas es muy amplia:

“En una sociedad adelantada como la nuestra, que deberá ser restaurada, reordenada, después del gran cataclismo, la función de dirigente es muy variada: dirigente es el hombre de Estado, de gobierno, el hombre político; dirigente es el obrero que, sin recurrir a la violencia, a las amenazas o a la propaganda insidiosa, sino por su propia valía, ha sabido adquirir autoridad y crédito en su círculo; son dirigentes, cada uno en su campo, el ingeniero y el jurisconsulto, el diplomático y el economista, sin los cuales el mundo material, social, internacional, iría a la deriva; son dirigentes el profesor universitario, el orador, el escritor, que tienen por objetivo formar y guiar los espíritus; dirigente es el oficial que infunde en el ánimo de sus soldados el sentido del deber, del servicio, del sacrificio; dirigente es el médico en el ejercicio de su misión salutífera; dirigente es el sacerdote que indica a las almas el sendero de la luz y de la salvación, prestándoles los auxilios necesarios para caminar y avanzar con seguridad.” [9]

La Nobleza y las élites tradicionales tienen la función de participar en esa dirección en cualquier sector digno de ella:

“Ante esta encrucijada, ¿cuál es vuestro puesto, vuestra función, vuestro deber? Se presenta bajo un doble aspecto: función y deber personal, para cada uno de vosotros; función y deber de la clase a la que pertenecéis.

“(…) En cada una de estas actividades debéis poner el mayor cuidado en alcanzar éxito como dirigentes, tanto por la confianza que en vosotros depositan quienes han permanecido fieles a las sanas y vivas tradiciones, como por la desconfianza de otros muchos, desconfianza ésta que debéis vencer, conquistando su estima y respeto a fuerza de ser en todo excelentes en el puesto que os encontréis, en la actividad que ejerzáis cualquiera que sea la naturaleza de dicho puesto y la forma de dicha actividad”. [10]

El noble debe comunicar a todo aquello que hace las relevantes cualidades humanas que su tradición le proporciona:

“¿En qué debe consistir, pues, esta excelencia de vida y de acción (…)?

“Ante todo se manifiesta en la perfección de vuestra obra, sea ella técnica, científica, artística u otra similar. La obra de vuestras manos y de vuestro espíritu debe tener aquella impronta de refinamiento y de perfección que no se adquiere de un día para otro sino que refleja la finura del pensamiento, del sentimiento, del alma, de la conciencia heredada de vuestros mayores e incesantemente fomentada por el ideal cristiano.

En “la intervención del hombre completo en todas las manifestaciones de su actividad, aun en las más especializadas, de tal modo que la especialización de su competencia no se convierta jamás en la hipertrofia [de una sola cualidad], ni vele ni atrofie nunca la cultura general, del mismo modo que en una frase musical la nota dominante no debe romper la armonía ni oprimir la melodía.

“Se manifiesta, además, en la dignidad del porte y la conducta, dignidad que no es, sin embargo, imperativa y que, lejos de resaltar las distancias, sólo las deja traslucir, si es necesario, para inspirar a los demás una más alta nobleza de alma, de espíritu y de corazón. (…) [11]

Mas todo el refinamiento aristocrático, tan digno de admiración en sí mismo, sería inútil y hasta nocivo si no tuviese por base un alto sentido moral:

“Una sociedad inmoral o amoral, que ya no siente en su conciencia ni manifiesta en sus actos la distinción entre el bien y el mal, que no se horroriza ya con el espectáculo de la corrupción, que la excusa, que se adapta a ella con indiferencia, que la acoge con favor, que la practica sin perturbación ni remordimiento, que la ostenta sin rubor, que en ella se degrada, que se mofa de la virtud, se halla a camino de su ruina. (…) Muy otra es la verdadera cortesía: ésta hace resplandecer en las relaciones sociales una humildad llena de grandeza, una caridad que desconoce todo egoísmo y toda búsqueda del propio interés. (…).” [12]

“Humildad llena de grandeza”… ¡Qué admirable expresión!; tan opuesta al fútil estilo de la jet set como a la vulgaridad de maneras, de estilo de vida, de modo de ser, llamados “democráticos” o “modernos”, actualmente en uso.

c) Las élites de formación tradicional tienen una visión particularmente aguda del presente

Un noble dotado con un espíritu profundamente tradicional puede extraer de la experiencia del pasado que vive en él los medios para conocer, mejor que muchos otros, los problemas del presente. Es un auscultador sutil y profundo de la realidad:

“(…) Penetrar en medio del pueblo y auscultar las aspiraciones y el malestar de nuestros contemporáneos, (…) buscar remedio a los males comunes, tocar delicadamente las llagas para curarlas y salvarlas de una eventual infección por falta de cuidados, evitando irritarlas con un contacto demasiado áspero, ¿no es acaso una función social de primer orden y de gran interés?

“Comprender, amar en la caridad de Cristo al pueblo de vuestro tiempo, dar prueba con los hechos de esta comprensión y este amor: he aquí el arte y manera de hacer aquel bien mayor que os compete realizar, no sólo, de un modo directo, a quienes están a vuestro alrededor, sino en una esfera casi ilimitada, desde el momento en que vuestra experiencia se convierte en un beneficio para todos. Y en esta materia, ¡qué magníficas lecciones dan tantos espíritus nobles, ardiente y valerosamente dedicados a suscitar y difundir un orden social cristiano!” [13]

Como se ve, el aristócrata auténtico y, por tanto, genuinamente tradicional, puede y debe amar al pueblo con base en la Fe y ejercer sobre él una influencia verdaderamente cristiana.

d) El aristócrata verdaderamente tradicional es imagen de la Providencia de Dios

Pero,¿no se vulgariza la Nobleza al ingresar en los puestos de dirección de la vida actual? ¿No se convertirá su amor al pasado en un obstáculo al ejercicio de las actividades actuales? Enseñó Pío XII:

“No menos ofensivo para vosotros, no menos dañoso para la sociedad, sería el infundado e injusto prejuicio que no duda en insinuar y hacer creer que el Patriciado y la Nobleza desmerecerían su propia honra y faltarían a la dignidad de su rango si practicaran funciones y oficios que los pusieran a la par de la actividad general. (…) Así pues, no es ya raro encontrar en nuestro tiempo, cambiadas las condiciones políticas y sociales, nombres de familias nobles asociados a los progresos de la ciencia, de la agricultura, de la industria, de la administración pública, del gobierno; tanto más perspicaces observadores de lo presente y seguros y atrevidos precursores del futuro, cuanto más firmemente se encuentran asidos al pasado, dispuestos a sacar provecho de la experiencia de sus predecesores, prestos para librarse de ilusiones o errores que han sido ya causa de muchos pasos en falso o nocivos.

“Pues queréis ser guardianes de la verdadera tradición que honra a vuestras familias, os corresponde el deber y el honor de contribuir a la salvación de la convivencia humana, preservándola tanto de la esterilidad a que la condenarían los melancólicos y demasiado celosos contempladores del pasado, como de la catástrofe a que la conducirían los aventureros temerarios o los profetas alucinados por un falaz y engañoso porvenir. Durante vuestra actuación aparecerá sobre vosotros y en vosotros la figura de la Providencia divina, que con su fuerza y dulzura, dispone y dirige todas las cosas hacia su perfección (Sb. VIII, 1) (…). Con semejante actuación seréis también excelentes colaboradores de la Iglesia —Ciudad de Dios sobre la Tierra que prepara la Ciudad Eterna—, la cual, aun en medio de las agitaciones y de los conflictos, no cesa de promover el progreso espiritual de los pueblos.” [14]

e) Misión de la aristocracia junto a los pobres

En esa participación en la dirección de la sociedad se incluye el doble carácter educativo y caritativo de la acción de las élites tradicionales, admirablemente descripto por Pío XII:

“Pero, como todo rico patrimonio, también éste lleva consigo estrictos deberes::

“1) el deber de no desperdiciar semejantes tesoros, de transmitirlos intactos y, si es posible, acrecentados, a quienes vengan detrás de vosotros; y el de resistir, por lo tanto, a la tentación de no ver en ellos sino un medio de vida más fácil, más agradable, más exquisita, más refinada;

“2) el deber de no reservaros dichos bienes solamente para vosotros, sino hacerlos aprovechar con generosidad a cuantos hayan sido menos favorecidos por la Providencia.

“Conquistaron también vuestros mayores, amados hijos e hijas, la nobleza de la beneficencia y de la virtud (…). Bien sabemos Nos que en el Patriciado y en la Nobleza romana no ha disminuido esta gloria y empuje hacia el bien, en la medida en que a cada uno se lo permiten sus facultades; pero en la tan penosa hora presente (…) vuestro ánimo—mientras guarda noblemente una seriedad (…),  una austeridad de vida que excluye toda ligereza y todo placer frívolo, incompatibles para todo corazón bien nacido con el espectáculo de tantos sufrimientos— siente mucho más vivo aún el impulso de una caridad activa que os anima a aumentar y multiplicar los méritos ya antes adquiridos en el alivio de las miserias y de la pobreza humanas.” [15]

3. Los guías ausentes — El mal que hay en esa ausencia

a) Absentismo y omisión, pecados de las élites

No es tan rara, desgraciadamente, entre los componentes de la Nobleza y las élites tradicionales, la tendencia a aislarse de los acontecimientos. Imaginándose protegidos contra las vicisitudes, un considerable número se alejan de la vida real, se cierran en sí mismos, y dejan transcurrir los días y los años en una vida despreocupada, y sin objetivo terreno definido. Búsquense sus nombres en las lides de apostolado, en las actividades caritativas, en la diplomacia, en la vida universitaria, en la política, en las artes, en las armas, en la producción económica: será en vano; salvo excepciones, estarán ausentes. Hasta en la vida social, su papel llega a veces a ser nulo. Puede ocurrir que en el ámbito de una nación todo ocurra como si no existieran.

¿Por qué este absentismo? Por una conjugación de cualidades y defectos. La vida de estas élites es en la mayoría de los casos digna, honesta e incluso modélica, pues se inspira en un pasado profundamente cristiano. Sin embargo, éste les parece que ya no significa nada a no ser para ellas mismas. Se apegan a él con un ahínco minucioso y se apartan de la vida presente. No perciben que, si en el acervo de reminiscencias de las cuales viven hay cosas que ya no son aplicables a nuestros días, [16] emanan, sin embargo, de él valores, inspiraciones, tendencias, directrices que podrían influir a fondo en las “formas de vida bien diversas” del “nuevo capítulo” que se ha abierto. [17]

Este precioso conjunto de valores espirituales, morales, culturales y sociales —de gran importancia en la esfera política como en la privada—, esta vida que nace del pasado y debe dirigir el futuro, es la tradición. Manteniendo la perpetuidad de este valor inestimable, la Nobleza y las élites análogas deben ejercer una acción de presencia profunda y de codirección en la sociedad para asegurar el bien común.

b) La ausencia de los guías: una virtual complicidad

Se comprende así aún mejor la responsabilidad que hay en la omisión de las élites perpetuamente ausentes:

“Menos difícil resulta, en cambio, determinar cuál debe ser hoy vuestra conducta ante los diferentes modelos que se os ofrecen.

“El primero (…) es inadmisible: es el del desertor, el de aquel [que] ha sido llamado con justicia el ‘emigrado al interior’; [18] es la abstención del hombre molesto o irritado que, por despecho o desaliento, no hace ningún uso de sus cualidades y energías, no toma parte en ninguna de las actividades de su país y de su tiempo, sino que, como el Pelida Aquiles, [19] se retira a su tienda, (…) mientras la suerte de su patria está en juego.

“La abstención resulta aún menos digna cuando es consecuencia de una indiferencia indolente y pasiva. Peor, efectivamente, que el mal humor, que el despecho o que el desaliento sería [manifestar] negligencia ante la inminencia de ruina de sus hermanos y de su mismo pueblo. En vano se intentaría disimularla bajo la máscara de la neutralidad; no es de ningún modo neutral; se quiera o no, es cómplice. Al dejarse arrastrar pasivamente, cada uno de los copos de nieve que reposan dulcemente en la ladera del monte y la adornan con su blancura, contribuyen a convertir una pequeña masa de nieve desprendida de la cumbre en una avalancha que causará desastres (…). Sólo los bloques firmes (…) oponen a la avalancha una resistencia victoriosa y pueden detener o al menos frenar su devastadora trayectoria.

