FATIMA, EN UNA VISION DE CONJUNTO 

Fátima en una visión de conjunto

Plinio Corrêa de Oliveira

Tradición y Acción – Viernes 12 de mayo de 2017

Este articulo de Plino Corrêa de Oliveira fue publicado en mayo de 1967, en el cincuentenario de la primera aparición de la Santísima Virgen en Fátima. Llegados ahora al Centenario del que fue sin duda el mayor acontecimiento del siglo XX, el texto conserva una actualidad en todo correspondiente a la del Mensaje que la Madre de Dios dio a conocer al mundo.

Tal vez les parezca útil a los lectores un análisis sucinto de los múltiples aspectos que las importantes manifestaciones de la Santísima Virgen en Fátima contienen.
Presupuestos y líneas generales de las apariciones

1 – Para entender el conjunto de visiones y comunicaciones con que Lucía, Francisco y Jacinta fueron favorecidos, hay que tener en cuenta, ante todo, la doctrina católica sobre la comunión de los santos. Las oraciones y méritos de una persona pueden beneficiar a otra. De este modo, es lógico que las oraciones, los sacrificios y el holocausto de la propia vida ofrecidos por los tres niños, máxime después de beneficiados espiritualmente por las apariciones de la Reina de todos los Santos, pueden aprovechar a un gran número de almas e incluso a naciones enteras.

Nuestra Señora vino, pues, a solicitar oraciones y sacrificios a los tres. A Jacinta y Francisco les pidió también el holocausto de la vida, ofreciéndose como víctimas expiatorias por los pecados de los hombres. A Lucía le pidió que se quedara en este mundo para el cumplimiento de una misión de la cual hablaremos más adelante.
* La mediación universal de María Santísima

2 – Otra noción preliminar para la comprensión de los acontecimientos de Fátima es la de la mediación universal de María Santísima. Ella actúa como Medianera suprema y necesaria -por libre voluntad de Dios- entre el Redentor ofendido y la humanidad pecadora. Por otro lado, es Medianera siempre oída y, como tal, ejerce una verdadera dirección sobre los acontecimientos. Es Medianera regia, que será glorificada con la victoria de su Corazón maternal, que será la más alta expresión de la victoria del propio Dios.
* En Fátima, Nuestra Señora no habló sólo para Portugal, sino para el mundo entero

Las revelaciones de Fátima van más allá de todo cuanto la Providencia ha dicho a los hombres en la inminencia de las grandes borrascas de la Historia.

3 – Hablando a los pequeños pastores, nuestra Señora quiso hablar al mundo entero, exhortando a todos los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida. De modo especial habló al Papa y a la Sagrada Jerarquía, pidiéndoles la consagración de Rusia a su Corazón Purísimo.
* La situación altamente calamitosa del mundo en nuestros días

4 – La Madre de Dios hizo estos pedidos en vista de la situación religiosa en que se encontraba el mundo en la época de las apariciones, es decir, en 1917.

Nuestra Señora señaló dicha situación como altamente calamitosa. La impiedad y la impureza habían dominado la tierra a tal punto que para castigar a los hombres había estallado una verdadera hecatombe, que fue la Primera Guerra Mundial. Esa conflagración terminaría en breve y los pecadores tendrían tiempo para corregirse, atendiendo el pedido de Fátima.

Si ese pedido fuese oído, la humanidad conocería la paz. En caso de que no fuese oído, vendría otra guerra aun más terrible.

Y, en caso de que el mundo continuase sordo a la voz de su Reina, una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, implicando una grave persecución religiosa, afligiría a todos los hombres, trayendo grandes sufrimientos para el Romano Pontífice: Rusia esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y personas contra la Iglesia… El Santo Padre tendrá mucho que sufrir.
* Después de una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, vendrá el Reino de María

5 – Quebrada así, a lo largo de toda una cadena de calamidades, la dura cerviz de la humanidad contemporánea, habrá una gran conversión de almas. Esa conversión será específicamente una victoria del Corazón Purísimo de la Madre de Dios: «Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará…» Será el reinado de María sobre los hombres.
* La meditación de los tormentos eternos es eficaz y adecuada para los hombres de este siglo

6 – Con la intención de incitar más eficazmente a la humanidad a acoger ese mensaje, Nuestra Señora hizo ver a sus tres confidentes las almas condenadas al infierno; cuadro trágico descrito por ellos de modo admirable, y apropiado para reconducir a la virtud a los pecadores endurecidos. Esa visión lúgubre muestra bien como se equivocan profundamente quienes afirman que es inadecuada para los hombres de este siglo la meditación sobre los tormentos eternos.
* Pruebas de la autenticidad del mensaje de Fátima

7 – Con el fin de probar la realidad de las apariciones, y por lo tanto la autenticidad del mensaje, la Virgen dispuso tres tipos de acontecimientos:

a) La afluencia de una gran número de espectadores en el momento en que Ella hablaba a los videntes. Aunque sólo ellos fuesen los destinatarios inmediatos del mensaje, los circunstantes, haciendo uso de la penetración psicológica común, podían cerciorarse de que los tres niños no mentían ni eran objeto de una ilusión al afirmar que estaban en contacto con Nuestra Señora, sino que realmente oían y hablaban con un ser invisible para los demás.


Ciudad devastada en la Segunda Guerra Mundial.

b) El prodigio de las transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol. Ese prodigio se hizo ver en una zona mucho mayor que el lugar de las apariciones, a punto de no poder ser explicado por un fenómeno de sugestión colectiva (sumamente difícil de ocurrir, dicho sea de paso, con las 50 a 70 mil personas que se hallaban en Cova da Iría)

c) Se confirmó la profecía de que poco después de las apariciones de Fátima la Primera Guerra Mundial acabaría; como se confirmó también la profecía -de que, no enmendándose la humanidad, otra guerra mundial estallaría. La luz extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda conflagración fue un hecho observado en varios países y universalmente conocido. La Señora había prevenido a los videntes de que esa sería la señal del castigo inminente. Y el castigo vino enseguida.

d) La previsión del castigo supremo, que es la difusión del comunismo, comenzó a realizarse poco después de las apariciones. Es importante notar que la Santísima Virgen anunció que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Pero cuando esa profecía fue hecha -13 dejulio de 1917-, la expresión era más o menos ininteligible.

En efecto, el zarismo apenas acababa de caer, siendo substituido por el régimen burgués de Kerensky, y no se podía saber cuáles serían esos errores rusos, pues es evidente que no se trataba de la difusión de la religión greco-cismática, momificada y privada de toda fuerza de expansión. De este modo, la ascensión de los marxistas al poder en la infeliz Rusia, en el mes de noviembre de 1917, fue, sin duda alguna, el elocuente comienzo de la confirmación de la profecía.

Enseguida, el Partido Comunista ruso inició la propagación mundial de sus errores, lo que acentuó todavía más la coincidencia entre lo que la Virgen había anunciado y el curso de los acontecimientos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión comunista se acentuó mucho más aún, porque numerosas naciones, subyugadas mediante el fraude y la fuerza, cayeron bajo el dominio soviético. Rusia se convirtió así en un peligro mundial.
Las dos familias de almas del mundo contemporáneo

Ante estas afirmaciones de grandeza apocalíptica cabe hacer una observación. El mundo de hoy se va dividiendo cada vez más en dos familias de almas. Una de ellas considera que la humanidad es presa de una cadena de errores y de iniquidades que comenzaron en la esfera religiosa y cultural con el humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante. Dichos errores se agravaron con el iluminismo y el racionalismo, y culminaron en la esfera política con la Revolución Francesa. Del terreno político pasaron al campo social y económico, en el siglo XIX, con el socialismo utópico y con el socialismo llamado científico. Con el advenimiento del comunismo en Rusia comenzó a verificarse la transposición, incipiente pero maciza de todo ese montón de errores al orden concreto de los hechos, naciendo de ahí el imperio comunista, moloch que iba desde el corazón de Alemania hasta Vietnam. Al mismo tiempo, sobre todo a partir de la Primera Guerra Mundial, la moralidad comenzó a declinar con rapidez espantosa en Occidente, preparándolo para la capitulación ante la más audaz expresión doctrinal e institucional de la amoralidad, que es el comunismo (ya sea bajo la forma de capitalismo de Estado -hoy aparentemente en vías de extinción- ya sea bajo la nueva y ladina versión autogestionaria).


El recuerdo de la devastación causada por la Segunda Guerra Mundial atormenta al hombre moderno ante la perspectiva de un tercer conflicto universal.

Para las incontables almas de todos los estados y condiciones de vida y naciones, que comparten este modo de pensar, el mensaje de Fátima es de lo más coherente que hay con la doctrina católica y con la realidad de los hechos.

Existe también otra familia de almas, para la cual los problemas del mundo contemporáneo tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad (considerada como un desvío culpable de la inteligencia). Nacen ellos exclusivamente de equívocos involuntarios que una buena difusión doctrinal y un conocimiento objetivo de la realidad pueden disipar. Esos equívocos resultan, además, de carencias económicas; son hijos del hambre, que desaparecerán cuando en el mundo no haya más hambre, y no antes que eso.

Con el auxilio de la ciencia y de la técnica, la crisis de la humanidad se resolverá. Más aún, no teniendo el factor culpa como fondo de cuadro de las catástrofes y de los peligros en medio de los cuales nos debatimos, la noción de un castigo universal se vuelve incomprensible. Tanto más cuanto que para esta familia de al mas el comunismo no es intrínsecamente malo, y con él son posibles acomodaciones que eviten persecuciones incómodas.

Por amor a la brevedad, esta descripción de las dos familias de almas esquematiza un tanto el panorama. Entre una y otra hay muchas gamas. No es nuestra intención retratarlas aquí. Las corrientes intermedias tendrán mayor o menor facilidad para comprender el mensaje de Fátima, según estén más próximas a un polo o al otro. Fátima es pues, en ese sentido, un verdadero divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.

De todas formas, con excepción de la parte mantenida aún en secreto, los pedidos, las amonestaciones y las profecías de Cova da Iría (todos con mero carácter de revelaciones particulares, es verdad …) están lanzados y se van confirmando ampliamente. A los escépticos les decimos: Qui vivra verra… (Quien viva lo verá …).
No se ha correspondido al Mensaje de Fátima

¿Se cumplirán los acontecimientos previstos en Fátima que aún no se han realizado? Eso es lo que la humanidad contemporánea se pregunta. En principio no hay cómo dudar de ello, pues una parte de las profecías ya se ha realizado con impresionante precisión, lo que prueba su carácter sobrenatural. Y, probado ese carácter, no se puede poner en duda que el mensaje celestial se cumpla hasta el fin.

Pero, alguien podría objetar que las profecías del 13 de julio de 1917 tienen un cariz condicional. Ellas se realizarán en el caso de que el Papa y los Obispos (en unión con él) no hagan la consagración de Rusia y del mundo al Inmaculado Corazón de María.

En Cova da Iría Nuestra Señora formuló dos condiciones, ambas indispensables para que se aparten los castigos con los que Ella nos amenazó.

Una de esas condiciones era la consagración. Digamos que haya sido realizada según el pedido de la Santísima Virgen. Falta la segunda condición: la divulgación de la práctica de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados. Nos parece evidente que esa devoción no se ha propagado hasta hoy por todo el orbe católico en la medida deseada por la Madre de Dios.

Y hay aún otra condición, implícita en el mensaje, pero también indispensable: es la victoria del mundo sobre las mil formas de impiedad y de impureza que lo vienen dominando. Todo indica que esa victoria no ha sido alcanzada y que, por el contrario, nos acercamos cada vez más al paroxismo en esa materia. Así, un cambio de rumbo de la humanidad se va haciendo cada vez más improbable; y a medida que caminamos hacia ese paroxismo, más probables se hacen los castigos…

Fotografía de los tres pastorcitos poco despuésde la visión del infierno.

Cabe hacer aquí una observación. Y es que, de no verse las cosas así, el mensaje de Fátima sería absurdo. Pues si Nuestra Señora afirmó en 1917 que los pecados del mundo habían llegado a un tal grado que clamaban por el castigo de Dios, no parece lógico creer en el presente que ese castigo no venga, después que esos pecados han continuado creciendo desde 1917 hasta nuestros días y el mundo se ha rehusado, obstinadamente y hasta el fin, a hacer caso a lo que fue dicho en Fátima. Sería lo mismo que si Nínive no hubiese hecho penitencia y a pesar de eso las amenazas del profeta no se hubiesen realizado.

Más aún, la misma consagración pedida por Nuestra Señora no tendrá el efecto de apartar el castigo, si el género humano sigue aferrándose cada vez más a la impiedad y al pecado, pues mientras eso sea así, la consagración estaría como que incompleta y desprovista de contenido real.

En resumen, puesto que no se operó en el mundo la inmensa transformación espiritual pedida en Cova da Iría, vamos caminando cada vez más hacia el abismo. Y, a medida que caminamos, esa transformación se va haciendo más improbable.
Los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María

Al concluir estas reflexiones, conviene que nuestro espíritu se detenga en la consideración de las últimas perspectivas del mensaje de Fátima. Más allá de la tristeza y de los castigos sumamente probables hacia los cuales caminamos, nos esperan los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María: Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. Es la perspectiva grandiosa de la victoria universal del corazón regio y materno de la Santísima Virgen. Es una promesa tranquilizante, atrayente y, sobre todo, majestuosa y entusiasta.

Para evitar el castigo en la escasa medida en que es evitable; para obtener la conversión de los hombres en la modesta medida en que, según la economía común de la gracia, ella es aún obtenible antes del castigo; para apresurar cuanto sea posible la aurora bendita del Reino de María; y para ayudamos a caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan, ¿qué podemos hacer? Nuestra Señora nos lo indica: que nos enfervoricemos en la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia.

Para estimulamos a rezar, en la última aparición Nuestra Señora se revistió sucesivamente de los atributos propios de las advocaciones de Reina del Santo Rosario, de Madre Dolorosa y de Nuestra Señora del Carmen, indicándonos cuán grato le es ser conocida, amada y venerada así.