“Así [ocurre con] el hombre justo y firme en su buen propósito, del cual habla Horacio en una oda célebre (Carm. III, 3), que no se deja estremecer en su inquebrantable modo de pensar ni por la furia de sus conciudadanos, que dan órdenes delictivas, ni por la amenazadora cólera del tirano, sino que se mantendría impávido aunque el Universo cayera en pedazos sobre su cabeza: ‘si fractus iIIabatur orbis, impavidum ferient ruinae’. Pero si este hombre justo y fuerte es cristiano, no se contentará con permanecer en pie, impasible, en medio de las ruinas; se sentirá obligado a resistir y a impedir el cataclismo, o por lo menos a limitar el efecto de sus daños; y aun cuando no sea capaz de contener su fuerza destructora, allí estará él para reconstruir los edificios derribados y sembrar los campos devastados. Así ha de ser vuestra conducta, la cual consiste en que —sin que debáis renunciar a vuestros libres juicios y convicciones sobre las vicisitudes humanas— toméis tal como es el orden contingente de las cosas, y dirijáis su eficacia no tanto hacia el bien de una determinada clase, sino de la comunidad en su conjunto.” [20]

El Papa insiste en el principio de que la existencia de una élite tradicional interesa a todo el cuerpo social, mientras cumpla con su deber.

4. Otra forma de rechazar su misión: dejarse corromper y deteriorar

La Nobleza y las élites tradicionales también pueden pecar contra su misión dejándose deteriorar por la impiedad y por la inmoralidad:

“La alta sociedad francesa del siglo XVIII fue uno de los muchos trágicos ejemplos de ello. Nunca hubo una sociedad más refinada, más elegante, más brillante, más fascinadora. Los más variados placeres del espíritu, una intensa cultura intelectual, un finísimo arte del placer, una excelente delicadeza de maneras y de lenguaje dominaban en aquella sociedad externamente tan cortés y amable, pero donde todo —libros, novelas, figuras, adornos, vestimentas, peinados— invitaba a una sensualidad que penetraba en las venas y en los corazones, donde la misma infidelidad conyugal casi ya no sorprendía ni escandalizaba. Así trabajaba dicha sociedad para su propia decadencia y corría hacia el abismo cavado con sus propias manos.” [21]

De este modo la Nobleza y las élites tradicionales ejercen una acción trágicamente destructora en la sociedad, que debería ver en ellas un ejemplo e incentivo para la práctica de las virtudes y el bien. Les cabe, ante esta acción destructora, un deber reparador.

La Historia la hacen principalmente las élites. Si la acción de la Nobleza cristiana ha sido marcadamente bienhechora, su paganización es uno de los puntos de partida de la catastrófica crisis contemporánea:

“Conviene recordar, sin embargo, que semejante camino hacia la incredulidad y la irreligión no tuvo su punto de partida abajo, sino en lo alto, es decir, en las clases dirigentes, en los grupos elevados, en la Nobleza, en los pensadores y en los filósofos. (…) ¿Acaso no se ha manifestado (…) en el occidente cristiano una evolución espiritual que, por así decir, ha venido derribando y minando (…) cada vez más la Fe, conduciéndonos a la ruina que hoy se manifiesta en multitudes de hombres sin religión u hostiles a ella, (…) animados y extraviados por un íntimo y mal concebido escepticismo hacia lo sobrenatural y hacia el cristianismo?

“Vanguardia de esa evolución fue la llamada Reforma protestante, durante cuyas vicisitudes y guerras una gran parte de la Nobleza europea se separó de la Iglesia y se apoderó de sus bienes. Pero la incredulidad propiamente dicha se difundió en la época que precedió a la Revolución Francesa. (…) el ateísmo, disfrazado con la máscara del deísmo, se propagó entonces rápidamente en la alta sociedad de Francia y de otros lugares; creer en un Dios Creador y Redentor se había convertido, en aquel mundo entregado a todos los placeres de los sentidos, en algo casi ridículo e impropio de espíritus cultos y ávidos de novedades y de progreso.

“En la mayor parte de los ‘salones’ de las más grandes y distinguidas damas —donde se debatían los más arduos problemas de religión, de filosofía, de política—, los literatos y filósofos partidarios de doctrinas subversivas, eran considerados como el más bello y rebuscado adorno de aquellas reuniones mundanas. La impiedad estaba de moda entre la alta Nobleza, y los escritores que estaban de moda por sus ataques contra la religión hubieran sido menos audaces si no hubiesen contado con el aplauso y el estímulo de la sociedad más elegante. No es que la Nobleza y los filósofos, todos y de un modo directo, se propusieran la descristianización de las masas como ideal. Por el contrario, la religión debería reservarse para el pueblo sencillo, como medio de gobierno en manos del Estado. Ellos, sin embargo, se sentían y consideraban superiores a la Fe y a sus preceptos morales; política que enseguida se demostró funesta (…).

“El pueblo, tan poderoso en lo bueno como terrible en lo malo, sabe sacar con rigurosa lógica las consecuencias prácticas de sus observaciones y de sus juicios, sean ciertos o erróneos. (…) la historia de la civilización durante los dos últimos siglos (…) os enseñará y demostrará los daños que han producido a la Fe y a las costumbres de los pueblos el mal ejemplo que viene de lo alto, la frivolidad religiosa de las clases elevadas, la abierta lucha intelectual contra la verdad revelada.” [22]

5. Para el bien común de la sociedad, opción preferencial por los nobles en el campo del apostolado

Mucho se habla hoy del apostolado en beneficio de las masas y, como justo corolario, de una acción preferencial a su favor. Es necesario no ser unilateral, y jamás perder de vista la alta importancia del apostolado ejercido sobre las élites —y, a través de ellas, sobre todo el cuerpo social—, así como de hacer correlativamente una opción apostólica preferencial en favor de los nobles, de tal modo que, con grandes ventajas para la concordia social, se complementen armónicamente una opción preferencial por los pobres y una opción preferencial por los nobles, así como por todas las élites análogas.

Así se expresa Pío XII: “Ahora bien, ¿qué debe deducirse de estas enseñanzas de la Historia? Que hoy en día la salvación ha de iniciarse donde la perversión tuvo su origen. En sí no es difícil mantener en el pueblo la religión y las sanas costumbres, cuando las clases altas van delante con su buen ejemplo y crean condiciones públicas que no hagan desmedidamente gravosa la formación de la vida cristiana, antes bien la conviertan en imitable y dulce. ¿No es acaso también vuestra esta función, amados hijos e hijas que por la nobleza de vuestras familias, y por los cargos que frecuentemente ocupáis, pertenecéis a las clases dirigentes? La gran misión que a vosotros, y (…) a no pocos otros, os está señalada —esto es, la de comenzar reformando o perfeccionando vuestra vida privada, en vosotros mismos y en vuestra casa, y la de empeñaros después, cada uno en su puesto y por su parte, en lograr que surja un orden cristiano en la vida pública— no admite dilación ni retraso; misión ésta nobilísima y rica en promesas, en un momento en que, como reacción contra el materialismo devastador y degradante, viene revelándose en las masas una nueva sed de valores espirituales y, contra la incredulidad, una fortísima apertura de los ánimos hacia lo religioso (…). A vosotros, pues, os corresponde el honor de colaborar, no menos que con las obras, con la luz y el atractivo de un buen ejemplo que se eleve sobre toda mediocridad para que aquellas iniciativas y aquellas aspiraciones de bienestar religioso y social sean conducidas a su feliz cumplimiento.” [23]

El apostolado específico de la Nobleza y de las élites tradicionales continúa, pues, siendo uno de los más importantes.

NOTAS

[1] PNR 1952, p. 458.

[2] Ibídem.

[3] PNR 1948, pp. 423-424.

[4] PNR 1949, pp. 346-347.

[5] Véase en ese sentido la homilía de San Carlos Borromeo citada en Documentos IV, 8.

[6] PNR 1945, p. 277.

[7] PNR 1946, p. 340; cfr. Capítulo III.

[8] PNR 1946, pp. 341-342.

[9] PNR 1945, pp. 274-275.

[10] PNR 1945, pp. 275-276.

[11] PNR 1945, p. 276.

[12] PNR 1945, pp. 276-277.

[13] PNR 1944, pp. 180-181.

[14] PNR 1944, pp. 181-182.

[15] PNR 1941, pp. 364-365.

[16] “Se ha pasado una página de la Historia, se ha terminado un capítulo, se ha colocado el punto que indica el final de un pasado social y económico”, advirtió Pío XII (PNR 1952, p. 457).

[17] PNR 1952, p. 457.

[18] “Emigrado al interior”: el Pontífice usa las propias palabras francesas “émigré à l’intérieur”. Con ellas se designaba en los años 30 del pasado siglo, en el argot político de aquella nación, a los nobles que, a titulo de protesta por la ascensión del hasta entonces Duque de Orléans al Trono como “Rey de los franceses”, considerada por ellos revolucionaria y usurpatoria, dejaron de residir en París, trasladándose a sus respectivos castillos en el interior del país.

La expresión “émigré à l’interieur” acentúa el contraste entre la actitud de esos aristócratas que “emigraron” sin dejar el territorio nacional y aquellos sus antecesores de 1789, que prefirieron concentrarse fuera del país para preparar desde allí una ofensiva contra la Revolución Francesa.

[19] Según la narración de Homero en La Ilíada, Aquiles, el más célebre de los héroes de la guerra de Troya, habiéndose encolerizado con Agamenón, que mandaba el ejército griego, se retiró a su tienda y con ello casi provocó la pérdida de la guerra.

[20] PNR 1947.pp. 368-369.

[21] PNR 1945, pp. 276-277.

[22] PNR 1943, pp. 358-360.

[23] PNR 1943, pp. 360-361.

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Stephanie Baronesa von und zu Guttenberg, hablando en la Feria del Libro de Frankfurt sobre su libro Schaut nicht weg! (¡No mire para otro lado!), que trata el asunto del abuso sexual de niños en Alemania. Es la fundadora y ex-presidente de la organización alemana “Niños en Peligro”. Es tataranieta de Otto, Príncipe de Bismarck, Canciller del Imperio Alemán

En medio de la crisis actual hay mucha gente que tiene cualidades de liderazgo y logran un éxito fabuloso en lo que hacen. También hay mucha gente que necesita ayuda y dirección para manejar los enormes problemas que nos enfrentan. Falta la manera de unir a los dos grupos. Tenemos que regenerar una cultura que fomente los vínculos recíprocos y las figuras representativas que unifiquen la nación y confronten la crisis. Necesitamos liderazgo natural y no la moderna obsesión por una cultura de exigencias vueltas hacia el Estado.

Dado que estas figuras representativas florecieron en el pasado, deberíamos otra vez desear y fomentar que estas figuras que se sacrifican a sí mismas surjan en todas partes, de arriba a abajo. Una tal sociedad de héroes reintroduciría en la economía aquellos elementos humanos que atemperan y sofocan el espíritu de intemperancia frenética. Cada uno en su campo representaría “un ideal, un punto de referencia y foco, que da expresión viva a una visión de la vida” (*).

383px-RobertELeephoto1863El General Confederado Robert E. Lee en 1863. Junto con los Byrd, los Carter, los Washington y otras Primeras Familias de Virginia, la familia Lee estuvo durante siglos en el núcleo de la aristocracia de Virginia

 

Un tal reconocimiento crearía condiciones para que cada familia o asociación tenga miembros “legendarios”. Es decir, cada una llegaría a tener grandes personajes que por sus actos extraordinarios, perfecciones o trabajos elevaría toda la familia o todo el grupo. Sus acciones serían contadas y vueltas a contar por las sucesivas generaciones. Veríamos entonces la formación de verdaderas cohortes de figuras legendarias a todos los niveles de la sociedad. Estos héroes son como la levadura que se levanta sin un plan especial, el increíblemente fecundo producto de mentes vueltas hacia la perfección celestial.

Charles-Clinton-StieffCharles Clinton Stieff, fundador de la Baltimore Sterling Silver Manufacturing Company en 1892, que se pasó a llamar The Stieff Company en 1904. Era considerado un líder nato, que dejó un legado de acciones positivas en objetos de plata americana. La Stieff Company se convirtió en el fabricante oficial de objetos de plata para la Williamsburg Restoration, en Williamsburg, Virginia, y proveedores de objetos de plata y peltre para la Smithsonian Institution, para el Newport Histórico, el puerto de Mystic, la Fundación Thomas Jefferson, la Old Sturbridge Village y para el Museo de Bellas Artes de Boston. Durante la Segunda Guerra Mundial Stieff produjo instrumentos quirúrgicos de precisión para el Ejército de los Estados Unidos y componentes para equipos de radar. Durante la Administración de Eisenhower, la Casa Blanca no sólo tenía un servicio de plata de Stieff, sino que también los daban como regalos a los dignatarios

Alguien podría objetar que el fomento de estos “héroes” puede resultar también en elites y líderes malos. Esto puede pasar, como en todas las cosas humanas. Pero no hay que olvidar que en un sistema orgánico estos líderes son más bien un producto de la sociedad que los convoca que una imposición de una clase o casta aislada. Hay una conexión orgánica que forma un todo entre los líderes y la sociedad. Las figuras verdaderamente representativas comparten las vicisitudes de la vida lado a lado con aquellos que representan. Cuando la gente es virtuosa, la sociedad generalmente produce elites virtuosas.     

(*) Robert N. Bellah y otros. Hábitos del Corazón. Individualismo y compromiso en la vida americana. (Berkeley: University of California Press. 1985). página 39. 

007 El rincón de la conversación visita DB

La élite auténtica lucha y se sacrifica por el bien común – Rincón de la Conversación

 

No me ha llegado aún el momento oportuno de leer “Promenade autour de ma chambre”, de Xavier de Maistre, pero ya el título es sugestivo de un mundo de cosas que podemos atesorar en la vida cotidiana, sobre todo en el alma cuya forma es la inmensidad, según el pensamiento de San Bernardo, apóstol de la sublimidad muy escuchado en sus tiempos, que trae la preciosa “Esthétique du Moyen Âge, de E. de Bruyne.

También me hablaba a la imaginación de adolescente leer en un conocido diario de Buenos Aires, muy transformado actualmente por factores que sería largo y complejo pero revelador analizar, cuando se hablaba con admiración de una elegante galería Promenade Alvear.

Sentía que la Avenida Alvear, con sus palacios, era un enclave muy argentino, injustamente silenciado, del elegante París, la ciudad de nombre homérico en que se funden quintaesencias de míticas hazañas de la Antigüedad helénica con las varoniles rudezas de Clodoveo y su justiciera hacha francisca, las suaves conversaciones de Santa Clotilde que desarmaron su ancestral paganismo e hicieron de Francia la “hija primogénita de la Iglesia”, las incomparables escenas de San Luis Rey y Joinville, dignas de un vitral, la fidelidad del pueblo católico y leal al líder natural, el Duque de Guisa -que murió increpando con señorío a sus asesinos “Ah Messieurs, quelle trahison!”- y su resistencia al calvinista Henri de Navarre, que pensaba que “…bien vale una misa”… 
El París en cuyas callejuelas de piedra, encinas y pizarra aún resuenan los filosos aceros caballerescos de los tres mosqueteros, el de los parques, salones de espejos y fuentes del Roi Soleil –tan odiado por los revolucionarios y no por sus defectos-,  el de la gesta eterna legitimista en sentido amplio, el juvenil París pro-familia del III milenio, el eterno bastión cruzado de resquebrajada máscara oficial jacobina, contra la ” “guerra santa” ”  del fanatismo sangriento de la media luna.

Así son estas sutiles combinaciones de alma de los pueblos,  más inesperadas que un colonial pastel de choclo coronado de almenas de blanquecino merengue, que una almendrada y damasquina torta Sacher, que un helado de crema y cerezas regado con licor de menta, de esa menta sacrificada que al pisarla en las vegas, en lugar de quejarse exhala un aire de frescura y pureza… 
Son combinaciones culturales y psicológcas a las que no es ajena la voz misteriosa de la gracia que habla en lo profundo de los corazones palabras de calma y confianza, felizmente carentes de planeamiento estatolátrico, del gusto de mentes “prácticas” y absolutas que en un país de proporciones patagónicas, en que los encantos feéricos de los lagos del Sur se matizan con interminables alamedas dignas del pincel de Sisley, le hacen el “favor” al pueblo de hacinarlo en casillas de pesadilla y promiscuidad, en cortes de “mis ladrillos” todos igualmente feos y mezquinos. Ah, pero esos generosos políticos tan faltos de imaginación a la hora de pensar algo tan sagrado como el hogar de las familias pobres, son a menudo dueños de los millonarios caudales que faltan para levantar nuestra economía,  para poder, de una vez, llevar al pueblo a la prosperidad que hizo de la Argentina pre-demagogia una nación floreciente.

Que un buen observador y auscultador –dijera Pío XII-, el Príncipe Don Luis de Orléans y Braganza, que nos visitó en 1910, supo admirar. Como confiero en los archivos de este Boletín, en el Apéndice Hispanoamericano de Nobleza y élites tradicionales análogas, el Príncipe manifestó su asombro por el tono europeo de las clases dirigentes rioplatense, chilena y boliviana.

‘Sobre los estancieros argentinos comenta: “Dirigíos a una de esas estancias, conservadas, desde la época colonial, en el patrimonio de la misma familia que allí siempre vivió –extendiendo sus ramas por todas partes, en su bella fecundidad- la vida majestuosa y calma de sus ascendientes españoles.

‘ “Ese argentino sólo lo podréis encontrar…en la más alta sociedad, tan digna y tan cerrada como ninguna de nuestras sociedades europeas, guardián vigilante de la herencia nacional contra la invasión avasalladora del Almighty Dollar”.

‘En las recepciones de que es objeto observa cómo, desde la élite, ese espíritu se difunde al pueblo y lo modela: ”en el fondo, todos los argentinos, desde el gaucho que emplea sus economías en adornar los arreos de su caballo lo más magníficamente posible, hasta el obrero que se viste como un gentleman y usa alfileres de corbata con diamantes, tienen en la sangre el amor al fausto y al lujo, y cultivan, para su país y para sí mismos, esta estética social de que hablan con orgullo, y que hace de ellos tal vez el pueblo más elegante de la tierra” (Sous la croix du Sud; ver citas en p. 126 de Nobleza y Elites, t. II).

‘La benévola exageración del Príncipe –continúa el Apéndice- no invalida su conclusión aplicable a toda Hispanoamérica: en la Argentina, “la sociedad, o antes bien, la aristocracia, tiene aún una misión muy noble y muy importante que cumplir: formar el espíritu de la raza, imprimirle las características que ella misma heredó de sus mayores” ‘ (ídem).

En los recuerdos de D. Luis de Orleáns y Braganza queda esbozada una idea que coincide con las consideraciones de relevantes historiadores argentinos que, a pesar de partir de cosmovisiones profundamente diferentes -como el liberal Romero y el tradicional Vicente Sierra-, afirman que el alma argentina forjó su identidad en el período fundacional, en los siglos XVI y XVII. …Y lo mismo valdría para otras naciones hermanas del Continente.

Mientras preservemos esa identidad continuada por la auténtica tradición,  no nos pasará como a los pueblos cristianos del Africa del santo Doctor y  Obispo de Hipona, que fueron borrados por los invasores ismaelitas en un ‘psy-fenómeno’ que implicó su “autodemolición profunda”.

Es lo que explica que en la Francia republicana de hoy haya esos “géiser” de la “dulce Francia” de San Luis; en Brasil, luego de más de 100 años de República, una gran cantidad de brasileros anhele la monarquía (*); que en Argentina, luego de tantas décadas de populismo y despotismo nada democrático, y –duele decirlo- con ingerencias del poder espiritual que -a contrapelo del bien del alma  y la voluntad electoral de los fieles-  en lugar de la paz alientan a personajes violentos procesados por la Justicia por delitos comunes contra la Nación; a pesar de todo eso, nuestro pueblo sigue buscando en la dirección opuesta esa bendita “tranquilidad en el orden” del citado San Agustín, capeando el temporal dejado por la prepotencia, la demagogia y la ilegalidad recurrentes.

Antes de concluir esta conversación-paseo, saludamos con el debido homenaje la participación, de que nos informan las “Clarinadas”, del descendiente directo del ilustre visitante de 1910, S.A.I.R. Dom Bertrand de Orléans y Braganza, en el Encuentro Mundial de las Familias, en Salta. Ejemplo de dedicación a la causa de la Cristiandad y la Familia, exponente de nobilísima élite real,  muestra que en nuestros difíciles días sigue resonando el llamado pontificio de Pío XII, renovado por la magna obra del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira,  a la Nobleza y miembros de élite tradicional, extensivo proporcionalmente a todos los católicos, de estar presentes hoy más que nunca en la lucha por la civilización cristiana (**).
ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº

(*) ver actualísima entrevista televisada de Mariana Godoy al Príncipe Dom Bertrand, portavoz de Pro-Monarquía

 

https://www.youtube.com/watch?v=c7UO99cCVHM

(**) ver en esta edición Sumario del Cap. VI “Cooperación relevante de la Nobleza y las élites tradicionales en la solución de la crisis contemporánea – Las enseñanzas de Pío XII”, y cómo acceder al texto completo

 

 

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008 Clarinadas

007 Olifant pequeño FATIMA EN UNA VISION DE CONJUNTO, por Plinio Corrêa de Oliveira

♦ ♦ ♦ El llanto milagroso de la Sagrada Imagen en Nueva Orléans, EE.UU. (1972) repercutió en la prensa mundial

index Sda Imagen llanto 1972 II o tv es la misma abr14

 

Tal vez les parezca útil a los lectores un análisis sucinto de los múltiples aspectos que las importantes manifestaciones de la Santísima Virgen en Fátima contienen.

Presupuestos y líneas generales de las apariciones

Para entender el conjunto de visiones y comunicaciones con que Lucía, Francisco y Jacinta fueron favorecidos, hay que tener en cuenta, ante todo, la doctrina católica sobre la comunión de los santos. Las oraciones y méritos de una persona pueden beneficiar a otra. De este modo, es lógico que las oraciones, los sacrificios y el holocausto de la propia vida ofrecidos por los tres niños, máxime después de beneficiados espiritualmente por las apariciones de la Reina de todos los Santos, pueden aprovechar a un gran número de almas e incluso a naciones enteras.

Nuestra Señora vino, pues, a solicitar oraciones y sacrificios a los tres. A Jacinta y Francisco les pidió también el holocausto de la vida, ofreciéndose como víctimas expiatorias por los pecados de los hombres. A Lucía le pidió que se quedara en este mundo para el cumplimiento de una misión de la cual hablaremos más adelante.

La mediación universal de María Santísima

Otra noción preliminar para la comprensión de los acontecimientos de Fátima es la de la mediación universal de María Santísima. Ella actúa como Medianera suprema y necesaria —por libre voluntad de Dios— entre el Redentor ofendido y la humanidad pecadora. Por otro lado, es Medianera siempre oída y, como tal, ejerce una verdadera dirección sobre los acontecimientos. Es Medianera regia, que será glorificada con la victoria de su Corazón maternal, que será la más alta expresión de la victoria del propio Dios.

Las revelaciones de Fátima van más allá de todo cuanto la Providencia ha dicho a los hombres en la inminencia de las grandes borrascas de la Historia

 

En Fátima, Nuestra Señora no habló solo para Portugal, sino para el mundo entero

Hablando a los pequeños pastores, Nuestra Señora quiso hablar al mundo entero, exhortando a todos los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida. De modo especial habló al Papa y a la Sagrada Jerarquía, pidiéndoles la consagración de Rusia a su Corazón Purísimo.

La situación altamente calamitosa del mundo en nuestros días

La Madre de Dios hizo estos pedidos en vista de la situación religiosa en que se encontraba el mundo en la época de las apariciones, es decir, en 1917.

Nuestra Señora señaló dicha situación como altamente calamitosa. La impiedad y la impureza habían dominado la tierra a tal punto que para castigar a los hombres había estallado una verdadera hecatombe, que fue la Primera Guerra Mundial. Esa conflagración terminaría en breve y los pecadores tendrían tiempo para corregirse, atendiendo el pedido de Fátima.