Igualmente, la Virgen de Fátima insistió de modo muy especial en la devoción a su Inmaculado Corazón. Ella se refirió siete veces a su Corazón en sus mensajes (y Nuestro Señor, nueve).

Así, el valor teológico de la devoción al Inmaculado Corazón de María, por lo demás ya tan comprobado, encuentra en Fátima una impresionante corroboración. Por otro lado, la insistencia de la Santísima Virgen prueba hasta la saciedad que esa devoción es eminentísimamente oportuna.

Por lo tanto, quien toma en serio las revelaciones de Fátima debe hacer de la devoción al Corazón Purísimo de María uno de los más altos objetivos de la verdadera piedad.

*Extraído de “Catolicismo”, nº 197, mayo de 1967.

 

13 DE MAYO DE 2017: CENTENARIO DE LA 1ª APARICION DE LA SSMA. VIRGEN: EXTRAORDINARIA SELECCION DE TEXTOS SOBRE EL MENSAJE DE FATIMA,  DE LA REVISTA “CATOLICISMO”

Revista “Catolicismo” – San Pablo, Brasil – Textos sobre Fátima basados en Plinio Corrêa de Oliveira, el mayor propagador del Mensaje de Fátima de nuestros tiempos

San Pablo, Brasil. Para conocimiento de nuestros lectores les brindamos a continuación los principales titulares y enunciados que presenta esta edición de “Catolicismo” – Acceda a este material invalorable haciendo click en el siguiente link:

http://www.google.com/url?q=http%3A%2F%2Fwww.abim.inf.br%2Fna-cova-da-iria-a-rainha-do-ceu-adverte-a-humanidade-e-anuncia-o-seu-reinado-na-terra%2F&sa=D&sntz=1&usg=AFQjCNH4QHMs_Bekq3svR858P5-0KKRICA

•En Cova da Iría, la Reina del Cielo hace advertencias a la humanidad y anuncia su Reinado en la Tierra

•¿En qué puede consistir el triunfo del Inmaculado Corazón de María?

•Condiciones para la plena y auténtica conversión de la humanidad

•“El acontecimiento más importante y más entusiasmante del Siglo XX”

 •“Era una Señora toda vestida de blanco, más brillante que el sol”

•Algunas profecías de Fátima ya cumplidas y otras que aún no se cumplieron

•Al oir la voz celestial de Fátima no endurezcamos nuestros corazones

•Derrumbe del zarismo, implantación del comunismo en Rusia

•Un factor que “contribuye a darle al Mensaje un peso extraordinario”

•Se cumplió la previsión de la hecatombe mundial peor que la primera

•Errores diseminados por el mundo y “humareda de Satanás” en la Iglesia

•Desaparición de tradiciones, naufragio de la Historia y restauración de la civilización

•“Naciones enteras serán aniquiladas. Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”

•LUCIA DESCRIBE LA VISION DEL INFIERNO

•FATIMA

Explicación y remedio para la crisis contemporánea

•FATIMA, EN UNA VISION DE CONJUNTO*

* (ver en castellano en esta misma sección) 

CELEBRACION DEL CENTENARIO DE FATIMA Y CANONIZACION DE SANTA JACINTA Y SAN FRANCISCO MARTO EN LA ERMITA DE LA SAGRADA IMAGEN PEREGRINA INTERNACIONAL DE LA VIRGEN DE FATIMA

 San Francisco y Santa Jacinta Marto, elevados a la honra de los altares el pasado 13 de mayo en Fátima por S.S. el Papa Francisco I

Queriendo agradecer a la Sagrada Imagen Peregrina Internacional de Nuestra Señora de Fátima gracias especiales generosamente concedidas por Ella, sus devotos de Sañogasta (La Rioja) se reúnen cada 13 de mayo para rendirle culto. ¡Cuánto más latieron sus corazones en esta ocasión, al cumplirse 100 años de las apariciones de Nuestra Señora a los tres pastorcitos! ¡Qué alegría poder invocarlos ahora a los dos menores como Santa Jacinta y San Francisco Marto, en este lugar bendecido por la presencia y la mirada de la Sagrada Imagen tallada bajo la dirección de la Hna. Lucía que visitó varias veces la Argentina…, y dejó un manantial de gracias en este pueblo riojano de tanta historia, donde hubo grandes pioneros de la Fe y de la Civilización Cristiana, que fundaron la Capilla de San Sebastián y la Virgen de la Candelaria a mediados del 1600, Monumento Histórico Nacional.

Quizás el entonces Obispo de La Rioja, Monseñor Fabriciano Sigampa, y los fieles alborozados cuando, hace 16 años,  bendijo la ermita y la calle que desde hace más de 4 siglos conduce a los devotos promesantes y alféreces de la Candelaria y San Sebastián a la histórica Capilla, no imaginaban que sería la primera calle en el mundo en tener la gracia de llevar su nombre (ver sitio del Pilgrim Virgin Comittee que generosamente providenció y costeó la visita, a solicitud de la American Society for the Defense of Tradition, Family and Property (TFP).

En agradecimiento de tantas gracias concedidas a través de la Sagrada Imagen milagrosa, que lloró en Nva. Orleans, EE.UU., todos los años se reúnen los fieles a renovar su entrega y pedir nuevos favores celestiales a Nuestra Reina y Madre en la Ermita ubicada en la calle que lleva su nombre (“Imagen Peregrina de Nuestra Señora de Fátima”).

El pasado 13, en presencia de estandartes con las imágenes de los santos videntes se leyeron trechos de las Revelaciones y se rezó el Santo Rosario, entonando cánticos tradicionales y dando la vuelta al histórico “Alto de la Iglesia” de San Sebastián y la Virgen de la Candelaria. Se rezó un misterio frente a la antiquísima talla de Nuestra Señora Inmaculada, se rezaron las letanías lauretanas y finalmente se sirvió un chocolate con tradicionales bollos y productos regionales -los típicos “brindis de la Virgen”. Hubo mucho fervor e insistentes pedidos a la Ssma. Virgen para que se cumpla cuanto antes su maravillosa promesa: “POR FIN, MI INMACULADO CORAZON TRIUNFARA”

HOMENAJE AL CORONEL NICOLAS DAVILA Y A LOS HEROES  QUE CRUZARON LA CORDILLERA EN LA EXPEDICION AUXILIAR A CHILE

Coronel Nicolás Dávila, Héroe de Copiapó (†20-V-1876)

La Expedición Auxiliar a Chile fue organizada por Nicolás Dávila, su padre Francisco Javier de Brizuela y Doria, Señor del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta,  sus hermanos, y otros prohombres riojanos a pedido del General Don José de San Martín

Homenaje al Coronel Don Nicolás Dávila, héroe Jefe de la Expedición Auxiliar a Copiapo. En el marco del ducentésimo aniversario de la epopeya libertadora. 

Organizada por la Asociación Cultural Sanmartiniana y el Municipio del Departamento Chilecito de La Rioja. 

Programa de Actividades conmemorativas

26 de mayo: Chilecito

10,30 hs acto protocolar y cultural en la plazoleta “Santa Rita”, sitial memorable desde donde salió la Expedición. Entonación de himnos patrios, depósito de una ofrenda de laureles frente al busto del eminente prohombre. Palabras alusivas por parte de autoridades, dirigentes de la Asociación, historiadores y descendientes.

27 de mayo: en Nonogasta.

11 hs Descubrimiento de una placa en el mausoleo familiar que guarda los restos del héroe. Rezo de un responso por el alma de los Héroes de Copiapó. 

Traslado a la plaza principal para el pronunciamiento de palabras alusivas por parte de autoridades, dirigentes de la Asociación, historiadores y descendientes.

Retreta de la Banda de Música de la Guarnición Militar de La Rioja. 

 

 

 

 

 

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Las siguientes notas corresponden a los puntos 15 y 16 del Apéndice III de Nobleza y élites tradicionales análogas, publicados en el boletín anterior e ilustran las enseñanzas de los Santos y Doctores de la Iglesia, hoy silenciadas

[17] Otro Doctor de la Iglesia, San Francisco de Sales, afirma el elevado grado de perfección de la monarquía como forma de gobierno, por ser más conforme con el orden de la Creación: “Entonces, Dios, queriendo hacer buenas y bellas todas las cosas, redujo su multitud y distinción a una perfecta unidad; y, por así decirlo, las dispuso todas en monarquía, haciendo que todas las cosas dependan entre sí y todas de Él, que es el Soberano Monarca. Redujo todos los miembros a un cuerpo, bajo una cabeza; con varias personas forma una familia; con varias familias una ciudad; con varias ciudades una provincia; con varias provincias un reino; y somete todo un reino a un solo rey.” (Traité de l’amour de Dieu, in Oeuvres complètes de Saint Francois de Sales, Librairie de Louis Vivés, París, 1866, 3ª ed., t. I, p. 321).

[18] “Casi todos los autores escolásticos antiguos y modernos, junto con un número ingente de otros autores no escolásticos afirman que la monarquía moderada es la forma que debe ser preferida en abstracto; aunque algunos autores de hoy dicen que, en abstracto, ninguna forma debe ser preferida a otra.” (P. Irineo González Moral, S. J., Philosofiae Scholasticae Summa, BAC, Madrid, 1952, v. III, pp. 836-837).

 

[19] Cfr. Capítulo V, 1, 10.

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En el centenario de las apariciones de la Ssma. Virgen presentamos un tema esencialmente conectado con el Mensaje de Fátima:  las analogías entre el Tratado de la Verdadera Devoción, de San Luis Ma. Grignion de Montfort, y Revolución y Contrarrevolución, de Plinio Corrêa de Oliveira, cuyo punto central -nos parece- reside en el rol de la Ssma. Virgen en la derrota de la Revolución anticristiana y el Reino de María que vendrá. Lo hacemos en estas tres notas:

♦CLARINADA PROFÉTICA DE SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT: EL REINO DE MARÍA QUE VENDRÁ

♦♦CON ACENTOS DE FUEGO Y REACCION, LA PREDICA CONTRARREVOLUCIONARIA DE SAN LUIS MARIA

♦♦♦SAN LUIS MARIA DE MONTFORT Y EL ROL DE LA SSMA. VIRGEN EN LA LUCHA CONTRA LA REVOLUCION ANTICRISTIANA

Introducción

El 13 de mayo se cumplieron 100 años de la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima a los tres pastorcitos en Cova de Iria, Portugal. A lo largo de sus seis apariciones -a las que debe seguir una 7ª…-, la Ssma. Virgen trazó un cuadro de la crisis contemporánea en el que sobresalen dos hechos trágicos íntimamente conectados: la gravedad de la situación moral familiar y social de la humanidad, y la difusión de los “errores de Rusia”  -que la Revolución bolchevique confirmó trágicamente apenas meses después, con la implantación violenta del régimen comunista, ateo, inmoral, perseguidor de la religión, la familia y la propiedad, y negador de todas las libertades legítimas y mandamientos de la ley de Dios. Realidad que constituye una inmensa ofensa a la Justicia divina ante la cual la Reina del Cielo vino a pedir reparación y conversión

El horizonte de las Profecías de Fátima se relaciona íntimamente con esas dos obras capitales de gran repercusión en los medios católicos serios: el “Tratado de la Verdadera Devoción”, de San Luis María Grignion de Montfort, y “Revolución y Contra-Revolución”, del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.

San Luis María Grignion de Montfort predijo en pleno siglo de Luis XIV el cataclismo que se avecinaba con la Revolución Francesa, antecesora de la Revolución comunista,  mientras combatía sus causas con su apostolado, que florecería más tarde en la reacción católica y monárquica de la Vendée.  Sobre todo profetizó el Reino de María, una era marial que llevará a su auge la Cristiandad en la que surgirán, como frutos escogidos de la esclavitud mariana por él enseñada, los “Apóstoles de los Ultimos Tiempos”, combatientes irreductibles contra el demonio y sus secuaces que sobrepasarán en santidad a la mayoría de los santos anteriores “como los cedros del Líbano exceden a los simples arbustos”.

Comentando a pedido de sus discípulos las analogías entre el “Tratado de la Verdadera Devoción a la Ssma. Virgen”, de San Luis María,  y su magistral ensayo “Revolución y Contra-Revolución”, el Doctor Plinio Corrêa de Oliveira, en su Introducción a la edición argentina de la obra, brinda con clarividencia una visión profunda del fenómeno revolucionario y de cómo combatirlo, de gran provecho para quienes deseen oponerse a la Revolucion  eficazmente.

Y explicitando las verdades  contenidas en las profecías de Ntra. Sra. de Fátima, anticipadas en puntos esenciales por las de San Luis María de Montfort, Plinio Corrêa de Oliveira demuestra cómo la Revolución igualitaria mundial será destruida por la Virgen por medio de una espectacular victoria que abrirá a la humanidad el Reino de María.

En homenaje al hito histórico del centenario de Fátima, que nos acerca a esa victoria total de Nuestra Señora, tan anhelada y necesaria, presentamos los artículos comenzando por el que trata de su rol, según la doctrina católica, en la derrota de los enemigos de la Fe y el triunfo de su Inmaculado Corazón.

CLARINADA PROFÉTICA de SAN LUIS MARÍA GRIGNION de MONTFORT: EL REINO de MARÍA que VENDRÁ

Los grandiosos horizontes  comentados en los artículos que siguen a continuación, llevan a plantear ítems cuya importancia no puede subestimar ninguna persona interesada en el triunfo del bien en estos tiempos:

  • La Realeza de Nuestra Señora

  • El régimen marial de gobierno del universo

  • El rol que la Iglesia le atribuye en la derrota de los enemigos de la Fe

  • Los frutos de la esclavitud mariana en las almas y en la sociedad

  • Cómo será la victoria que inaugurará el Reino de María por él anunciado

En su introducción a Revolución y Contra-Revolución, Plinio Corrêa de Oliveira aborda estas supremas cuestiones(1). Nos valemos de sus comentarios para presentar brevemente algunos trazos recomendando la lectura del original.