Si ese pedido fuese oído, la humanidad conocería la paz. En caso de que no fuese oído, vendría otra guerra aun más terrible.

Y, en caso de que el mundo continuase sordo a la voz de su Reina, una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, implicando una grave persecución religiosa, afligiría a todos los hombres, trayendo grandes sufrimientos para el Romano Pontífice: Rusia esparcirá sus errores por el o, promoviendo guerras y personas contra la Iglesia… El Santo Padre tendrá mucho que sufrir.

Después de una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, vendrá el Reino de María

Quebrada así, a lo largo de toda una cadena de calamidades, la dura cerviz de la humanidad contemporánea, habrá una gran conversión de almas. Esa conversión será específicamente una victoria del Corazón Purísimo de la Madre de Dios: «Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará… » Será el reinado de María sobre los hombres.

La meditación de los tormentos eternos es eficaz y adecuada para los hombres de este siglo

Con la intención de incitar más eficazmente a la humanidad a acoger ese mensaje, Nuestra Señora hizo ver a sus tres confidentes las almas condenadas al infierno; cuadro trágico descrito por ellos de modo admirable, y apropiado para reconducir a la virtud a los pecadores endurecidos. Esa visión lúgubre muestra bien como se equivocan profundamente quienes afirman que es inadecuada para los hombres de este siglo la meditación sobre los tormentos eternos.

Pruebas de la autenticidad del Mensaje de Fátima

Con el fin de probar la realidad de las apariciones, y por lo tanto la autenticidad del mensaje, la Virgen dispuso tres tipos de acontecimientos:

a) La afluencia de una gran número de espectadores en el momento en que Ella hablaba a los videntes. Aunque sólo ellos fuesen los destinatarios inmediatos del mensaje, los circunstantes, haciendo uso de la penetración psicológica común, podían cerciorarse de que los tres niños no mentían ni eran objeto de una ilusión al afirmar que estaban en contacto con Nuestra Señora, sino que realmente oían y hablaban con un ser invisible para los demás.

Ciudad devastada en la Segunda Guerra Mundial

 

b) El prodigio de las transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol. Ese prodigio se hizo ver en una zona mucho mayor que el lugar de las apariciones, a punto de no poder ser explicado por un fenómeno de sugestión colectiva (sumamente difícil de ocurrir, dicho sea de paso, con las 50 a 70 mil personas que se hallaban en Cova da Iría)

c) Se confirmó la profecía de que poco después de las apariciones de Fátima la Primera Guerra Mundial acabaría; como se confirmó también la profecía de que, no enmendándose la humanidad, otra guerra mundial estallaría. La luz extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda conflagración fue un hecho observado en varios países y universalmente conocido. La Señora había prevenido a los videntes de que esa sería la señal del castigo inminente. Y el castigo vino enseguida.

d) La previsión del castigo supremo, que es la difusión del comunismo, comenzó a realizarse poco después de las apariciones. Es importante notar que la Santísima Virgen anunció que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Pero cuando esa profecía fue hecha —13 de julio de 1917—, la expresión era más o menos ininteligible.

En efecto, el zarismo apenas acababa de caer, siendo substituido por el régimen burgués de Kerensky, y no se podía saber cuáles serían esos errores rusos, pues es evidente que no se trataba de la difusión de la religión greco-cismática, momificada y privada de toda fuerza de expansión. De este modo, la ascensión de los marxistas al poder en la infeliz Rusia, en el mes de noviembre de 1917, fue, sin duda alguna, el elocuente comienzo de la confirmación de la profecía.

Enseguida, el Partido Comunista ruso inició la propagación mundial de sus errores, lo que acentuó todavía más la coincidencia entre lo que la Virgen había anunciado y el curso de los acontecimientos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión comunista se acentuó mucho más aún, porque numerosas naciones, subyugadas mediante el fraude y la fuerza, cayeron bajo el dominio soviético. Rusia se convirtió así en un peligro mundial.

Las dos familias de almas del mundo contemporáneo

Ante estas afirmaciones de grandeza apocalíptica cabe hacer una observación. El mundo de hoy se va dividiendo cada vez más en dos familias de almas. Una de ellas considera que la humanidad es presa de una cadena de errores y de iniquidades que comenzaron en la esfera religiosa y cultural con el humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante. Dichos errores se agravaron con el iluminismo y el racionalismo, y culminaron en la esfera política con la Revolución Francesa. Del terreno político pasaron al campo social y económico, en el siglo XIX, con el socialismo utópico y con el socialismo llamado científico. Con el advenimiento del comunismo en Rusia comenzó a verificarse la transposición, incipiente pero maciza de todo ese montón de errores al orden concreto de los hechos, naciendo de ahí el imperio comunista, moloch que iba desde el corazón de Alemania hasta Vietnam. Al mismo tiempo, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, la moralidad comenzó a declinar con rapidez espantosa en Occidente, preparándolo para la capitulación ante la más audaz expresión doctrinal e institucional de la amoralidad, que es el comunismo (ya sea bajo la forma de capitalismo de Estado —hoy aparentemente en vías de extinción— ya sea bajo la nueva y ladina versión autogestionaria).

El recuerdo de la devastación causada por la Segunda Guerra Mundial atormenta al hombre moderno ante la perspectiva de un tercer conflicto universal

 

Para las incontables almas de todos los estados y condiciones de vida y naciones, que comparten este modo de pensar, el mensaje de Fátima es de lo más coherente que hay con la doctrina católica y con la realidad de los hechos.

Existe también otra familia de almas, para la cual los problemas del mundo contemporáneo tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad (considerada como un desvío culpable de la inteligencia). Nacen ellos exclusivamente de equívocos involuntarios que una buena difusión doctrinal y un conocimiento objetivo de la realidad pueden disipar. Esos equívocos resultan, además, de carencias económicas; son hijos del hambre, que desaparecerán cuando en el mundo no haya más hambre, y no antes que eso.

Con el auxilio de la ciencia y de la técnica, la crisis de la humanidad se resolverá. Más aún, no teniendo el factor culpa como fondo de cuadro de las catástrofes y de los peligros en medio de los cuales nos debatimos, la noción de un castigo universal se vuelve incomprensible. Tanto más cuanto que para esta familia de al mas el comunismo no es intrínsecamente malo, y con él son posibles acomodaciones que eviten persecuciones incómodas.

Por amor a la brevedad, esta descripción de las dos familias de almas esquematiza un tanto el panorama. Entre una y otra hay muchas gamas. No es nuestra intención retratarlas aquí. Las corrientes intermedias tendrán mayor o menor facilidad para comprender el mensaje de Fátima, según estén más próximas a un polo o al otro. Fátima es pues, en ese sentido, un verdadero divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.

De todas formas, con excepción de la parte mantenida aún en secreto, los pedidos, las amonestaciones y las profecías de Cova da Iría (todos con mero carácter de revelaciones particulares, es verdad …) están lanzados y se van confirmando ampliamente. A los escépticos les decimos: Qui vivra verra… (Quien viva lo verá …).

No se ha correspondido al Mensaje de Fátima

¿Se cumplirán los acontecimientos previstos en Fátima que aún no se han realizado? Eso es lo que la humanidad contemporánea se pregunta. En principio no hay cómo dudar de ello, pues una parte de las profecías ya se ha realizado con impresionante precisión, lo que prueba su carácter sobrenatural. Y, probado ese carácter, no se puede poner en duda que el mensaje celestial se cumpla hasta el fin.

Pero, alguien podría objetar que las profecías del 13 de julio de 1917 tienen un cariz condicional. Ellas se realizarán en el caso de que el Papa y los Obispos (en unión con él) no hagan la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María.

En Cova da Iría Nuestra Señora formuló dos condiciones, ambas indispensables para que se aparten los castigos con los que Ella nos amenazó.

Una de esas condiciones era la consagración. Digamos que haya sido realizada según el pedido de la Santísima Virgen. Falta la segunda condición: la divulgación de la práctica de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados. Nos parece evidente que esa devoción no se ha propagado hasta hoy por todo el orbe católico en la medida deseada por la Madre de Dios.

Y hay aún otra condición, implícita en el mensaje, pero también indispensable: es la victoria del mundo sobre las mil formas de impiedad y de impureza que lo vienen dominando. Todo indica que esa victoria no ha sido alcanzada y que, por el contrario, nos acercamos cada vez más al paroxismo en esa materia. Así, un cambio de rumbo de la humanidad se va haciendo cada vez más improbable; y a medida que caminamos hacia ese paroxismo, más probables se hacen los castigos…

Fotografía de los tres pastorcitos poco después de la visión del infierno

 

Cabe hacer aquí una observación. Y es que, de no verse las cosas así, el mensaje de Fátima sería absurdo. Pues si Nuestra Señora afirmó en 1917 que los pecados del mundo habían llegado a un tal grado que clamaban por el castigo de Dios, no parece lógico creer en el presente que ese castigo no venga, después que esos pecados han continuado creciendo desde 1917 hasta nuestros días y el mundo se ha rehusado, obstinadamente y hasta el fin, a hacer caso a lo que fue dicho en Fátima. Sería lo mismo que si Nínive no hubiese hecho penitencia y a pesar de eso las amenazas del profeta no se hubiesen realizado.

Más aún, la misma consagración pedida por Nuestra Señora no tendrá el efecto de apartar el castigo, si el género humano sigue aferrándose cada vez más a la impiedad y al pecado, pues mientras eso sea así, la consagración estaría como que incompleta y desprovista de contenido real.

En resumen, puesto que no se operó en el mundo la inmensa transformación espiritual pedida en Cova da Iría, vamos caminando cada vez más hacia el abismo. Y, a medida que caminamos, esa transformación se va haciendo más improbable.

Los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María

Al concluir estas reflexiones, conviene que nuestro espíritu se detenga en la consideración de las últimas perspectivas del mensaje de Fátima. Más allá de la tristeza y de los castigos sumamente probables hacia los cuales caminamos, nos esperan los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María: Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. Es la perspectiva grandiosa de la victoria universal del corazón regio y materno de la Santísima Virgen. Es una promesa tranquilizante, atrayente y, sobre todo, majestuosa y entusiasta.

Para evitar el castigo en la escasa medida en que es evitable; para obtener la conversión de los hombres en la modesta medida en que, según la economía común de la gracia, ella es aún obtenible antes del castigo; para apresurar cuanto sea posible la aurora bendita del Reino de María; y para ayudamos a caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan, ¿qué podemos hacer?.Nuestra Señora nos, lo indica: que nos enfervoricemos en la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia.

Para estimulamos a rezar, en la última aparición Nuestra Señora se revistió sucesivamente de los atributos propios de las advocaciones de Reina del Santo Rosario, de Madre Dolorosa y de Nuestra Señora del Carmen, indicándonos cuán grato le es ser conocida, amada y venerada así.

Igualmente, la Virgen de Fátima insistió de modo muy especial en la devoción a su Inmaculado Corazón. Ella se refirió siete veces a su Corazón en sus mensajes (y Nuestro Señor, nueve).

Así, el valor teológico de la devoción al Inmaculado Corazón de María, por lo demás ya tan comprobado, encuentra en Fátima una impresionante corroboración. Por otro lado, la insistencia de la Santísima Virgen prueba hasta la saciedad que esa devoción es eminentísimamente oportuna.

Por lo tanto, quien toma en serio las revelaciones de Fátima debe hacer de la devoción al Corazón Purísimo de María uno de los más altos objetivos de la verdadera piedad.     


* Extraído de Catolicismo, nº 197, mayo de 1967.

Nota: puede acceder al artículo entrando en el link:

(*) El Perú necesita de Fátima

007 Olifant pequeño 13 DE MAYO: SAÑOGASTA DE FIESTA A LOS 15 AÑOS DE LA BENDICION DE LA CALLE Y ERMITA DE LA SAGRADA IMAGEN PEREGRINA INTERNACIONAL DE NUESTRA SEÑORA DE FATIMA

⇓Mons. Fabriciano Sigampa bendice la primera calle que lleva el nombre de la Sda. Imagen Peregrina Internacional de Nuestra Señora de Fátima, y la Ermita en su honor, donde hoy se celebra el significativo aniversario.

⇒A la derecha, la Sagrada Imagen despidiéndose, con notable expresión en la mirada,  en su ermita, de los emocionados fieles sañogasteños antes de volver a La Rioja y regresar a EE.UU., con el custodio del Pilgrim Virgin Commitee, institución que generosamente organiza las peregrinaciones a todo el mundo

Mons Sigampa y MP bendic ermita 27 nov 2001 mj cor autocorr La Sda Imagen en la ermita despedida II

http://argentinagrandeza.blogspot.com.ar/2016/05/15-aniversario-mons-sigampa-bendice.html

003_16 autocorrecc Los notables cambios en la expresión de la Sagrada Imagen se advierten en estas dos fotografías, tomadas en su visita a Sañogasta, La Rioja (2001)

 

007 Olifant pequeño SALTA: XII JORNADA POR LA CIVILIZACION CRISTIANA Y LA FAMILIA – 2 y 3 de septiembre de 2016

XII Jornada un mundo mejor NSBSuc y Family Day

Informes e inscripción: bastiondelnorte@gmail.com

“En la oscuridad de un mundo revolucionario en crisis, claridades de reacción católica preanuncian un mundo mejor: el Reino de María* prometido en Fátima”

(*) Además de “Fátima: una visión de conjunto” publicado al comienzo de esta sección, recomendamos la lectura del artículo “Con acentos de fuego y reacción, la prédica de San Luis María Grignion de Montfort – Nexo con Revolución y Contra-Revolución, de Plinio Corrêa de Oliveira”

http://nobleza.org/con-acentos-de-fuego-y-reaccion-la-predica-de-san-luis-maria-grignion-de-montfort-nexo-con-revolucion-y-contra-revolucion-de-plinio-correa-de-oliveira/

007 Olifant pequeño ROMA: LA ACTUAL CRISIS DE LA IGLESIA EN EL CONTEXTO DE LA HISTORIA  – CONFERENCIA DEL PROF. ROBERTO DE MATTEI

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https://www.lifesitenews.com/opinion/the-current-crisis-in-the-context-of-church-history

Agradecemos a un lector amigo que nos envía el siguiente link de la conferencia en castellano:

http://adelantelafe.com/mattei-la-crisis-actual-contexto-la-historia-la-iglesia/

007 Olifant pequeño CORRIENTES: PROGRAMAS RADIALES DE TRADICION Y ACCION

https://ar.ivoox.com/es/descargar-escuchar-programa-radial-tradicion-y-audios-mp3_rf_11414209_1.html

El último programa ya se encuentra en:

http://: http://adelantelafe.com/programa-radio-tradicion-accion-11516/ 

Todos los miércoles a las 21:30 se puede escuchar en directo en la radio dos de Corrientes, por internet bajo el link :

http://www.radiodos.com.ar/notix/portada.htm

 

Carlos-Ortiz

007 Olifant pequeño POLONIA: MILAGRO EUCARISTICO – LOS MEDICOS CERTIFICAN: “ES TEJIDO HUMANO”

http://www.abim.inf.br/novo-milagre-eucaristico-segundo-medicos-da-polonia-hostia-e-tecido-humano/#.VzS_YSE8qE4

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007 Olifant pequeño FRESNO, EE.UU: IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE VIERTE MILAGROSAS LAGRIMAS CON OLOR A ROSAS

cdn1.uvnimg.com

http://www.univision.com/noticias/religion/las-misteriosas-lagrimas-de-una-virgen-de-guadalupe-atraen-feligreses-a-fresno

007 Olifant pequeño PORTUGAL: ¿SE ACABA DE RENOVAR EL “BAILE DEL SOL” DE 1917?

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http://www.mediotejo.net/o-sol-ontem-bailou-em-ourem-a-passagem-da-imagem-de-fatima-milagre/

007 Olifant pequeño ROMA: POR LA FAMILIA Y LA VIDA CATOLICOS REALIZAN LA MARCIA NAZIONALE PER LA VITA

MarchaPorlaVida20168_05_2016

https://www.aciprensa.com/noticias/miles-se-manifiestan-en-roma-en-defensa-de-la-vida-y-la-familia-42339/

008 Clarinadas

Clarinadas – Artículo recomendado

007 Olifant pequeño

26 DE ABRIL

Una devoción para el siglo XXI – Nuestra Señora del Buen Consejo de Genazzano

Tradición y Acción Perú

Lunes 25 de abril de 2016

Al suroeste de Roma, en la pequeña y acogedora ciudad de Genazzano, se encuentra la Basílica de Nuestra Señora del Buen Consejo —“Mater Boni Consilii”—, donde se venera la imagen que en el siglo XV hasta allí se trasladó milagrosamente desde Scutari, Albania, huyendo de la invasión turca y en respuesta a una fervorosa oración de dos piadosos albaneses. He aquí su historia.

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El milagroso fresco de Mater Boni Consilii a Genazzano

 

Tiempo antes de Cristo los romanos construyeron, donde hoy se levanta la ciudad de Genazzano, un templo a la diosa Flora, en cuyo honor celebraban grandes fiestas, especialmente el 25 de abril.

Ya en la era cristiana, en el siglo IV el Papa San Marco (336 d.C.) ordenó construir una iglesia en una colina no muy distante de las ruinas del antiguo templo pagano. La iglesia, firme y fuerte pero pequeña y sencilla, fue dedicada a Nuestra Señora del Buen Consejo, que allí era honrada de manera especial en su fiesta, instituida igualmente el día 25 de abril.

Transcurridos más de mil años, hacia la mitad del siglo XV el pequeño templo, a cargo de la Orden de San Agustín, se hallaba en un estado deplorable, amenazando desmoronarse. Pocas personas, sin embargo, manifestaban interés en repararlo, posiblemente porque existían otras iglesias en el pueblo.

La Virgen María toma posesión de la iglesia

Una piadosa viuda, Petruccia de Nocera, que amaba fervorosamente a la Virgen, se sintió inspirada a construir una nueva iglesia para la Virgen del Buen Consejo, más grande y bella que la anterior. Confiando en Nuestra Señora, contrató a los constructores y compró los materiales. Pero al poco tiempo, por falta de recursos, el trabajo quedó interrumpido indefinidamente.

Los habitantes del pueblo se burlaban de Petruccia, pero ella no desanimó. Por el contrario, recurrió a sacrificios y oraciones más fervorosas. “Algún día —decía a todos— “una gran Señora vendrá a tomar posesión de la iglesia”.

Algún tiempo después, el 25 de abril de 1467, estando mucha gente congregada en la plaza del mercado por ser día festivo, olvidados de su Virgen Patrona, danzaban y cantaban en alegre bullicio. Fue entonces cuando alguien vio sobre el cielo azul una nube luminosa, que lentamente bajaba sobre el pueblo. El asombro paralizó a todos.

La nube se detuvo en un borde angosto de las paredes aún sin terminar de la iglesia de Petruccia. En su centro apareció una bellísima pintura de Nuestra Señora con el Niño Jesús. Simultáneamente todas las campanas del pueblo comenzaron a repicar festivamente, sin ayuda humana.

Nadie conocía la procedencia de la pintura, ni la había visto antes. Quedó en el lugar, y comenzaron a llover gracias y ocurrir milagros. Unos comenzaron a llamar a la imagen con el nombre de Nuestra Señora del Paraíso y otros como Nuestra Señora de los Milagros.

 

De Scutari a Genazzano, ¡atravesando el mar a pie!

 

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Dos albaneses siguieron la imagen, cruzaron el mar Adriático y llegaron a Genazzano

Algunas semanas después, dos soldados extranjeros procedentes de Scutari, Albania, aparecieron en Genazzano. Buscaban la milagrosa pintura de la Virgen.

¿Qué había sucedido? Cuando después de una heroica y memorable resistencia la pequeña Albania estaba a punto de caer en manos de un poderoso ejército turco, los dos guerreros acudieron a la ermita donde estaba el fresco de la Virgen, a pedirle consejo sobre qué hacer para mantener su fe católica en aquellas circunstancias. ¿Debían quedarse, o exiliarse? Mientras rezaban vieron, asombrados, cómo la imagen se desprendía intacta de la pared y, elevándose por los cielos, comenzaba a trasladarse lentamente hacia el oeste.

La siguieron hasta llegar a la costa adriática. Allí tuvieron la inspiración de continuar andando, y se vieron de repente como San Pedro, caminando sobre las aguas. Cruzaron así a pie el mar Adriático, mientras una nube permanecía sobre ellos todo el recorrido, protegiéndolos del sol. Al llegar a la costa italiana, sorpresa: ¡la imagen desapareció de su vista!

No sabiendo qué hacer, fueron hasta Roma. Allí comenzaron a preguntar si alguien sabía algo de una imagen que se trasladaba sola por el cielo… La gente, sorprendida por la insólita pregunta, los tomaba por dementes.

 

Victoria de la confianza

Pero pocos días después llegaban a Roma noticias del hecho extraordinario ocurrido en Genazzano. ¡Todo estaba claro! Los dos compañeros fueron hasta el pueblo, y llenos de alegría decidieron quedarse a vivir cerca de su Señora, donde Ella se había refugiado.

El Santo Padre envió a dos obispos a examinar los extraordinarios acontecimientos. Como resultado de las investigaciones quedó convencido de que la pintura era verdaderamente la misma venerada durante siglos en un pequeño santuario albanés con el nombre de Nuestra Señora del Buen Consejo.

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El Profesor Plinio Correa de Oliveira rezando ante el fresco milagroso.

Originalmente la imagen había sido pintada sobre la capa de estuco de la pared, que tenía “el espesor de una cáscara de huevo”. Ninguna habilidad humana podría haberla arrancado sin romperla. Ninguna mano de hombre podría haberla llevado a través del mar Adriático y colocarla en el borde angosto de la iglesia, sin nada que la sujetara.

Tras los admirables sucesos la iglesia de Petruccia pudo ser terminada, convirtiéndose en una bella basílica. La pintura fue puesta en un magnífico relicario, con un marco de oro adornado con piedras preciosas. Más tarde, dos coronas de oro enviadas por la Santa Sede fueron colocadas en las cabezas de la Madre y el Niño.

En los últimos cuatro siglos innumerables peregrinaciones y muchos milagros han ocurrido en el santuario. Numerosos Papas y santos se cuentan entre los peregrinos. Entre ellos el Beato Pío IX, quien pidió en el santuario consejo a la Virgen antes de tomar una trascendental decisión política que resultó muy eficaz, tras lo cual incluyó la invocación “Madre del Buen Consejo” en las letanías de la Virgen María.

¿Cuál es la actualidad de esta devoción? Sin duda en nuestra época tan afligida y conturbada son incontables las almas que necesitan, a éste o a aquel título, de un buen consejo. Nada mejor pueden hacer ellas que implorar el auxilio de Aquella que la Santa Iglesia en la Letanía lauretana, invoca como Mater Boni Consilii.

Un detalle percibido por muchos peregrinos es que alrededor de la milagrosa imagen se crea una discreta atmósfera sobrenatural, serena y apaciguante, que envuelve el alma y la va ordenando suavemente. También el propio rostro de la Virgen manifiesta sutiles cambios de expresión y hasta de colorido que lo hacen particularmente atractivo. Todo lo cual infunde en el fiel la firme certeza de que su oración ha sido escuchada y sus necesidades serán atendidas.