“La consideración de este soberano poder de Nuestra Señora nos aproxima a la idea de la Realeza de María”. Aunque sumisa en todo a la voluntad de Dios, implica un auténtico poder de gobierno personal.

En su papel de Reina del Universo, su misericordia maternal llega al extremo.  Dios la puso en ese puesto para gobernarlo teniendo en vista especialmente al pobre género humano decaído y pecador, como regio instrumento del Amor divino.

 “Hay, pues, un régimen verdaderamente marial en el gobierno del Universo.”

Veremos en las notas siguientes que los enormes fautores de la Revolución anticristiana y de la Contra-Revolución –el demonio y la gracia, respectivamente- dependen, por voluntad divina, del imperio y dominio de la Ssma. Virgen. En ese sentido, depende de Ella la duración de la Revolución y la victoria de la Contra-Revolución.

A veces interviene directamente en los acontecimientos,  como lo hizo en Lepanto. ¡Cuán numerosos son los hechos en que quedó clara su intervención! Vemos así hasta qué punto es efectiva su Realeza.

La Iglesia le canta: “Tú sola exterminaste las herejías en el mundo entero”. “Eso equivale a decir que Ella dirige la Historia, porque quien dirige el exterminio de las herejías, dirige el triunfo de la ortodoxia, y al dirigir una y otra, dirige la Historia en lo que tiene de más medular”.

Por el contrario, cuando disminuye la devoción a la Medianera de todas las gracias, los pueblos quedan como un monte seco que cualquier chispa puede incendiar, como ocurrió en la Revolución Francesa.

Estas -y otras- consideraciones sacadas de la enseñanza de la Iglesia abren perspectivas para el Reino de María, una era histórica de Fe y de virtud que será inaugurada con una victoria espectacular de Nuestra Señora sobre la Revolución.

En esa era, el demonio será expulsado y volverá a los antros infernales, y Nuestra Señora reinará sobre la humanidad por medio de las instituciones que para eso escogió.

San Luis Grignion de Montfort es un profeta que anuncia esa venida: “¿Cuándo vendrá ese diluvio de fuego del puro amor que debéis encender sobre toda la tierra de manera tan dulce y tan vehemente que todas las naciones, los turcos, los idólatras, los propios judíos se abrasarán en él y se convertirán?” (cfr. “Oración Abrasada”, in Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort, Ed. BAC, pág. 600).

Ese diluvio que lavará la humanidad inaugurará el Reino del Espíritu Santo, que él identifica con el Reino de María, una era de florecimiento de la Iglesia como hasta entonces nunca hubo. Afirma que “el Altísimo con su Santísima Madre, deben formarse grandes Santos que sobrepujarán en santidad la mayoría de los otros Santos, como los cedros del Líbano exceden a los pequeños arbustos” (cfr. Obras Completas de San Luis María Grignion de Montfort, ibid., pág. 464).

Considerando los grandes Santos que la Iglesia ya produjo, quedamos deslumbrados con la envergadura de los que surgirán al aliento de Nuestra Señora. Nada es más razonable que imaginar un crecimiento enorme de la santidad en una era histórica en la cual la actuación de Nuestra Señora aumente también prodigiosamente.

Podemos, pues, decir que San Luis María Grignion de Montfort, sobre todo con su autoridad de santo canonizado por la Iglesia, da peso y consistencia a las esperanzas que brillan en muchas revelaciones particulares, de que vendrá una época en la cual Nuestra Señora verdaderamente triunfará.

Aunque la Realeza de Nuestra Señora tenga una soberana eficacia en toda la vida de la Iglesia y de la sociedad temporal, se realiza en primer lugar en el interior de las almas; del santuario interior de cada alma, es desde donde se refleja en la vida religiosa y civil de los pueblos considerados como un todo.

El Reino de María será, pues, una época en que la unión de las almas con Nuestra Señora alcanzará una intensidad sin precedentes en la Historia. ¿Cuál es la forma de esa unión en cierto sentido suprema? No conocemos medio más perfecto que la sagrada esclavitud a Nuestra Señora.

Considerando que Ella es el camino por el cual Dios vino a los hombres y éstos van a Dios, y la Realeza universal de María, nuestro Santo recomienda que el devoto de la Virgen se consagre a Ella enteramente como esclavo. Esa consagración es de una radicalidad admirable. Abarca  los bienes materiales del hombre, el mérito de sus buenas obras y oraciones, su vida, su cuerpo y su alma. Es sin límites porque el esclavo por definición nada tiene de propio.

A cambio de esa consagración, Nuestra Señora actúa en el interior de su esclavo de modo maravilloso, estableciendo con él una unión inefable.

Los frutos de esa unión se verán en los Apóstoles de los Ultimos Tiempos, cuyo perfil moral es trazado a fuego por el Santo en su famosa “Oración Abrasada”. Los varones portentosos que lucharán contra el demonio por el Reino de María, conduciendo gloriosamente hasta el fin de los tiempos la lucha contra el demonio, el mundo y la carne, son descriptos por San Luis como magníficos modelos que invitan a la perfecta esclavitud a Nuestra Señora a quienes, en los tenebrosos días de hoy, luchan en las filas de la Contra-Revolución.

Queda así esbozado un camino glorioso para quienes quieran combatir eficazmente por el triunfo de la Ssma. Virgen, la Santa Iglesia y la civilización cristiana.

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NOTA

(1) “Revolución y Contra-Revolución”, edición on line, Introducción a la edición argentina. Tradición, Familia, Propiedad, 1992.

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 CON ACENTOS DE FUEGO Y REACCION, LA PREDICA CONTRARREVOLUCIONARIA DE SAN LUIS MARIA GRIGNION de MONTFORT

Cuando en 1789 la creciente lo arrastraba todo, y los ‘imprevisores’ lloraban, huían o morían, sólo chocó contra un obstáculo. Fue la Chouannerie, flor caballeresca y santa, nacida del apostolado de San Luis María Grignion de Montfort… (Plinio Corrêa de Oliveira)

Comencemos por evocar la prédica de San Luis María de Montfort en las aldeas, ciudades, bosques y valles de la Francia del Antiguo Régimen. Pues fue, esencialmente, un apóstol de poblaciones rurales,  que se levantaron en defensa del Reino Cristianísimo,  amenazadas por la Revolución Francesa, etapa exponencial de la Revolución gnóstica e igualitaria que llega a su auge en nuestros días.

Su palabra no se limitaba a enseñar las verdades de la Fe en términos genéricos sino que estaba adaptada estratégicamente a combatir los males del momento con enseñanzas oportunas. De ahí su repercusión y sorprendente actualidad…, pues los errores que generaron la Revolución Francesa están en la médula de los males actuales.

Su “aggiornamento” –su “puesta al día”- no tenía nada en común con la tendencia progresista a buscar a toda costa un consenso relativista que caiga bien al enemigo. Capaz del diálogo afable y atrayente, San Luis María no perdía de vista el papel de los pecados y la influencia del espíritu de las tinieblas en la inmensa lucha movida por la impiedad contra la Iglesia y la Civilización Cristiana. Su diagnóstico de los problemas nunca olvidaba esos elementos. Lejos de ciertos progresistas, no pensaba que polemizar con los enemigos del orden católico fuese siempre un error y un pecado contra la caridad.

La sociedad francesa estaba gravemente enferma. Dos tipos de psicologías eran las predominantes: los laxos y los rigoristas. Los laxos llevaban una vida de sensualidad y desenfreno que conducía a la disolución,  al escepticismo y a la pérdida de la Fe; y los rigoristas estaban imbuidos de un moralismo jansenista, calvinista y sombrío, contrario también a la Fe, que conducía a la desesperación y a la rebelión.

Mundanismo y jansenismo eran dos polos que ejercían una nefasta atracción, aún en los ambientes y personas considerados mejores. Como suele pasar con los extremos del error, ambos llevaban a un mismo resultado. Nada más normal que la coligación de los errores extremos y contrarios frente al apóstol que predicaba la doctrina católica auténtica, dice Plinio Corrêa de Oliveira(1), y así el odio de las dos corrientes cayó sobre el Apóstol de la Verdad.  Al mismo tiempo, sus sermones sacudían las almas y movían a la contrición y al entusiasmo, y las personas liberadas de esa carga moral y espiritual destruían objetos y libros infames y degradantes en memorables actos de fe públicos.

Su obra de regeneración moral tenía un sentido fundamentalmente sobrenatural y piadoso. Estaba centrada en Jesucristo crucificado, sus llagas sacratísimas, los Dolores de María, y promovió la erección de un gran Calvario en Pont-Château (en la zona de Morbihan, célebre por sus guerreros contra-revolucionarios chouans), que sería el punto de convergencia del movimiento espiritual suscitado por él(2).

Pues en la Cruz veía nuestro Santo la fuente de una superior sabiduría, que enseña al hombre a ver y amar en las cosas creadas manifestaciones y símbolos de Dios; a poner la Fe por encima de la razón orgullosa; la Fe y la lógica por sobre la rebelión de los sentidos;  y la moral sobre la voluntad desordenada. Asimismo, lo espiritual por encima de lo material, lo eterno por sobre lo contingente y transitorio.

Su prédica, ajena a todo calvinismo, era suavizada por una tiernísima devoción a la Ssma. Virgen. Puede decirse que nadie Ilevó más alto que él la devoción a la Madre de Misericordia. Nuestra Señora, Mediadora necesaria -por elección divina- entre Jesucristo y los hombres, fue el objeto de su continua admiración amorosa, el tema que suscitó sus meditaciones más profundas y originales, inspiradamente geniales. En torno de la Mediación Universal de María -hoy verdad de Fe- construyó toda una mariología que es el mayor monumento de todos los siglos a la Virgen Madre de Dios.

En otro artículo veremos la persecución que se levantó contra él y cómo se reveló su espíritu de profecía. Y la reacción surgida en la Vendée al explotar la Revolución Francesa:

“Cuando en 1789 la creciente lo arrastraba todo, y los ‘imprevisores’ lloraban, transigían, huían o morían, sólo chocó contra un obstáculo. Fue la Chouannerie, flor caballeresca y santa, nacida del apostolado de San Luis María Grignion de Montfort. Son los premios de quienes saben prever” (3).

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NOTAS

(1) “Revolución y Contra-Revolución”, edición on line, Introducción a la edición argentina. Tradición, Familia, Propiedad, 1992.

(2) Louis Le Crom, Montfortain, “Un Apôtre marial”, Saint Louis-Marie Grignion de Montfort (1673-1716), Calvaire Montfort, Pont-Château, Loire-Inférieure, Francia, 1942

Marie-Claire et François Gousseau, “St Louis-Marie”, Ed. M.A.M.E., Francia, 1963

Marcel Lidove, “Les Vendéens de 93”, Ed. Le temps qui court, Franca, 1971

 (3) Plinio Corrêa de Oliveira, “El Reino de María, realización de un mundo mejor”, Catolicismo nº 55, julio de 1955).

 

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SAN LUIS MARIA DE MONTFORT Y EL ROL DE LA SSMA. VIRGEN EN LA LUCHA CONTRA LA REVOLUCION ANTICRISTIANA

Al calor de su prédica vigorosa contra laxos escépticos y amargos rigoristas, San Luis María Grignion de Montfort escribió la Carta Circular a los Amigos de la Cruz, el Tratado de la Divina Sabiduría y el Tratado de la Verdadera Devoción, “trilogía admirable, toda de oro y de fuego, de la cual se destaca, como obra maestra entre las obras maestras, el Tratado de la Verdadera Devoción (1)

Acción de tal envergadura se hizo sentir en el campo enemigo y así nuestro Santo fue un gran perseguido. “Un vendaval furioso, movido por los mundanos, por los escépticos enfurecidos ante tanta Fe y tanta austeridad, y por los jansenistas indignados ante una devoción insigne a Nuestra Señora, de la cual dimanaba una suavidad inefable, se irguió contra su prédica. De ahí se originó un torbellino que levantó contra él, por así decir, a toda Francia” (Plinio Corrêa de Oliveira, Introd a Revolución y Contra-Revolución para la ed. argentina, cfr. nota 1). Autoridades eclesiásticas mandaban interrumpir sus ‘autos de fe’ contra la inmoralidad… El Rey Sol mandaba demoler su Calvario de Pont-Château. Los Obispos le prohibían predicar en sus Diócesis, con sólo dos excepciones…

“Ante ese inmenso poder del mal, nuestro Santo se reveló profeta. Con palabras de fuego, denunció los gérmenes que minaban la Francia de entonces y vaticinó una catastrófica subversión que de ellos habría de derivar”. “El siglo en que San Luis María murió no terminó sin que la Revolución Francesa confirmase de modo siniestro sus previsiones” (ibid.).

Las regiones donde tuvo libertad de predicar, y en las que las masas humildes lo siguieron, fueron aquellas en que los chouans se levantaron, armas en mano, contra la impiedad y la subversión. Descendientes de los campesinos misionados por él, habían sido preservados de los gérmenes de la Revolución anticristiana, como una simiente preciosa de reacción católica (2).

Analizando este episodio exponencial de la lucha plurisecular entre la Revolución anticristiana y la Contra-Revolucion podemos preguntarnos: ¿Cuál es el nexo entre el “Tratado de la Verdadera Devoción a la Ssma. Virgen” y “Revolución y Contra-Revolución”, obra pinacular de Plinio Corrêa de Oliveira sobre el fenómeno supremo de nuestros días? Intentaremos dar una respuesta, forzosamente simplificada, ante todo sintetizando ideas del autor dos veces elogiado por la Santa Sede, recomendando al lector que acuda al texto comentado (cfr. nota 1).

La Revolución es un inmenso proceso de tendencias, doctrinas y transformaciones derivado, en último, casi diríamos “ultimísimo” análisis, de una deterioración moral nacida de dos vicios fundamentales: el orgullo y la impureza.

La constelación de ideas y enseñanzas de la Iglesia y la visión del universo que Dios creó despiertan, en el hombre virtuoso y puro, una amorosa admiración.