Todos necesitamos, en este conturbado y tenebroso siglo XXI, los consejos necesarios para mantenernos firmes en la fe, afrontar nuestros problemas grandes y pequeños, conocer los designios de la Santísima Virgen sobre cada uno. Confiemos, pues, en su guía: Ella es verdaderamente la Madre del Buen Consejo. Sepamos acudir a Ella, y no seremos defraudados.

http://www.tradicionyaccion.org.pe/spip.php?article386

 

007 Olifant pequeño

 

 

 

 

 

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El presente sumario  (9 bis) corresponde a la nota 9 de la Visión de Conjunto:

http://nobleza.org/pueblo-y-masa-libertad-e-igualdad-en-un-regimen-democratico-conceptos-genuinos-y-conceptos-revolucionarios-las-ensenanzas-de-pio-xii-nobleza-y-elites-cap-iii-vision-de-conjunto-9/

010 Selección temática

Pueblo y masa – Libertad e igualdad en un régimen democrático: conceptos genuinos y conceptos revolucionarios – Las enseñanzas de Pío XII

Θ Nota: las citas de documentos pontificios han sido sintetizadas en el presente sumario. El lector puede consultar las citas textuales online en :

http://www.pliniocorreadeoliveira.info/LN_Espanha/Volume%20I/LN_ES_Cap_00_0_Indice.htm

Para evitar sobresaltos a personas influenciadas por el populismo radicalmente igualitario se explica la verdadera doctrina católica sobre las justas y proporcionadas desigualdades en la jerarquía social, y aún polític

1. Legitimidad y hasta necesidad de que existan justas y proporcionadas desigualdades entre las clases sociales

La doctrina marxista de lucha de clases afirma la injusticia de las desigualdades y la licitud de que la clase menos alta intente eliminar a las más altas. “¡Proletarios de todos los países, uníos!” : grito con que Marx y Engels concluyeron el manifiesto comunista . [1]

La doctrina católica tradicional afirma la legitimidad y necesidad de que existan justas y proporcionadas desigualdades [2], y condena la lucha de clases.

Esa condenación no se aplica a una clase que defiende la posición que le pertenece; la Iglesia se opone a que la legítima defensa degenere en guerra de exterminio de las demás o en rechazar la posición que les corresponde en el conjunto. Debe existir paz y armonía entre clases y no lucha crónica, ni pretender una igualdad completa y radical.

Esto se comprendería mejor si las admirables enseñanzas de Pío XII sobre pueblo y masa hubiesen sido adecuadamente difundidas.
Parafraseando a  la revolucionaria Mme. Roland [3],  se podría exclamar: “¡Pueblo, pueblo, cuántos desatinos, injusticias y crímenes cometen en tu nombre los demagogos revolucionarios!”

La Iglesia se ufana de amar al pueblo desde el momento en que  fue instituida por su Divino Maestro.
A esas masas la Iglesia les desea maternalmente que sean ayudadas a pasar a condición de pueblo.

¿Qué es la masa? ¿Qué es el pueblo?

2. Pueblo y multitud amorfa: dos conceptos diferentes

Las admirables enseñanzas de Pío XII describen claramente la natural concordia que puede y debe existir entre las élites y el pueblo.

Afirma Pío XII (N. : ver citas textuales en el original) en su Radiomensaje de Navidad de 1944: [4]

Pueblo y multitud amorfa  o  masa, son dos conceptos diferentes.
1.- El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa es inerte y no puede ser movida sino desde  fuera.

2.- El pueblo vive de la plenitud de vida de quienes lo componen, cada uno de los cuales  es  consciente de sus responsabilidades y convicciones. La masa  espera el impulso del exterior,  fácil juguete de quien sepa manejar sus instintos o impresiones, pronta para seguir hoy esta bandera, mañana aquella otra.

3.- De la exuberancia de vida de un verdadero pueblo, la vida se esparce por el Estado y sus órganos, infundiendo la conciencia de su propia responsabilidad, el verdadero sentido del bien común.   

De la fuerza elemental de la masa, manejada con habilidad, puede servirse también el Estado: en las manos ambiciosas de uno o  muchos, agrupados artificialmente por tendencias egoístas, el Estado —con la ayuda de la masa, reducida a simple máquina— puede imponer su capricho a la parte mejor del verdadero pueblo; el interés común queda golpeado gravemente, y la herida es muy difícil de curar. (Θ texto sintetizado – ver nota al comienzo)

3. También en una democracia deben existir las desigualdades provenientes de la naturaleza

El Pontífice distingue entre verdadera y falsa democracia: una es corolario de que exista un verdadero pueblo; la otra, de la reducción del pueblo a la condición de masa humana.

4.- la masa —como acabamos de definirla— es la enemiga capital de la verdadera democracia y de su ideal de libertad  e igualdad.

5.- En un pueblo digno de este nombre, el ciudadano siente la conciencia de su personalidad, deberes y derechos, de su propia libertad unida al respeto a la libertad y dignidad de los demás.

En un pueblo digno de este nombre, todas las desigualdades, nacidas de la propia naturaleza, de cultura, riquezas, posición social —sin perjuicio de la justicia y caridad mutua—, no son obstáculo a que predomine un auténtico espíritu de comunidad y fraternidad. (…) dichas desigualdades le confieren su legítimo significado: que, frente al Estado, cada uno tiene el derecho de vivir honradamente su propia vida personal en las condiciones en que las disposiciones de la Providencia le han colocado.
Esta definición de la genuina igualdad civil, como de los correlativos conceptos de fraternidad y comunidad, esclarece lo que son según la doctrina católica la verdadera igualdad,  fraternidad y comunidad; radicalmente opuestas a aquellas que las sectas protestantes instauraron en sus estructuras eclesiásticas, y al tristemente célebre trinomio que la Revolución Francesa y sus adeptos enarbolaron en todo el mundo como lema en el orden civil y social, y que la Revolución comunista extendió al orden socio-económico. [5]. (Θ texto sintetizado – ver nota al comienzo)

Esta observación es importante dado que, en las conversaciones o en los mass-media, estas palabras son generalmente entendidas en sentido erróneo y revolucionario.
4. En una democracia desvirtuada, la libertad se transforma en tiranía y la igualdad degenera en nivelación mecánica
Después de definir qué es la verdadera democracia, Pío XII describe la falsa: (…)
6.- En contraste con este cuadro ¡qué espectáculo ofrece un Estado democrático abandonado al arbitrio de la masa! La libertad, deber moral de la persona, se transforma en pretensión tiránica de dar desahogo a los impulsos y apetitos, con perjuicio de los demás. La igualdad degenera en nivelación mecánica, en uniformidad monocroma; el verdadero honor, la actividad personal, el respeto a la tradición, la dignidad, todo aquello que da a la vida su valor, se hunde y desaparece. Sobreviven las víctimas engañadas por la fascinación de la democracia, confundida con el espíritu de la democracia,  la libertad y la igualdad; y los explotadores que han sabido, mediante el dinero o la organización, asegurarse una posición privilegiada o el propio poder. [6]. (Θ texto sintetizado – ver nota al comienzo)

En estos principios se fundan gran parte de las enseñanzas enunciadas por Pío XII.
A partir de esta situación descripta por el Pontífice, incluso en los días de hoy, en un Estado ordenado —monárquico, aristocrático o democrático— les cabe a la Nobleza y a las élites tradicionales una alta e indispensable misión.

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NOTAS (síntesis)
[1] Karl MARX, Friedrich Engels, Obras (Ed. dirigida por Manuel Sacristán Luzón), Crítica
[2] Cfr. Documentos V.
[3] J. B. WEISS, Historia Universal, vol. XVII, p. 676.
[4] Es del autor la numeración que separa los párrafos.
[5] Cfr. Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y Contra-Revolución, Ed. Fernando III el Santo, pp. 38-41; Ver Apéndice II de la presente obra.
[6] Discorsi e Radiomessaggi, vol. VI, pp. 239-240.
________________________________________

Encontrará todos los sumarios anteriores de “Nobleza y élites tradicionales análogas” haciendo click más abajo en el tag correspondiente o por medio del buscador (“search”)

 

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Ap III Formas de gobierno mayo 016

“Nobleza y élites tradicionales análogas en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana”, por Plinio Corrêa de Oliveira

Apéndice III
Las formas de gobierno a la luz de la doctrina social de la Iglesia:
en teoría – en concreto
A – Textos pontificios y de otros autores
sobre las formas de gobierno:
Monarquía, aristocracia y democracia

1. El régimen monárquico es la mejor forma de gobierno

De la alocución de Pío VI al Consistorio secreto del 17 de junio de 1793 a propósito de la ejecución de Luis XVI:
“Esta [la Convención], en efecto, una vez abolida la forma de gobierno monárquica, que es la mejor, había colocado todo el poder público en las manos del pueblo”. 1

 

ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº
1) Pii VI Pont. Max. Acta, vol. II, p. 17



2. La Iglesia no desaprueba ninguna forma de gobierno que sea justa y garantice eficazmente el bien común

De la encíclica Diuturnum illud (29/6/1881), de León XIII:
“No se ha procurado estudiar aquí las diversas formas de gobierno, pues no hay razón para que la Iglesia desapruebe el gobierno de un solo hombre o de muchos, siempre que sea justo y esté dirigido al bien común. Por tanto, salvaguardada la justicia, no les está prohibido a los pueblos adoptar aquel sistema de gobierno que esté más de acuerdo con su propia índole o bien con las instituciones y costumbres de sus mayores.” 1

De la encíclica Immortale Dei (1.11.1885), también de León XIII:
“La soberanía, en sí, no está necesariamente vinculada a ninguna forma de gobierno. Puede adoptarse lícitamente una u otra, con tal que ésta garantice eficazmente el bien común y la utilidad de todos (…)
“Si se quiere juzgar rectamente, ninguna de las diversas formas de gobierno es en sí misma censurable, pues nada contienen que se oponga a la doctrina católica y, si son practicadas con prudencia y justicia, todas ellas pueden mantener a la sociedad en perfecto estado.” 2

[Comentario del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira]

En los textos transcriptos, León XIII supone el caso de una nación cuyos habitantes se encuentren en la contingencia de tener que elegir entre la vigente forma de gobierno u otra nueva, sin que haya habido violación del principio de autoridad ni de derechos adquiridos.

Las enseñanzas aquí impartidas se aplican también, mutatis mutandis, a una persona que se vea obligada a hacer una opción semejante en cuanto mero particular, por ejemplo, al depositar su voto en un plebiscito convocado para optar entre monarquía, república aristocrática o república democrática, o al elegir un partido político al que afiliarse.

1) ASS XIV [1881] 5.
2) ASS XVIII [1885] 162, 174.

 

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El presente sumario  (10 bis) corresponde a la nota 10 de la Visión de Conjunto:

http://nobleza.org/la-nobleza-en-una-sociedad-cristiana-perennidad-de-su-mision-y-prestigio-en-el-mundo-contemporaneo-las-ensenanzas-de-pio-xii-cap-iv-vision-de-conjunto-10/010 Selección temática

La Nobleza en una sociedad cristiana – Perennidad de su misión y de su prestigio en el mundo contemporáneo
Las enseñanzas de Pío XII

Θ Nota: las citas de documentos pontificios han sido sintetizadas en el presente sumario. El lector puede consultar las citas textuales online en :

http://www.pliniocorreadeoliveira.info/LN_Espanha/Volume%20I/LN_ES_Cap_00_0_Indice.htm

1. Clero, Nobleza y Pueblo

♦ La sociedad medieval, constituida por las tres clases sociales, dotadas de especiales obligaciones, privilegios y honores. Participaban en su gobierno el Rey, el Clero, la Nobleza y el Pueblo.

♦ Iglesia y Estado, sociedades perfectas y soberanas en el campo espiritual y el temporal, respectivamente.

El Clero puede participar en la función gobernativa del Estado. Le compete enseñar, gobernar y santificar; a los simples fieles les cabe ser enseñados gobernados y santificados -orden jerárquico de la Iglesia.

Numerosos documentos establecen la distinción entre Iglesia docente y discente, como enseña San Pío X en Vehementer Nos: la Iglesia , Cuerpo Místico de Cristo, cuya autoridad es administrada por pastores y doctores; algunos mandan a otros con plena y perfecta potestad. (1). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

Esta distinción es afirmada en documentos del Conc. Vaticano II:
Los seglares tienen por hermanos a aquellos que, colocados en el sagrado ministerio, enseñando, santificando y gobernando con la autoridad de Cristo, apacientan a la familia de Dios (Lumen Gentium, § 32).
(…) procuren los  fieles  abrazar con cristiana obediencia todo lo que los sagrados pastores, representantes de Cristo, establecen en la Iglesia como maestros y gobernantes (Lumen Gentium, § 37).

Cada uno de los Obispos, a quienes bajo la autoridad del Sumo Pontífice les está confiada la dirección de cada iglesia particular apacienta sus ovejas en nombre de Dios, ejerciendo sus funciones de enseñar, santificar y regir. (Christus Dominus). (2) (Θ txt sintetizado: ver nota ).

Cabe al Clero la misión de proveer la salvación y santificación de las almas, que produce efectos sumamente beneficiosos: imbuirlas de la moral cristiana y de la observancia de la Ley de Dios; un pueblo receptivo se encuentra idealmente dispuesto para ordenar sus actividades temporales de modo que alcancen alto grado de eficacia y florecimiento.

♦ Célebre imagen de San Agustín de una sociedad en la que todos sus miembros fuesen buenos católicos: un ejército; Gobernadores, esposos, padres, hijos, señores, siervos, reyes, jueces, contribuyentes y recaudadores de impuestos como los quiere la doctrina cristiana, y atrévanse [los paganos] a decir que ésta es enemiga de la república. Han de reconocer sin dudarlo que cuando se la observa fielmente, le sirve de salvaguarda.(3). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

Correspondía al Clero mantener los fundamentos morales de la civilización perfecta, la cristiana. La enseñanza y obras de asistencia y caridad estaban a cargo de la Iglesia, que desempeñaba, sin carga para el erario público, los servicios adscriptos a los ministerios de Educación y Sanidad. Se comprende que haya sido reconocido el Clero como primera clase de la sociedad.

♦ En el ejercicio de su altísima misión, el Clero no depende de ningún poder terreno; factor activo en la formación del espíritu y mentalidad de una nación. El intercambio de comprensión, confianza y afecto le proporciona posibilidades inigualables de orientar ansias, preocupaciones y sufrimientos de la población y los aspectos de vida temporal correlativos. Reconocerle voz y voto en las decisivas asambleas nacionales es para el Estado medio precioso de auscultar el corazón de la nación.

Manteniendo su alteridad frente a la vida política, elementos del Clero han sido, a lo largo de la Historia, consejeros respetados y partícipes valiosos en materias legislativas y fijación de determinados rumbos.
No está compuesto por ángeles del Cielo sino por hombres que actúan en esta tierra. Esta clase forma parte de la población del país, frente al cual tiene derechos y deberes. La protección de esos derechos y el cumplimiento de esos deberes es del mayor interés para ambas sociedades perfectas: la Iglesia y el Estado. Lo afirma León XIII en Immortale Dei. (4). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

♦ Clase social definida, parte viva del país, tiene derecho a voz y voto en su vida pública. (5)

Le seguía como segunda clase la Nobleza, de carácter esencialmente militar y guerrero. Le correspondía la defensa de la nación y la del orden político y social. En sus tierras, los señores feudales ejercían, sin gastos para el Rey, funciones algo semejantes a las de los alcaldes, jueces y comisarios de policía actuales.

Ambas clases, básicamente ordenadas al bien común, en compensación por sus graves y específicas funciones, merecían honores y privilegios, como la exención de impuestos.

El Pueblo, clase vuelta particularmente hacia el trabajo productivo: eran privilegios suyos participar en la guerra en grado mucho menor que la Nobleza, y casi siempre  la exclusividad en las profesiones más lucrativas, como comercio e industria. No tenían normalmente obligaciones especiales con el Estado. Trabajaban para el bien común en la medida en que cada cual favorecía sus legítimos intereses; de ahí que fuera la clase menos favorecida en honores y sobre la cual recaía, en consecuencia, el peso de los impuestos.

“Clero, Nobleza y Pueblo”: trilogía que recuerda las asambleas representativas que caracterizaron muchas monarquías del periodo medieval y del Antiguo Régimen: Cortes de España y Portugal, Estados Generales franceses, Parlamento de Inglaterra, etc. En ellas había una representación nacional auténtica que reflejaba fielmente la organicidad social.

Con la Ilustración, otras doctrinas comenzaron a conquistar ciertos sectores directivos. Bajo efecto de una mal comprendida noción de libertad, Europa comenzó a caminar hacia la destrucción de los cuerpos intermedios, la laicización del Estado y la nación, y la formación de sociedades inorgánicas, representadas por un criterio únicamente cuantitativo: el número de votos.

Esta transformación, ocurrida desde las últimas décadas del s. XVIII hasta nuestros días, ha facilitado peligrosamente el fenómeno de degeneración pueblo-masa, sabiamente señalado por Pío XII.

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[1] ASS XXXIX [1906] 8-9
[2] Sacrosanctum Oecumenicum Concilium Vaticanum II, Constitutiones, Decreta, Declarationes, Typis Polyglottis Vaticanis, 1974, pp. 154, 162, 285.
[3] Epist. CXXXVIII ad Marcellinum, § 15, in Opera omnia, Migne, t. II, col. 532.
[4] “Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba las naciones. En esa época, el vigor propio de la sabiduría cristiana y su virtud divina habían penetrado en las leyes, en las instituciones, en las costumbres de los pueblos, en todas las categorías y relaciones de la sociedad civil; y la religión instituida por Jesucristo, firmemente establecida en el grado de dignidad que le era justo, florecía en todas partes por el favor de los príncipes y la protección legítima de los magistrados. Entonces el sacerdocio y el imperio estaban unidos por una auspiciosa concordia y por el amistoso intercambio de buenos oficios. Organizada así, la sociedad civil produjo frutos superiores a toda expectativa, cuya memoria vivía y vive aún consignada como está en innumerables documentos históricos que ningún artificio de los adversarios podrá desvirtuar u obscurecer” (ASS XVIII [1885] 169).
[5] Otro aspecto de la legítima participación del Clero en la vida pública nacional fue la existencia en el tiempo del feudalismo de diócesis y abadías cuyos titulares eran, ipso facto y al mismo tiempo, titulares de sus respectivas circunscripciones feudales. Así por ejemplo, los Obispos-Príncipes de Colonia o Ginebra, independientemente de su origen, noble o plebeyo, eran ipso facto, por el propio hecho de ser obispos, Príncipes de Colonia o Ginebra. Uno de estos últimos fue el dulcísimo San Francisco de Sales, doctor de la Iglesia. A la vez que Obispos-Príncipes, existían dignatarios eclesiásticos de graduación menos eminente en la Nobleza; en Portugal, los Arzobispos de Braga, que eran al mismo tiempo Señores de dicha ciudad, y los Obispos de Coimbra eran, ipso facto, Condes de Arganil (desde D. João Galvão, XXXVI obispo de Coimbra, agraciado en 1472 con dicho título por D. Alfonso V), de donde venía que usasen corrientemente el título de Obispos-Condes de Coimbra.

2. El deterioro del orden medieval en los tiempos modernos

Esta organización política, social y económica, se deshizo con la Edad Moderna (cfr. Cap. II). A partir de ella, las sucesivas transformaciones tienden a confundir las clases, y a negar a Clero y Nobleza una situación jurídica especial. Dura contingencia ante la que no deben cerrar los ojos con pusilanimidad.

Pío XII describe ese estado de cosas con precisión: (…)  mirad con intrepidez y valor la realidad presente ; Nos parecería poco digno de vosotros disimularla con eufemismos. La nueva Constitución no os reconoce ya como clase social ninguna misión específica, ningún atributo ni  privilegio, ni en el Estado, ni en el pueblo (6). Punto final de una especie de “caminar fatal” (7).  (Θ txt sintetizado: ver nota ).

Ante tales “formas de vida bien diversas” (8), la Nobleza y las élites tradicionales no deben ignorar la realidad sino tomar una actitud clara, una conducta propia a las personas de valor: “Mientras los mediocres no hacen sino fruncir el ceño ante la adversidad, los espíritus superiores saben (…) mostrarse ‘beaux joueurs’ (9), conservando imperturbable su porte noble y sereno” (10). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

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[6] PNR 1952, p. 457; Cfr. Capítulo II, 1.
[7] Ibídem.
[8] Ibídem.
[9] Buenos jugadores, que se inclinan lealmente ante la victoria del adversario.
[10] PNR 1952, pp. 457-458.

3. La Nobleza debe mantenerse como clase dirigente en el contexto social, profundamente transformado, del mundo actual

¿En qué consiste este reconocimiento varonil de condiciones de vida que no se está obligado a aplaudir — “se puede pensar lo que se quiera” (11) — pero que constituyen una realidad dentro de la cual se está obligado a vivir?
¿Han perdido la Nobleza y las élites tradicionales su razón de existencia? ¿Deben romper con sus tradiciones y pasado? ¿Deben disolverse en la plebe, borrando todo lo que conservan de altos valores de virtud, cultura, estilo y educación?

Para el Pontífice, las élites tradicionales deben continuar existiendo y teniendo una alta misión: en interés al bien común.  la salvación de la Civilización Cristiana en esta crisis, permaneced firmes en la primera línea. Vuestras cualidades pueden también hoy ser allí excelentemente utilizadas. Vuestros nombres, que (…) resuenan con fuerza en la historia de la Iglesia y de la sociedad civil, traen a la memoria figuras de grandes hombres y hacen resonar en vuestro espíritu la voz admonitora que os recuerda el deber de mostraros dignos de ellos. (12). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

 

Aún más claro queda en la alocución de 1958 (13):
(…) recordaréis … cómo el Papa de vuestra niñez no omitió indicaros los nuevos deberes que las cambiadas condiciones de los tiempos imponían a la Nobleza; que os explicó muchas veces cómo la laboriosidad había de ser el titulo más sólido y digno para aseguraros la permanencia entre los dirigentes de la sociedad; que las desigualdades sociales os prescribían particulares deberes en pro del bien común; que de las clases más altas podían descender para el pueblo grandes beneficios o graves daños; que los cambios en la forma de vivir pueden conjugarse armónicamente con las tradiciones de que las familias patricias son depositarias. (14). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

El Pontífice no desea la desaparición de la Nobleza en el contexto social profundamente transformado de nuestros días; por el contrario, invita a sus miembros a desarrollar los esfuerzos necesarios para que se mantenga en la posición de clase dirigente también dentro del amplio cuadro de categorías a las cuales toca orientar al mundo actual; y de modo que la presencia de la Nobleza tenga un sentido tradicional, el valor de una continuidad, el sentido de una “permanencia”; de fidelidad a uno de los principios constitutivos de la Nobleza: la correlación entre “las desigualdades sociales” que la “elevaban” y sus “particulares deberes en pro del bien común”.

Así, “los cambios en la forma de vivir pueden conjugarse armónicamente con las tradiciones de que las familias patricias son depositarias.”
Pío XII insiste en que la Nobleza debe permanecer en el mundo de la posguerra, con tal que se muestre verdaderamente insigne por las cualidades morales que la deben caracterizar: tomar parte activa en la curación de las llagas producidas por la guerra, la reconstrucción de la paz, el renacer de la vida nacional, evitando las ‘emigraciones’ o abstenciones; porque aún quedaba en la nueva sociedad un amplio lugar para vosotros si os mostrábais verdaderamente élites y optimates, insignes por vuestra serenidad de ánimo, prontitud para la acción, generosa adhesión. (15) . (Θ txt sintetizado: ver nota ).

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[11] PNR 1952, p. 457.
[12] PNR 1952, p. 459.
[13] Cfr. Capítulo I, 6.
[14] PNR 1958, p. 708.
[15] Ibídem.

4. Mediante una juiciosa adaptación al mundo moderno, la Nobleza no desaparece en la nivelación general

Esa indispensable adaptación no significa para la Nobleza una renuncia a sí misma y a sus tradiciones desapareciendo en la nivelación general sino mantenerse como valiente continuadora de un pasado inspirado en principios perennes, de los cuales el Pontífice realza el más alto: la fidelidad al “ideal cristiano”. (…)  os incitábamos a desterrar el abatimiento y la pusilanimidad frente a la evolución de los tiempos, y a que os adaptárais valerosamente a las nuevas circunstancias, fijando la mirada en el ideal cristiano, verdadero e indeleble título de genuina nobleza. (16) . (Θ txt sintetizado: ver nota ).

Esta es la valiente adaptación que cabe a la Nobleza llevar a cabo. No se trata de renunciar a la gloria de su abolengo sino de conservarla y, lo que es más, actuar en pro del bien común con la “valiosa contribución” que “todavía estáis en condiciones de prestarle”: (…) os hicimos entonces estas advertencias para asegurar a la sociedad la valiosa contribución que todavía estáis en condiciones de prestarle (17)

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[16] Ibídem.
[17] PNR 1958, pp. 708-709

5. Para corresponder a las esperanzas en ella depositadas, la Nobleza debe brillar en los dones que le son específicos

Después de realzar una vez más la importancia de su fidelidad a la moral católica, Pío XII traza un cuadro fascinante de los atributos que la Nobleza debe aportar para corresponder a las esperanzas que en ella deposita. Importa notar que esas cualidades deben brillar en cuanto “fruto de largas tradiciones familiares”, hereditarias, y constituyen, algo de propio y específico de la clase noble:
(…) “Nos preguntaréis tal vez— ¿qué hemos de hacer… para alcanzar tan alto objetivo?”