En estas fotos vemos exponentes de las primeras tres grandes Revoluciones: el protestantismo (Lutero), la Revolución Francesa (máscara mortuoria de Robespierre) y el “Che” Guevara -el comunismo.

Pero si cede en algo a esos dos vicios se va creando en él una incompatibilidad profunda con esa visión.

Esta puede arrancar con una antipatía por el carácter jerárquico de la Iglesia, que más tarde puede trasladarse a la esfera del orden jerárquico de la sociedad y la familia. Llevado por tal igualitarismo nacido del orgullo, puede llegar a condenar toda y cualquier desigualdad y  jerarquía.

La impureza: la persona impura tiende al liberalismo, la irrita la existencia de un precepto, de un freno que circunscriba el desborde de sus sentidos. Siente aversión al principio de autoridad. El anhelo de un mundo anárquico, sin leyes ni poderes constituidos, es el punto extremo del liberalismo generado por la impureza.

Del orgullo y del liberalismo nace el deseo de igualdad y libertad totales, médula del comunismo.

La gnosis es la doctrina de la Revolución

Se configura así una concepción diametralmente opuesta a la obra de Dios, toda una visión gnóstica y revolucionaria del Universo, ya que la gnosis –íntimamente ligada al comunismo- odia la individuación, que es la fuente de la desigualdad y la jerarquía. (Odia el ser e impulsa el no-ser colectivista y masificante).

Sin el orgullo y la sensualidad, la secular Revolución que viene destruyendo la Cristiandad no sería posible ni existiría como movimiento organizado.

Carácter moral y religioso del fenómeno revolucionario y de la lucha contra-revolucionaria

Dado el carácter moral del orgullo y la sensualidad, todo el problema de la Revolucíón y la Contra-Revolución es principalmente moral. Si es moral, tiene mucho que ver con lo religioso: moral y religión están indisolublemente conectadas. Por tanto, la lucha entre ambas es esencialmente religiosa.

Si es una crisis moral y religiosa lo que da origen al espíritu de la Revolución, sólo puede ser evitada o remediada con el auxilio de la gracia, ayuda sobrenatural concedida por Dios al ser humano debilitado por el pecado original. Pues para cumplir los mandamientos, según la doctrina católica, es necesaria la ayuda de la gracia.

El papel de la Ssma. Virgen, Medianera de todas las gracias

Proviniendo de la gracia toda preservación o toda regeneración moral auténtica, entra por los ojos el papel de la Ssma. Virgen en esta lucha. La gracia depende de Dios pero El, por un acto libre de su voluntad, quiso hacer depender de Ntra. Sra. la distribución de las gracias, pues es el canal, el acueducto, por donde ellas pasan, como enseña San Luis María. Así, su auxilio es indispensable para que no haya Revolución o para que ésta sea vencida por la Contra-Revolución.

Por lo tanto, la devoción a Ella es condición sine qua non para que la Revolución sea aplastada y venza la Contra-Revolución.

Una Nación fiel se estructura con sabiduría

“Si una Nación fuere fiel a las gracias necesarias y suficientes que recibe de Nuestra Señora, y si se generalizara en ella la práctica de los Mandamientos, es inevitable que la sociedad se estructure bien. Porque con la gracia viene la sabiduría, y, con ésta, todas las actividades del hombre entran en sus cauces.”

Contraste con la civilización contemporánea, construida sobre el rechazo de la gracia

Si analizamos el estado en que se encuentra la civilización contemporánea vemos que, construida sobre el rechazo de la gracia, alcanzó algunos resultados estrepitosos que, al mismo tiempo, devoran al hombre. Es nociva para la sociedad en la medida en que tiene por base el laicismo (negación de Dios, sus derechos, su poder y su acción), y viola el Orden Natural enseñado por la Iglesia.

Pero el problema va más allá: “La Revolución no es el fruto de la mera maldad humana. Esta última abre las puertas al demonio, por el cual se deja estimular, exacerbar y dirigir”.

El Papa Pío VI luchó contra los errores de la Revolución Francesa

Una explosión de pasiones desordenadas tan profunda y general como la que originó la Revolución no habría ocurrido sin una acción preternatural, ni los hombres alcanzarían los extremos de crueldad, impiedad y cinismo a los que la Revolución llegó tantas veces.

Y el alcance de este factor de propulsión depende de que Nuestra Señora fulmine con un acto de imperio que descargue sobre el infierno, para que éste desaparezca de la escena humana, como bien muestra San Luis María al tratar del rol de la Virgen “en estos últimos tiempos” y comentar la célebre maldición lanzada por Dios a la serpiente y sus secuaces en el Génesis: “Ella te aplastará…(3)”.

“Por lo tanto, los enormes fautores de la Revolución y de la Contra-Revolución que son respectivamente el demonio y la gracia, dependen de su imperio y su dominio”.

¿Qué es, en esta perspectiva, la Realeza de Nuestra Señora? ¿Existe un régimen marial en el gobierno del universo? ¿Cuál es el papel que la Iglesia le atribuye en la derrota de sus enemigos? ¿En qué consiste la esclavitud mariana enseñada por San Luis María y qué efectos produce en el alma y en la sociedad? El Reino de María: ¿una era de fe y virtud que será inaugurada con una victoria espectacular de la Ssma. Virgen sobre la Revolución?

Nota: hemos abordado estos tópicos en el artículo inicial de esta serie consagrada a San Luis María Grignion de Montfort, cuya fiesta celebra la Santa Iglesia el 28 de abril.

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NOTAS

 

 (1) Introducción a la edición argentina de Revolución y Contra-Revolución, versión on line – Una obra clave: Revolución y Contra-Revolución

            http://rcr-una-obra-clave.blogspot.com/

 

2) M. Lidove, “Les Vendéens de 93”, Le temps qui court, pp. 31 y ss.; Louis Le Crom, montfortain, “Un Apôtre marial – Saint Louis-Marie Grignion de Montfort”, cap. XIII – Dans la future Vendée militaire, pp. 252 y ss.,  Libr. Mariale, Calvaire Montfort, Pont-Château

3) San Luis María designaba como “últimos tiempos” a los que van desde los días en que él vivió (Antiguo Régimen pre-Revolución Francesa) hasta los que precederán a la venida del Anticristo. Esperaba, de conformidad con las revelaciones sobrenaturales hechas a incontables santos y almas virtuosas, y el propio mensaje de Fátima –entre otros de la Madre de Dios-, un período de triunfo del Inmaculado Corazón de María, de restauración y auge de la civilización cristiana, que podrá durar muchos siglos; período que terminará con las probaciones y apostasía finales que antecederán inmediatamente el fin del mundo.

 

 

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Se pueden adoptar algunas medidas simples para que nuestros personajes representativos – algunos que son restos de las elites tradicionales insertados en nuestras propias comunidades y otros que todavía tienen que surgir de las filas de la sociedad- pasen al frente y ayuden a armonizar nuestra nación y a improvisar soluciones orgánicas con los elementos disponibles. Si nuestra sociedad se está deshaciendo -como algunos sostienen- es porque no han surgido personajes representativos que nos reúnan.

Ilustración: Nuestra sociedad materialista convoca a estrellas del rock para entrenernos. Foto de la última sensación del pop, One Direction, de Fiona McKinlay. Dos miembros de la banda fueron encontrados usando lenguaje procaz con sus admiradores.

En nuestra sociedad materialista hemos convocado grandes técnicos, hombres de negocios e ingenieros para satisfacer nuestras necesidades. En nuestra cultura de la fama hemos convocado actores, estrellas del rock y figuras del deporte para que nos entretengan. Sería comprensible pensar que en un momento de gran necesidad podamos convocar a nuestros personajes representativos. Si los deseamos, vendrán.

Ilustración: Pintura de Santa Juana de Arco en batalla, por Herrmann Stilke

Y si estas figuras no aparecen, entonces debemos caer de rodillas para rogar a Dios que, en Su Providencia, nos envíe santos y héroes sagrados que nos libren de las actuales calamidades. Así como en su misericordia nos envió a los profetas y a Su propio Hijo unigénito para atender los clamores de Israel, así también enviará a los Carlomagno, Santa Juana de Arco y otras figuras providenciales, para salvar a Su pueblo.

 

 

 

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Llegaba a “La Cortadera”, la añosa casona de piedra bola, con sus arcadas acogedoras y sus puertas rechinantes de madera de árbol (algarrobo). Sólo el Carbón y la Tigra salieron a recibirme con sus ladridos, capaces de helar la sangre de un forastero, contenidos  -con los amigos-  por sus movimientos de cola y saltos alegres.

El Florín de Oro, zaino colorado de cabeza fina e inteligente venía ya con ganas de llegar a las casas y comer gramilla, su manjar favorito, y esquivaba con cabezazos la efusividad del Carbón -demasiado jovial para su gusto-, que en su juego podía enzarzarse en el enriendado.

Los changos no habían vuelto y los dueños de casa por lo visto habían salido. La fiel Nicolasa estaría guardando la ropa o atendiendo el fuego antes de que el sol se sumiera en las crestas doradas del cerro, pues no apareció. Habíamos regresado por sendas distintas al tratar de sorprender los venados del Cº Coya que, sonriendo ante nuestro vano intento, permanecerían escondidos en algún pliegue del cerro…

El venado era presa codiciada por afamados cazadores del Viejo Continente que nos visitaban  con su humor, su cultura, su pipa y sus sombreros antes de que la psicosis animalista infestara las mentes de léida pedantería y reglamentos,  y  librara las cumbres a cuatreros “sin ley ni rey”, desprotegiendo a los tradicionales y sufridos ganaderos de altura.

Ya me estaba volviendo cuando pareció brillar una piedrita blanquecina, misteriosa, en el atardecer, vislumbrando, más que viendo, una guía plateada que la separaba del piso a la altura de una tinaja. Picado por la atracción de la piedrita colgante, sin saber qué mítica Semíramis la habría dejado allí, desmonté,  me acerqué, y era un chorrito, que aprovechando la tarde templada de otoño había salido a recorrer el mundo con su casita, minúsculo Knossos escapado de algún laberinto o leyenda egea.

“Me lo llevo”, pensé, y, sitôt dit, sitôt fait, como en el cantito del afortunado Basille,  lo despegué de la pared. Pareció alegrarse al contacto con la mano amiga, pues no ofreció resistencia,  quizás atraído por la posibilidad de andar a la deriva observando otros parques y jardines. Pronto estaba instalado en la faltriquera que llevo en la alforja, descansando en su fina salita de estar. Alumbrado por un cuarto creciente a todo brillo, luminosa tajada de jugoso melón que aparecía y desaparecía tras los álamos, llegué pronto a la casa grande.

Aflojé la sobrecincha y saqué los pellones que hacen insuperable la montura criolla para las largas cabalgatas, herencia de aquellos jinetes “de ambas sillas” –según rezan las probanzas- que supieron instalarse en los puntos más recónditos de nuestros valles y montañas, al estilo de los contemplativos Marqueses de Yavi. Pues ningún hombre o mujer del Siglo de Oro que no lo fuese dejaría sin más los encantos de Sevilla o Toledo por aquellas soledades pedregosas y grandiosas…

Desaté los guardamontes cuidando de no avivar los bríos del Florín, que para eso “es deáhi, –aún cansado; retiré la alforja donde venía el chorrito muy tranquilo y finalmente aflojé la cincha y saqué la montura con los peleros. Los estribos de tala, imitación basta de los artísticos y desaparecidos trompa de chancho,  resonaron como matraca, y  llevé al Florín al potrero, saludándose ya de lejos con los de su tropilla, invisibles en la densa arboleda pero siempre atentos (y prontos para disparar –en caso de peligro), que le daban la bienvenida con relinchos de contento y cortesía.

Puse al chorrito en los pasadizos tapizados de musgo y flor de oveja de una pequeña fortaleza natural de piedra, rústica ermita de la Virgen del Valle, guardé los aperos en el monturero y, luego de un vigorizante baño de agua fría como los que dicen que recomienda San Agustín, fui a unirme a la rueda de jinetes al abrigo del fuego.

Al día siguiente me di con la sorpresa de que el andariego chorrito había seguido su camino, dejándome de recuerdo su casa nacarada del tamaño de un caramelo de miel.

Pude observarla imitando a aquellos medievales de que habla con admiración de Bruyne -¿recuerdas…?-, que se extasiaban ante el árbol bello del Edén por ser deleitable a la vista, sabiendo que toda forma es bella en cuanto manifiesta cierta semejanza con la belleza divina.

Luego de un rato de observación en calma,  dejando aflorar las analogías y nostalgias del paraíso escondidas en nuestro mundo interior, alentado por la presencia suavísima de la Virgen del Valle,  tuve una primera impresión: que el chorrito transmite un imponderable de algo muy inocente, muy casto; su pureza le confiere superioridad innata, nobleza despretensiosa. Simple y franco,  es como es, artístico sin artificio, parecido a las mejores esculturas de mármol pero mejor tallado, como en marfil.

El conjunto de círculos en fuga de su “bonete” hace imaginar que guarda en su interior algo que se va requintando (quintaesenciando), subiendo en espiral como el incienso en honor del Creador, “al frente y a las alturas”, como el banderín guerrero de un guardia pontificio o de un Landsknecht del Sacro Imperio, en busca de un absoluto, de una tradición, de una leyenda dorada, de torres, de almenas que se recortan en el firmamento, como las de Avila de los Caballeros. Murallas que resguardaban los tesoros de la civilización cristiana, de la Ciudad de Dios, embebida por el ideal de excelencia del progreso dentro de la tradición.

Estimulador de arte más aún que de gastronomía, donde –según el Larousse gastronomique– el chorrito o caracol “aime patoiser” (le gusta expresarse en las lenguas regionales)-, los dibujantes lo retratan con delicadeza atraídos por sus curvas y  puntas aristocráticas, su aspecto de empuñadura de sable –del lado de la cavidad-, y su impresión de inasibilidad. Pues encierra una grandeza de formas simples pero genialmente inimitables en tanta pequeñez y fragilidad. Y cuando se pasa de la ilustración a mirar el natural, brota un clamor interior: ¡oh perfección! ¡No hay escultor ni dibujante que pueda alcanzar el primor del chorrito real!

Una de sus variedades es el caracol de las viñas, de nombre rico en imponderables. Pero en la fértil mente riojana poblada de villancicos es, simplemente, el chorrito. Quizás por aquella condición medio mítica, legendaria, de que en su andar va dejando una estela de plata.

A diferencia del rayado caracol de las viñas, el chorrito valliserrano tiene una sobriedad ática: de un solo color, claro como la luna de los salares, ocupa el lugar de un pequeño príncipe de los pesebres en la tierra de Todos los Santos (declarada recientemente Capital del Pesebre, como gentilmente nos informa una arquitecta tucumana con ancestros riojanos).

En el pesebre tradicional,  variado al infinito, es una pequeña joya de simplicidad y delicadeza digna de ser traída por pastores de inocencia patriarcal, como la de Abel,  a donde yace el Niño Rey, rodeado y adorado por María y José  -los mayores Nobles del Universo, como enseña el Fundador de los Sacramentinos,  San Pedro Julián Eymard (*).

                                              

El pequeño caracol de las vegas andinas, con su reflejo de inocencia y su fragilidad, con su espíritu de aventura, –buscando esa semejanza con la belleza divina-  hace pensar en el sublime coraje y fortaleza del débil. …Como el del pastor ungido Rey por Samuel, demasiado joven para alistarse en la milicia del pueblo elegido como sus hermanos, que se atrevió a hacerle frente al gigante Goliat, campeón de los filisteos que aterrorizaba a  los veteranos guerreros de Israel, al que le dijo, lleno de santa indignación: “has ofendido al Señor Dios de los ejércitos y por eso te entregará en mis manos y te cortaré la cabeza”. Y cuando el coloso, burlándose,  le preguntaba: “¿acaso soy un perro para que vengas contra mí con una honda?”, una piedra del bisoño David lo alcanzaba de un solo tiro en la frente, y caía desplomado para siempre, para alivio y sorpresa de Judá.

                                              

El centenario de la aparición de la Ssma. Virgen a los tres pastorcitos de Fátima, en una coyuntura histórica en que la Revolución igualitaria  mundial es el Goliat que oprime a la humanidad,  sobre todo a los que tienen Fe y alma para resistirle, renueva el anuncio profético del Triunfo de su Inmaculado Corazón(**). ¿No lleva a pensar que, llegada la hora de la Providencia, se verán escenas semejantes, animadas por las gracias de Aquella princesa de la Casa de David que es, para los enemigos de su Hijo,  “terrible como un ejército puesto en orden de batalla”,  a quien la Santa Iglesia canta, en su liturgia tradicional: “María se nos presenta refulgente, nacida de sangre real”?

                                                               

(*)  Cfr. Nobleza y élites tradicionales análogas, Documentos IV: Ser de estirpe noble es un precioso don de Dios,  § 7 “Dios Hijo quiso nacer de estirpe real para reunir en su persona todos los géneros de grandeza”,

(**) Ver en este boletín serie de artículos sobre el rol de la Ssma. Virgen en la lucha contra la Revolución anticristiana y el Reino de María profetizado por San Luis María Grignion de Montfort conforme Introducción a Revolución y Contrarrevolución del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira

 

 


 

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El Duque Paul de Oldenburg analiza la crisis actual en la Iglesia

22/02/17

por Javier Navascués – ADELANTE LA FE

 

                               El Duque Paul de Oldenburg

La Casa de los Oldemburgo es una familia noble originaria del norte de Alemania, que llegó a ser una de las dinastías reales más influyentes de toda Europa. El Duque Paul de Oldenburg es dirigente de la TFP alemana y responsable en Bruselas del Escritorio de representación de la Federación Pro Europa Cristiana. Está casado con una española, Doña Pilar Méndez de Vigo Oldenburg, y el castellano es la lengua del hogar.

En esta entrevista analiza, desde la Tradición, la decadencia de Fe de occidente y la crisis en la misma Iglesia. A los lectores de este portal les desea que hagan vida el propio nombre de la web… ¡Adelante la Fe!

Nos gustaría que nos dijese alguna palabra sobre la personalidad del Profesor Plínio Corrêa de Oliveira quien, como fundador de la TFP brasileña e inspirador de todas las otras, es en cierta forma la pauta de su actuación aquí al frente de la sección de Bruselas de la Federación Pro-Europa Christiana.

Efectivamente el pensamiento y la obra Profesor Plinio Corrêa de Oliveira están en la raíz de mi actuación aquí. Nuestra Federación, que normalmente designamos por su sigla más corta FPEC, representa a las TFPs europeas u otras organizaciones afines inspiradas por la misma idea de una presencia o una militancia católica en los problemas culturales, socio-económicos y políticos de nuestros días.

El Señor Doctor Plinio, como lo llamamos y recordamos afectuosamente con esta fórmula tan típica de Portugal, nació en 1908 en un momento auge del embate liberal-anticlerical contra la Iglesia y poco antes que a esta ofensiva se sumase la del comunismo con la revolución del 17.

Desde muy joven se destacó como un notable pensador católico y hombre de acción. O sea, no sólo fue autor de libros muy difundidos, sino que también fue líder del movimiento católico de su país, el Brasil. Fue diputado en la Asamblea Constituyente de 1934, en la que defendió los intereses de la Iglesia ante los desafíos del laicismo. Fue Profesor Universitario en la Universidad Católica de San Pablo. Como escritor, produjo 19 títulos y como periodista, millares de artículos en la prensa brasileña y de otros países.

Su militancia podemos caracterizarla como una defensa del Papado, de los derechos de la Iglesia, del Occidente Cristiano – el ideal de Cristiandad marca profundamente todo su pensamiento. Por ello enfrentó ideológicamente los totalitarismos nazi y comunista, se opuso a las ideas del Humanismo Integral de  Maritain, denunció los aspectos deletéreos del american way of life en cuanto negadores del pecado original y generadores del neo-paganismo contemporáneo. El aspecto más marcado de su vida pública fue, sin duda, su lucha contra las dos vertientes que más trataron de deformar la Iglesia Católica en el siglo XX: de un lado, el progresismo católico, que trata de adaptar la religiosidad de la Iglesia a los desvíos modernos o contemporáneos y, de otro, la izquierda católica que trata de utilizar la Iglesia como instrumento para hacer avanzar las revoluciones del momento. Podríamos considerar a la Teología de la Liberación como un producto del progresismo católico que objetiva dar un apoyo doctrinario o pseudo-teológico al socialismo, a la guerrilla marxista y a la posteriordeconstrucción del modo de vida en el que sobreviven tantos elementos cristianos.

Como dije, la fundación de Tradición Familia y Propiedad en el Brasil, y la inspiración de las organizaciones del mismo nombre por el resto del mundo, y la actuación de todas ellas desde mediados del siglo XX hasta el presente, marcan la trayectoria central de lo que fue la obra del Profesor Plínio Corrêa de Oliveira.

¿Cómo nació la Federación Pro-Europa Cristiana y como definiría su finalidad?

No estamos enamorados de la globalización. Quien nos conozca un poco, sabe que vemos en ella el avanzar pernicioso de una masificación que está eliminando las características de cada país europeo. A nuestro ver, esta diversidad que se disuelve es un elemento central de la Cristiandad. Para peor, la Torre de Babel que se construye viene cargada de contenidos anti-cristianos, neo-paganos, cuando no directamente esotéricos.

Sin embargo, y hasta por ello mismo, surgió para nosotros la necesidad de representar en Bruselas ante las instancias políticas comunitarias la acción de cada una de las asociaciones europeas hermanadas en una visión cristiana de la sociedad.

Es nuestra tarea habitual hacer llegar los documentos que producen al Parlamento o a la Comisión Europea. Esta presencia nos ha dado ocasión de unirnos a otras iniciativas afines, como la de One of Us cuando pidió el cese del financiamiento a experimentos con embriones humanos.

El escritorio de la FPEC en Bruselas ha sido lugar de encuentro de diputados o activistas europeos o americanos, tanto del norte como del sur, que llegan aquí movidos por objetivos que coinciden con los nuestros.

También en nuestro auditorio se realizan conferencias públicas donde especialistas de los temas más variados mantienen actualizado a un público exigente y cosmopolita que caracteriza a la Bruselas de hoy.

¿Considera que sea necesario hoy más que nunca defender la Cristiandad?

Defender la Cristiandad es un deber específico de los cristianos laicos en cualquier época histórica. Lo recuerda hasta la Lumen Gentium al decir: “A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios.” (LG, 31) Destaco el por propia vocación… Con más abundancia puede verse el mismo principio en la Quas Primas de Pio XI o en documentos de San Pío X como Il fermo propósito...

El Profesor Plinio, por su lado, escribía que la perfección cristiana individual genera, necesariamente, una cultura católica. Y ésta, a su vez, una Civilización católica. De manera tal que quien quisiese prohibirnos la construcción de la Ciudad de Dios estaría, aunque no lo pretendiera, perjudicando nuestra aspiración a la santidad. Y así mostraba el desatino liberal de pretender que podíamos reducir la religiosidad al mero ámbito individual sin perjuicio de la misma vida cristiana.

Este llamado de los católicos a promocionar la Cristiandad se torna hoy más imperioso porque este objetivo es claramente combatido por un neo anticlericalismo virulento que se manifiesta, por ejemplo, en el rechazo de incluir la mención a las raíces cristianas en la Constitución Europea y tantas otras ofensivas contra las manifestaciones públicas de la Fe.

Además de lo que denomina ‘neo-anticlericalismo, ¿no hay otras maneras menos visibles de negar o desvirtuar este aspecto visible del Reino de Cristo?

Me gusta la pregunta porque, aunque muy genérica, suscita otras reflexiones y profundizaciones. Yo diría que las actuales interpretaciones prevalecientes sobre la Amoris Laetitia, al pretender justificar la comunión y la absolución para adúlteros o concubinos, basadas en supuestos derechos de la conciencia subjetiva e ignorando la valoración moral del comportamiento formal o material de quien vive en situación objetiva de pecado, es una manera de reducir la vida espiritual y la práctica religiosa a dimensiones invisibles e individualistas. La dimensión social del acto de fe y de la Iglesia es evacuada, al estilo protestante.

En ese sentido, la reciente película “Silencio”, de Martín Scorsese, nos propone como héroe o como modelo al protagonista, un joven jesuita que apostata públicamente y reitera anualmente su apostasía, que pasa toda su vida sin jamás hablar de Dios ni señalar su Fe por ninguna señal externa; cuando tal personaje muere, al ser cremado según el ritual budista, la cámara focaliza una pequeña crucecita apretada entre sus manos. Esa Fe escondida, intimista, podríamos llamarla, no puede ser un ideal para ningún cristiano. Una concepción así hubiera sido muy fácil de seguir para San Pedro, o para Santo Tomás Moro, para la infinidad de mártires de los primeros siglos, o, ya que hablo para españoles, los tantísimos mártires de vuestra Guerra Civil.

Cree entonces que por detrás de las interpretaciones prevalecientes de la Amoris Laetitia, ¿se esconde lo que llama una Fe intimista, una Fe que se esconde, una actitud que no confiesa la Fe?

A tomar las cosas por ese lado, la doctrina de la Iglesia nos enseña que no juzguemos el interior: apenas los hechos exteriores. Pero, como acabo de decir, las interpretaciones heterodoxas a que aludo sobrestiman este aspecto. Claro, el interior, cabe a Dios juzgarlo. Pero la conciencia debe ser recta y cabe a la Iglesia formarla, insistiendo en que hay actos exteriores objetivamente censurables. Hecha esta salvedad me parece que sí hay una gran coincidencia de factores que inducen hoy a una Fe y a una Moral subjetivas, intimistas, que vienen acompañadas de la pretensión de una religión “à la carte”, que no es la que Dios reveló y mandó seguir, sino la que yo escojo según mi fantasía y en la que no hay ninguna autoridad que tenga el derecho de enseñarme lo que debo creer o practicar. Los sociólogos de la religión caracterizan esta actitud individualista con la fórmula “believing but not belonging”: creer en algo, pero no afiliarse a nada. La consecuencia moral es construirse una ética individual según sus caprichos. Y el corolario extremo es la negación de la realidad natural, como en la ideología de género.

¿Considera tan importante esa exteriorización y socialización de la Fe en prácticas o en símbolos?

No soy yo quien lo considera así. Es Jesucristo quien, al instituir los sacramentos, asoció a cada uno de ellos una señal visible del mismo. Y tan importante es que, de no haber la señal, se llama la materia del sacramento, el agua en el Bautismo o los santos óleos en la Extrema Unción, no hay sacramento. Y note que la esencia de todo sacramento es la comunicación de la gracia. O sea, una realidad sobrenatural. Pero que para ser comunicada exige una marca sensible, la materia.

Lo mismo vale para la propia Iglesia. Como decía Bossuet, ella es Cristo diseminado y comunicado, pero no es apenas un Cuerpo Místico, sino la sociedad visible de todos los que profesamos la misma fe, recibimos los mismos sacramentos y estamos sometidos a los mismos pastores. Negar la realidad visible, social, jerárquica y jurídica de la Iglesia es protestantismo puro.

De ese carácter visible de la Iglesia resulta la necesidad de una profesión pública de la fe. Cuentan, no sé si sea verdad, que cuando Santo Tomás Moro se negaba a aceptar el adulterio de Enrique VIII, su amigo, el Duque de Norfolk le habría aconsejado que firmase el documento de aceptación para escapar a la muerte. “No son más que palabras y Dios sólo mira los corazones” habría dicho el duque. A lo que el futuro mártir habría respondido: “Y cuando le decimos a Dios que le amamos, o que nos perdone nuestros pecados, ¿qué es lo que hacemos sino decir palabras?