“ (…) debéis insistir en vuestra irreprensible conducta religiosa y moral, especialmente dentro de la familia, y practicar una sana austeridad de vida. (…) que las otras clases perciban el patrimonio de virtudes y dotes que os son propias, fruto de largas tradiciones familiares. (…) la imperturbable fortaleza de ánimo, la fidelidad y dedicación a las causas más dignas, una tierna y munífica piedad para con los débiles y los pobres, el prudente y delicado modo de tratar los asuntos graves y difíciles, aquel prestigio personal, casi hereditario (…), por el que se llega a persuadir sin oprimir, a arrastrar sin forzar, a conquistar sin humillar el espíritu de los demás, ni siquiera el de vuestros adversarios o rivales”.

 También constituyen estas enseñanzas “(…) la más convincente respuesta a los prejuicios y sospechas (…)”. (18)
El Pontífice enseña aquí a sus ilustres oyentes un modo adecuado de replicar las invectivas del igualitarismo vulgar de nuestro tiempo.

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[18] PNR 1958, p. 709.

6. Incluso los que ostentan desprecio por las antiguas formas de vida no son del todo inmunes al esplendor nobiliario

Pío XII realza el “vigor y fecundidad en las obras” como “características de la genuina Nobleza”, y la incita a que los aporte al servicio del bien común (19).
Parece refutar una posible objeción formulada por aristócratas desanimados ante la oleada de igualitarismo que ya entonces se extendía por el mundo moderno.

Pondera que pueden distinguirse dos tendencias hoy ante la Nobleza: una “conserva un justo respeto a las tradiciones y aprecia su alto decoro”; otra, “que ostenta indiferencia y quizá desprecio hacia las viejas formas de vida, tampoco queda del todo inmune a la seducción del esplendor” nobiliario.

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[19] ibidem

7. Las virtudes y cualidades específicas de los nobles se comunican a cualquier trabajo que ejerzan

Prosigue aludiendo a que en el régimen político y socio-económico anterior a la Revolución Francesa, ciertas profesiones no eran generalmente ejercidas por los nobles. Su ejercicio podía implicar la pérdida de la condición nobiliaria, como v.gr. el comercio, reservado, generalmente, a la burguesía y al pueblo.

Estas limitaciones fueron desapareciendo hasta el punto de haber sido eliminadas en nuestros días.

El Papa parece también tomar en consideración el hecho de que los trastornos originados por las dos Guerras Mundiales arruinaron económicamente a numerosas estirpes nobles, cuyos miembros quedaron reducidos al ejercicio de actividades subalternas. Se puede hablar incluso de la proletarización de ciertos nobles.
Frente a tan duras realidades, Pío XII estimula a esas estirpes a que no se disuelvan en el anonimato sino que, practicando sus virtudes tradicionales, actúen con “vigor y fecundidad”, y comuniquen así una nota específicamente noble a cualquier trabajo que o se vean obligados a aceptar. Así conseguirán que la Nobleza sea comprendida y respetada, ¡incluso en las más penosas situaciones!

 8. Un altísimo ejemplo: la familia de estirpe real en cuyo hogar nació y vivió el Dios humanado

 Estas altas enseñanzas hacen también pensar en el matrimonio de la estirpe real de David, en cuyo hogar, principesco y obrero, nació y vivió ¡el Dios humanado! (20)
En alocución a la Guardia Noble: Nobles erais aun antes de servir a Dios y a Su Vicario. La Iglesia, a cuyos ojos el orden de la sociedad humana reposa fundamentalmente sobre la familia, por humilde que sea, no desestima aquel tesoro familiar que es la nobleza hereditaria. No la despreció ni el propio Jesucristo: el varón a quien confió la misión de proteger su adorable Humanidad y a su Madre Virgen era de estirpe real: ‘Joseph, de Domo David’ (Luc. I, 27). (21). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

León XII “atestiguaba que la Guardia Noble está ‘destinada a prestar el servicio más próximo e inmediato a nuestra misma persona y, tanto por la finalidad de su institución, como por la calidad de los individuos que lo componen, constituye un Cuerpo que es la primera y más respetable de todas las armas de nuestro Principado’.” (22)

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[20] Cfr. Capítulo V, 6; PNR 1941, p. 363.
[21] José, de la Casa de David.
[22] Discorsi e Radiomessaggi, vol. I, p. 450.

9. La más alta función de la Nobleza: conservar, defender y difundir las enseñanzas cristianas contenidas en las nobles tradiciones que la distinguen

El Pontífice se refiere a la obligación genérica que tienen las “clases altas, entre las cuales está la vuestra” de resistir moralmente a la corrupción moderna: Quisiéramos… que vuestra influencia en la sociedad le evitase un grave peligro, propio de los tiempos modernos. (…); habitualmente son [los vicios y abusos] los que se propagan, y [esto ocurre] hoy con tanta mayor celeridad cuanto más fáciles son los medios de comunicación, información y contacto personal. (23). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

El Santo Padre define más específicamente las características de esa obligación en lo que se refiere a la Nobleza: deber de resistencia a cumplir en el campo doctrinal, que se extiende al de las costumbres. “(…) vigilad y proceded de modo que las perniciosas teorías y los perversos ejemplos nunca cuenten con vuestra aprobación y simpatía, ni mucho menos hallen en vosotros vehículos favorables para la infección ni focos de ella.”
Este deber es elemento integrante de “aquel profundo respeto a las tradiciones por vosotros cultivado, mediante el cual pretendéis distinguiros en la sociedad”. Estas tradiciones son “preciosos tesoros” que la Nobleza ha de guardar “en medio del pueblo”.

 “Ésta puede ser la más alta función social de la Nobleza de hoy; éste es ciertamente el mayor servicio que podéis prestar a la Iglesia y a la patria”, afirma. (24)
Conservar, defender y difundir las enseñanzas cristianas contenidas en las nobles tradiciones que la distinguen: ¿qué más alto uso puede hacer la Nobleza del esplendor de los siglos pasados, el cual aún hoy la ilumina y pone de relieve? (25)

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[23] PNR 1958, p. 710.
[24] Ibídem.
[25] Sobre cuánto predispone y estimula la nobleza de sangre para la práctica de las virtudes cristianas, véase especialmente la admirable homilía de San Carlos Borromeo reproducida en Documentos IV, 8.

10. Es deber de la Nobleza no diluirse en el anonimato, sino resistir al soplo del igualitarismo moderno

 Pío XII insiste en que no se deje diluir la Nobleza en el anonimato al que muchos quieren arrastrarla  al soplo del igualitarismo moderno, y le indica otra función de gran alcance: por la presencia actuante de las tradiciones que irradia, debe contribuir a preservar de un cosmopolitismo descaracterizante los valores típicos de los diferentes pueblos. (26)

Al terminar con paternales bendiciones, hace un especial gesto a favor de la continuidad de la Nobleza, recordando que a los niños de estirpe noble presentes, les toca el grave y honroso deber de ser continuadores en el futuro de sus más dignas tradiciones: A fin de que el Omnipotente corrobore vuestros propósitos y haga realidad Nuestros votos …, descienda sobre vosotros, vuestras familias, especialmente sobre vuestros niños, continuadores … de vuestras más dignas tradiciones, Nuestra Bendición Apostólica. (27). (Θ txt sintetizado: ver nota ).

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[26] PNR 1958, pp. 710-711.
[27] PNR 1958, pp. 711

11. La Nobleza: Categoría particularmente distinguida en la sociedad humana — Deberá rendir cuentas especiales a Dios

Una aplicación más puede ser encontrada en alocución de Juan XXIII al Patriciado y a la Nobleza romana (cfr. Resumen de la de la Poliglotta Vaticana):
“El Santo Padre se complace en realzar que los distinguidos oyentes reflejan aquello que constituye el consorcio humano en su totalidad: una múltiple variedad de elementos, cada cual con su propia personalidad y actuación, a la manera de flores a la luz del sol, y dignas de respeto y honor, cualquiera que sea su magnitud y proporción.
“El hecho…de pertenecer a una categoría particularmente distinguida de la sociedad humana… requiere una adecuada consideración, representa una invitación … para que den más, como conviene a quien más ha recibido y un día deberá rendir cuenta de todo a Dios”.

(…)

“Obrando así se coopera… con la íntima convicción de que hasta lo que de más notable se encuentra en la historia de cada familia debe reforzar su compromiso —precisamente en conformidad con su particular condición social— con el sublime concepto de fraternidad cristiana y con el ejercicio de virtudes particulares: la paciencia dulce y suave, la pureza de costumbres, la humildad y, sobre todo, la caridad. Sólo de esta manera será posible obtener para cada uno [de los integrantes de esa categoría] una grande e imborrable honra!”
(…)

“A fin de estimular las mejores disposiciones de los presentes, el Sumo Pontífice da su Bendición para cada uno y para sus familias (…). Agrega el deseo paternal de que se comporten de un modo tal, que no vivan —como suele decirse— ‘al día’, sino que sientan y manifiesten en la vida de cada día pensamientos y obras según el Evangelio, por el cual fueron marcadas las vías luminosas de la Civilización Cristiana. ¡Quien obra de esta manera sabe desde ahora que su nombre será repetido en el futuro con respeto y admiración!” (28)

También es recordado por Juan XXIII este papel específico de la Nobleza contemporánea el 10 de enero de 1963:
“Quien más ha recibido, quien más se destaca, se encuentra en mejores condiciones de dar buenos ejemplos; todos deben aportar su contribución: los pobres, los humildes, los que sufren, bien como aquellos que han recibido del Señor numerosas Gracias y gozan de una situación que entraña graves y particulares responsabilidades.” (29)

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[28] Discorsi e Radiomessaggi, vol. II, pp. 565-566.
[29] Ídem, vol. V, p. 348.

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Θ Nota: las citas de documentos pontificios han sido sintetizadas a los efectos del presente sumario. El lector puede consultarlas en el texto original, disponible online (ver link al comienzo).

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waterhouse

El Coronel John Ripley colgando encima del río Cua Viet mientras enfurecidos soldados norvietnamitas le disparan. Cuadro pintado por el Coronel Charles Waterhouse.

Un personaje representativo es una persona que capta los ideales, principios y cualidades que una comunidad o nación desea y admira, y los traduce a programas concretos de vida y cultura.

Podemos señalar figuras famosas, como el General George Patton, o también a personas menos conocidas, como el clero abnegado, los maestros dedicados o los jefes comunitarios desinteresados, que arrastran y compenetran a toda la sociedad, y marcan el tono en sus comunidades. La cultura moderna desalienta la existencia de personajes representativos y a cambio propone personajes falsos y no representativos, que corresponden a nuestra sociedad de masas.

RipleyBookCover

Un caballero americano: Vida de John W. Ripley,USMC. Primera biografía completa del gran héroe norteamericano Coronel John Ripley.

RTO

Regreso al Orden – Esclarecedor “best-seller” de John Horvat II.

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“Y hallaron que la Mari López los había guardado muy bien con su espada y su rodela” – Rincón de la Conversación

13.05.2016

  Hablábamos en el Rincón anterior de los primeros pobladores católicos de nuestro territorio, que merecen considerarse, con otros héroes de envergadura, Padres de la Patria. Y también tenían a su lado las sufridas y heroicas Madres de la Patria –que no estaban ociosas. El sexo débil no podía darse el lujo de serlo en […]

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El Alférez del Norte argentino: un alma de caballero en un hombre del siglo XXI – Rincón de la Conversación

28.04.2016

  Los Alférez galopan y pasan ante los Santos Patronos, al frente de la Iglesia, En la procesión, el Alférez Mayor grita: -¡Venia! y todas las banderas relumbran al vuelo en honor de la Virgen y de San Sebastián -De modo que nunca habías oído hablar de los alférez, salvo del Alférez de Aeronáutica! Se […]

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