Lo mismo vale para la Cristiandad. Las sociedades son creaturas de Dios – autor del instinto de sociabilidad y, en cuanto realidades naturales y visibles, ellas tienen la obligación de rendir gloria a Dios de manera colectiva y pública. Una sociedad no puede ser apenas “vitalmente cristiana”, como querían Maritain y el Cardenal Journet, porque eso corresponde, en el plano social, al mismo “intimismo” desviado que hemos criticado en el plano individual.

Además, el laicismo es una mentira y una estafa, porque un Estado nunca puede ser religiosamente neutro: lo vemos en Europa, dónde se está imponiendo la religión del hombre, con sus dogmas y su nueva moral de los “derechos humanos”, que incluyen el aborto, el casamiento homosexual, la eutanasia, etc. Y ya está preparada la nueva Inquisición, bajo el supuesto de que afirmar la existencia de una Ley divina superior a las leyes del Estado, es fundamentalismo. La alternativa es clara: o volvemos a la Cristiandad o seremos los dhimmisde una sociedad oficialmente atea… o islámica, como prevé la novelaSumisión de Michel Houellebecq.

¿Cómo caracterizaría la crisis actual de la Iglesia?

Considero que la Iglesia vive la crisis más aguda de su historia. Si damos una mirada hacia los varios aspectos del mundo de hoy vemos herejías por todas partes, vemos profanación de los sacramentos, vemos menospreciadas la virginidad y la castidad según el propio estado, vemos el divorcio, el concubinato, el adulterio aceptados con normalidad, los hijos ilegítimos, los hijos que no conocieron a alguno de sus progenitores, hasta la Extrema unción despreciada.

Es claro que si la sociedad está así, ello se debe en parte a que la Iglesia, que debiera santificarla y salvarla, también atraviesa un momento que deja mucho que desear. En vez de evangelizar el mundo, se optó por dialogar con él, especialmente en lo que caracteriza la “modernidad”. El resultado fue la teología existencialista de Rahner, la moral de situación de Marciano Vidal, la teología de la liberación marxista de Gustavo Gutiérrez, etc. O sea, que en vez de convertirnos para adaptar nuestras creencias y nuestras vidas al Bien y a la Verdad revelados, hacemos una “relectura” del Evangelio para aceptar el neo-paganismo moderno y la Revolución anti-cristiana.

¿Estamos perdidos? ¿O hay esperanza?

Fátima, la gran esperanza, es el título de una de nuestras campañas más importantes en alguno de los países que representamos aquí en Bruselas. Fátima, no es una esperanza, es una certeza. Si el mundo no se enmendaba, advirtió en 1917, vendría un gran castigo pero al final Su Inmaculado Corazón triunfaría. Y como prueba de la veracidad de este anuncio pronosticó varios otros sucesos, que ocurrieron todos, e hizo el portentoso milagro del sol.

El triunfo del Inmaculado Corazón de María es la gran esperanza, y la gran certeza, que nos aguarda en el horizonte.

Y nuestra querida Europa, ¿cómo la ve?

Nuestra querida Europa…Cuando hablamos de ella hablamos de la Cristiandad. A pesar de que el Reinado Social de Cristo puede ser instaurado en diversos marcos culturales, fue históricamente aquí en Europa que se instaló y de aquí navegó hasta los confines del mundo. Ustedes, ibéricos, españoles y portugueses, cargan ese mérito histórico.

Estoy seguro que cuando esperamos que el corazón de María triunfe esperamos también que Europa cristiana vuelva. No imagino un Reino Social de Cristo sin Europa.

Me parece que nuestro continente se convulsiona hoy en la etapa final de una crisis. Las utopías liberales y socialistas se agotaron. El mundo quiere otra cosa. Pero Jesús es el único camino. No debemos buscar salvaciones fuera del Cristianismo. En ese sentido, de nuevo, Fátima es la gran esperanza. Su apelo a la conversión profunda y sincera, atendido, es lo único que podrá salvarnos.

¿Cómo se despediría de nuestros lectores españoles  y por extensión de toda Hispanoamérica donde tanto se lee este portal?

Parafraseando a María Antonieta les diría que el castellano es la más bella lengua cuando la oigo en los labios de mi mujer y de mis hijos.

Espero no ofender a mis compatriotas alemanes ni a los nacionales de otros países agregando que quien no aprecia el modo de ser católico de un español le falta algo en su catolicidad. Tal vez el “sí, sí; no, no” y la altanería caballeresca debieran caracterizar a todos los hijos de la Iglesia pero en el caso de España lo es de un modo insustituible. España llevó la Fe a Hispanoamérica. Pienso en combatientes que van al combate cantando “Viva la muerte”, o que en un Viernes Santo honran al Señor crucificado cantando “soy el novio de la muerte”. Esta frontalidad va de maravillas con una Santa Teresa que le reprocha a Jesús de tener tan pocos amigos porque a los que tiene los trata tan mal.

Quería entonces decirles a todos los españoles católicos que los necesitamos. Que Europa precisa católicos así. Vuelvan a ser así, o continúen siéndolo, por el bien de ustedes y por el bien de la Iglesia.

Javier Navascués

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Un aspecto poco conocido de la personalidad de la Santísima Virgen es la elevación insondable de su pensamiento y de su contemplación.

San Juan Eudes recuerda que en el principio existían las tres personas de la Santísima Trinidad, pero no la naturaleza humana de Nuestro Señor Jesucristo.

Nuestra Señora estudiaba las Sagradas Escrituras para saber como sería el Mesías, pues deseaba ardientemente que el Mesías viniese pronto. Así, Ella llegó a imaginar como sería Nuestro Señor y, en el momento en que ella lo concibió por la inteligencia, por el amor, y tuvo el deseo de ser la esclava de quien fuese su Madre, en ese momento el Angel Gabriel la invitó para serlo.

Explica entonces San Juan Eudes, que Ella fue dos veces Madre de Nuestro Señor Jesucristo: en primer lugar, madre porque Ella lo concibió, por la inteligencia y por el amor como El debería ser; en segundo lugar, Madre porque lo engendró en su seno virginal.

El Evangelio de San Lucas nos relata la embajada del Angel Gabriel a la Santísima Virgen, de cuyo “Sí” dependió nuestra Redención. A la luz de las consideraciones de San Juan Eudes toman un nuevo aspecto.

“Estando ya Isabel en su sexto mes, envió Dios al ángel Gabriel a Nazaret, ciudad de Galilea, a una virgen desposada con cierto varón de la casa de David, llamado José; y el nombre de la virgen era María.

“Y habiendo entrado el ángel a donde ella estaba, le dijo: Dios te salve, ¡oh llena de gracia!, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres.

“Al oír tales palabras la Virgen se turbó, y se puso a considerar qué significaría tal saludo.

“Mas el ángel le dijo: ¡Oh María!, no temas, porque has hallado gracia en los ojos de Dios.

“Sábete que has de concebir en tu seno, y tendrás un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús .

“Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de su padre David, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin.

“Pero María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues yo no conozco varón alguno? El ángel en respuesta le dijo: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra, por esta causa el fruto santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios.

“Y ahí tienes a tu parienta Isabel, que en su vejez ha concebido también un hijo; y la que se llamaba estéril, hoy cuenta ya el sexto mes; porque para Dios nada es imposible.

“Entonces dijo María: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y en seguida el ángel desapareciendo se retiró de su presencia”. (San Lucas, 26,38)

Fuente: Acción Familia – Chile

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  1. 15. La posición de los católicos ante las formas de gobierno

Confrontando estos principios radicalmente igualitarios con los textos pontificios y los de Santo Tomás antes citados, de ellos se concluye que dichos principios se oponen formalmente al recto modo de pensar que deben tener los católicos en esta materia.

 

En efecto, como enseñan los Pontífices, no sólo es la monarquía —e, implícitamente, la aristocracia— una forma de gobierno justa y eficaz para la promoción del bien común, sino que es la mejor de ellas, según las cristalinas enseñanzas de Pío VI y de acuerdo también con el gran Santo Tomás. [17]

De esto y de todo lo que anteriormente fue expuesto se deduce que:

* No puede ser objeto de reprensión el católico que, considerando las circunstancias concretas de su país, prefiera para éste la forma de gobierno republicana y democrática, pues no es injusta ni censurable en sí misma, sino, por el contrario, intrínsecamente justa y, conforme sean las circunstancias, puede producir eficazmente el bien común.

* Pero, según el recto orden de preferencias, el católico empeñado en mantener una impecable fidelidad a la doctrina de la Iglesia, debe admirar y desear más lo que es excelente que lo que es simplemente bueno; e, ipso facto, deberá sentirse especialmente agradecido a la Providencia cuando las condiciones concretas de su país permitan la mejor forma de gobierno que es, según Santo Tomás, la monarquía, o incluso clamen por ella. [18]

* En los casos en que un sano discernimiento de la realidad le muestre que el bien común de su país puede resultar favorecido con una juiciosa alteración de sus condiciones concretas, será digno de elogio que esté dispuesto a echar mano de medios legales y honestos para, dentro del cuadro de libertades del régimen democrático en el cual vive, persuadir al electorado de que modifique dichas condiciones concretas e instaure —o restaure, si es el caso— el régimen monárquico.

* Todo ello se deduce —como ya se ha dicho— de un principio moral más genérico: el de que todo hombre debe rechazar el mal, amar y practicar el bien, y reservar lo mejor de sus preferencias para lo que es excelente. Aplicar dicho principio a la elección de formas de gobierno, implica en rechazar todo desgobierno, anarquía y caos, aceptar las legítimas repúblicas democráticas o aristocráticas, y preferir decididamente la mejor forma de gobierno, que es la monarquía moderada, siempre que ésta —conviene repetirlo— sea adecuada para alcanzar el bien común. En el caso de que no lo sea a causa de las condiciones concretas del país, la implantación de ese bien más perfecto puede ser un acto de inconformidad con los designios de la Providencia motivado por una mera simpatía política.

* De cualquier forma, se concluye de lo anterior que el verdadero católico ha de tener una mentalidad política monárquica, que debe coexistir con un sólido y penetrante sentido de la realidad y de lo posible.

  1. 16. Proyección socio-cultural de la mentalidad política aristocrático-monárquica

Estos principios políticos se proyectan en la configuración de la sociedad, la economía y la cultura de un pueblo. Así pues, por la intrínseca y natural cohesión entre la política y esos diversos campos, la excelencia de cierto espíritu aristocrático-monárquico debe estar presente —siempre en la medida de lo posible— en todos los niveles de la sociedad, así como en todas las manifestaciones de la actividad de un pueblo, cualquiera que sea la forma de gobierno que éste adopte. Así por ejemplo, el respeto particularmente acentuado al padre en la familia, al maestro en la escuela, al profesor o rector en la Universidad, al propietario y a los directores en las empresas, etc., debe ser reflejo de ese espíritu aristocrático-monárquico, en todas las sociedades, aun cuando el Estado sea democrático.

De acuerdo con esta perspectiva, Pío XII enseñó que hasta en los propios Estados republicanos la sociedad debe tener ciertas instituciones genuinamente aristocráticas, y enalteció el papel de las familias destacadas que “dan el tono en el pueblo y en la ciudad, en la región y en el país entero.” [19] El añorado Pontífice, al dirigirse al Patriciado y a la Nobleza romana, tanto en las alocuciones pronunciadas durante la vigencia de la monarquía en Italia (de 1940 a 1946), como durante la república (desde 1947 hasta 1952 y en 1958), reafirmó la misma doctrina. Esto quiere decir que el cambio de forma de gobierno en nada disminuye la misión social de la aristocracia.

Sobre la relación entre la mentalidad aristocrático-monárquica y la cultura de un pueblo, conviene recordar que aquélla bien puede tener como expresión todo un arte, una literatura, en suma, un estilo de vida característicamente popular en lo que se refiere a los segmentos más modestos de una nación; o burgués y aristocrático, en lo que toca específicamente a cada una de esas categorías.

Los Estados y sociedades europeas anteriores a 1789 conocieron esas variantes. Cada una de ellas reflejaba a su modo la unidad y variedad del espíritu de la nación, el cual produjo, en cada uno de esos segmentos sociales, obras magníficas, celosamente guardadas en nuestros días, no sólo en manos de coleccionistas particulares, sino también en museos y archivos de primera categoría, ya sea tratándose, por ejemplo, de residencias y mobiliarios de familias que se mantenían con el producto del trabajo de sus propias manos, ya sea tratándose, naturalmente, de la producción cultural oriunda de estamentos superiores.

El arte popular de los periodos históricos anteriores a la era igualitaria… ¡Cuánto habría que decir de verdadero, de justo y hasta de emocionante en alabanza suya! Un arte y una cultura auténticas, aunque típicamente populares y adecuados a la condición popular, desagradan de tal modo al espíritu revolucionario de nuestro siglo que cuando circunstancias imprevistas de la economía moderna provocan una considerable mejora en las condiciones de vida de una familia o un grupo popular, el igualitarismo no procura que esta familia permanezca en su condición modesta, aunque mejorada, sino que trata invariablemente de presionarla para que emigre de inmediato hacia una condición social superior, para la cual muchas veces esta familia o grupo solo estarían preparados mediante largas décadas de perfeccionamiento personal. Así nacen las desproporciones y disparates nada raros en la categoría de los llamados parvenus.

Éstos no son sino algunos ejemplos, entre otros muchos, de la influencia de los principios abstractos sobre la historia de la inmensa área cultural que constituye el Occidente.

 

 

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Via Crucis

Plinio Corrêa de Oliveira

Asociándonos a las conmemoraciones de la Pasión del Salvador, publicamos este inspirado Via Crucis compuesto por Plinio Corrêa de Oliveira, que conjuga una piedad seria, profunda y varonil con una extraordinaria adecuación a la situación actual de la Iglesia y el mundo.

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I Estación

Jesús es condenado a muerte

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu caida-de-jesus-96e5eSanta Cruz redimiste al mundo.

 

El juez que cometió el crimen profesional más monstruoso de toda la historia no fue impulsado a ello por el tumulto de ninguna pasión ardiente. No lo cegó el odio ideológico, ni la ambición de nuevas riquezas, ni el deseo de complacer a ninguna Salomé. Lo movió a condenar al Justo el recelo de perder el cargo pareciendo poco celoso de las prerrogativas del César; el miedo de crear para sí complicaciones políticas, desagradando al populacho judío; el miedo instintivo de decir “no”, de hacer lo contrario de lo que se pide, de enfrentar el ambiente con actitudes y opiniones diferentes de las que en él imperan.Piedad-gregorio-fernandez-b2a34

Vos, Señor, lo mirasteis por largo tiempo con aquella mirada que en un segundo obró la salvación de Pedro. Era una mirada en la que trasparecía vuestra suprema perfección moral, vuestra infinita inocencia, y sin embargo él os condenó.

¡Oh, Señor, cuántas veces imité a Pilatos! ¡Cuántas veces por amor a mi carrera dejé que en mi presencia la ortodoxia fuese perseguida, y me callé! ¡Cuántas veces presencié de brazos cruzados la lucha y el martirio de los que defienden vuestra Iglesia! Y no tuve el coraje de darles siquiera una palabra de apoyo, por la abominable pereza de enfrentar a los que me rodean, de decir “no” a los que forman mi ambiente, por el miedo de ser “diferente de los demás”. Como si me hubieseis creado, Señor, no para imitaros sino para imitar servilmente a mis compañeros.

En aquel instante doloroso de la condenación, Vos sufristeis por todos los cobardes, por todos los muelles, por todos los tibios… por mí, Señor.

Jesús mío, perdón y misericordia. Por la fortaleza de que me disteis ejemplo arrostrando la impopularidad y enfrentando la sentencia del magistrado romano, curad en mi alma la llaga de la molicie.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

II Estación

Jesús lleva la Cruz a cuestas

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

 

Se inicia así, mi adorado Señor, vuestra marcha hacia el lugar de la inmolación. No quiso el Padre Celestial que fueseis muerto de un golpe fulminante. Vos habríais de enseñarnos en vuestra Pasión, no sólo a morir, sino a enfrentar la muerte. Enfrentarla con serenidad, sin vacilación ni flaqueza, caminando hacia ella con el paso resuelto del guerrero que avanza hacia el combate; he ahí la admirable lección que me dais.

Frente al dolor, Dios mío, cuánta es mi cobardía. Ora contemporizo antes de tomar mi cruz; ora retrocedo, traicionando el deber; ora, por fin, yo lo acepto, mas con tanto tedio, tanta molicie, que parezco odiar el fardo que vuestra voluntad me pone sobre los hombros.

En otras ocasiones, ¡cuántas veces cierro los ojos para no ver el dolor! Me ciego voluntariamente con un optimismo estúpido, porque no tengo el coraje de enfrentar la prueba, y por eso me miento a mí mismo: “no es verdad que la renuncia a aquel placer se me impone para que no caiga en pecado; no es verdad que debo vencer aquel hábito que favorece mis más entrañadas pasiones; no es verdad que debo abandonar aquel ambiente, aquella amistad, que minan y arruinan toda mi vida espiritual; no, nada de esto es verdad…”, cierro los ojos, y arrojo a un lado mi cruz.

¡Jesús mío, perdonadme tanta pereza, y por la llaga que la Cruz abrió en vuestros hombros, curad, Padre de las Misericordias, la llaga horrible que en mi alma abrí con años enteros vividos en el relajamiento interior y en la condescendencia conmigo mismo!

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

III Estación

Jesús cae por primera vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

¿Cómo, entonces, Señor? ¿No os era lícito abandonar vuestra Cruz? Pues si la cargasteis hasta que todas vuestras fuerzas se agotaron, hasta que el peso insoportable del madero os lanzara por tierra, ¿no estaba por demás probado que os era imposible proseguir? Estaba cumplido vuestro deber. Que los ángeles del Cielo llevasen ahora por Vos la Cruz. Vos habíais sufrido en toda la medida de lo posible. ¿Qué más habríais de dar?

Sin embargo, actuasteis de otro modo, y disteis a mi cobardía una alta lección. Agotadas vuestras fuerzas, no renunciasteis al fardo, sino que pedisteis más fuerzas aún, para cargar nuevamente la Cruz. Y las obtuvisteis.

Es difícil hoy la vida del cristiano. Obligado a luchar sin tregua contra sí mismo para mantenerse en la línea de los Mandamientos, parece una excepción extravagante en un mundo que alardea en la lujuria y en la opulencia la alegría de vivir. Nos pesa en los hombros la cruz de la fidelidad a vuestra Ley, Señor. Y a veces el aliento parece faltarnos.

En estos instantes de prueba, sofismamos: “Ya hicimos cuanto en nosotros estaba. Al final, son tan limitadas las fuerzas del hombre. Dios tendrá esto en cuenta… Dejemos caer la cruz a la vera del camino y hundámonos suavemente en la vida del placer”. ¡Ah, cuántas cruces abandonadas a la vera de nuestros caminos, quizás a la vera de mis caminos!

Dadme, Jesús, la gracia de quedar abrazado a mi cruz, aun cuando yo desfallezca bajo el peso de ella. Dadme la gracia de reerguirme siempre que hubiere desfallecido. Dadme, Señor, la gracia suprema de nunca salir del camino por donde debo llegar a lo alto de mi propio calvario.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

IV Estación

Encuentro de Jesús con su Madre

V. Te s adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimisteis al mundo.

 

¿Quién, Señora, viéndoos así en llanto, osaría preguntar por qué lloráis? Ni la tierra, ni el mar, ni todo el firmamento, podrían servir de término de comparación a vuestro dolor. Dadme, Madre mía, un poco por lo menos de ese dolor. Dadme la gracia de llorar a Jesús, con las lágrimas de una compunción sincera y profunda.

Sufrís en unión a Jesús. Dadme la gracia de sufrir como Vos y como Él. Vuestro mayor dolor no fue por contemplar los inexpresables padecimientos corporales de vuestro Divino Hijo. ¿Qué son los males del cuerpo en comparación con los del alma? ¡Si Jesús sufriese todos aquellos tormentos, pero a su lado hubiese corazones compasivos…! ¡Si el odio más estúpido, más injusto, más torpe, no hiriese al Sagrado Corazón enormemente más de lo que el peso de la Cruz y los malos tratos herían el cuerpo de Nuestro Señor! Pero la manifestación tumultuosa del odio y de la ingratitud de aquellos a quienes Él había amado… a dos pasos, estaba un leproso a quien había curado… más lejos un ciego a quien había restituido la vista… poco más allá un sufridor a quien había devuelto la paz. Y todos pedían su muerte, todos le odiaban, todos le injuriaban. Todo esto hacía sufrir a Jesús inmensamente más que los inexpresables dolores que pesaban sobre su Cuerpo.

Y había algo peor, había el peor de los males. Había el pecado, el pecado declarado, el pecado inmenso, el pecado atroz. ¡Si todas aquellas ingratitudes fuesen hechas al mejor de los hombres, pero, por absurdo, no ofendiesen a Dios…! Mas ellas eran hechas al Hombre Dios, y constituían contra toda la Trinidad Santísima un pecado supremo. He ahí el mal mayor de la injusticia y de la ingratitud.

Este mal no está tanto en herir los derechos del bienhechor, sino en ofender a Dios. Y de tantas y tantas causas de dolor, la que más os hacía sufrir, Madre Santísima, Redentor Divino, era por cierto el pecado.

¿Y yo? ¿Me acuerdo de mis pecados? ¿Me acuerdo, por ejemplo, de mi primer pecado, o de mi pecado más reciente? ¿De la hora en que lo cometí, del lugar, de las personas que me rodeaban, de los motivos que me llevaron a pecar? Si yo hubiese pensado en toda la ofensa que os causa un pecado, ¿habría osado desobedeceros, Señor?

Oh, Madre mía, por el dolor del santo encuentro, obtenedme la gracia de tener siempre delante de los ojos a Jesús sufridor y llagado, precisamente como lo visteis en este paso de la Pasión.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

V Estación

Jesús ayudado a llevar la Cruz por el Cirineo

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

 

¿Quién era este Simón? ¿Qué se sabe de él, sino que era de Cirene? ¿Y qué sabe la generalidad de los hombres sobre Cirene, sino que era la tierra de Simón? Tanto el hombre como la ciudad emergieron de la oscuridad para la gloria, y para la más alta de las glorias, que es la gloria sagrada, en un momento en que muy distintos eran los pensamientos del Cirineo.

Él venía despreocupado por la calle. Pensaba tan sólo en los pequeños problemas y en los pequeños intereses de que se compone la vida menuda de la mayor parte de los hombres. Pero Vos, Señor, atravesasteis su camino con vuestras Llagas, vuestra Cruz, vuestro inmenso dolor. Y a este Simón le tocó tomar posición ante Vos. Lo forzaron a cargar la Cruz con Vos. O él la cargaría malhumorado, indiferente a Vos, procurando volverse simpático al pueblo por medio de algún nuevo modo de aumentar vuestros tormentos de alma y de cuerpo; o la cargaría con amor, con compasión, desdeñoso del populacho, procurando aliviaros, procurando sufrir en sí un poco de vuestro dolor, para que sufrieseis un poco menos. El Cirineo prefirió padecer con Vos. Y por esto su nombre es repetido con amor, con gratitud, con santa envidia, desde hace dos mil años, por todos los hombres de fe, en toda la faz de la tierra, y así continuará siendo hasta la consumación de los siglos.

También por mis caminos Vos pasasteis, mi Jesús. Pasasteis cuando me llamasteis de las tinieblas del paganismo para el seno de vuestra Iglesia, con el santo Bautismo. Pasasteis cuando mis padres me enseñaron a rezar. Pasasteis cuando en las clases de catecismo comencé a abrir mi alma para la verdadera doctrina católica. Pasasteis en mi primera Confesión, en mi primera Comunión, en todos los momentos en que vacilé y me amparasteis, en todos los momentos en que caí y me reerguisteis, en todos los momentos en que pedí y me atendisteis.

¿Y yo, Señor? Aun ahora pasáis por mí en este ejercicio del viacrucis. ¿Qué hago cuando vos pasáis por mí?

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

VI Estación

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

 

Se diría a primera vista, que mayor premio jamás hubo en la historia. En efecto, ¿qué rey tuvo en las manos tejido más precioso que aquel Velo? ¿Qué general tuvo bandera más augusta? ¿Qué gesto de coraje y dedicación fue recompensado con favor más extraordinario?

Sin embargo hay una gracia que vale mucho más que la de poseer milagrosamente estampada en un velo la Santa Faz del Salvador. En el Velo, la representación del Rostro divino fue hecha como en un cuadro. En la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, es hecha como en un espejo.

En sus instituciones, en su doctrina, en sus leyes, en su unidad, en su universalidad, en su insuperable catolicidad, la Iglesia es un verdadero espejo en el cual se refleja nuestro Divino Salvador. Más aún, Ella es el propio Cuerpo Místico de Cristo.

¡Y nosotros, todos nosotros, tenemos la gracia de pertenecer a la Iglesia, de ser piedras vivas de la Iglesia!

¡Cómo debemos agradecer este favor! No nos olvidemos, sin embargo, de que “noblesse oblige”. Pertenecer a la Iglesia es cosa muy alta y muy ardua. Debemos pensar como la Iglesia piensa, sentir como la Iglesia siente, actuar como la Iglesia quiere que procedamos en todas las circunstancias de nuestra vida. Esto supone un sentido católico real, una pureza de costumbres auténtica y completa, una piedad profunda y sincera. En otros términos, supone el sacrificio de una existencia entera.

¿Y cuál es el premio? Christianus alter Christus. Yo seré de modo eximio una reproducción del propio Cristo. La semejanza de Cristo se imprimirá, viva y sagrada, en mi propia alma.

Ah, Señor, si es grande la gracia concedida a la Verónica, cuánto mayor es el favor que a mí me prometéis.

Os pido fuerza y resolución para, por medio de una fidelidad a toda prueba, alcanzarlo verdaderamente.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. T Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

VII Estación

Jesús cae por segunda vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Caer, quedar tendido en el suelo, quedar a los pies de todos, dar pública manifestación de ya no tener fuerzas, son éstas las humillaciones a que Vos os quisisteis sujetar, Señor, para mi lección. De Vos nadie se compadeció. Redoblaron las injurias y los malos tratos. Y mientras tanto Vuestra gracia solicitaba en vano, en lo íntimo de aquellos corazones empedernidos, un movimiento de piedad.

Aún en este momento quisisteis continuar vuestra Pasión para salvar a los hombres. ¿Qué hombres? Todos, inclusive los que allí estaban aumentando de todos los modos vuestro dolor.

En mi apostolado, Señor, deberé continuar aun cuando todas mis obras estuviesen por el suelo, aun cuando todos se unieren para atacarme, aun cuando la ingratitud y la perversidad de aquellos a quienes quise hacer el bien se vuelvan contra mí.

No tendré la flaqueza de cambiar de camino para agradarlos. Mis vías sólo pueden ser las vuestras, esto es las vías de la ortodoxia, de la pureza, de la austeridad. Mas, en vuestros caminos sufriré por ellos. Y unidos mis dolores imperfectos a vuestro dolor perfecto, a vuestro dolor infinitamente precioso, continuaré haciéndoles bien. Para que se salven, o para que las gracias rechazadas se acumulen sobre ellos como brasas ardientes, clamando por castigo. Fue lo que hicisteis con el pueblo deicida, y con todos aquellos que hasta el final os rechazaron.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

VIII Estación

Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

No faltaron entonces almas buenas, que percibían la enormidad del pecado que se practicaba y temían la justicia divina.

¿No presencio yo algún pecado así? Hoy en día, ¿no es verdad que el Vicario de Cristo es contestado abandonado, traicionado? ¿No es verdad que las leyes, las instituciones, las costumbres son cada vez más hostiles a Jesucristo? ¿No es verdad que se construye todo un mundo, toda una civilización basada sobre la negación de Jesucristo? ¿No es verdad que Nuestra Señora habló en Fátima señalando todos estos pecados y pidiendo penitencia?

Entretanto, ¿dónde está esa penitencia? ¿Cuántos son los que realmente ven el pecado y procuran señalarlo, denunciarlo, combatirlo, disputarle paso a paso el terreno, erguir contra él toda una cruzada de ideas, de actos, de viva fuerza si fuere necesario? ¿Cuántos son capaces de desplegar el estandarte de la ortodoxia absoluta y sin mancha, en los propios lugares donde campea la impiedad o la falsa piedad? ¿Cuántos son los que viven en unión con la Iglesia este momento que es trágico como trágica fue la Pasión, este momento crucial de la historia en que una humanidad entera está optando por Cristo o contra Cristo?

¡Ah, Dios mío, cuántos miopes que prefieren no ver ni presentir la realidad que les entra por los ojos! ¡Cuánta calma, cuánto bienestar menudo, cuánta pequeña delicia rutinaria! ¡Cuánto sabroso plato de lentejas para comer!

Dadme, Jesús, la gracia de no ser de este número. La gracia de seguir vuestro consejo, esto es, de llorar por nosotros y por los nuestros. No con un llanto estéril, sino con un llanto que se vierte a vuestros pies, y que, fecundado por Vos, se transforma para nosotros en perdón, en energías de apostolado, de lucha, de intrepidez.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

 

IX Estación

Jesús cae por tercera vez

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Estáis, Señor mío, más cansado, más débil, más llagado, más exangüe que nunca. ¿Qué os espera? ¿Llegasteis al término? No. Precisamente lo peor está por suceder. El crimen más atroz aún está por ser cometido. Los dolores mayores aún están por ser sufridos. Estáis por tierra por tercera vez y, sin embargo, todo esto que quedó atrás no es sino un prefacio. Y he aquí que os veo nuevamente moviendo ese Cuerpo que es todo él una llaga. Lo que parecía imposible se opera, y una vez más os ponéis de pie lentamente, aunque cada movimiento sea para Vos un dolor más. Ahí estáis.,Señor, de pie, una vez más… con vuestra Cruz. Supisteis encontrar nuevas fuerzas, nuevas energías, y continuáis. Tres caídas, tres lecciones iguales de perseverancia, cada una más lacerante y más expresiva que la otra.

¿Por qué tanta insistencia? Porque es insistente nuestra cobardía. Nos resolvemos a tomar nuestra cruz, pero la cobardía vuelve siempre a la carga. Y para que ella quedase sin pretextos en nuestra flaqueza, quisisteis Vos mismo repetir tres veces la lección.

Sí, nuestra flaqueza no puede servirnos de pretexto. La gracia, que Dios nunca niega, puede lo que las fuerzas meramente naturales no podrían.

Dios quiere ser servido hasta el último aliento, hasta la extenuación de la última energía, y multiplica nuestras capacidades de sufrir y de actuar, para que nuestra dedicación llegue a los extremos de lo imprevisible, de lo inverosímil, de lo milagroso. La medida de amar a Dios consiste en amarlo sin medida, dijo San Francisco de Sales. La medida de luchar por Dios consiste en luchar sin medida, diríamos nosotros.

Yo, sin embargo, ¡cómo me canso de prisa! En mis obras de apostolado, el menor sacrificio me detiene, el menor esfuerzo me causa horror, la menor lucha me pone en fuga. Me gusta el apostolado, sí. Un apostolado enteramente conforme a mis preferencias y fantasías, al que me entrego cuando quiero, como quiero y porque quiero. Y después juzgo haber dado a Dios una inmensa limosna.

Pero Dios no se contenta con esto. Para la Iglesia, quiere Él toda mi vida, quiere organización, quiere sagacidad, quiere intrepidez; quiere la inocencia de la paloma, pero también la astucia de la serpiente; la dulzura de la oveja, mas también la cólera irresistible y avasalladora del león. Si fuera preciso sacrificar carrera, amistades, vínculos de parentesco, vanidades mezquinas, hábitos inveterados, para servir a Nuestro Señor, debo hacerlo. Pues este paso de la Pasión me enseña que a Dios debemos darlo todo, absolutamente todo, y después de haberlo dado todo aún debemos dar nuestra propia vida.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

X Estación

Jesús es despojado de sus vestiduras

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Todo, sí, ¡absolutamente todo! Hasta vergüenza debemos sufrir por amor a Dios y para la salvación de las almas.

Ahí está la prueba. El Puro por excelencia fue desnudado, y los impuros le escarnecieron en su pureza. Y Nuestro Señor resistió a las burlas de la impureza.

¿No parece insignificante que resista a la burla quien ya resistió tantos tormentos? Sin embargo, esta otra lección nos era necesaria. Por el desprecio de una criada, San Pedro lo negó. ¡Cuántos hombres habrán abandonado a Nuestro Señor por temor al ridículo! Pues si hay gente que va a la guerra a exponerse a las balas y a la muerte para no ser escarnecida como cobarde, ¿no es cierto que hay hombres que tienen más temor a una risa que a cualquier otra cosa?

El Divino Maestro enfrentó el ridículo. Y nos enseñó que nada es ridículo cuando está en la línea de la virtud y del bien.

Enseñadme, Señor, a reflejar en mí, la majestad de vuestro semblante y la fuerza de vuestra perseverancia, cuando los impíos quieran manejar contra mí el arma del ridículo.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

 

XI Estación

Jesús es clavado en la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por vuestra Santa Cruz redimiste al mundo.

 

 

La impiedad escogió para Vos, Señor mío, el peor de los tormentos finales. El peor, sí, pues es el que hace morir lentamente, el que produce sufrimientos mayores, el que más infamaba porque era reservado a los criminales más abyectos. Todo fue preparado por el infierno para haceros sufrir, ya sea en el alma, ya sea en el cuerpo. ¿Este odio inmenso no contiene para mí alguna lección? ¡Ay de mí, que jamás la comprenderé suficientemente, si no llegare a ser santo! Entre Vos y el demonio, entre el bien y el mal, entre la verdad y el error, hay un odio profundo, irreconciliable, eterno. Las tinieblas odian a la luz, los hijos de las tinieblas odian a los hijos de la luz, la lucha entre unos y otros durará hasta la consumación de los siglos, y jamás habrá paz entre la raza de la Mujer y la raza de la serpiente… Para que se comprenda la extensión inconmensurable, la inmensidad de este odio, contémplese todo cuanto él osó hacer. Es el Hijo de Dios que ahí está, transformado, según la frase de la Escritura, en un leproso en el cual nada existe de sano, en un ente que se retuerce como un gusano bajo la acción del dolor, detestado, abandonado, clavado en una cruz entre dos vulgares ladrones. El Hijo de Dios: ¡qué grandeza infinita, inimaginable, absoluta, se encierra en estas palabras! He ahí, sin embargo, lo que el odio osó contra el Hijo de Dios.

Y toda la historia del mundo, toda la historia de la Iglesia, no es sino esta lucha inexorable entre los que son de Dios y los que son del demonio, entre los que son de la Virgen y los que son de la serpiente. Lucha en la cual no hay apenas equívoco de la inteligencia, ni sólo flaqueza, sino también maldad, maldad deliberada, culpable, pecaminosa, en las huestes angélicas y humanas que siguen a Satanás.

He ahí lo que precisa ser dicho, comentado, recordado, acentuado, proclamado, y una vez más recordado a los pies de la Cruz. Pues somos tales, y el liberalismo a tal punto nos desfiguró, que estamos siempre propensos a olvidar este aspecto imprescindible de la Pasión.

Conocíalo bien la Virgen de las vírgenes, la Madre de todos los dolores, quien junto a su Hijo participaba de la Pasión. Conocíalo bien el Apóstol virgen que a los pies de la Cruz recibió a María como Madre, y con esto tuvo el mayor legado que jamás fue dado a un hombre recibir. Porque hay ciertas verdades que Dios reservó para los puros, y niega a los impuros.

Madre mía, en el momento en que hasta el buen ladrón mereció perdón, pedid que Jesús me perdone toda la ceguera con que he considerado la obra de las tinieblas que se trama a mi alrededor.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

XII Estación

Jesús muere en la Cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Llegó por fin el ápice de todos los dolores. Es un ápice tan alto que se envuelve en las nubes del misterio. Los padecimientos físicos alcanzaron su extremo. Los sufrimientos morales alcanzaron su auge. Otro tormento debería ser la cumbre de tan inexpresable dolor: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonasteis?” De cierto modo misterioso, el propio Verbo Encarnado fue afligido por la tortura espiritual del abandono en que el alma no tiene consolaciones de Dios. Y tal fue este tormento, que Él, de quien los evangelistas no registraron ni una sola palabra de dolor, profirió aquel grito dilacerante: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonasteis?”

Sí, ¿por qué? ¿Por qué, si era Él la propia inocencia? Abandono terrible seguido de la muerte, y de la perturbación de toda la naturaleza. El sol se veló. El cielo perdió su esplendor. La tierra se estremeció. El velo del templo se rasgó. La desolación cubrió todo el universo.

¿Por qué? Para redimir al hombre. Para destruir el pecado. Para abrir las puertas del Cielo. El ápice del sufrimiento fue el ápice de la victoria. Estaba muerta la muerte. La tierra purificada era como un gran campo devastado para que sobre ella se edificase la Iglesia.

Todo esto fue, pues, para salvar. Salvar a los hombres. Salvar a este hombre que soy yo. Mi salvación costó todo ese precio. Y yo no regatearé más sacrificio alguno para asegurar salvación tan preciosa. Por el Agua y por la Sangre que vertieron de vuestro divino Costado, por la llaga de vuestro Corazón, por los dolores de María Santísima, Jesús, dadme fuerzas para desapegarme de las personas, de las cosas que me pueden apartar de Vos. Mueran hoy, clavadas en la Cruz, todas las amistades, todos los afectos, todas las ambiciones, todos los deleites que de Vos me separaban.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

XIII Estación

Jesús es bajado de la cruz

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

 

El reposo del Sepulcro os aguarda, Señor. En las sombras de la muerte, abrís el cielo a los justos del limbo mientras en la tierra, en torno de vuestra Madre, se reúnen unos pocos fieles para tributaros honores fúnebres. Hay en el silencio de estos instantes una primera claridad de esperanza que nace. Estos primeros homenajes que os son prestados son el marco inaugural de una serie de actos de amor de la humanidad redimida, que se prolongarán hasta el fin de los siglos.

Cuadro de dolor, de desolación, mas de mucha paz. Cuadro en que se presagia algo de triunfal en los cuidados indecibles con que Vuestro Divino Cuerpo es tratado.

Sí, aquellas almas piadosas se condolían, pero algo en ellas les hacía presentir en Vos al Triunfador glorioso.

Pueda yo también, Señor, en las grandes desolaciones de la Iglesia, ser siempre fiel, estar presente en las horas más tristes, conservando inquebrantable la certeza de que vuestra Esposa triunfará por la fidelidad de los buenos, puesto que la asiste vuestra protección.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

XIV Estación

Jesús es colocado en el sepulcro

V. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos.

R. Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

 

Corrióse la laja. Parece todo acabado. Es el momento en que todo comienza. Es el reagrupamiento de los Apóstoles. Es el renacer de las dedicaciones, de las esperanzas. La Pascua se aproxima.

Y al mismo tiempo, el odio de los enemigos ronda en torno del Sepulcro y de María Santísima y los Apóstoles.

Pero ellos no temen. Y dentro de poco tiempo rayará la mañana de la Resurrección. Pueda yo también, Señor Jesús, no temer. No temer cuando todo parezca perdido irremediablemente. No temer cuando todas las fuerzas de la tierra parecieren puestas en manos de vuestros enemigos. No temer porque estoy a los pies de Nuestra Señora, junto a la cual se reagruparán siempre, y siempre una vez más, para nuevas victorias, los verdaderos seguidores de vuestra Iglesia.

 

Padre Nuestro, Ave María, Gloria.

V. Ten piedad de nosotros, Señor.

R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz.

R. Amén.

 

(Catolicismo, N° 3 – Marzo de 1951)

 http://www.tradicionyaccion.org.pe/spip.php?article186  

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Plinio Corrêa de Oliveira

“Catolicismo” nº 791, noviembre de 2016 [*]

  

La fachada del Escorial (**) presenta cierta semejanza con la de Versailles: larga, enorme, con motivos que se repiten. Pero en la fachada del Escorial hay una nota de simplicidad, sobriedad y serenidad que Versailles no tiene. Versailles es un edificio festivo; el Escorial es un edificio pensativo.

Versailles invita a la exhibición de las grandezas del mundo; el Escorial invita a la concentración y a pensamientos de las grandezas del Cielo.

En los pabellones del Escorial hay unos techos afilados, rematados por esferas que dan la impresión de que algo tomó la tierra, le clavó una horquilla y la levantó hacia el cielo. La tierra es atravesada y conquistada en orden al cielo.

Es lo que no se ve en Versailles, donde todo es horizontal, nada apunta hacia el cielo y los trofeos indican la gloria terrena de los Borbones y de Luis XIV.

Hay algo un tanto monótono en las fachadas del Escorial. En una de ellas sólo hay ventanas que se repiten; no hay un portal ornamental, no hay una consolación para el alma dentro de la monotonía invariable de las ventanas. Pero cuando se sabe analizar se nota algo de la grandeza española.

Es cierta forma de austeridad, de seguridad de sí mismo sin arreglos. Hay cierta pertinacia en la monotonía, como quien dice: “Soy yo. Soy así y así está bien. Yo desafío!” Y hay algo de la grandeza del gentilhombre combatiente, que es preciso saber interpretar para entender el sabor de este palacio español.

ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº

NOTAS

[*] Trechos de conferencia del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira del 21 de febrero de 1970. Sin revisión del autor.

[**] Palacio de San Lorenzo de El Escorial, de la época de Felipe II, construido entre 1563 y 1584, uno de los principales monumentos del Renacimiento español.

 

 

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